POV JISUNG
—Jisung — gruñó Changbin mientras lamía y besaba su tenso estómago lleno de tatuajes, mordisqueando la piel de sus duros músculos.
Con una sonrisa traviesa jugué con el parche que llevaba a su ropa interior, y lentamente con los dientes bajé la cinturilla de su bóxer, su longitud salto y se irguió gruesa y gorda hacia delante sólo al lado de mi boca. Al levantar la mirada, los ojos de Changbin estaban a medio cerrar con sus dientes mordiendo casi con dolor el anillo de plata que estaba en su labio inferior.
—Jisung... joder... —jadeó.
Sonriendo por cómo lo podía poner de rodillas, me incliné y lamí a lo largo de su carne rígida y dura. Escuchando como un largo gemido escapó de su boca.
ㅡSe siente tan bien, Cristo. Tan malditamente bien —murmuró con sus brazos tatuados flexionándose a los costados.
Plantando una mano a cada lado de sus caderas, me arrastré a horcajadas sobre sus muslos, envolví mis labios alrededor de su longitud y lo chupé profundamente en mi boca. Me encantaba su sabor almizclado salado. Su mano se envolvió en mi pelo y sus caderas comenzaron a levantarse, hundiendo lentamente su erección en mi boca.
—Jisung... Jisung... — gimió, sincronizando cada palabra con una embestida más profunda.
Estirándome, extendí mi mano sobre su pecho, hundiendo con fuerza mis dedos en su piel para poder tomarlo con mayor profundidad, chupando con mayor devoción cuando su cuerpo se sacudió y su respiración se hizo aún más rápida y agitada.
—Jisung... Jisung, ¡Joder! Te amo...
Liberando a Changbin de mi boca, me senté, envarado por sus palabras, levanté las caderas y arrastré su erecto miembro en mi entrada, empujándolo hasta el fondo.
Su pecho se arqueó fuera del colchón.
—¡JISUNG! —rugió.
Levantando las caderas, me molí con furia contra su dureza, el movimiento golpeando ese lugar, ese lugar allí mismo.
—Binnie... oh, sí... —grité perdido en la sensación de tenerlo tan dentro mío.
—Me encanta cuando me llamas Binnie... —susurró, lamiendo desesperadamente a lo largo de mi cuello, mordisqueando mi clavícula y chupando mis pezones.
ㅡBinnie... Binnie... —gemí, tensando el estómago y cabalgándolo con más fuerza.
Luego de tres empujes no lo pude aguantar más y tirando mi cabeza hacia atrás, me corrí gritando su nombre.
—Jisung. Jisung... estás ordeñándome tan bien... tan... fuerte... ¡Joder! — Changbin se quedó quieto abruptamente y cada uno de sus músculos se crispó. Su cuerpo duro se tensó visiblemente, las venas de su cuello sobresalieron y su boca se abrió en un gruñido mientras su semilla caliente se extendió furiosamente dentro de mí.
Empujando hacia atrás el pelo húmedo de su cara, presioné mi frente contra la suya mientras me quedaba sin aliento. Sonriendo mientras su mano se movía por mi espalda y se agarraba a mi nuca con fuerza, sosteniéndome posesivamente en mi lugar.
—No tartamudeaste —comenté casualmente con una sonrisa enorme en mi cara.
Él se echó hacia atrás con incredulidad, formando una profunda V entre sus cejas.
Me moví y besé ese pliegue.
—¿No lo hice?
Negué con la cabeza. Changbin exhaló y una sonrisa irónica apareció.
—Es como... si no pudiera... respirar a tu alrededor... es... cada vez más fácil... se me olvida que no puedo... hablar... cuando estamos solos... me haces sentir... normal.
Changbin habló cada palabra con una claridad cristalina. Se detuvo varias veces, sus ojos se movieron mientras hablaba y respiró hondo, pero no había tartamudeado.
Positivamente sonreí con orgullo hacia él.
