El viento arrecia, las nubes lloran, los cielos gritan y la luna llora sangre. El cielo está teñido de negro, los árboles se mecen violentamente por la tormenta, las ramas crujen y las hojas caen por las violentas sacudidas. Los pasillos del hospital están vacíos. Se escucha el sonido de la palma de la mano de la recepcionista al engrapar los documentos, se puede oír cómo es que las ventanas vibran con el sonido de los truenos y cómo es que las gotas de agua chocan contra el techo.
Cuarto 708, octavo piso.
Cassidy se siente inquieto con lo callados que están los pasillos y el sonido de la tormenta no lo ayuda absolutamente nada. Solo alimenta aún más su imaginación. Se escuchan los gritos de discusión que hay dentro del cuarto 708 y dentro de su cabeza se escucha como si alguien estuviese caminando hacia él a través del pasillo, comenzó a recordar las historias que el abuelo Francis le contaba.
Miró a ambos lados del pasillo con sumo cuidado y con extremo terror al sentir que si volteaba la mirada se encontraría con alguna monstruosidad deforme y de proporciones grotescas. Pero en lugar de eso, observó a la oscuridad absoluta. No había luz alguna más que la del escritorio de la robusta recepcionista que tenía a unos metros de distancia.
Se acomodó en su sillón que está justo al lado de la puerta de la habitación 708. Colocó sus codos sobre sus rodillas y sus manos a los costados de su cabeza, con la mirada en el suelo y sus pensamientos sumidos en los posibles desenlaces en aquella discusión entre el abuelo Francis y su padre. Y comenzó a esperar y esperar.
Los gritos de la habitación 708 no cesaban y la recepcionista comenzaba a molestarse, se veía en sus ojos. Seguramente el tomar turnos de tiempo completo no le sentaban bien, mucho menos si un anciano y un adulto discutían como si fuesen niños casi frente a su escritorio. Pero la única razón por la que no hacía o decía nada era porque casi literalmente habían comprado el piso entero y le habían pagado una suma cuantiosa de dinero con tal de no molestarlos y de no reportar nada que no tuviera que ver con la salud del señor Wayland, pero la discusión se volvía más intensa y más molesta.
-... ¡tu hijo es el doble de hombre de lo que eres y podrás llegar a ser! –gritaba con fuerza el abuelo Francis.
- ¡Tú no estuviste ahí para mamá o para Ty, no tienes derecho alguno para reclamarme lo de Bailey! –gritaba furioso el padre de Cassidy –... ¡y Cassidy es así, porque yo lo he criado! –dijo su padre con orgullo y eso lo hizo enfurecer, al igual que al abuelo Francis.
- ¿Criarlo tú? ¡No tuviste las pelotas para enfrentar a tu mujer! ¿y me vienes a decir que las tuviste para criar a un verdadero Wayland? –grita el abuelo Francis en medio de tosidos, como si estuviera a punto de ahogarse –... ¡he sido yo quien ha criado al muchacho por más de 10 años, no trates de decirme que lo has hecho tú, además, el chico será todo un guardaespaldas, justo como su abuelo!
Cassidy no sabía cómo sentirse, se sentía atrapado entre esos dos y no quería entrar en conflicto con alguno de ellos, pero detestaba a su padre.
- ¡Si es así, ¿por qué no le cuentas lo que sucedió con John?! ¿Eh?
-Lo que le sucedió a John no es de tu incumbencia, la puta de tu madre jamás debió de abrir su jodida boca –vociferó el abuelo Francis y su padre dio un golpe fuerte a uno de los muros, dejando bien alerta a la recepcionista.
- ¡No te atrevas a hablar de esa forma de mi madre, maldito anciano hijo de puta!
-Estás insultando a tu abuela, imbécil.
- ¡Me importa un carajo!
- ¡Escúchame bien, mocoso! –comenzó a exclamar con furia el abuelo Francis –... yo tengo el derecho de hablar como se me pegue la puta gana y de quien se me antoje, incluso si es de la puta de tu esposa.
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Burden - El Infierno en la Tierra
AksiyonUn pequeño grupo bien entrenado de guardaespaldas acuden ante el llamado de un adinerado empresario situado en la antigua ciudad de Burden. El trabajo por el que fueron traídos se ve envuelto de distintos obstáculos debido a la infección que azota l...
