Los demonios de Megan

2.6K 284 65
                                        

En mis muñecas llevo unas malditas esposas que queman como el fuego del infierno, como castigo he estado con ellas desde hace cinco meses, serán quitadas hasta que los jueces del infierno me otorguen una faena para demostrar mi lealtad frente a ellos, lealtad que había puesto en duda con esos meses que transcurrieron cerca de Megan. Quedó de pie en la oscuridad del bosque de GreenVille con los malévolos magistrados delante de mí. Sabía que ellos se preparaban para otorgarme una faena o una condena por haber puesto en juego el secreto de las brujas.

Uno de los magistrados me señaló para luego en un tono sombrío decir:

—Tu faena será asesinar a Megan. Esta vez sin fallas. —En su boca empezó a salir un afilado puñal con un mango hecho de hueso. El filo hizo que su putrefacta boca se inundara de una sangre negra. —Tanto la chica como sus amigos deben de morir porque ¡Por tu culpa! saben mucho del secreto de las brujas. Tienes 666 horas para traerme el corazón de esos chicos.

—Me rehúso a cumplir esa faena. —Asegure en un tono firme. Bien se sabe que ellos no modifican las faena que otorgan pero no perdía nada en intentar, al menos estaba en mi derecho como brujo. —Si tengo que ser encerrado en la habitación de los lamentos hasta el fin de los tiempos, lo haré.

—No. Si no lo haces entonces buscaremos la manera de hacerlo nosotros. —Respondió otro de los magistrados riendo entre dientes. —Y serás enviado al lago de fuego donde vas arder por toda la eternidad por tu deslealtad a Lucifer.

Entre mis planes no estaba la idea de asesinarla pero aun así, aceptaría. Tenía exactamente seiscientas sesenta y seis horas para salvar el alma pura de Megan. Esa cantidad precisas de horas para que sea la misma Megan que asesine a sus amigos.

—Acepto hacerlo. —Confirme con voz grave. Al decir eso las esposas cayeron al suelo, convirtiéndose en serpientes que se perdieron entre el césped alto del bosque. —Les haré llegar sus corazones.

Un aniquilador dolor en tono mi cuerpo me obligó a caer arrodillado.

— ¿Que clase de maldición fue esa? —El dolor rápidamente se empezó a desvanecer. Mi vista se mantuvo borrosa por unos segundos pero luego volvió a la normalidad. —Quiero que mi pregunta obtenga una respuesta.

—Los cazadores andan rondando el pueblo. No puedes llegar a Greenville como Hell Andrew Demon. Hemos cambiado tu apariencia física. —Guardó silencio para después continuar a decir. —: Después de todo tu apariencia física puede cambiar cuando nosotros queramos, eres creado por el señor de las tinieblas así que no tienes identidad.

—Pero... ¿Como se supone que me acercaré a Megan Styles si no me veo como ella me conoció? Si no lo logre en más de seis meses no creo que lo haga en esa corta cantidad de tiempo. —Aseguré. Con mi ceño fruncido continúe a decir. —: Es ilógico.

—Si las chicas de Greenville creían que eras ardiente, ahora querrán irse al infierno por una hora de pasión carnal contigo. Ni una chica se va a resistir a ti. —El magistrado que dijo esas palabras dio dos palmadas dando como terminado el juicio. Antes de que desaparecieran en la oscuridad del bosque el mismo magistrado me vio fijamente con sus ojos rojo fuego.—666 horas Hell, quiero sus corazones en este lugar. Megan ha perdido inocencia después de conocerte, así que probablemente estarás entre sus piernas en menos tiempo.

Solo asentí mirándolo fijamente con seriedad.

Como se trataba de un nuevo cuerpo me encontraba como Adam en el Jardín de Edén. Camine hacia el lago que pertenecía al pueblo de GreenVille para ver mi nuevo rostro a través del agua cristalina que era iluminada por la luz de la luna llena. En lo absoluto me reconocía, no había nada que me recordara a mi antiguo yo, ni siquiera el color de mis ojos debido que, ahora eran de color azul marino.

Los magistrados del infierno tenían mucha razón con lo que me aseguraron; si antes las chicas me encontraban irresistible, no sabía cómo reaccionarían al ver al nuevo habitante del pueblo. Camine sin prisa alguna por la ciudad carretera que me llevaba de vuelta al poblado donde todo mi tormento inició: GreenVille.

Si el tranquilo pueblo de GreenVille se convirtió en un infierno por mi culpa, nuevamente volvería a ser así. A medianoche las seiscientas sesenta y seis horas empezarían a correr dando inicio a mi faena. Debo de buscar un AS en mi manga para sacar a Megan del camino de la perdición, pero debía de hacerlo rápido porque esta vez estaba en apuesta su alma como la mía.

Sus amigos se podían ir a la mierda.

Hell | El elegidoWhere stories live. Discover now