—Sabes... recibí todo tipo de tratamiento desde niño por mi problema... hasta que finalmente, a los seis, uno de los tantos especialistas... que vimos recomendó... que yo... aprendiera las señas. Ya sabes, sólo... me daba un poco de voz. Los doctores podrían no... Nunca averiguar la causa. No tenía ni... puta idea de que me pasaba. Sólo sabía que mis... palabras no venían como las de... todos los demás. Nunca dejé que... nadie se acercara demasiado a mí, excepto... mi padre y Hyunjin... y este... niño de mejillas hermosas que conocí a través de una valla... hace quince años. Luego tiempo después... él volvió de nuevo a mí... — susurró con una sonrisa ahuecando mis mejillas—...Jisung... eres mi mejor... terapia. Tú volviste a mí y jamás te dejaré ir de nuevo.
Miré fijamente sus grandes ojos y mi cabeza giró.
—¿Creí que habías dicho que no eras para mí?
Él se echó a reír. Rara vez se echaba a reír, pero cuando lo hacía, me alegraba al oír el sonido: ronco, profundo... masculino.
—Oh, soy yo, Jisung... no existe otro hombre para ti... excepto yo mismo.
Presionando mi frente contra la suya, le di un beso en los labios, mi lengua lamiendo a lo largo del anillo de plata en sus labios.
—Mmm... —gimió.
Sintiendo nuevamente la necesidad de conectarme a él, empecé a rodar mis caderas gimiendo al sentir como su longitud se endurecía una vez más.
Changbin se echó a reír coquetamente.
—¿Otra vez, Jisung?
Asentí y tiré de su desordenado cabello oscuro.
—Otra vez... y otra vez... y otra vez... y otra vez...
Un dedo acarició mi brazo despertándome y sonreí.
—¿Mmm... Changbin? Soñé contigo otra vez.
La mano se congeló en mi piel y fruncí el ceño. Incluso en mi sueño, sentí que algo estaba mal.
—¿Changbin?
Aún cargados de sueño, mis ojos se abrieron lentamente y luché con mi visión borrosa. Sentándome rápidamente, sentí una oleada de náuseas rodar alrededor de mi estómago y me froté los ojos para borrar la niebla de mi sueño profundo.
—¿Changbin? —lo llamé.
A medida que mi visión mejoraba, dos figuras surgieron de la niebla, un chico rubio y delgado y otro de cabello marrón.
—¿Jisung? —susurró una voz suave, llamándome suavemente al mundo de la realidad.
¿Felix? ¿Por qué puedo oír a Felix?
Rápidamente escaneé mi entorno: paredes de cemento gris, piso de madera, una gran cruz de madera en el lado norte de la sala. Y un gran cuadro pintado a mano de alguien... ¡El Profeta Jun Bonhwa!
No... no... no... Por favor, llévame de vuelta a mi sueño. Changbin. Changbin, Changbin...
Sacudiéndome, salté fuera de la cama estrecha, tratando de correr, caminar, gatear, no lo sabía. Mis débiles piernas eran incapaces de soportar mi peso y caí al suelo. Con las lágrimas brotando de mis ojos cuando me di cuenta de todo de golpe. La comuna; estaba de vuelta en la comuna.
No más club. No más Changbin. Estaba secuestrado en contra de mi voluntad y de regreso al infierno.
—¿Jisung? —Levanté la cabeza en respuesta.
Felix y Jeongin estaban delante de mí. Sus ojos cautelosos me observaban de cerca; cada uno llevaba la misma expresión preocupada. Estaban vestidos con los pantalones y polos grises estándar de la comuna y su cabello lucía desordenado por el aire y la agitación.
Extendí mis brazos y ellos se lanzaron a mí.
—Mis hermanos... —dije en voz baja con las lágrimas ya corriendo por mis mejillas— Los he echado mucho de menos. — se sentía tan bien sostenerlos de nuevo. Saber que estaban bien.
Ellos me abrazaron y podía oír sus sollozos y gritos suaves. Después de largos minutos, se retiraron.
Felix me miró con una pequeña sonrisa y alivio en su rostro.
—¿Estás bien, Jisung? —preguntó en voz baja — Has estado inconsciente durante muchas horas. Hemos velado por ti.
Tomando una respiración profunda, probé mis músculos y extendí mis miembros doloridos. Estaba débil, mi brazo palpitaba pero llegué a la conclusión de que estaba bien. Cuando miré hacia abajo, me quedé helado. Yo, de vuelta en la ropa gris tradicional de los maldecidos. Encima de mis muñecas, vi una marca roja y me devané los sesos para recordar de dónde había venido. Mi mente estaba todavía brumosa, pero mientras luchaba contra la neblina, los recuerdos dispersos comenzaron a emerger. Cantándole a Changbin... haciendo el amor con Changbin... entonces los hombres con pasamontañas asaltando la habitación... y Lee Know...
