Soledad

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Me gusta escuchar los pasos solitarios  atravesando una leve neblina. También pensar que sus pasos iban al compás con los míos. Las gotas de lluvia bajando por mis mejillas, el hecho de saber que no hay nadie entre la oscuridad, la única farola que daba luz, parpadeando; todo esto me acompañaba aquella noche fría.

El único consuelo que podía encontrar en ese momento era el de la Luna, mi siempre amiga, que en ese entonces estaba sumergida por grises nubes. Mi otro consuelo, las estrellas, que para mí eran como las oportunidades que tenía de triunfar en cualquier cosa. Pero esa noche no veía ni una estrella. Solo podía contar las gotas que precipitaban. Lluvia, lo único que teníamos nosotros en común. Lo único que a ambos nos gustaba. En ese momento en el que me imaginaba que existiría un "nosotros".

Pero no tenía sentido seguir esperándole. Me alejé del portal donde solíamos compartir abrazos, anécdotas y al despedirnos, donde mis amigas me dijeron lo mucho que se notaba que estaba enamorado. Dejaba atrás esa luz que se apagaba cada vez más con la distancia. Y volví a caminar y oír esos pasos solitarios, con sus característicos ecos, y pensar en cuándo aún nos entendíamos. En los momentos cuando le apoyaba. El tiempo que le dediqué a acercarme cada vez más a ese alguien. "El tiempo es oro", podría decir ahora, que soy pobre. Mi propio corazón "me dio gato por liebre". Me sentí engañado. Pensé que no me afectaría tanto el rechazo aún sabiendo que no era nada para él. Y mi favorita: "para gustos, colores", frase que me dijo justo después de dedicarle un sincero "me gustas".

Pero necesitaba contárselo a alguien. Esta situación en la que yo estaba colado, en la que no era la otra persona la que me dedicaba unas palabras de amor. Y sigo sin saber qué duele más, tener que acabar una relación porque no funcionaba y se perdía ese sentimiento o ser rechazado desde el principio y romper con todas las emociones en un solo instante.

Entonces se me apareció otra vez esa visión, que me recordaba el porqué le necesitaba cerca. La razón por la que no quería que se me escapara mi única fuente de bienestar emocional. Había anticipado algo horrible. El viento se levantaba, la lluvia caía violentamente, y un estruendoso trueno junto a un relámpago cegador llevó a ese final que había previsto. El ruido continuaba en forma de sirenas y los destellos de rojo y azul. Necesitaba volverme para convencerme que no era real lo que pasaba. La marca de las llantas se me incrustó en la retina con ambos colores, aquel que designa la pasión y el amor, de manera central, y el resto, símbolo de soledad y desamor, rodeando su cuerpo entre la neblina.

Y corrí. Quise huir de ese azul. Ya se habían hecho realidad todas mis visiones. Una vez que abandoné esa escena entré a otra diferente. Ésta era más tranquila. Mientras escuchaba el agua moverse solo tenía algo en mente. No quería volver a casa y ver más rojo. Ya había perdido todo lo que me hacía sentir vivo... ¿Vivo? ¿Era esta la vida que quería? Tenía que cambiar completamente de nuevo por alguien, y esta vez era por mí. Y fue por eso que decidí cambiar de color. Ya no habría ningún azul que me pusiera triste, ni ningún rojo que me emocionara. Ahora solo habría una completa negrura con que conviviría en ese puente.

SoledadTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang