Había alcanzado finalmente mi meta, hacía una semana se había hecho la ceremonia de sucesión, oficialmente me convertí en el Fuhrer de Amestris. Los últimos meses habían sido una locura para mí y mi fiel escuadrón. Nos estuvimos preparando para comenzar con el traslado nuevamente a Central. Entre reuniones y viajes a las otras ciudades para comenzar a crear nuevos convenios con las cabezas de la milicia el tiempo se había escapado como agua entre nuestros dedos.
Jamás imaginé que organizar un evento como el que nos había reunido aquella mañana en el inmenso jardín que se encontraba grácilmente decorado con lirios y lilas podría llegar a significar tanto trabajo, pero finalmente el día había llegado. Después de tantas idas y venidas; de problemas y soluciones apresuradas, antes de marcharme de aquella ciudad donde nuestras pesadillas se hicieron realidad, pero también donde comenzamos con nuestro camino de redención, celebraríamos la esperada boda.
El lugar se encontraba lleno de militares y civiles que reían mientras daban sus mejores deseos entre ellos para la futura pareja de esposos. Todos nuestros amigos estaban allí mostrando en sus rostros alegría combinada con cierto deje de nostalgia.
Finalmente, la música llegó hasta mis oídos, la marcha nupcial que marcaba el inicio de la caminata hasta el altar de la novia inundó el sitio, la hora había llegado. Sentía que mi corazón se quería escapar por mi boca. Mi estómago me dio un vuelco cuando finalmente logré visualizarla, tan hermosa y etérea. Por años había imaginado como sería ese momento, pero mis ensoñamientos se quedaron cortos ante lo bella que era en la realidad.
Enfundada en un vestido blanco tan sencillo y al mismo tiempo espectacular como ella misma, que hacía relucir su encanto natural y todo lo que ese trabajado cuerpo por la milicia había escondido por muchos años a los ojos de otros que no fueran yo. Tomada del brazo de nuestro fiel amigo Havoc, comenzaron la caminata hacía el lumbral de una nueva vida.
En ese pasillo, esa caminata junto a Havoc sería la última que haría como Riza Hawkeye, cuando saliera nuevamente por ese mismo pasillo, sería oficialmente una esposa. Este era el final de una era y esperaba de todo corazón que fuera el inicio de una mejor.
A cada paso que daba mi corazón se aceleraba un poco más, cuando llegó a mi lado pude notar una leve sonrisa, la sonrisa del adiós. Aquel corazón que solo segundos antes corría desbocado había detenido su marcha de forma abrupta, en el mismo momento en el que ella pasó de largo sabía que el tiempo para mí se detuvo y no volvería a andar como lo había hecho hasta ese fatídico día.
Mi Riza continuó caminando hasta encontrarse frente a su futuro esposo. Havoc le dio un beso en la mejilla y susurró algo a su oído, tras lo cual ella asintió devolviéndole una cálida sonrisa, mi subordinado tomó la mano de la rubia y se la entregó al hombre que la había estado esperando al final del pasillo.
Así trascurrió la boda, palabras oficiales por parte del abogado que la precedía, seguido por los votos del novio a Riza. Como me gustaría odiar a ese sujeto, deseaba tronar los dedos y hacerlo desaparecer de la faz de la tierra, pero simplemente no podía. Sabía que era una buena persona, había visto en sus ojos el amor y devoción que profesaba por Riza, la misma que yo siempre quise demostrar, pero que las circunstancias de nuestros pecados impidieron. En sus votos para ella solo había sentimientos amables, amorosos y esperanzadores para el futuro que a partir de ese día comenzaban juntos. Sentía tanta envidia, él logró lo que siempre anhelé y que la vida me negó.
Llegó el turno de Riza para dedicar sus votos. No quería estar ahí, no quería escucharla profesar amor a alguien más, me negaba a aceptar que para nosotros no volvería a haber un instante, una palabra o una caricia más. Que este era nuestro final.
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Saudade
RomanceEl día de la boda que tanto había estado esperando finalmente había llegado. Finalmente, la música llegó hasta mis oídos, la marcha nupcial que marcaba el inicio de la caminata hasta el altar de la novia inundo el sitio, la hora había llegado. Sentí...