¡NO!
Me sacudí y mis ojos se abrieron de golpe, mirando directamente a mis hermanos.
—¡Lee Know! ¿Dónde está Lee Know? ¿Él me trajo de vuelta? ¿Está aquí en la comuna?
Jeongin y Felix se miraron el uno al otro con sorpresa. Y Felix se apoderó de mi mano.
—Jisung, ¿Quién es Lee Know? No tiene sentido lo que estás diciendo.
Negué con la cabeza y agarré sus dedos con fuerza.
—Lee Know... él... — tragué bilis mientras lo recordaba abrazando a Jae Bum y a los discípulos.
Hermano Minho ¡tanto tiempo sin verte!
¡No! ¡Imposible!
—Jisung —susurró Jeongin— Estás aterrándome. ¿Quién es Lee Know? ¿Dónde has estado todo este tiempo?
Negué con la cabeza nuevamente y espeté:
—¡Hermano Minho! Lee Know es el hermano de Minho. — me di cuenta por su repentino silencio que él estaba aquí, en este momento.
—Jisung. El hermano Minho te trajo aquí, con los discípulos, a principios de esta tarde. La comuna está celebrando una cena para él en estos momentos. Todo el mundo está tan alegre. Él volvió al Profeta Jun Bonhwa. El hermano Minho es nuestro salvador. Pero nos prohibieron asistir. Hemos sido rechazados y mantenidos en aislamiento desde que te fuiste.
Jeongin tomó mi otra mano. El gesto me sorprendió. Jeongin nunca fue afectuoso; él siempre estaba tan solo, prefiriendo su propia compañía a la de los demás. Él nunca fue tan cercano como Seungmin y yo.
Obviamente algo dentro suyo había cambiado.
Sus brillantes ojos marrones no salían de los míos. Al mirar más de cerca, me di cuenta de que había perdido peso desde mi huida. Su cabello estaba más débil, su piel más pálida. Cuando llevé su mano a mis labios y le di un beso en la parte posterior, una sola lágrima rodó lentamente por su mejilla.
—Te he echado de menos, Jeongin —murmuré tranquilamente.
—Me dejaste —dijo él con voz casi inaudible.
Mi corazón se desplomó. Yo lo había dejado solo. Él acababa de perder a Seungmin y luego yo también lo había abandonado. Sólo tenía veintiún años, y era él más tímido de todos nosotros. Y yo, su única familia, lo había abandonado aquí, en la comuna, con el hermano Jackson, el más cruel de todos los discípulos.
—Lo siento mucho. Lo siento tanto... —Empujé a Jeongin hacia mí— Nunca te dejaré de nuevo. Lo prometo. Fui tan egoísta.
—¿Me puedes prometer eso también? —Miré a un lado a Felix.
Estaba arrodillado, observándonos con sus enormes ojos avellanas. Con Jeongin negándose a desatarse de mi cuello, me las arreglé para empujarnos más cerca de Felix y abrazarlo con nosotros dos. Cerrando los ojos y más decidido que nunca, me permití insistir en mi promesa hacia Felix y Jeongin.
—Nunca los dejaré de nuevo, nunca más. Les doy mi palabra.
—No lo hagas Jisung, fue tan malo cuando te fuiste. La gente pensó que Dios nos estaba castigando. Estaban desesperados. Y los discípulos... —Felix se detuvo y sentí que Jeongin se ponía rígido y gemía en mi pelo. Le acaricié la cabeza y lo sacudí en mis brazos.
Felix se echó hacia atrás, mirando a Jeongin con ojos comprensivos.
—¿Qué pasó con los discípulos? —pregunté con los dientes apretados.
Felix se irguió.
—Estaban tan enojados contigo. Cuando regresaron horas después de tu búsqueda, vinieron aquí, a nosotros.
Los gemidos de Jeongin se convirtieron en sollozos desgarradores.
—Vinieron a nosotros —murmuró Felix empezando a temblar.
—¿Quién lo hizo? —espeté.
