El sol brillaba suavemente aquella preciosa tarde de julio donde el sonido de las olas se mezclaba con "thinking out loud" de Ed Sheeran que sonaba en el fondo ocasionando que mi piel se erizara y una fugaz sonrisa adornara mi rostro, "Era mi canción favorita" me dije a mí misma, mientras sentía como la brisa fría del mar hacía que mis oscuros cabellos revolotearan rebeldemente hasta cubrir mi rostro, impidiendo que pudiera leer con claridad el menú a la carta que había traído el apuesto mesero francés, el cuál, me había recomendado la especialidad del chef, sin embargo me debatía entre los ravioles rellenos de queso blanco y espinaca, y papas con trufas. ¿Por qué era tan difícil decidirse? Si cualquiera de los dos estaría igual de deliciosos.
La respuesta es que soy complicada hasta en lo más sencillo.
- Los ravioles estaban estupendos –dijo una voz segura y femenina con acento inglés a mi espalda liberándome de mi debate existencial. Desconocía a la dueña de tan elegante y misteriosa voz, pero todo mi cuerpo se giró con la esperanza de conocer su rostro y así fue.
Ella estaba sentada en una de las mesas de atrás compartiendo una platica amena con una mujer de avanzada edad, que movía en forma negativa su cabeza mientras observa como la más joven pagaba la cuenta.
-Debiste haber probar la especialidad del chef. Estaba exquisito –insistió al beber un poco de agua.
-Amo los ravioles, mamá. No te dejes llevar por la recomendación de una cara bonita- aseguró sonriendo hermosamente.
Era de esas sonrisas donde se muestra levemente los dientes y luego se pasa la lengua por los labios, como evitando reír. Luego, de manera distraída pasó sus delgados dedos por su largo y rubio cabello antes de acariciar la mano de su madre y volver a sonreír. En ese instante, pude apreciar mejor sus expresiones y algunos detalles de su rostro: llevaba gafas que apenas escondían sus enigmáticos ojos azules y una que otra pequeña arruga que empezaba a formarse cerca de ellos. Su suéter negro cuello de tortuga y su pantalón de mezclilla le daban un toque fresco, juvenil y bohemio. ¡Era realmente hermosa!
-¿Va a ordenar? –preguntó de forma inesperada el mismo mesero, lo que ocasionó que volviera girarme sólo que esta vez de forma brusca. Mis mejillas estaban coloradas y calientes, sentía que me habían descubierto en plena travesura.
-Mmh.. Ravioles rellenos de queso blanco y espinaca –respondí de forma torpe y precipitada al beber mi copa de vino blanco –intentando disimular mi vergüenza.
-Enseguida.
Por la manera de sonreír del mesero antes de retirarse supe que se había percatado la situación anterior y maldije en voz baja. Me estaba comportando como una adolescente "sólo es una desconocida" me dije para entrar en razón y no girarme para volver a perderme en su sonrisa.
-Buena elección-susurró la misma peculiar y femenina voz en mi oído antes de pasar a mi lado y guiñar un ojo. Mi cuerpo se erizó deliciosamente y dejé escapar un pequeño gemido. Al verla de pie supe que era unos centímetros más pequeña a pesar de sus botas de tacón, pero su seguridad y elegancia al caminar hacía que cualquiera olvidara su estatura.
-Vámonos mamá. El viaje es largo. – dijo al detenerse a unos cuantos metros delante de mí para mirar como su madre se despedía amablemente de uno de los meseros.
-El próximo viernes pediremos sopa de cebolla, dice que es deliciosa.
-¿Recuerdas lo que te dije hace unos momentos? –inquirió divertida al extender el brazo hacia su madre y caminar hasta la salida del local.
Reí inconscientemente al ver como su madre hacía un puchero y ella sonreía con picardía. Lo único que se cruzaba por mi mente era "quiero volver a verla" y cuando pensé que la perdería de vista giró levemente su cuerpo y pude leer de sus labios un "nos vemos" que me hizo sonreír y sonrojarme en respuesta.
Al parecer el próximo viernes la volvería a ver y volvería a perderme en su hermosa sonrisa.
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She
RomanceHay veces que ser complicada trae beneficios y haga que un día ordinario se convierta en un día especial.
