Recuerdos de un dragón tranquilo

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One-shot, de mis favoritos sin duda 
Dedicado a KillerGoddess12

Era de noche en el inmenso reino de lioness, la paz que se respiraba en el aire era encantadora y a pesar de ser algo noche aún había gente recorriendo las seguras calles de el lugar mirando cómo las estrellas titilaban y la luna iluminaba los corazones de todos los habitantes, en cierto lugar de el reino para ser más exactos el castillo, en una de las habitaciones más grandes el rubio se encontraba despierto, sin camisa y mirando a su amada esposa con los ojos abiertos y los labios ligeramente separados los unos de los otros, desde que habían roto su maldición se veía más hermosa que la luna misma o quizá solo era él completamente enamorado de su diosa.

No podía creer que en 3000 años nunca pudo fijarse en otra mujer que no fuera su amada albina, hubo ocasiones en las que deseó estar con otra persona, rendirse, olvidarse de Elizabeth y tal vez tener una buena vida, pero cuando lo intentó sencillamente se sintió como el peor hombre de el mundo por haber siquiera pensado en traicionar a aquella bella y adorable mujer que era suya y solo suya. La amaba, no había otra mujer, no podía haber otra mujer, esa diosa era su todo y lo sabia bien.

Siempre creyó que cada que volvía a enamorarse de ella, cada que la miraba y sus corazones bailaban de felicidad era obra de esa maldita maldición que los perseguía, que los sentimientos de Elizabeth hacia él eran fruto de la maldición y en realidad ya no sentía amor hacia él, hubo ocaciones en que cuando era solo una princesa y los pecados estaban dormidos o demasiado borrachos como para poder recordar lo que hacía, tomaba de el licor más fuerte que tenía de esos que te raspaban la garganta y sentías que te quemaban por dentro como si fuera un cerillo prendido en fuego que te metían por la boca

Su garganta se irritaba demasiado, le dolía cada trago de aquella botella pues le quemaba por dentro y aún así seguía y seguía tomando de aquel licor fuerte hasta que sentía que sus cuerdas bucales estaban por completo destruidas como para poder seguir, no le imprima a no hablar para nada el día siguiente ni nada por el estilo de todos modos por la maldición y su oscuridad se regeneraba y era como si nada pasara, extrañamente eso lo ponía borracho y solo gracias a eso era capaz de olvidar por un momento su largo sufrimiento, pero no podía faltar las veces en las que su princesa bajaba las escaleras algo adormilada y le sonreía igual que siempre causando la misma sensación de amor hacia aquella diosa inmunda que le robo su mente, su alma y sus corazones, esa simple sonrisa era suficiente para que quisiera dejar de destruir su garganta por dentro

—mmm— el suave quejido de su esposa lo sacó de sus pensamientos al instante olvidando aquella sensación de que su voz fuera destruida al igual que la suave carne de su garganta en el interior, solo sonrió levemente mirando cómo abría sus azulados ojos con cuidado, su viaje había llegado a su final pues al fin habían roto la maldición, con el pensamiento de que todos esos sentimientos eran fruto de el hechizo había creado varías cosas para hacer por si solo y sin ser perseguido por la diosa pero cuando la maldición se rompió y se dio cuenta que con cada roce se emocionaba, cada beso lo hacia amarla más, cada sonrisa iluminaba su vida y cada encuentro apasionado hacia qué su deseo y lujuria crecieran pudo decirlo con certeza, en todas esas vidas, en todos esos milenios nunca dejó de amarla al igual que ella nunca dejó de amarlo, saber eso lo hizo sentir realmente feliz y lleno de dicha —mel...–

—shhhh tranquila, aún no es tiempo de despertar — susurro con suavidad mientras le acariciaba su mejilla y seguía sonriendo como un bobo, había noches en las que meliodas no dormía solo por verla, tocarla, olerla, era adicto a ella, si Elizabeth fuera una droga él ya sería un drogadicto sin remedio incluso tal vez ya estaría muerto por una sobredosis —vuelve a dormir— Elizabeth solo se le quedó mirando a los ojos algo atenta, sabia que aveces no dormía solo por admirarla pero comenzaba a preocuparse por eso, tan solo negó con la cabeza ate la opción de dormir y sin esperarlo siguió admirando las bellas esmeraldas de su amado, su rubio, su esposo, su rey — Eli vuelve a dormir—

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