—¡Todos! Todos los discípulos: Jae Bum, Yugyeom, Youngjae y Jackson.
Jeongin me arañó la espalda, tratando de acercarse aún más. Él era como un niño asustado, así que lo abracé más fuerte tratando de calmarlo, mi alarma aumentando con cada sollozo.
Felix se secó los ojos.
—Jeongin, calma. Ahora estás a salvo. Estoy aquí. — miré a Felix y murmuré con miedo— ¿Qué le pasó?
Felix tragó saliva y miró hacia otro lado.
—Ellos querían un castigo divino. Los discípulos se obsesionaron con castigarnos por tu desobediencia. Estaban furiosos de que hubieras huido de alguna manera de la comuna y que estuvieras por ahí viviendo en pecado. — sin dejar de temblar tomó una respiración profunda y continuo — Dijeron que ser un Maldecido era vergonzoso, un maleficio en La Orden: pero que ser un maldecido de sangre era peor. Tú... Seungmin... dijeron que tu línea familiar estaba contaminada con el mal. Que Satanás estaba dentro tuyo y te utilizó como vehículo para la tentación. Esta vez me quedé inmóvil. Jeongin. Era de mi sangre. Y yo había pecado ¿Creían que él también podía tener a Satanás en su interior?
Sostuve a mi hermano aún más apretadamente.
—Dijeron que necesitaban asegurarse de que Jeongin no siguiera el mismo camino... que tenían que romper los lazos del mal de una vez por todas. Exorcizar sus demonios.
Jeongin ahora estaba llorando incontrolablemente. El corazón le latía con fuerza contra el mío y su pecho se sacudió con la intensidad de sus sollozos.
—Lo tomaron tan brutalmente durante horas y horas que se desmayó. Uno tras otro... — susurró temblando — ellos me hicieron ver, pero yo no podía hacer nada Jisung. Luego volvieron su atención a mí... Dijeron que el demonio también estaba dentro mío...
—¿Con qué frecuencia? ¿Con qué frecuencia ha ocurrido esto? — pregunté, apretando con fuerza la mano de Felix en apoyo.
—Varias veces a la semana... — él bajó la mirada hacia el suelo, y luego la levantó de nuevo—. Todas las semanas desde que has estado ausente. Realmente ha sido un infierno. Atrapados en esta sala, tomados hasta que sangrábamos, una y otra vez. Jisung, no podemos aguantar más... no podemos seguir viviendo así... ¡NO PODEMOS!
Nos acurrucamos juntos hasta que todas las lágrimas que podían ser dispersadas fueron derramadas. Finalmente, Jeongin se sentó de nuevo delante de mí. Pero su mano se quedó soldada a la mía, sin embargo no me importaba. Nunca pensaba dejarlo irse de nuevo de mi lado.
—¿Dónde has estado, Jisung? — preguntó Felix más calmado— ¿Cómo era el mundo exterior?
¿Por dónde podía empezar a explicárselos?
—Hermanos, es como nada que puedan imaginar, la tecnología, la forma en que la gente vive. Es tan, tan diferente. Cuando me fui de aquí, los discípulos me encontraron en la valla perimetral.
Jeongin dio un salto y frunció el ceño. Pero le froté el dorso de la mano y se tranquilizó.
—Sólo acababa de salir al otro lado de la valla, cuando el perro de Jae Bum me atacó. Mi pierna estaba muy herida, pero me las arreglé para huir de ellos. Luego corrí y corrí y llegué a la orilla del bosque descubriendo un camino desconocido. No sabía dónde ir pero debía escapar, luego de unas horas cuando estaba dándome por vencido un camión pasó y me ayudo. El piloto era una mujer, una buena señora, que me llevó lejos, muy lejos.
—¿Qué... qué es un camión? —preguntó Jeongin en silencio.
Le eché una pequeña sonrisa.
—Se trata de un vehículo grande, como el auto del profeta, pero mucho más grande.
—Sus ojos se abrieron, también los de Felix, mientras trataban de imaginar tal cosa.
Me pregunté qué harían si vieran una moto, o los autos de los verdugos. Me di cuenta en ese momento cuán protegido debo haber parecido a los verdugos cuando me encontraron en el compuesto creyendo que estaba en el infierno.
