Antes de entrar a la secundaria su madre le había sugerido comprar un uniforme unas tallas más grandes, asegurando que crecería con el tiempo, entonces Harry ansioso esperó por el día que aquel uniforme le quedara a la medida.
Para su descontento aquel día nunca llegó. Resultó que tenía una pequeña condición hormonal que no le permitía crecer con normalidad, cambiando la perspectiva y ánimo en la vida de Harry, pero no todo era malo, gracias a eso se había vuelto un poco reconocido entre los estudiantes del colegio, quienes lo habían bautizado con el apodo de «Pulguita».
Por supues que no le molestaba aquel apodo, en realidad lo definía muy bien y lo ayudaba aceptar más su condición física. Tan solo imaginen un chico de 16 años bastante delgado y con 1.45 de altura, era digno de aquel apodo.
Pero claro, por supuesto, la vida no podía ser color de rosa siempre y es que existía una sola persona que con solo llamarlo por ese apodo causaba en Harry unas ganas enormes de golpearlo.
No le importaba que el chico fuera como 10 veces él y pudiera patearlo como bola de fútbol, el tan afamado, rubio, despreciable, grosero, odioso, desagradable y molesto Draco narcisista Malfoy.
—¡Eh pulguita! —una voz a sus espaldas le hizo voltear y claro que no tenía que ser un genio para adivinar quién era— ¿Cómo está el clima ahí abajo? —dijo causando que su banda de tontos riera y Harry solo volteó los ojos.
Harry no podía creer que existiera una persona con tan bajo coeficiente intelectual, para que se le ocurrieran cosas tan estúpidas.
—Definitivamente mejor que ahí arriba idiota, estás tan cerca del sol que te está derritiendo el cerebro —dijo Harry.
Draco paró de reír abruptamente, si las miradas mataran, Harry ya estaría 6 metros bajo tierra en ese momento.
—Cuidado con lo que dices, enano, sabes bien que podría mandarte a volar de una patada —amenazó Draco.
—No te tengo miedo, Malfoy —dijo Harry en el mismo tono.
—¡Harry! ¿Qué estás haciendo!? — llegó alterado un pelirrojo.
—Vaya, Weasley ¿Cuidando al bebé? —dijo en tono burlón.
—Cállate, Malfoy —dijo Ron enojado—. Vamos, Harry.
Ron empezó a caminar seguido de Harry, sin embargo una mano tomó su uniforme y lo volteó.
Malfoy estaba encorvado frente a su cara, podía verle perfectamente, sus ojos grises, su pálida piel perfecta, unas pequeñas pecas que se extendían desde la nariz a las mejillas, su cabello rubio platinado que parecía brillar y sus labios ¡Oh sus labios! Eran delgados, rosados, tenía tantas ganas de besarlos y…
Espera…
¿¡Qué!? ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Besar a Draco Malfoy? Prefería romperse todos los huesos.
—Cuídate, pulguita —dijo y lo soltó tirándolo al suelo.
Harry al estar metido en sus pensamientos solo sintió como caía sobre su trasero y el rubio empezó alejarse.
—¡Harry! ¡Harry! ¿Estás bien? —dijo Ron preocupado— Oh Dios, cuando Hermione se entere se pondrá como loca —dijo Ron alterado—. Por Dios Harry, debes mantenerte alejado de ese imbécil, sé que él te provoca pero eso es lo que quiere enojarte.
—Yo sé Ron —dijo Harry— pero es que… ¡Ah! Quisiera poder llegar a su estúpida cara para poder pegarle.
—Yo te entiendo, y no te culpo, creo que cualquiera quisiera hacer eso —dijo Ron.
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Pulguita
FanfictionHarry era un chico pequeño y flacucho que siempre soñó con el día en que se hiciera tan grande y fuerte como su padre, sin embargo la vida parecía tener otros planes y debido a una enfermedad hormonal no pudo crecer con normalidad Para fortuna de s...
