"Impertinente" según sus padres, "Brillante" según sus maestros. Así era siempre denominada la joven que ahora corría sin rumbo fijo por entre medio de los árboles del espeso bosque. El bosque mismo que estaba lleno de historias aterradoras demasiado estúpidas como para creerlas. Y sí, más que escepticismo no se puede esperar de una joven aspirante a científica.
Una de las famosas historias que recorrían cada árbol de ese bosque era la de un viejo demonio que secuestraba a todo aquel que se adentrara en el bosque, que ahí habitaba desde el comienzo del mundo; desde sus primeros días. “Mete sus cabezas en un saco” Decían “, justo después de haber degollado a sus víctimas. No se atrevan a meterse ahí, porque no solo los esperará esa bestia, sino también las almas en pena de sus víctimas” ... Eso no parecía importar cuando se estaba tan molesta con la existencia misma. Pues ahí se encontraba la joven, en medio del bosque. No oía, no veía. Sólo árboles y su propio dolor. Hasta que de repente, paró. Dejó de correr, ya no podía más –ni tampoco quería–. Lo que hasta hace segundos encontraba lógico, ahora carecía completamente de ésta. Agotada como estaba y con un dolor de cuello tremendo, decide sentarse en un tronco húmedo.
Con uno de sus brazos abrazando sus rodillas y con el otro en su cuello, la joven no veía más allá que a ella misma, por lo que sólo cuando apartó la cabeza de sus rodillas, divisó esos pies descalzos.
—¡Ah! —Soltó la chica un grito de espanto a la vez que se caía hacia atrás del tronco.
Aún asustada y sin ver con claridad por tener los ojos aún llenos de lágrimas, la joven intentaba alejarse lo más que pudiera, arrastrándose hacia atrás de espaldas, justo enfrente de ese ser inmóvil.
—... No te asustes —Oyó venir desde aquella. La voz era suave y casi en un susurro.
La chica –aún en el suelo– ya no daba movimientos torpes hacia atrás, solamente intentaba –tórpemente– secar lo más rápido que pudiera las lágrimas de sus ojos.
—¿Q-quién eres? —Preguntó temerosa.
—¿Estás asustada? ¿Yo te asusté?
Y sin olvidar su pregunta, la joven volvió a cuestionar:
—Sí. ¿Quién eres?
—Vivo por aquí cerca. Estás en los terrenos de mi familia, no puedes estar aquí. Perdón por asustarte... No era mi intención —Aclaraba la chica vestida de blanco.
Con la vista más nítida, la joven pudo ver a la chica que le hablaba. Era una muchacha de unos 16 o 17 años de edad. Llevaba un hermoso camisón blanco. Su pelo, al igual que su ropa, estaba estropeado, como lleno de lodo. Y sus pies. Heridos y descalzos.
—L-lo siento, yo no lo sabía —Se disculpaba la joven, que ya se encontraba más tranquila. Preocupada por el aspecto de la muchacha, la joven pregunta: —. Tu... ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda? —Le costaba hablar, pero aún podía un poco. El ardor que sentía era insoportable.
—No, ya no. Ahora... ¿Quieres que te indique la salida? Conozco éste bosque como la palma de mi mano.
Su voz era tan calma. A pesar de que susurraba, se le entendía perfectamente lo que decía.
—No, yo también se por donde es —y la joven se paró y sacudió su ropa —. Gracias de todos modos.
Para cuando dejó de sacudir su ropa y levantó la vista, miró a sus alrededores y no reconoció en donde estaba. Desorientada, dió unos pasos hacia su izquierda, pero frenó y dió la vuelta para hacer exactamente lo mismo. Frenó y caminó hacia la muchacha.
«¿Cómo puede ser? Recién vine de... ¿El tronco en que me senté estaba ahí?» Se decía mentalmente, con las manos sujetas en su cuello.
—¿Segura que sabes cómo volver? —La muchacha ahora estaba detrás de ella. Eso hizo sobresaltar a la joven desorientada, ya que no había oído ni un sólo paso.
—... Lo siento, me perdí. ¿Podrías indicarme la salida?
—Es por aquí. —Y la extraña muchacha caminó por delante de ella.
Sin estar segura del todo si confiar o no en ella, la joven la siguió de todos modos, ya que pronto se haría de noche. Caminaron un buen rato, pero era sólo su parecer, ya que no parecía oscurecer desde que habían empezado a caminar. De hecho, habría jurado haber dado más de diez mil pasos, pero no parecía que fuera a hacerse de noche ¿Será que corrió tanto?
