Vacaciones para dos

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La mañana sonreía sobre la impresionante Notre Dame mientras me acercaba a paso veloz.

Siempre había querido conocer París, pensaba que era el lugar más romántico y perfecto del mundo. En un lugar como éste, era imposible que algo malvado ocurriera.

Me detuve delante del altar mayor con una sonrisa, saboreando mis ridículas fantasías.

–¡Pues entonces ve a chingar a tu puta madre! –gritó el eco de mi lengua madre a través de los salones.

Me giré en redondo mientras un hombre salía a zancadas por el pasillo central, seguido de una traumatizada mujer.

El hombre volvió a gritar de frustración y arrojó un objeto, que rodó hasta mí con un brillo débil.

Un anillo de compromiso.

Esa noche cambié la fecha de mi vuelo de regreso.

14 Días de San ValentínDonde viven las historias. Descúbrelo ahora