27 de enero de 2036
Introducción.
Querida Elena
Si volviera en el tiempo, haría lo mismo una y otra vez, cogería tu mano y bailaría con ella tu nombre, declamaría tu risa y entre versos en la lluvia recitaría tu voz, y es que, aún recuerdo tu voz, esa voz que me contagió la vida, la que hizo que al cantar sangraran mis lagrimales y la que sustituyó mis muñones por brazos.
De haberme entregado tu vida, lo inefable solo queda.
Rabia queda en tu luna llena, que siempre me levantabas para bailar a media noche, para bailarle a la luna, que maldito sea ese recuerdo porque tú y yo...
No
Supimos
Bailar
Nos enamoramos y nos reconstruimos, nos protegimos y crecimos y aunque mis manos estaban cansadas fuiste tú quien las revivió. Porque te acariciaron y tuvieron el portentoso honor de tocar tu cabello, de palpar tu rostro y escribieron tu nombre para toda la eternidad, para que nunca fueses olvidada, para que nunca fueses polvo.
Regresamos el tiempo y lo hicimos eternidad, emprendimos vuelo y adivina qué, no supimos bailar pero...
Si
Supimos
Volar
Y volamos alto , despertamos con el portento de idolatar nuestra mirada cada mañana, de conocernos profundamente y por mi parte, gozar el tacto de tus labios, esos que me daba tanto miedo besar, y sin darnos cuenta se nos pasó el tiempo, como la mejor obra
Inesperada
-Amelia, dímelo. -pronunciabas sollozando, porque nunca te dije que te amaba hasta el final, porque esa palabra es compleja, y no debe utilizarse a la ligera, si no se desgasta, porque no es cotidiana, es especial, porque tiene ese poder de crear cuerpos celestes más allá de lo perenne, más allá del odio, más allá de la infinita estupidez humana.
Y crea colores que alumbran cualquier oscuridad y soles divinos que resplandezcan en lo más triste de la estimada mierda, y no te confundas mi amada, yo te amé desde que aceptamos escribir nuestra historia, desde el día que me quitaste la venda y me mostraste el cielo.
Con Amor:
Amalia Hord
