ʀᴇᴄᴜᴇʀᴅᴏs

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Luxemburgo, Luxemburgo junio 2011

April Eid Icaza

Apoyo mi frente en el cristal de la ventana de mi habitación, desde aquí puedo ver como el sol se oculta, veo como su luz colisiona en el infinito, donde se une la tierra y el cielo, a una distancia indeterminable, su resplandor es cegador, su luz se torna amarillo anaranjado, ¿En dónde se oculta es sol? me cuestiono y como respuesta vienen a mi mente las clases de física, el sol no se oculta, nunca se apaga, ni siquiera se moverá de su lugar, y que aún falta cinco mil millones de años para que deje de existir.

Para el mundo el sol es eterno. Al igual que los recuerdos.

Doy un suspiro y una corriente de dolor recorre mi nariz, es el típico dolor que siento cuando empezaré a llorar, ¿El motivo?, es el mismo de siempre, RECUERDOS, llevo mi mano a mi nariz y presiono para amortiguar el dolor, hoy es unos de mis días grises, acostumbro a etiquetar mis días con colores, los cuales solo varían entre negros y grises. Lo hago desde que empecé a entender las cosas de la vida. El amor, el odio, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo prohibido.

Aveces me pregunto si es normal sentirme así.

Me molesta sentir la sensación de vacío, me desespera sentirme sola, no quiero sentirme así pero no puedo evitarlo, la sensación de mi pecho no se va, me asfixia y no es por lo que me sucedió cuando era niña.

Eso ya lo superé.

Creo.

—Te he dicho que no irá a ninguna parte. —Se oye en el primer piso, son los gritos de Tamar, mi tía Tamar. Regreso mi mirada hacia el horizonte, miro el sol que sigue ocultándose, su brillo resplandece aún más. Mi mirada se pierde en el despejado cielo, mis ojos están abiertos, pero ya no veo el cielo, me sumerjo en mi mente, en los recuerdos, dejo de existir y me convierto en un pensamiento, no hace falta saber quién está al otro lado del teléfono, es mi padre. Debe de ser él, porque mi madre no tiene valor para llamarla, cometió un error y ahora no tiene la moral para siquiera hablar a su hermana, siento dolor en una de mis piernas, en la que he depositado todo mi peso, eso me trae a la realidad, mis párpados pesan, los cierro y entonces mis lágrimas caen, los limpio con el dorso de mi mano.

—Hoy no llorare.

—Hoy no quiero llorar.

Me muevo hacia mi escritorio para evitar que eso suceda, no me toma mucho tiempo llegar hasta ahí, lo primero que veo cuando me siento en mi silla giratoria, es una fotografía en un bonito portarretrato de madera color caoba, mi favorita de todas las que invaden la casa de tres pisos en la que vivimos mi tía y yo. En la fotografía estamos las dos, doy una sonrisa triste al recordar cuando fue que la tomamos, fue hace cinco años cuando bajamos de la ruleta rusa, ese día fue magnífico, en cada grito que salía de mi garganta debido a los giros, arrancaba el dolor con el que cargaba desde hace años, a mi tía le sucedió lo mismo, dejó ir parte del dolor cuando también lo hacía, ambas dejamos el juego mecánico con una grandísima sonrisa en nuestros rostros, nos sentimos liberadas, dejamos ir el dolor y el pasado, por esa razón quizo que ése momento quedara grabada en una instantánea..

—He dicho que no, Joaquín. —se vuelve oír la voz mi tía, un poco más calmada pero exasperada, haciendo que salga de mis pensamientos. —¿Por qué ahora?, ¿por qué justo ahora? —Continúa, ya sabía que era mí padre, oigo su voz alejarse, niego con la cabeza y vuelvo a posar mi mirada en la fotografía y entonces traigo a mi mente como terminé viviendo con mi tía en Luxemburgo.

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⏰ Last updated: Dec 12, 2024 ⏰

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