EIGHT GUNS

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Diamonds aren't forever.
Camino entre la multitud sin mirar a los ojos del demonio; tampoco dejo que él me mire.
Nada llama mi atención.
En realidad, siento como si no estuviera en la Tierra; aunque los latidos de mi corazón digan lo contrario.
La brisa cálida y húmeda de la costa, el Sol refugiándose de manera envidiable.
Queda poco tiempo y mis huesos aún se fragmentan al leer su nombre en la lista.
Tengo que hacerlo.
Debería hacerlo.

Después de todo, supongo que ahora su vida es superficial e inexistente; no le quitaré algo que no tenga. Así que no dolerá, ni si quiera lo sentiré.
Yo era lo único que le quedaba, o algo así... No sabe que existo.
Su vida podría lucir bien, pero su interior está podrido.
Buena suerte tuvo Ric, mi padre, al morir hace años y no tener que cargar el peso.
Edwin es fuerte.

En un suspiro aparezco frente a su departamento. Quinto piso, tercera puerta a la derecha.
Lo he visitado antes, sólo que ahora no seré invisible y me aterra que vea en lo que me he convertido... O lo que siempre he sido.
Abre la puerta y me mira sorprendido, sin palabras.
Sus ojos se enrojecen y me abraza.
-Hermano... -Su voz... Calmada, como siempre.

La luz que lo caracterizó desde su nacimiento parece seguir ahí, pero el mundo se ha encargado de opacarla.
-¿Cómo te va hermano?
-Intento salir adelante... ¿Qué hay de ti? -Su sonrisa se desvanece ante la ausencia de respuesta. Probablemente cree que tengo problemas y he venido a buscar ayuda.
-Lamento haberte abandonado, yo...
-Está bien -me interrumpe- lo bueno es que ya estás aquí y no te irás ¿cierto?
-No me iré.

Sonríe de nuevo, calmándome.
Sin embargo, el sonido de una persona aproximarse despierta mi razón.
Edwin Ilejay. Dos palabras que tiemblan y se resisten a ser pronunciadas por mis labios débiles.
Tomo fuerza de mi inmortalidad. Debería hacerlo. Es lo mejor. No me iré.

Tocan la puerta y retengo su brazo en el momento en que se levanta de la sala.
-¿Qué sucede?
-De verdad, lo siento.
-No hay algo qué disculpar Arin...
-Mi nombre ya no es Arin... -me mira con confusión, pero mantiene su mayor virtud- te quiero, hermano.
Me abraza.- Te quiero, hermano.
-Edwin Ilejay.

Entonces, su rostro recupera la misma calma que la del momento en que lo conocí. Sólo que ahora no está durmiendo.

Hear Me Call Your Name ✔️Where stories live. Discover now