Perte 1: Una aterradora soledad

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La capital yace apagada, sumergida en un calmante silencio. Mientras cientos de sombras de intrincada forma se levantan del abismo en el que ahora se han convertido las calles debido a la noche, grandes colosos piramidales observan el horizontes y lo decoran con sus antenas de acero y plástico. A lo lejos descansa el océano, un imponen muro de suave oleaje, abrazando cual madre a su hijo toda la costa de la gran capital, sólo igualada en magnitud por los grandes templos de forma siempre cambiante que pueblan toda la ciudad.

Unas raras ventanas color magenta tiñen cada edificio. Cientos de puentes mecánicos y de apariencia cárnica se entrelazan alrededor de las calles conectando cada rincón de la ciudad cual conjunto de venas y arterias que mantiene vivos a todos. Los ojos ansiosos que descansan sobre cada pequeño departamento cierran sus parpados, fingen estar dormidos, pero siempre están observando.

Hongos de extraña naturaleza se enrollan hacia adentro de la tierra, y a la vez, como arañas, unas estructuras se levantan de entre las sombras y protegen a los hongos mientras se despliegan, sin duda es una vista paranoica.

Ornamentos, ligamentos y collares colgantes decoran las imponentes sombras del horizonte mientras se desplazan a gran velocidad sobre el limite del cielo; en un pasado fueron obras creadas para imitar al sol, pero ahora se arrodillan para respetar a la luna.

¿Recuerdas el firmamento? ahora es negro, iluminado por un gran astro en forma perla, misma que está opacada ligeramente por nubes grises y traslucidas que parecen acariciar las mejillas del cielo. Nuestra luna se inclina gentilmente, mientras nos observa con sus 4 cicatices en forma de delta, las estrellas tratan de adornarla como aretes.

Sostenido por la nada y sobre toda la gran capital, una pirámide en forma de dragón se posa sobre el cielo, un símbolo del egocentrismo de los habitantes de este imperio, y a la vez de su desespero. Inmóvil y con una mirada fija en el cielo, esta pirámide observa con desdén a todo el imperio intentando imitar la magnificencia de los primeros Apolo. Sus grandes cables de oro y plata cuelgan emocionados, muchos de ellos chocando ligeramente unos con otros, cubriendo el aire con un cacofónico sonido.

A la distancia una colosal torre de docenas de kilómetros de alto observa estática todo lo que le rodea. Engullida por litros y litros de densa niebla negra, esta gran torre actuá de centinela en contra de todo lo que el espacio tenga para ofrecer, pero por ahora sólo yace descansando sobre las cordilleras de cristal y diamante, mismas que actúan de barreda natural en contra de cualquier peligro proveniente de las afueras de la ciudad.

Mientras cientos de ciudadanos duermen, y en lo más alto de la gran torre centinela, una pequeña persona observa a la gran capital preguntándose el sentido de tanta magnitud...

"[...] y en la cima hay 4 muros de sanguíneo cristal que rodean la ultima de las habitaciones, permitiendo ver todo con lujoso egoísmo. En las esquinas de la habitación crecen unas enredaderas, se clavan en el suelo y lo perforan. No hay nada más dentro de aquella habitación, a excepción de nuestra amiga. Caminando en círculos alrededor del frígido suelo metálico, sollozando, preocupada por las pesadillas que le atormentan constantemente cada noche: en ellas solo hay ruido ensordecedor, estrellas colapsando y una esfera de vidrio flotando.

Sus botas de azul cobalto, decoradas con siluetas de oscura y delgada obsidiana, chocan ligeramente a cada paso, sintiendo como cae en desespero con cada movimiento. Su vestido azul se mueve como serpientes ahogadas, si, tal vez ella se siente de la misma manera. Un cinturón de plata y rubí con el símbolo del imperio ornamenta su cintura. Con cada vuelta que da, pensando en agonía, sus brazaletes chocan, destellando energía. Largos guantes de azul egipcio cubren su piel pálida, sostenidos por amuletos dorados que rodean con fuerza sus brazos y muñecas. Con hombros descubiertos, el cuello tapado por sus joyas, y cabello hasta los hombros decorado con lapislázuli; no es tan fácil ser reina ¿verdad? Bueno, es porque ese no es su problema:

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