—Y entonces, ¿qué? —Felix empujó, con ganas de escuchar más.
Me imaginaba, como él, sonaba como una historia de ficción.
Me estremecí por los recuerdos y continué:
—Estaba perdiendo sangre... mucha sangre... —Jeongin abrió la boca y sus manos comenzaron a temblar— Por eso le pedí al conductor de la camioneta que me dejara en la carretera y luego luché por encontrar un refugio. Lo siguiente que supe, es que me desperté en una habitación extraña, solo y confundido.
Me arrastré hacia delante y tiré de sus manos.
—Hermanos, afuera no es malo como se nos ha dicho. Está lleno de asombrosa y buena gente. Sí, es peligroso a veces, pecaminoso en otras ocasiones, pero no más que aquí. Hice nuevos amigos, descubrí quien realmente soy... y... me enamoré.
Esta vez ambos jadearon en voz alta.
—¿Amor? —cuestionó Jeongin, claramente en estado de shock.
El amor no era algo que los maldecidos tenían aquí en la comuna
—Sí, el amor. Un amor profundo con el hombre más increíble del mundo. Él es fuerte, protector y me cuida mucho. He estado con él todo este tiempo. Lo amo tanto, pero...
—Pero, ¿qué? —Felix me instó a seguir, su comportamiento normalmente restringido se había vuelto animado.
—Hubo otro allí. Alguien que creía que era un amigo. — me reí sin alegría— Fui un tonto, yo no podría haber estado más...
—¿Es eso así?
Me tense al oír esa voz.
Estiré la cabeza en dirección a la puerta. Y allí estaba Lee Know, no, el hermano Minho. Lee Know era una mentira, un engaño para cegar a los verdugos de su propósito real.
Lee Know estaba muerto para mí.
El imponente cuerpo de Minho parecía afectar a toda la habitación. Iba vestido completamente de negro, con su cabello impecable al igual que cualquier otro discípulo. Se veía simplemente erróneo sin su pantalón y chaqueta de cuero.
—Saludos, hermano Minho. — Jeongin y Felix cayeron postrados en su presencia, con la cabeza al piso, y los brazos extendidos en sumisión total y absoluta. Minho les dirigió una breve mirada desinteresada, luego, centró sus ojos marrones en mí. Me puse de pie tembloroso, tratando de mirarlo cara a cara, en igualdad de condiciones.
Sus ojos se estrecharon.
—Déjennos —ordenó.
Al instante, Jeongin y Felix se pusieron de pie, pero con sus miradas cautelosas en nosotros. Felix tomó la mano de Jeongin, pero él se negó a moverse. Minho se dirigió a ellos una vez más.
—¡Dije déjennos! —espetó, obviamente perdiendo la paciencia.
—¡No te atrevas a gritarles! —amenacé, dando un paso hacia delante.
Felix contuvo el aliento fuertemente sorprendido por mi acción.
—Jisung, cállate —gruñó Minho en señal de advertencia, abriendo y cerrando los puños a los costados.
—¡No voy a estar tranquilo! ¡Yo nunca voy a obedecer otra orden dada por cualquiera de ustedes nunca más!
Jeongin corrió a mi lado y se aferró a mi brazo. Miré hacia abajo a mi hermano. Estaba petrificado. Tratando de tranquilizarme cerré los ojos.
—Vete, Jeongin. Voy a estar bien. Espérame afuera.
Él negó con la cabeza, con sus ojos enormes llenos de miedo dirigidos directamente a Minho.
El hermano Minho suspiró.
—No voy a hacerle daño. A pesar de lo que todos ustedes creen, nunca le he hecho daño a nadie de aquí. Y no tengo la intención de comenzar con Jisung. Especialmente con Jisung.
Me burlé de esa mentira obvia, ganándome otra mirada de Minho. Ignorándolo y volviendo a Jeongin, le dije:
—Ve, Jeongin. Felix cuidará de ti. No me pasara nada malo. Te lo prometo.
Felix tomó la mano de Jeongin y lo empujó hacia la puerta. Cuando salieron inmediatamente lo enfrenté.
—No tengo nada que decirte — dije fríamente.
Volviendo la espalda a mi antiguo amigo, me acerqué y me senté en el final de mi cama negándome a mirarlo.
