Prólogo.

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Érase una mañana de lunes muy poco común en el instituto de Nova. El silencio reinaba en los pasillos desolados, que conservaban una atmósfera fría posiblemente a causa de la llegada del otoño y la ausencia de estudiantes en las instalaciones.

El repiqueteo delicado de unos tacones era lo único que podía interrumpir ese silencio mortífero, y sin embargo de una manera muy discreta. Maggie Lombardo era la profesora de sociales recién llegada, llevaba retrasada un par de minutos para el evento que se llevaría acabo esa misma mañana.

Un embotellamiento en la vía le había impedido llegar a tiempo y aunque ella no fuese la persona más puntual del mundo, ya sentía la ansiedad recorriéndole cada fibra de su cuerpo con sobrepeso. Todos estarían esperando por ella para iniciar el evento y ella entraría llamando la atención de todo el mundo más que por su tardanza, Maggie creía que por sus enormes caderas. Estaba sufriendo las consecuencias del día anterior y ahora se arrepentía de haber comido la cacerola entera de lasaña mientras hacía un maratón de The Bachelorette, sin contar la caja de galletas de avena que su madre había dejado en su despensa porque resultaban "más saludables" que las de harina de trigo.

Finalmente, la mujer se encontraba frente a la puerta del auditorio escolar pero antes de entrar, se subió las gafas de pasta gruesa por el puente de la nariz y  acomodó la bufanda alrededor de su cuello, a su vez sacó provecho para enjugarse el sudor de la frente con un extremo de ella; tenía los mofletes colorados a causa del esfuerzo físico y una gran cantidad de rubor, además uno que otro de sus rizos salvajes se escaparon de la trenza que usaba con alta frecuencia pero que ahora  no tenía tiempo para arreglar. Finalmente respiró hondo y empujó la gran puerta marrón del auditorio.

Para su sorpresa aquellos pensamientos que había premeditado no sucedieron. Las voces de los estudiantes llenaban el espacio como una multitud de pajarracos por lo que agradeció al cielo que estuviesen lo suficientemente distraídos como para no prestarle atención (o burlarse de ella como sabía que habían hecho durante sus clases), al menos por el bien de su autoestima. Pero no todo fue color rosa pues el escenario parecía ser su lugar el día de hoy, junto con el director Marvin y el subdirector Pier Paulino a quienes había tenido la oportunidad de conocer en los pocos días que llevaba en el instituto. Por alguna razón el director la había elegido como autoridad para llevar a cabo la votación de presidente escolar, Maggie supuso que la estaba poniendo a prueba debido a que era la profesora más nueva en el instituto.

Caminó velozmente por el pasillo con la mirada gacha y subió los escalones uno a uno para no tropezar y terminar rodando por las escaleras. Porque eso sí que sería un espectáculo. Cuando tomó asiento, el director Marvin le dedicó una mirada de reproche por su tardanza, era un hombre bajito y casi calvo de unos 60 y tantos años con mal genio; ella había escuchado los cuchicheos en el salón de profesores y se enteró gracias a la profesora Mildred de historia que el hombre había sido un policía retirado.

Sin embargo nadie realmente sabía cómo de un cargo policiaco pasó a ser director de una escuela, los profesores veteranos comentaban que el antiguo director era su padre y que solía ser mucho más estricto que él, era por ello que existía una probabilidad de que eligiese a su hijo para que continuara con su legado dictatorial.  No obstante, era al contrario, el que fuese un policía retirado era una de las tantas razones por las que la mayoría de los alumnos no lo tomaban en serio...o al menos hasta que los enviaban a detención.

Incluso en ocasiones los profesores también se unían a la burla a espaldas de su jefe. Sin embargo, la naturaleza sumisa de la profesora Lombardo no lo hacía, cada vez que estaba junto a él sentía los nervios de punta. Ella prefería llevar la guerra en paz.

¿Cómo ser un Psicópata?Where stories live. Discover now