Prólogo: En una isla distante.

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        En una isla, muy lejos al oeste de las costas de Valoran. Las olas golpeaban la orilla del risco, agitadas y furiosas soltaban espuma en la roca y el aire, el viento cambiaba de rumbo constantemente, indeciso y hambriento, arrebataba el césped del suelo y se estrellaba contra la piedra del pálido edificio que se posaba sobre el acantilado y que se fusionaba con la roca de la montaña. La enorme puerta de piedra y de forma triangular del edificio se abre en glifos de luz blanca y un joven sale de ella, con vestimenta de color blanco con detalles dorados, y una capucha que se desarrollaba hasta una capa.

El joven se sentaba al pie de las escaleras que daban a la puerta, se quedaba viendo al punto en el que el mar y el cielo se tocaban, el tono del cielo pasaba lentamente de un azul brillante y claro, a uno más neutro, definiendo la tarde, y en el horizonte una pequeña barca se dirigía hacia las orillas de la playa de aquella isla. El joven se levantó de las escaleras y caminó hasta la playa con cierta cautela, y al llegar logra ver a las dos figuras que acaban de desembarcar.

­­­­­­­—¿Hola? ¿Quién anda ahí? Este es el cuartel general de los Centinelas de la Luz. — Exclamó el joven, colocándose la mano en la frente para divisar mejor a los desconocidos, irguiendo su espalda, tratando de verse firme.

Una de las figuras era una mujer de tez oscura y cabello negro trenzado en adornos dorados, vestía de negro en pecho, piernas y brazo, cinturón y botas blancas, y una capa también blanca, con un acabado rasgado. Su vestimenta tenía varios detalles y adornos dorados, el más llamativo estando sobre su pierna, siendo este el símbolo de los Centinelas de la Luz. Sostenía un cañón bastante grande en proporción a su portadora, hecho de piedra blanca y negra, y con un mango dorado. Da un paso al frente, y apoya el cañón en el suelo.

—Gracias a los dioses. Estamos en el lugar indicado. — Dijo con notable alivio.

La otra figura era un hombre de tez oscura y cabello negro trenzado, rasurado a los lados. Su vestimenta era similar a la de la mujer. Llevaba una capa blanca que se desarrollaba desde su cuello. Guantes, pantalones y botas negras, y ornamentos dorados en sus brazos y su cinturón. En sus manos portaba dos pistolas de piedra blanca y mangos de metal oscuro. Acompaña a la mujer, pero a diferencia de ella, no parece que esté fuera de guardia.

—Bien. No estoy seguro de que la embarcación hubiera llegado mucho más lejos. —

El hombre voltea a ver al joven, y sin disimularlo, lo mira de arriba hacia abajo y de nuevo hacia arriba hasta conectar el contacto visual.

—Iba a decir que necesitamos tu ayuda, pero por cómo se ven las cosas, no tienes mucho que ofrecer. ¿Qué le pasó al cuartel general? El lugar apenas y tiene un techo — Señalaba con la mirada a la edificación en la montaña.

El joven voltea a mirar al cuartel general, detallando en lo desgastado y solo que se veía, el desgaste en la roca, pequeñas señales de mantenimiento que se dejó a medio terminar, la arena y la tierra en la entrada. El lugar no se había llenado en mucho tiempo. Luego, volvió a prestar atención a los dos 'visitantes'.

—¿Dónde están los otros centinelas? ¿Quién es tu oficial al mando? — Preguntó la mujer.

El joven volteo a verla con tristeza, con pesadez en los ojos y un poco cabizbajo.

—Están todos muertos. Traté de pedir ayuda. Seguí esperando a que llegaran los refuerzos, pero... — El hombre interrumpió.

—¿Quieres decir que navegamos a través de la mitad del océano para reclutar a un maldito centinela? —

El joven intenta argumentar, pero realmente no tiene nada que decir. No había centinelas, y apenas había una base, era un recibimiento que, sin duda, a nadie le gustaría recibir.

Centinelas de la LuzWhere stories live. Discover now