Las gotas de agua golpeaban ferozmente la ventana. Entre la oscuridad de la habitación se distinguía la luz roja del reloj marcando las 3am. No la sorprendió, últimamente el insomnio se había apoderado de ella. En su mente se diluían miles de pensamientos. Un súbito impulso la obligó a abrir los ojos y se encontró durante unos largos segundos observando la oscuridad. Apreciando los sonidos nocturnos. Cinco minutos después estaba saliendo a la calle. Se subió la capucha de su sudadera azul marino y buscó un refugio cercano. El centro de la ciudad un Jueves de verano en la madrugada estaba desierto. En desespero por esconderse de la lluvia, Diana tuvo que conformarse con las escaleras del metro. Sus largos cabellos negros descendían húmedos por todo su torso, casi llegando hasta su cintura. Se descargó sobre la pared del tercer escalón y suspiró en señal de alivio. Poco a poco fue dejándose caer hasta estar sentada con las piernas recogidas frente a su pecho. Por unos instantes, cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás, dejando que todos los pensamientos que la abrumaban se agolparan en su cabeza por última vez. Seguidamente sacó de su bolsillo un paquete de tabaco en mal estado. Estaba roto por todas las esquinas y el cartón empezaba a perder su color originariamente rojo. Sacó un cigarro mojado con la esperanza de que este aún sirviera. Esa esperanza se desvaneció cuando su mechero negro con la ilustración de una calavera blanca no consiguió prenderlo. Frustrada, lanzó la pequeña caja contra la pared que tenía delante. En ese momento la figura de un chico alto con sudadera apareció en lo alto de las escaleras. Diana se dedicó a observar detenidamente cada uno de sus movimientos. El chico bajó las escaleras y se sentó frente a ella en una posición similar a la suya. También recostó su espalda y cabeza sobre la pared pero él mantuvo sus piernas estiradas. Se detuvo durante unos segundos esperando algún tipo de respuesta por parte de la extraña con la que se acababa de encontrar. Cuando se dio cuenta de que no la iba a obtener se sacó la capucha negra que hacía imposible distinguir su rostro y dejó a la vista una expresión de indiferencia. Diana quedó sorprendida, le pareció un chico bastante atractivo. Frente a la oscuridad seguía sin poder distinguir bien todas sus características pero podía ver su pelo castaño y desordenado, el cual él trataba de arreglar no muy exitosamente. Era un chico de proporciones perfectamente simétricas. Su rostro era duro, pero la hacía sentir cómoda. No podía distinguir el color de sus ojos pero dedujo que eran claros por como brillaban ante la tenue luz de las farolas lejanas. El desconocido sacó un paquete de tabaco de su bolsillo derecho y le hizo una señal a Diana ofreciéndole. Ella dudó por unos segundos pero finalmente asintió. El chico se inclinó hacia ella y le dio un cigarro que estaba en mejor estado que los suyos. Seguidamente volvió a su posición inicial y sacó de su bolsillo izquierdo un mechero verde chillón. Hizo la misma señal que con el tabaco pero Diana declinó su propuesta y sacó su propio mechero de nuevo. Durante unos minutos reinó el silencio entre ellos.
- x: ¿ que haces sola en mitad de la noche ? No es seguro.
- D: podría decirte lo mismo.
El chico la miró de arriba a abajo. Después de unos segundos de silencio:
- D: soy Diana.
- x: bien por ti.
- D: ¿ y tú eres...?
- x: nadie que te importe.
- D: bueno, a ti tampoco te importa quién soy yo y aún así lo sabes.
El chico la observó y decidió hablar.
- x: soy Hades.
- D: ¿ no es un dios griego ?
- H: si, a mi madre le apasionaba la mitología.
- D: ¿ y a ti ?
- H: me parece una pérdida de tiempo.
- D: ¿ la mitología te parece una perdida de tiempo pero estar a las 3 de la madrugada fumando con una extraña no ?
- H: no eres una extraña.
- D: ¿ cómo ?
- H: no eres una extraña. Te conozco. Sé que te llamas Diana.
- D: creo que conocer a una persona va más allá de saber su nombre.
- H: yo no lo creo. Sé todo lo que necesito saber sobre ti.
- D: ¿ de verdad ?
- H: si, no necesito nada más que tu nombre teniendo en cuenta que no nos volveremos a ver.
- D: eso no lo sabes.
- H: créeme, el destino no me haría ese favor.
- D: ¿ cómo ?
Diana se encontraba mirando hacia la calle cuando esas palabras dejaron la boca de Hades. Rápidamente se giró hacia él y sus mejillas se sonrojaron. Eso la avergonzó pero pronto se dio cuenta de que ante la poca luz que había era imposible que él lo notase. Hades se levantó, sin responder a la pregunta, lanzó el cigarro al suelo y lo pisó hasta apagarlo. Seguidamente se puso la capucha negra y empezó a subir las escaleras. Cuando casi llegaba a arriba se giró hacia Diana y le dijo:
- H: hasta nunca, desconocida.
Diana estaba paralizada. No sabía que la sorprendía más. La extraña personalidad de Hades, sus últimas palabras o la situación tan extraña en la que se había visto envuelta.
El chico desapareció entre la tormenta que atacaba la ciudad y en cuestión de segundos dejó de ser visible para Diana. Ella apagó el cigarro, se puso su capucha y volvió corriendo a casa.
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Efímero
RomanceUna chica con problemas y su hermano gemelo son enviados por sus padres a un internado en las montañas. Allí conocerán amistades y rivalidades pero sobre todo descubrirán el amor. Eso que durante tanto tiempo se les había mostrado como inexistente.
