Capítulo Único.- Monstruo Marino

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Cada ciclo de Hari pasaba, y cada día en la mañana la bandada de cazadores al aire se lanzaba. Desde sus islas empinadas impulso con sus patas se daban y las corrientes de aire cálido aprovechaban.

Despegar no era fácil para animales que un cuarto de toneladas pesaban, pero una vez en el aire sus enormes alas, de cuatro metros y medio cada una, en los reyes del cielo los transformaba. Y a su líder seguían como un ejército a la batalla, por dilianis (horas) completos volaban, en busca de un cardumen de peces suficientemente grandes para alimentarlos, entonces contra estos se avalanzaban.

Entre estos una joven pareja se encontraba, ambos los 20 ciclos Hari rondaban en edad, cerca de 32 años terrestres, solo unos días antes habían puesto su primera nidada, dos pequeños huevos que su futuro representaban.

Por ciclos enteros habían cazado bajo la protección de Naurel y su sucesor Medex, los únicos Imusjaris adultos que la pequeña colonia tenía para protegerlos. Pero esa mañana incluso ellos no lograrían.

Mientras los adultos del grupo atrapaban peces que con sus garras apenas aguantaban, y su aliento de fuego usaban para matar tras sacarlos del agua. Medex, el más joven de los dos Imusjaris notó como desde el cielo Naurel, el Soberano del Dacu'i se lanzaba en picada, dando un rugido de advertencia a los demás para que se apartaran. Aunque sin relación de sangre ambos eran como padre e hijo, defendiendo su Dacu'i con fiereza, y sin dudarlo Medex se impulso para ayudar al Soberano contra aquel peligro que había sentido.

Enormes fauces rodeadas de tentáculos emergieron del agua, cada tentáculo más grande que un Viteveri adulto. Una hembra no logró impulsarse a tiempo, uno de los tentáculos la atrapó y antes de que su pareja cuenta pudiera darse o que ella pudiera voltear su cabeza para con una llamarada intentar liberarse, los gritos de ella se apagaron, cuándo la mandíbula de bestia se cerró partiendola por la mitad de la espalda, dejando sus alas trasera, la parte frontal de su cuerpo y parte de su cola caer arrancadas al agua al no entrar completa en la boca de la criatura.

Naurel no detuvo su vuelo, la ira y el enojo consigo mismo por haber fallado no se lo permitieron, mientras de su piel entera salían llamas justo antes de sumergirse en busca de aquella bestia, las historias antiguas decían que los poderes de los Imusjaris provenían de los mismísimos creadores, y Naurel era creyente de eso.

El fuego que su piel expulsaba dándole el impulso que necesitaba para sumergirse tan rápido como aquella bestia no se apagaba con el agua, solo se intensificaba aunque a poca distancia de él llegaba.

El monstruo que la sangre de su Dacu'i se llevaba, era cuatro veces más largo que cualquier Viteveri, pero aún así se sumergía, pues no podía enfrentarlos fuera del agua. A este territorio de pelea de esta ningún Viteveri, a menos que fuera un Imusjari se atrevería a bajar.

El monstruo extendió sus tentáculos para atrapar a Viteveri que creía indefenso, un solo golpe con la vida de Naurel acabaría. Pero no solo el fuego que en todo arde estaba entre los poderes del Imusjari, Naurel podía anticipar cada movimiento de este monstruo a tan corta distancia.

Se impulsó contra este sabiendo que no saldría vivo de esta batalla, sus garras penetraron en uno de los ojos del monstruo y liberó un extraño gas ultra ligero de su piel una fuerte oleada de burbujas que desoriento aún más al monstruo, que no pudo hacer nada ante una potente descarga eléctrica que los atravesó en cuánto las burbujas dejaron de salir. Naurel murió con la bestia en ese mismo instante, por la asfixia de tan arduo esfuerzo sin forma alguna de respirar.

Medex que se había sumergido solo unos segundos después de Naurel no pudo nada hacer, no fue suficientemente rápido para salvar a su tutor, y su fuerza apenas le alcanzó para defenderse de la descarga eléctrica que este había liberado.

Ahira estaba solo, con un millar de Viteveris necesitando su protección, tomó el cuerpo inerte de su antiguo maestro y se impulso a la superficie con sus alas tirando de él. Con ayuda lo elevó al aire y transportó hasta la isla, donde todos los habitantes del Dacu'i lloraran la muerte de su Soberano, mientras un joven adulto cuya edad rondaba los 20 ciclos de Hari, aterrizaba en el nido que con su pareja había hecho para ellos y sus crías no nacidas, crías que no conocerían a su madre.

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⏰ Last updated: May 02, 2021 ⏰

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