ALBUS DUMBLEDORE (prólogo)

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𝐍𝐨𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫:
𝐀𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐚𝐜𝐥𝐚𝐫𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐞𝐬 𝐦𝐢.𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨, 𝐥𝐨 .𝐞𝐦𝐩𝐞𝐜𝐞́ 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐲 𝐦𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐞́ 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫 𝐜𝐚𝐩𝐢̀𝐭𝐮𝐥𝐨, 𝐚𝐬𝐢̀ 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐨, 𝐯𝐨𝐭𝐚𝐝 𝐲 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐩𝐨𝐫𝐟𝐚𝐚𝐚.
Dumbledore estaba recogiendo su estudio antes de ir a dar un paseo por el Londres muggle, cuando de pronto, recibió la noticia: Lily y James Potter habían muerto, pero su hijo, Harry Potter, inexplicablemente, había sobrevivido, y, gracias a él, Lord Voldemort se había debilitado lo suficiente como para desaparecer, no estaba muerto, pero si muy débil.
No era momento para ponerse a llorar por el joven Harry, sino de pensar algo que hacer, de pronto tuvo una idea, llamó a la profesora McGonagall, que como era de esperar ya sabía todo lo sucedido, al igual que toda la población mágica.
Después de unos minutos, se vio a Dumbledore doblar la esquina de Privet Drive, donde se encontró a un gato con una forma de unas gafas negras al rededor de los ojos, que le estaba esperando. De pronto, el gato empezó a crecer y crecer, y finalmente, se convirtió en una mujer ya de mediana edad, con una túnica y un sombrero de bruja, miró al director antes de entablar una conversación con él.
- Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.
- Lo mismo digo, profesor. Lily y James, de verdad... no puedo creerlo, no quiero creerlo...
- Lo se, lo se.
- Es asombroso, después de que quien- tu - sabes matase a tanta gente... no pudo matar a un niño de un año...
- Lo se. Hagrid se retrasa.
- ¿De verdad confías en él tanto como para encargarle algo tan importante?
- Por supuesto que sí profesora.
De pronto un fuerte estruendo interrumpió la conversación de los dos profesores, que miraron hacia arriba a la vez para, así ver el causante de tanto ruido. Era una gran moto voladora, que, poco a poco, fue descendiendo hasta aterrizar al lado de Dumbledore y McGonagall.
- Profesor Dumbledore, profesora McGonagall, me alegro de verles. - Dijo el recién llegado, un hombre gigante, con las manos del tamaño de cubos de basura y los pies parecidos al tamaño de un pequeño delfín, por no hablar de su estatura, que sería igual a la de dos hombres.
- Lo mismo digo Hagrid. - Dijo Dumbledore.
- ¿Cómo está el niño?- Preguntó McGonagall, que no quería entretenerse.
- Bien, el pobre se ha dormido mientras veníamos.
- Déjalo ahí Hagrid. - Dijo Dumbledore mientras señalaba el felpudo de la casa.
- Si profesor.
Hagrid se agachó para dejarlo, y cuando se separó Dumbledore escondió una carta entre las mantas del niño dirigida a sus tíos, que es donde Dumbledore dejaría crecer a Harry, lo que no sabía era que le harían una vida poco deseada para cualquiera.
Un ruido fuerte interrumpió los pensamientos de Dumbledore, que al girarse, vio a Hagrid llorando, ese había sido el ruido, el pobre Hagrid ya se había encariñado de Harry.
- Ya sabes que no es un adiós para siempre, Hagrid.
Y con eso, los tres se dieron de la mano para así, poder aparecerse en los muros de Hogwarts y desaparecer del mundo muggle, donde no había magia.

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