Yin Yu nunca se había sentido tan aliviado. Ahora que lo pensaba en retrospectiva... Tenía bastante lógica.
Todo empezó hace varias décadas, cuando Hua Chengzu lo envío al monte Tong Lu a recuperar una estatua. Se le hizo raro, pero Yin Yu había aprendido hace mucho a no hacer muchas preguntas y partió a cumplir con su misión.
El lugar al que Hua Chengzu lo había enviado era extraño. Había cientos de estatuas, todas de la misma persona, un joven de rasgos suaves y sonrisa apacible. Algunas estatuas llevaban una espada, otras llevaban una flor. Todas tenían distintas poses, paradas, saltando en dirección a algo, sentadas, y acostadas.
Eran bellísimas, llenas de detalles.
Yin Yu no entendía para qué o quién había creado esas estatuas, o quién era el chico inmortalizado en ellas, pero eran importantes para Hua Chengzu, y él no necesitaba saber más.
Las instrucciones eran claras. Buscaba una estatua para el templo que Hua Cheng quería construir en la Ciudad Fantasma, está tenía poco más de cuatro metros de alto y mostraba al dios sentado en la luna creciente, con una espada en su cintura y sosteniendo una flor. Yin Yu pensó que sería una tarea simple, pero al ver tantas estatuas de la misma persona en distintas poses empezó a cuestionar la facilidad de la misión.
Mientras recorría la cueva-templo, llegó a una sección con estatuas cubiertas por telas. Yin Yu fue descubriendo de una en una, revelando que estas eran mucho más finas que las de la galería anterior. Probablemente la estatua que buscaba estaba entre ellas.
Invocando un viento, levantó las telas de todas las estatuas, excepto una, la cual no estaba cubierta con una tela, sino que el propio mármol en el que estaba tallada había sido esculpido tan delicadamente que parecía estar cubierto por una seda transparente, pero en realidad era roca.
Esta estatua era diferente al resto... Esta... Esta no llevaba ropa, lo único que lo cubría era el velo, pero se notaban las curvas de su cuerpo bajo él. Era el mismo chico, pero tenía una corona de flores, un rostro sensual y las manos en dirección a alguien, como llamándolo. Yin Yu se sonrojó y de repente sintió que acaba de ver algo que no debía. Cubrió las estatuas rápidamente y salió del lugar totalmente rojo.
Al final de la galería encontró la estatua que buscaba, la metió en la bolsa qiankun que Hua Chengzu había preparado para la ocasión y regresó a la mansión Paraíso, donde Hua Cheng lo recibió mirándolo fijamente.
Yin Yu olvidó el incidente, pero no el rostro del chico. Pasaron los años y Hua Cheng no volvió a topar el tema de la montaña, ni sacó la estatua para el templo.
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Yo soy su shipper más grande
RomanceYin Yu sólo tiene un deber, cumplir las misiones de Hua Chengzu. No es necesario pensar mucho, no hay que juzgar... Pero esas estatuas.... ¿¿¿Acaso Hua Chengzu ama a Qi Rong??? Yin Yu decide no preguntar por simple sentido de supervivencia pero se a...
