Prólogo

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-¿Dónde está mi hermoso juguetito?. No te escondas o te irá peor-dijo aquel hombre del que la chica se ocultaba.

-Po..por favor, yo no quiero. No me haga esto de nuevo por favor-dijo una chica muy pero muy asustada y desesperada.

-Pagué mucho por ti, así que haces el trabajo por las buenas o lo haces por las malas. Tú me conoces muy bien, te puedo tocar, besar, y tenerte las veces que me de la gana. Sal de ahí, porque te lo juro que si entro por las malas, te irá peor-dijo el hombre y aquella chica, arrinconada en una esquina.

   Al ella no ceder el hombre entra, y con coraje la agarra del cabello y comienza a golpearlo brutalmente, dejandola inconciente y luego violandola, sí, porque ella era violada cada vez que ese hombre que pagó por ella la obligaba o muchas veces a la fuerza tenía sexo con ella. Al final, el creyó que ella estaba muerta y decidió deshacerse de ella. Así que ordenó a que la tirarán en medio de la calle, de, que no estuviese muerta, un carro la arroyara y muriera. Mientras tanto, un mafioso solitario, arrogante, frío, y muy peligroso conducía de regreso a su casa. Cuando frena de un golpe, al ver que había un cuerpo y se dio cuenta que se trataba de una chica.

     Pensó que podía ser una trampa por eso, bajó con su arma, pero para su sorpresa no era ninguna trampa. Muchas preguntas inundaron su mente, al ver aquella chica golpeada y inconciente. Ya que sabía que estaba viva al sentir su pulso, el pulso que era débil. La lluvia no favorecía mucho, ya que ambos estaban empapados. Él se levantó para irse, pero algo lo detuvo. Algo le decía que aquella chica nececitaba de su ayuda, y fue ahí que la cargo entre sus brazos y la llevo a su casa. Allí se encontró con Fernanda, su sirvienta, y una de las mujeres más importante en su vida. Ella estuvo en sus peores momentos y para él Fernanda era su abuela.

-Quiero que llamen al el doctor, nececito que salven a la chica. Fernanda, quiero que prepares la tina con agua caliente y la bañes, y le pongas algo de ropa-dijo él y sube con ella las escaleras y la deja sobre su cama. Él no dejaba de mirar a aquella chica. Ella era tan perfecta que el pensó que podría tratarse de una muñeca. Pero en realidad, no se trataba de una muñeca era una chica muy hermosa, con una piel pálida que la hacia ver como de porcelana y su cabello era obscuro como el café. Ella poseía una belleza increíble.

-¿Quién te hizo todo esto?, ¿Porque te hicieron esto?-susurró el hombre aún empapado por la lluvia. Muchas preguntas recorrían su mente, igualmente dudas. Pero...¿qué le repara el futuro a ambos?...

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