—Sé qué piensas que te he traicionado, pero todo era real, Jisung. Nosotros, nuestra amistad, todo lo que dije... sobre todo la forma en que me siento por ti. — susurró acercándose demasiado a mí pero negué la cabeza incrédulamente, indicándole que se detuviera.
—¿En serio? ¿Era todo real, Lee Know?, ¡Oh! ¡Me refiero a Minho! ¡Porque Lee Know no existe! Él hombre que creí era mi amigo, me engaño, me secuestró y me trajo aquí, de vuelta al Infierno.
Minho me ignoró y siguió adelante sin tenerme en cuenta.
—Tú no perteneces a ese mundo, Jisung. Perteneces a tu gente... conmigo. — dijo casi rogándome, su voz era tan suave, tan persuasiva.
Mi corazón se hundió. Quería que Lee Know volviera. La persona que estaba delante de mí me confundía y en ese instante, no sabía qué creer.
—No puedo ser lo que tú quieres — le afirmé.
—¿Quieres ser un puto? ¿Quieres estar rodeado toda tu vida con armas, drogas y violencia? Los verdugos son veneno, Jisung. En el fondo lo sabes — dijo tensando la mandíbula.
—No —le respondí.
Minho de pronto se relajó. Había malinterpretado mi respuesta. Con una pequeña sonrisa formándose en mis labios. Lo miré directamente a los ojos
—Quiero estar con Changbin por el resto de mi vida. Dondequiera que esté él, estaré yo. Él es mi vida. Si sigue siendo o no presidente de los verdugos, voy a estar a su lado. Pase lo que pase.
Minho palideció, luego tronó con ira hacia mí. Me empujó sobre la cama y se arrastró por encima de mi cuerpo, fijando abajo mis dos brazos.
—¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame! —le susurré, tratando de quitármelo de encima.
—Bueno, no vas a ser de Changbin nunca más, ¿de acuerdo?
Dejé de luchar y cerré los ojos, sólo para abrirlos de nuevo y preguntar.
—¿Debo casarme con el profeta Jun Bonhwa?
Algo parecido al dolor brilló en los ojos de Minho pero asintió y mis ojos se llenaron de agua.
—Por favor, déjame —le susurré.
Sólo quería que me dejaran solo. La cabeza de Minho bajó y su frente se apoyó en la mía.
—Te amo, Jisung. Te quiero mucho. Me duele que no seas mío.
—Tú no significas nada para mí, tampoco el profeta Jun Bonhwa, soy de Changbin.
Minho golpeó repentinamente a la cama junto a mí, sus brazos temblando con frustración.
—¡Changbin no está aquí! Se ha ido, Jisung. Lleva un jodido tiempo ausente. ¡Nadie te encontrará aquí! Esta comuna está protegida.
—Lee Know... —Suspiré. Maldita sea, tuve que detenerme—. Quiero decir, Minho.
—No —me interrumpió, pasando sus dedos por mi mejilla—. Me gusta que me llames Lee Know.
Fruncí el ceño en desacuerdo y el corrió sus dedos a través de mi rostro con su mirada cariñosa y una pequeña sonrisa.
—Cuando era Lee Know, pienso que una parte de ti me quería, ¿no? Ahora, todo lo que puedo ver es odio. Y no lo soporto. Me duele.
No importaba como de duro tratara de odiarlo, en este momento no podía. Él tenía razón. Lo quería de una manera que no podía solamente apagar esos sentimientos, no importaba cuan duro lo intentaba. Quería a la persona que él era afuera, pero no aquí, no como Minho. No como un hermano de la Orden y definitivamente no como el sobrino del Profeta.
—¿Jisung? —susurró Minho queriendo que respondiese.
Me moví debajo de él y puse una mano en su mejilla. El sonrió agradecido y acarició con su nariz la palma de mi mano.
—Todo sobre nosotros grita que nos pertenecemos: nuestra fe, nuestra educación, nuestros intereses. Pero eso no es todo —susurré—. Necesitas esa atracción, la lujuria primaria. Esa conexión que no puedes describir... esa necesidad de tener siempre a esa persona a tu lado, el conocimiento instintivo que alguien está destinado exclusivamente a ti. Amor, Minho el amor es extraordinario. Yo lo tengo con Changbin. Y aunque tenga que pasar el resto de mi vida aquí, en la comuna, nada jamás podrá cambiar eso, ni siquiera la misma muerte.
