¿Quién diría que tras aquel enfrentamiento ocurriría un evento inesperado que le daría una segunda oportunidad a la maldición más fuerte? Nadie, nadie fue capaz de predecir qué es lo que ocurriría después de ello porqué nadie se lo esperaba.
Sin emb...
Una feroz y brutal batalla se estaba prolongando entre los mejores estudiantes del colegio técnico de magia metropolitana de Tokio y la maldición más fuerte. O eso diría, pero la verdad y la realidad eran totalmente distintas a lo qué creemos, porqué no era una «feroz y brutal» batalla cómo se aparentaba, tan sólo era una masacre de un sólo lado con toda la diversión posible para Sukuna quién ahora yacía fuera del cuerpo de Itadori de manera totalmente independiente, pero... ¿Cómo ocurrió esto?
Les daré una introducción de manera rápida.
Sukuna desde hace un tiempo tuvo a Fushiguro Megumi en el punto de mira, esperando de manera paciente el momento para atacar y por fin escapar de aquél molesto recipiente quién le tenía cautivo. Megumi logró firmar un pacto con esa maldición, pues desde hace ya un largo tiempo está misma le continuaba diciendo qué serían más poderosos y tal cuando cambiaba de lugar con Itadori, pero al notar qué Megumi simplemente pasaba de él se centró en lo único qué le importaba al azabache: su hermana. ¿Pero cómo obtuvo esta información? Es totalmente un misterio, incluso hasta para el mismo Itadori quien es su recipiente, nadie sabe de dónde saco esta información del joven Fushiguro.
Un día qué el hechicero más fuerte de todos salió en un viaje de trabajo, Sukuna tomó el control absoluto de Itadori, aprovechando qué este estaba en un pequeño pero a su vez gran sueño, y fue entonces cuándo busco por cielo y tierra a Fushiguro Tsumiki, dando con ella quién salía de una tienda de convivencia. La secuestró y aun qué tenía muchas ganas de asesinarla de una manera lenta para lograr oír sus gritos desgarradores se contuvo, sólo para lograr su cometido sin ningún problema de por medio.
Fue entonces cuándo la mantuvo cautiva durante un pequeño lapso de tiempo, aproximadamente una semana con él cómo su mera esclava, ayudando con necesidades básicas tales cómo la comida o limpieza de aquél lugar, más no la utilizaría para hechos sexuales implícitos ya qué según sus palabras no le interesaban las relaciones carnosas. Cierto día, un 27 de octubre los chamanes de la academia arribaron al lugar donde se mantenía cautiva la maldición y la secuestrada de Tsumiki, pero aún así aquéllos hechiceros (incluyendo a Megumi) no fueron rivales para la maldición.
Sukuna quién estaba a tan sólo un movimiento de decapitar a la indefensa de Tsumiki le propuso aquél trato de pactar a Megumi, quién superado por la condición en la qué se encontraba él y su única hermana aceptó. Ahora Sukuna se había separado del cuerpo de Itadori, manteniendo la apariencia de su recipiente pero ahora ya de manera independiente. Al momento de esto Tsumiki se separó del cuerpo de Itadori, quién ahora yacía en el suelo en un coma. Finalmente pudo concretarse la tan esperada reunión familiar, pero algo no había sucedido a tiempo. Megumi le abrió sus manos a Tsumiki y darse el afecto esperado, pero no hizo desaparecer a Sukuna quién observaba todo con total felicidad, pero una felicidad digna de quién sería la maldición más fuerte.
En una pequeña fracción de segundo y de manera totalmente espontánea ambos fueron decapitados producto de Sukuna, manteniendo así y con bastante desgaste de su poder, aquélla forma independiente. Fue hasta entonces qué se dedicó a buscar cada dedo faltante llegando al punto de quedar sólo con el 50% de su poder, esperando hasta aquél día para lograr su cometido de obtener los faltantes.
En la actualidad.
Sukuna ya había logrado obtener los dedos faltantes, llegando a su máximo poder, aún qué claro, con mucha sangre por el camino y una gran pila de cadáveres, entre tantos se podían distinguir a Inumaki Toge con el corazón extirpado, Kugisaki Nobara partida a la mitad, Maki Zenin con el cráneo destruido y Panda, quién había muerto por desangrado. Pero de ser así, ¿Quiénes estaban siendo de entretención para la maldición? Bueno, entre estos sujetos quiénes se esforzaban para aniquilar y exorcizar a la maldición se encontraban, Kento Nanami quién le faltaba un brazo, Okkotsu Yuta quién no podía hablar a causa de su mal uso con el discurso maldito del clan Inumaki e Itadori Yuuji, este último en su mejor condición y listos para terminar con el trabajo.
Pero aún así y tras innumerables intentos no pudieron con la maldición, culminando con la muerte de Nanami quién fue totalmente incinerado, Okkotsu quién había sido mandado a volar casi hasta la otra ciudad y Yuuji quién estaba en las últimas, pero a último momento llegó Satoru Gojo quién sólo con su mera presencia logró captar la atención de estos dos, con sus ojos a la vista y una clara intención de venganza por sus alumnos caídos en combate.
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Sukuna solamente dejó escapar una pequeña sonrisa tétrica al saber que al fin se enfrentaría al tan poderoso Satoru Gojo por lo qué casi sin pensarlo se lanzó a luchar contra él, deteniéndose en el proceso a causa del infinito qué había entre el y Gojo. Luego de esto último y tras una larga batalla donde se revelaron las naturalezas de su poder de ambos las tornas cambiaron completamente, dejando a Gojo con una clara victoria y sin un rasguño, mientras qué Sukuna estaba totalmente cansado debido al uso continuo de sus rituales más la tolerancia a los ataques continuos de Gojo, pero éste último decidió terminar todo de un sólo ataque aprovechando la clara debilidad en resistencia de Sukuna, fue entonces cuando dijo:
—Púrpura.
Cuándo todo terminó, la vista de la maldición se nubló, pues no había logrado eludir un ataque de dicha potencia por lo qué ya estaba en aquel proceso de desintegración a nivel átomo, más sin embargo y gracias a su clara convicción de llegar a más, ser más fuerte qué nadie, la venganza y el claro odio lo ayudaron a prevalecer aún cuando estaba frente a las puertas de la muerte, pero al resistirse despertó.
— ¿Donde estoy?
Lo único qué mencionó antes de ver a su alrededor, nada era cómo antes ya qué el campo de batalla de antes ahora no existía, el ya no se situaba donde creía estar y donde estuvo, había sido teletransportado hacía otro mundo.