Uno, dos, tres.
Contaba mientras que con la mayor fuerza que podía reunir abría y cerraba su diminuto puño. Sus manos eran pequeñas y delicadas, tan diminutas como las de un bebé pero sonrió satisfecha de haber conseguido su objetivo. Se veía como algo realmente insignificante, sin embargo para un bebé era el mayor logró tener algo de movilidad y era lo único que podía hacer por el momento ya que no tenía idea de cómo había acabado en aquella situación.
«Ahora que lo pienso esta cuna se ve muy lujosa. »
Sus ojos se fijaron en los adornos brillantes que colgaban y fue fácil adivinar que eran diamantes, tan bonitos y de un color dorado extremadamente llamativo. La bebé en la cuna extendió la mano y pudo jurar que sus ojos hicieron contraste en esas piedras que despertaban su anhelo por tocar. Era normal para un bebé sentir curiosidad por lo que ve, ella lo sabía pase a su madura mentalidad. Pero En un abrir y cerrar de ojos la tranquilidad y soledad que reinaba en la habitación se esfumó dando paso a voces persistentes que venían de afuera. Eso la inquieto un poco ¿Acaso venían para llevarla? No quería pensar que podría pasar al tener un cuerpo tan inútil, no había forma de huir bajo ninguna circunstancia. Morir era tan fácil para un bebé, especialmente en este mundo donde nada era seguro.
Pasos se escucharon casi al mismo tiempo en que la puerta de la habitación se abría, la bebé dejó de moverse.
«No quiero morir, acabo de renacer, no quiero morir. »
Repetía en su mente con los ojos tan apretados que habían comenzado a arder junto a pequeñas lágrimas que amenazaban con salir, quería llorar incluso si no le servía de nada ahora. Los pasos se detuvieron y una sombra cayo sobre la bebé. Extrañada por el repentino silencio abrió los ojos con lentitud y un rostro se mostró ante ella. Era la cara mas hermosa que había visto hasta ahora : mechones azules cayeron sobre su frente pero aún así se veían sus ojos tan profundos y afilados, estos eran casi igual de azules que su cabello, no, quizás mas claros. La bebé intento agitar sus manos y una alegre sonrisa colgó de sus labios.
El rostro de la persona que estaba frente a ella se mostró sorprendido ya que sus ojos se abrieron ligeramente.
—Charlize..— murmuró.
—Charlize, ese sera tu nombre. — repitió.
La niña solo lo observó sin comprender.
—Mi única hija. — Después de unos segundos por fin una suave sonrisa apareció en sus labios y la bebé no pudo evitar que la sorpresa adornara sus pequeños rasgos.
«Espera, esta persona.. ¡¿Es mi padre?!»
No podía creerlo. Simplemente era algo que no creía. Ese hombre que decía ser su padre no solo tenía un rostro casi irreal si no que también su estatus.. Era más de lo que se hubiese imaginado, no era como un simple noble común : El Archiduque del Imperio de Claus : Jeffrey Thane Lewister y el mejor espadachín no solo del Imperio si no también del mundo.
La bebé ahora llamada Charlize pensaba que algo en esta situación estaba realmente retorcida. No había manera de que este hombre tan importante fuese su padre, no podía aceptarlo tan fácilmente. Se removió inquieta bajo la atenta mirada de Jeffrey quien no había dicho nada más después de darle su nombre y Charlize se volvió para mirarlo. En sus ojos se veía guapo pero muy melancólico, tan triste, como si lo más importante de su vida hubiese desaparecido de este mundo. Algo en ella se estremeció y extendió nuevamente su mano. Jeffrey la miro casi sin saber que hacer, era la primera vez que veía a un bebé y al observar hacía atrás su escolta desvío la mirada.
«Pareces tan inútil ahora. »
Jeffrey apretó los dientes antes de volverse a mirar a la niña que tenía en frente, tan pequeña y frágil.
«Los mismos ojos dorados. »
Su dedo toco su mejilla y la bebé aprovecho para alcanzar mientras lo tomaba como podía. Jeffrey se tensó pero dejo que ella continuara apretando, su mirada se suavizó al verla tan entretenida aunque seguía sin saber que hacer.
«¿Debería contratar a alguien?»
El hombre pensaba que podría ser útil incluso si no era lo que quería. Un bebé requería mucho cuidado y atención.
—Sir Silvain ¿Ha sabido algo de la señorita Judith?— Si era ella quizás podría ayudarlo, parecía una persona de confianza aunque no podía asegurar si era discreta.
—¿Judith? Bueno, hace unos pocos años se mudo a la capital de Aventa pero no se nada mas, su Gracia.
Jeffrey guardó silencio. La capital era grande aunque para alguien como el no sería difícil localizarla, se volvió hacia su escolta.
—Busca su paradero por mí y una vez que lo hagas envía una carta lo más pronto posible, te daré dos días. — El joven pelirrojo se estremeció casi al mismo tiempo en el que salía de la habitación y Charlize lo compadeció.
Seguramente era muy duro trabajar para este hombre.
En la siguiente semana Charlize logro obtener mayor movilidad con sus manos y pies, fue sorprendente para la joven pelirroja que apareció justo en los últimos tres días donde el plazo que el archiduque le otorgo a su escolta finalizaba. La niña se sintió muy aliviada de que el pobre hombre no fuese castigado por incumplir una orden del archiduque Lewister. Parecía ser una persona de miedo cuando se enojaba, era mejor no tentarlo si sabía lo que era bueno. Judith ayudo a la pequeña bebé a sentarse y tomó el libro que ya estaba sobre su regazo, la niña lo miró : era un libro con ilustraciones. La joven empezó a pasar las páginas hasta que los ojos de Charlize se detuvieron en una foto : Era una mujer de largo cabello gris que sostenía un cetro, uno de sus ojos estaba cubierto por un parche que hacía contraste con su otro ojo de un color dorado extremadamente familiar. Por lo que pudo ver sus ojos eran de ese mismo color dorado, solo su cabello era diferente : Azul con tonalidades mas oscuras igual al del Archiduque. Nadie podía negar que era su hija, ni siquiera ella pudo refutar ese hecho.
—Charlotte Eleanor, archimaga de Marveil. — Judith leyo y Charlize volvió a mirar la foto, su mano la rozó.
«Tan familiar. »
No era mentira aunque no entendía el porque. Si mal no recordaba no había forma de que alguna vez la haya visto, no había razón para sentir que si lo había hecho.
«¿Quien podría ser ella en realidad? »
Sentía curiosidad.
—Se parece a Aria. — La joven pelirroja susurro y Charlize no comprendió quien era esa persona a la que llamó Aria. ¿Quizás una hermana? O ¿Alguien cercano?
Golpeando suavemente la niña parpadeó hacia Judith. Sus grandes ojos dorados eran como una suave caricia al corazón de una persona, eran tranquilizadores, como si las brumas que oscurecen el alma desaparecieran con sólo mirar esos ojos tan llenos de vitalidad.
Indescriptible.
Y al mismo tiempo certero.
Era sin duda una extraña combinación en una niña que recién empezaba a desarrollar movilidad.
Podría ser alguien de importancia, alguien que marcaría el principio de algo.
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Escrito : 12.12.2020
ČTEŠ
Charlize : El nacimiento de una Heroína
FanfikceTras haber nacido como la hija del espadachín más fuerte del mundo «Charlize» la niña que podría marcar un nuevo comienzo para muchas generaciones de magos, quien incluso llegaría a superar a la más importante archimaga que el mundo conoció y adoro...