La Muchacha Descalza no decía absolutamente nada, solamente caminaba y caminaba. Ni siquiera caminaba rápido, caminaba muy lento en realidad. Sus pies dejaban huellas de sangre, pero aún así caminaba sin quejarse.
—¿Estás bien? —Se dignó a preguntar la joven.
—Sí, gracias. Podemos parar si te sientes cansada. —Dijo la muchacha, sin voltear.
Aunque no se sentía cansada, estaba segura de que quizá su cuerpo la estaba engañando, por lo que contestó a esa pregunta con un “Sí, por favor”.
—¿No te duelen los pies? —Le preguntó la joven.
—¿Por qué habrían de dolerme? —Respondió la muchacha con otra pregunta.
—Pues... Tus pies, ya sabes. Están lastimados.
—Oh... No me había dado cuenta —Dijo la muchacha, mientras inclinaba sus pies para poder divisar sus plantas cortajeadas —¿Tienes algunas vendas para mí?
—¿V-vendas? No, lo siento —Y la muchacha bajó la mirada luego de oír a la joven —. Pero creo que puedo hacer algunos trapos con mi camisa y así envolver tus pies. —Decía, mientras se sacaba la camisa a cuadros que llevaba sobre una playera roja.
—Muchas gracias.
La Muchacha Descalza se sentó en el suelo y la joven –de rodillas– comenzó a romper su camisa para hacer trapos y así envolver los pies de su guía. La Muchacha estiró uno de sus pies hacia la joven y ésta comenzó a envolverlos. Tenía ramas clavadas en los pies.
Cuando La Muchacha Descalza se paró y empezó a caminar, también empezó a cojear, lo que le resultó muy extraño a la joven, pero algo lógico después, ya que pensó que ahora, luego de que le había quitado las ramas de los pies, sentía más los cortes.
—Ven, te llevo en mi espalda —Ofreció la joven a la muchacha luego de haber caminado unos metros.
—¿Pero cómo sabrás a dónde ir? —Dijo la muchacha sin voltear.
—No te preocupes, podrás darme indicaciones. Ahora sube, o tus pies se lastimarán más. Además hace frío, puedes cubrirte con lo que queda de mi camisa.
—... —Y la muchacha, sin decir nada, se subió a la espalda de la joven desorientada.
Así, caminó unos cuantos kilómetros más siguiendo las indicaciones de La Muchacha Descalza, hasta que al fin llegaron a un alto muro de piedra.
—¿Y ahora... ? —Quizo preguntar la joven, pero la muchacha se bajó de su espalda sin avisar. Caminó frente a ella y puso su mano izquierda en el muro, apenas tocándolo con la yema de sus dedos.
—Me permitiste ayudarte, te preocupaste por obvias razones por mí, como muchos han hecho... Pero solo tú te ofreciste a exponerte al frío húmedo del bosque, sólo para sanar unas heridas insignificantes para mí; y solo tú te ofreciste a cargarme en tu espalda, cuando ni siquiera te lo había pedido. Por eso, ahora te indico la salida de éste bosque, mi hogar.
Que se sepa que no eres ni impertinente ni brillante, eres bondadosa.
Te indiqué la salida, pero como ves, hay un muro. No puedes salir del bosque, pero no te irás a manos de la bestia y tú cabeza permanecerá en tu cuerpo, por lo que debes ser agradecida —Unas lágrimas comenzaban a caer de los ojos de la joven —. Tu vendrás conmigo y te quedarás en mi casa a ser feliz por la eternidad, porque te lo ganaste; supiste demostrarme lo precioso de tu alma.
»Ahora, hermosa alma, vive conmigo te digo, acompáñame una vez más y déjame ser tu guía nuevamente, hacia mi casa entre los árboles de éste denso bosque.
Pero el bosque ya no era tan oscuro, la niebla ya no era tan densa y los árboles eran un poco más verdes. El ambiente no era tan húmedo ni mucho menos frío, por lo que la joven entendió más o menos lo que pasaba.
—... ¿No voy a volver a casa? —Decía con lágrimas en los ojos.
—Pero si sabías en el momento en que entraste al bosque que ya no volverías... ¿Lo olvidas?
Y la joven recordó todo. Recordó la soga que sujetó su cuello desde arriba y recordó cuando cayó de ésta misma y comenzó a correr sin rumbo fijo hacia el bosque... En cierto modo, estaba buscando perderse en el bosque. En ese bosque...
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Cuentos y Relatos +Poemas
RandomColección de los cuentos y relatos que escribo más algún que otro poema. Desde terror y tragedia, hasta romance y fantasía. Actualización: También alguna u otra cosa que que suelo escribir porque sí.
