La aurora baño con su manto la tierra, el mar y los cielos, trayendo otro nuevo día al hogar de dioses y hombres.
Todo en el Olimpo marchaba como de costumbre, los divinos habitantes del palacio entre las nubes cumplían sus labores cotidianas mientras otros comenzaban a despertar.
Justamente eso estaba haciendo en estos precisos momentos un hombre muy varonil y de gran belleza, con infinidad de pequeñas cicatrices en su tonificado pero esbelto cuerpo, ese hombre era el dios de la guerra violenta y la brutalidad, Ares.
La divinidad se quitó el ondulado cabello del rostro antes de levantarse del revuelto y desordenado lecho, sonriente observo el desnudo cuerpo femenino a su lado, Afrodita aun dormía después de la reciente actividad, su exquisita y delicada piel sedosa, acariciada por los finos rayos de Helios yacía coloreada de un delicado tono rosa, húmeda por las perlas de sudor, sus largos y dorados rizos revueltos y esparcidos por las blancas sabanas. Ares suspiro encantado, pasaban los años y hacer el amor con la diosa de la belleza siempre se sentían como la primera vez, eran un placer divino para el señor de la guerra.
En fin, como quiera que fuese, tenía asuntos propios que atender aunque hubiese preferido quedarse junto a la hermosa fémina, además, era tarde y esa no era precisamente su recamara, no que le importara lo más mínimo pero debía irse, tomo una túnica cubriendo apenas sus partes más privadas, dio un último vistazo a su amante y salió.
En los interminables pasillos del palacio había un sepulcral silencio, una insólita soledad, si bien era común que allí cada quien se ocupase únicamente de lo suyo nunca se dejaba de ver a uno u otro rondando por allí. Vaya que odiaba esa calma, por una sola razón, y era lo que venía cuando solo se encontraba solo en un lugar tan enorme.
Sus pensamientos.
Cierto, nunca se había caracterizado por ser muy listo o profundo, todos sabían que los genios del lugar eran su tan envidiada (y odiada) hermana Atenea y su hermano Hermes, conocidos y adorados por su astucia, ingenio e infinitos conocimientos.
El en cambio...
Bueno, era un sádico, un guerrero más inclinado a atacar y preguntar después, en mejores instancias de ser posible, sin la pregunta posterior, era un bravucón, puro musculo sin cerebro.
Por eso odiaba la calma, porque le daba el tiempo para cuestionarse asuntos que prefería ignorar, no se le daba bien preguntarse cosas o razonar, pero lo hacía. Cosas como su vida y el escaso propósito de esta, salvo por su dulce Afrodita, tanto sus hermanos tíos y hasta sus propios padres lo detestaban, ¿Cómo no hacerlo? Era un bruto, un salvaje, un sanguinario con el que no se podía contar en una situación de vida o muerte, nadie quería a Ares cerca, solía cambiar de bandos a su conveniencia tan a menudo y con tal rapidez que hasta era risible, sin contar que, irónicamente, muy muy en el fondo, no era más que un cobarde, muchas fueron las ocasiones en las que cuando la batalla de vio realmente dura, pronta a ser dada por perdida, el, como buen infeliz doble car simplemente huyo como una inmunda rata, hasta ese mismo día recordar la lucha que solo Zeus y Atenea tuvieron el valor de brindar contra Tifón mientras el salvaba su repugnante pellejo en Egipto le producía agruras.
Hasta era gracioso pensarlo (en realidad, patético, pero gracioso dolía menos) que él, siendo el dios de la guerra tuviese más luchas perdidas que ganadas. Él lo sabía, siempre fue consciente que entre sus camaradas no era más que un pelele, lo toleraban sí, pero si por ellos fuera Ares estaría lo más lejos posible del Olimpo y de cada uno de ellos.
Ares: Tsk!
Chasqueo la lengua, sacudiendo su cabeza con frustración, con auto reproche, ¿¡Quien los necesitaba!? ¡El no! Tenía lo necesario para ser feliz ¿verdad? Era venerado y adorado, tenía poder, belleza, juventud y las amantes le sobraban, y su favorita, la más hermosa entre mortales y diosas.
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Guerra y Hierro.
Romance¿Qué sucede cuando dos dioses solitarios, repudiados y odiados por todos comienzan a conocerse? ¿Podrá formarse una insólita amistad? ¿Podrá esa amistad convertirse en un sentimiento más complejo? Hefesto x Ares
