Capítulo X
Llegué a mi casa hecha una furia, con la mente vuelta un caos. Athir me preguntó medio asustada sobre mi estado, pero yo ignoré cuánto decía mientras seguía frenética la presencia de mi hermano, ahora que distinguía el olor que de su piel emanaba me era sencillo rastrearle.
Aunque mi casa era pequeña, un par de segundos ahorrados representaban la gloria ante el desespero que llevaba. Sin embargo de su lugar se desprendían dos efluvios, y el segundo era el agradable aroma a rosas que antes había percibido en Elizabeth, más intensificado ahora que mi olfato era distinto.
Ambos perfumes provenían de la biblioteca, sus cuerpos expelían cada uno la suave mezcla de dos materias: la esencia natural de sí mismos y un hálito metálico que también emitía Athir, de mi hermano podía sentir además la fragancia perfumada que usaba en loción. Siguiendo ello, estuve frente a él en menos de un instante.
–¿¡Qué hicieron con Savannah?!– exigí saber, enfrentándole.
–¿Qué?– torció el gesto.
Sin pensar, le tomé de su camisa. Mi intención era zarandearle pero él, más fuerte y rápido que yo, me apretó con tesón las manos doblándolas hacia afuera, se me escapó un chillido.
–¡Diego, ya para!– pidió su mujer.
–¿Pero qué es lo que pasa?– apareció Athir tras de mí, angustiada.
Él me soltó de mala gana y me observó irritado, esperando explicación.
–¡Me mentiste!– Acusé –Dijiste que todos habían muerto y no fue así, ¿Dónde está Savannah?, ¿Qué han hecho con ella!?– Repetí –¡Dímelo!, ¡Te lo exijo! y no me vengas con que no lo sabías porque no te creeré– le miré a los ojos –¿Estaban Savannah y Hanny con vida cuando llegaste?
Dudó antes de hablar pero finalmente lo hizo.
–Tal vez. Pero ya no había nada que poder hacer.
Me paralicé, incrédula.
–¿Tú... Pudiste salvarlas y no lo hiciste?
–Te digo que ya nada se podía hacer, entiéndelo. Y aunque así hubiere sido, difícilmente lo habría hecho. No era asunto mío, ninguna de ellas era nada de mí.
–¿Cómo puedes decir eso?– me indigné, dolida –Diego, ¡Eran mis amigas!, ¿Cómo pudiste?, ¿¡CÓMO PUDISTE?!
Rompiendo a llorar, quise golpearle al pecho con mis manos en un puño pero él me sostuvo una vez más.
–¿Quieres saber qué fue lo que encontré en aquella casa?, ¿Ahí donde la pestilencia y la podredumbre eran tan repulsivas que ni los cuervos se habrían atrevido a entrar?
–¡Diego basta!– exigió Elizabeth, pero él le ignoró.
–La de cuerpo menudo y pelo corto no la habría reconocido ni su propia madre. Ella y el muchacho perfumaron de sangre la calle entera, a ese tuvieron que haberlo sacado de allí en cuando menos tres bolsas y jugar al rompecabezas, igual que a la adulta que dormía arriba. Las otras dos respiraban todavía, tiritaban incluso, pero no eran más que reflejos– soltó mis brazos con obstinación –Parecían despiertas, es cierto, pero dudo que pudieran oír o ver nada, su mente ya no estaba ahí– se llevó un dedo a la cien –Eran sólo un saco de carne con nervios palpitantes. La rubia yacía de espaldas, de dónde estaba totalmente abierta, me sorprendió que se moviera. La alta era la que quizás, tal vez, no lo sé– sacudió la mano al aire –Pudiera haber tenido más posibilidades. Sus heridas eran similares a la que tenías tú.
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Cambio de Sangre
VampireCriada por vampiros, ella anhela convertirse en uno. Aprendiendo las costumbres heredadas, y consciente del estilo de vida que llevará tras el cambio, espera su momento. Pero este nuevo mundo es más macabro de lo que había pensado, y su ingenuidad p...
