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Cuando mi papá dice que me alimente bien, no lo hace para molestar, lo hace porque sabe lo horrible que es estar pálida, ojerosa y mareada todo el tiempo.

He terminado de arreglarme, papá se ha ido al trabajo hace ya una hora. Mi madrastra ayuda a Flynn, mi hermanito a vestirse en medio de gritos y quejas.

— ¡Me voy a la escuela!.

— Maneja con cuidado, nos vemos en la noche.

Mi madrastra es enfermera y no la veo muy a menudo. Hace guardias en el hospital muy seguido y nos toca a mi papá y a mi hacer todo en la casa.

Mi papá ha conseguido comprarme un coche, un Smart Fortwo EQ, fue económico y, con mi sueldo, me alcanza perfectamente para gasolina y seguro.

6:30 am, pasando por Forsyth Park, a toda velocidad mientras Yes suena en los parlantes. Dueño de un corazón solitario, muy apropiado.
4 años, es el tiempo que llevas soltera, dice mi subconsciente.

Llego a la escuela, estacionándome cerca de la cafetería. En un momento me siento pequeña, y llega una oleada de nostalgia; quedan solo 2 meses para graduarme. Me quedan solo 2 exámenes finales, y el estrés me consume.

* * *

Mi turno en Fox & Fig terminó hace 20 minutos. Quedaba limpiar las mesas y acomodar para el siguiente turno.
Me he pedido un té de frutas rojas para el camino, y mientras voy hacia mi coche recuerdo algo; Flynn.

Joder, he olvidado pasar por el al colegio.

Piso el acelerador, tratando de no tirar nada. Tratando de no infringir ninguna ley de vialidad.
— ¡Flynn!.- grito cuando lo veo sentado de frente a la puerta de entrada del colegio junto a una maestra.— perdóname, se me ha ido el tiempo y olvidé pasar por ti.

De camino a casa, Flynn me cuenta todo lo que hizo durante el día. Siento que ciertas veces me hace falta la alegría y felicidad de un niño.

Como ya es costumbre, mi papá está en casa y mi madrastra aún está en el hospital. Papá se ha encargado de limpiar la casa, así que aprovecho para subir a mi cuarto a estudiar.

* * *

— Papá, regreso enseguida, tengo que ir a tomarme unas fotografías para el anuario.

Mi escuela quedaba a 6 minutos en coche desde mi casa, así que no tenía pensado tardar más de media hora.

La sesión duró aproximadamente 20 minutos. Salí directamente hacia donde había dejado mi coche.
Mi vista capta a un chico; alto, raza negra, muy atractivo.
Mi subconciente me abandonó por espacio de minutos y me desconecté.
Wow, que hombre.
Era demasiado atractivo. Guapo, sexy, me digo a mi misma.

Pisé el acelerador, y el chico guapo quedó ahí, solo en una anécdota.

—¿Cómo ha ido?.

— Bien papá, la fotógrafa no estaba de mal humor, por sorpresa.

— ¿Cuándo entregarás tu tesis?.

— Pronto papá. Necesito primero encontrar a un monitor. Alguien que ya lo haya hecho y me oriente antes de la graduación.

— ¿Y, ya lo has encontrado?.

— Aún no. Supongo que será Tyler, no tengo más opción.

Cuando mi mejor amigo Tyler se graduó no podía contener la felicidad. Recuerdo haberle dicho lo orgullosa que estaba de el, y que no podía estar más feliz por sus logros. Él había estudiado Psicología.
Tyler es mi amigo desde que entramos a la preparatoria. Lo conocí en una fiesta de año nuevo que organizaron los jefes de mi papá.

El cielo se tornó oscuro y los sonidos de la calle empezaron a desaparecer. Yo seguía en mi ordenador, tratando lo más posible no distraerme con nada y centrar mi atención en el estudio. Me quedaba solo 2 exámenes finales, y éste es el más importante.
Todo iba de maravilla, otro té sabor frutas rojas me ayudaba a mantenerme relajada en la medida de lo posible.
El chico guapo, dice mi subconsciente.
Inmediatamente intento (en vano) sacar el pensamiento de mi cabeza, no puedo estar pensando en nada más.
Necesitamos saber quién es, te ha gustado y no te lo puedes negar.

Ya está, suficiente estudio.

Espero que sea estudiante, aunque a decir verdad nunca lo había visto antes.

— La cena está lista, puedes bajar cuando quieras.

Papá es un gran cocinero. Estudió 3 años en una escuela de gastronomía después de la muerte de mi madre. Para ella era su más grande sueño estudiar gastronomía, pero mis abuelos querían que ella fuera arquitecta, y a modo de promesa, mi papá le "cumplió" ese sueño a mi mamá.

Tenía solo 7 años cuando el cáncer de mi madre fue detectado. Recuerdo pocas cosas de ella, creo que mi cerebro se ha encargado de bloquear los recuerdos malos. No recuerdo haberla visto jamás en el hospital o cosas por el estilo.
Y creo que así está mejor.
En ocasiones veo a mi mamá en sueños. Siempre con su sonrisa jovial y sincera, dicendome, que todo estará bien.

Entre Abril y NoviembreDes histoires addictives. Découvrez maintenant