...

—¿Y si hoy probamos algo distinto?


Murdoc tenía debajo de su manto al peliazul, desnudo, jadeando por el beso del que recién podía recuperarse.

—¿Cómo... —Inhalo profundo y soltó:—Qué?

La pregunta sonaba intrigante para los oídos de Stuart, quien, al haber hecho de todo en casi un año con el pelinegro temía que ya se hubiera aburrido de él.

O que tal vez por karma quien resultara dejado de lado fuera él mismo.

Pero en lo que se quedó deliberando si era aburrido tener sexo con la misma persona, o que la misma persona hiciera lo mismo a la hora de la intimidad, el de heterocromias se había recostado a su lado, curvando su espalda mientras se tocaba.


Stuart salió de su pequeña burbuja cuando las manos ajenas buscaron su cuello, alentándolo a ser quien se posicionara encima suyo.

¿Quería que lo montara? Recién habían hecho eso el día anterior.




Pero con el beso en pleno apogeo, las manos del empresario tomaron las ajenas, y las invitaron a recorrer cada parte del cuerpo ajeno; tentar su pecho, abdomen y cadera.

Entonces el siguiente movimiento fue tomarle de la espalda y enrollar sus piernas alrededor de las caderas blanquecinas. Tomándole por sorpresa pues quería que tomara el control.


Si bien era real que nunca habían cambiado los roles de juego, empezó a pensar que tal vez era porque no sabían cómo ser lo contrario a lo que siempre fueron.

¿Pero que eran? Dos tipos que se encontraban cada noche con intenciones de hacer todo lo que les diera de tiempo durante unos momentos. Los mismos que terminaban por romperse al ver la dura realidad para ambos.

La de no poder estar juntos a todas horas.



Niccals había estado teniendo un comportamiento bastante provocativo, no tenía filtro cada vez que estaba con él y eso le gustaba.

¿Qué más daba darle un buen uso a su hombría de vez en cuando?

Entonces aceptó, tratando de ser lo más parecido a él, a su forma de tocarlo o el lenguaje corporal tan expresivo que se cargaba. Pero le era imposible, no podía ser ni su sombra, nada.

Mas de pura casualidad recordó que aquella sería la primera vez del hombre que venía a buscarlo cada noche.


¿Qué haría para hacerlo sentir como el lo hizo hace casi un año? ¿Cómo lo haría sentirse seguro?


¿Cómo lograría hacerlo sentir bien?

Mas no se tuvo que preocupar tanto, cada acto fue ejecutado por Murdoc, quien al verlo tan nervioso optó por ser el quien tomara el mando por un momento. Provocándole curiosidad y regocijo a Stuart de acercarse y jugar con su cuerpo y el ajeno.


Una locura la forma en la que caían en cuenta que el sexo era más divertido así.



Entonces ya después de un rato de jugar con lubricantes, la entrada oliva lubricada de manera correcta hacía hacer que Pot se sintiera tan afortunado como el primer día que lo conoció. Tratado por las mejores manos.

Por él.

Entro y sintió que se derretía con el tacto tan feroz del calor ahí dentro. Sintió la desesperación por moverse. Respiró y espero a una señal, para después, terminar de liberarse.

Viéndose frente a frente con los lugares alterados, la escena se veía algo cercana a lo que realmente era tener sexo. Stuart jadeba de manera constante, no solo por el placer, sino por el cansancio de mover tanto la pelvis a cambio de pequeños choques eléctricos.

Y Murdoc, bueno, se sentía en la gloria. No era ningún secreto que antes de haber invitado al peliazul a sus entrañas primero se quitó el miedo y la hipocresía con la que se manejaba siempre, esa que le decía que era asqueroso meter algo por "allá debajo". La misma que dejó atrás luego de verse al espejo por un muy largo tiempo después de una ducha; y al poco tiempo se dio cuenta que era un animal, engañaba a su esposa, engañaba a sus empleados, al mundo.


Se engañaba a sí mismo.

Y fue con aquel chico, al que le entregó su verdadero ser con el que decidió darse propiamente.

Stuart no llego al clímax solo, tuvo que montarlo porque estuvo a punto de desmayarse. Y eso hasta cierto punto le provocó una ternura incondicional, porque en todo el acto no se atrevió ni a tocar sus caderas o siquiera sostener su cabeza a la hora de tenerse frente a frente.
Solo entrelazó sus propias manos, mientras acariciaba su pecho y sentía el tacto ajeno en su miembro.

Y aún con todo eso, él solo le dedicó la mirada que en su vida había recibido y que tal vez nadie más podría darle. Una dulce, con los signos claros de un placer inconmensurable, pero honesta al final.

Era todo, no necesitaba más para sentirse completo. No necesitaba de todo el dinero del mundo, ni a una bella mujer, ni esclavas de oro cubriéndole el brazo, tampoco un coche lujoso o trajes extravagantes.






Solo, todo este tiempo lo necesito a él.



Wrong Number [Studoc•]Nơi câu chuyện tồn tại. Hãy khám phá bây giờ