El Espejo

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- Vamos, ya es hora de salir de casa, que llegaremos tarde- decía mi padre.

Yo sin decir una palabra fui donde él y le seguí hasta el coche. En el trayecto estuvimos en silencio, nadie decía nada, estábamos todos demasiado tristes. Cuando llegamos vimos a la familia y los amigos más cercanos esperando fuera. Todo era demasiado espeluznante, todos con ojos llorosos esperando que llegara mi abuela. Ella falleció hacía tres días, todo era demasiado repentino. Pasaron quince minutos y la ceremonia empezó. A mitad no pude aguantar más y salí, esperé que acabara y pedí que me llevaran a casa, no podía con ello, era demasiado duro. Sobre todo yo sufría por mi abuelo, él la quería mucho.

Al día siguiente decidí irme a vivir, durante el verano, con mi abuelo, así al menos no estaría siempre solo.

Pasaron los meses y ya era el momento, las maletas estaban preparadas, solo esperaba a que mi padre me llevara. Durante el viaje tampoco hablamos mucho, yo estaba inmersa en mis pensamientos. Cómo estaría mi abuelo era lo único que pasaba por mi mente.

Llegué al pueblo y me instalé en la que a partir de ese momento sería mi habitación. Era temprano así que decidí salir a dar una vuelta. Me encontré con viejos amigos y me quedé hablando con ellos por un rato. No me di cuenta de la hora que era hasta que mi abuelo me llamó para que volviera, hora de comer.

Una vez en casa, ya sentados en la mesa él me miró serio y me dijo que tenía algo importante que decirme. Yo escuché.

- Querida, tu abuela me dijo que cuando vinieras aquí, aunque fuera de visita, te tenía que dar un regalo, uno que ella te dejó. Se trata de un espejo para tu habitación, tienes que llevarlo allá donde vayas, ya que era muy preciado para ella.

Cuando acabamos de comer le seguí y me dio el espejo, era muy bonito, el marco era bastante antiguo, pero el cristal estaba nuevo. Lo colgué en la habitación y volví a salir con mis amigos.

Al volver a casa por la noche, después de cenar me quedé en mi cuarto leyendo. Me pareció ver algo moverse en el espejo, no le di importancia, estaba leyendo una novela de terror y seguramente me lo habría imaginado. Seguí con mi lectura, pero volvió a suceder una y otra vez, al final me empecé a asustar de verdad, no es normal que ocurra tantas veces, así que fui a ver a mi abuelo y le conté sobre lo que parecía que había visto, pero le parecieron tonterías, aunque al verme tan alterada vino a mi habitación y observó detenidamente el espejo, nada, no ocurría nada, se quedó más de media hora, y nada. Él se fue y yo continué con mi lectura. Al día siguiente por la noche volví a leer, esta vez una novela romántica. No ocurrió nada. Siguió así por varios días, yo expectante a ver que sucedía, hasta que al final me olvidé.

Otra noche, volvió a pasar. Esta vez estaba hablando con unos amigos de la ciudad por teléfono. Me acerqué al espejo y vi una sombra, algo oscuro, me giré con miedo pero no había nada detrás de mí, volví a mirar al espejo y ya no se veía. Serían imaginaciones otra vez, aunque si es así podría dejarlo ya, me estaba empezando a asustar. Las siguientes noches sí que veía la sombra, pero pestañeaba y esta desaparecía. Unos días más tarde empezó a permanecer, pero no más de un minuto. Decidí dibujarlo, puesto que intenté hacerle una fotografía y no pude, solamente salía mi reflejo.

Día tras día utilizaba ese minuto para prestarle tanta atención como pudiera. Fijarme en cada detalle era mi prioridad, tanto que llegó a ser una obsesión, me pasaba enfrente de ese espejo más tiempo del que pasaba durmiendo, esperando que aparecía más veces, pero no, solamente a las 23:11 de la noche. Esa era la hora exacta en que mi abuela falleció.

¿Qué era esa sombra? No lo sabía, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Pasaron varios días, y ya había terminado mi dibujo, salí a la calle a enseñárselo a mis amigos, pero ellos solamente veían una hoja en blanco y creían que les estaba tomando el pelo. Que todo eran imaginaciones mías. El miedo iba en aumento, pero la curiosidad por su parte también. Necesitaba saber qué o quién era esa sombra. Todas las noches a esa hora me plantaba delante del espejo e intentaba hablarle. No obtenía respuesta alguna. Pasaron más días, yo no me rendía. Hasta que un día empecé a ver mejor. Poco a poco la sombra iba cobrando forma, forma humana, era un hombre viejo, ojos negros al completo, mirada fría, tez pálida y algo arrugado. Daba miedo, nunca había visto a alguien similar, no sabía quién era. Le pregunté a mi abuelo si conocía a alguien parecido a ese hombre, mencionando lo justo. Pero no pudo aclararme nada, por lo que fui a la biblioteca, a revisar archivos, a ver si con suerte encontraba algo.

El EspejoWhere stories live. Discover now