Sus ojos brillaron de dolor.
—Nunca tuve una oportunidad, ¿verdad?
Sacudí mi cabeza.
—No podemos luchar contra el destino, Minho. Ahora lo sé. El universo tiene su forma de colocarte dónde perteneces. Al lado de quien tú debes de pertenecer.
Minho se movió encima de mí y se arrodilló en la cama.
—Los discípulos vendrán por ti pronto. Tu matrimonio con el Profeta Jun Bonhwa será esta noche.
Rápidamente me senté.
—¿Aún vas a permitir que eso suceda?
Dejó caer su cabeza.
—No si estás de acuerdo con casarte conmigo —susurró. Levantando su mentón con su hermosa cara tan seria, tan ilusionado.
—Minho... No puedo casarme contigo. Es una locura sugerir esa cosa. ¡Tú me secuestraste!
Sentí su mano tomar la mía y acariciar la parte posterior con su dedo.
—Nunca aceptaría a otra persona, Jisung. Es la forma de nuestro pueblo, pero yo nunca podría amar a otro como te amo a ti. Lo serías todo para mí. Lo eres todo para mí. No me crié como el resto de los hermanos de la comuna. Te cuidaría, te protegería... te trataría como nunca nadie te trato.
—Minho... —murmuré, mi corazón se rompía por el pequeño niño perdido sentado delante de mí derramando su corazón.
—Jisung, no olvides que yo también soy una víctima de las circunstancias. Fui criado para heredar la Orden. No tengo forma de salir tampoco aunque quisiera. Podríamos ser el consuelo del otro. La salvación del otro. Estaríamos unidos a los ojos del Señor. Sería puro... ¡Sería perfecto!
Negué con las lágrimas cayendo por mis mejillas.
—No puedo quedarme aquí. Hay demasiadas pesadillas en este lugar atormentando mi mente. Demasiados demonios disfrazados de "personas honestas" que me han utilizado... me han marcado. Me han hecho daño — susurré y me puse de rodillas, imitando su posición—. Dime una cosa.
Su expresión estaba despejada, esperando mi pregunta.
—¿Has sido alguna vez parte de un intercambio del señor? ¿Has visto alguna a vez a un niño de ocho años ser violado, con sus piernas separas por un cepo porque él estaba demasiado asustado para entender qué le está pasando? ¿Alguna vez te has forzado adentro de un niño, Minho, porque tú creías que eso podría ayudarte a acercarte a Dios y porque el Profeta lo consideraba así? ¡¿Lo has hecho?!
Él me miro confundido como sino entendiera nada.
—¿Lee Know? —Lo empujé.
—¿Eso te ocurrió a ti? ¿Aquí? — preguntó entre dientes y frunció el ceño, incapaz de entender mis palabras—. ¡Jisung! ¡Respóndeme! ¿Eras... tomado... así... cuándo eras un niño?
Asentí y él se enfureció terriblemente.
—¿Me estás diciendo que tú nunca has estado en un intercambio hermano maldecido?— pregunté otra vez, esta vez con incredibilidad.
Minho bajó su cabeza, casi con vergüenza.
—Soy el heredero. Sigo siendo puro.
Recordé las semanas que habíamos pasado juntos y recodé que él nunca había compartido su cama con nadie. De hecho, la única vez que parecía haber tenido compañía de alguna manera fue la vez que lo encontré con el chico que se parecía a mí.
Mi mirada se disparó a la suya.
—¿Eres...?
—¡No estoy avergonzado, por lo que no te compadezcas de mí! —me cortó.
—¿Entonces el chico con el que te encontré en tu habitación... —Me fui apagando.
Los hombros de Minho se desplomaron.
—Fue un error de juicio. Un momento de debilidad. Lo he expiado. He rogado por el perdón de Dios.
—¿Cómo lo has rogado? —pregunté curioso.
Minho se enderezó y se levantó la camiseta para mostrar su espalda. Mis manos volaron a mi boca horrorizadas.
—Minho no...
Latigazos.
Él había pagado el pecado con su propia carne. Azotándose a sí mismo en castigo por un momento de debilidad. Mis dedos corrieron a través de las levantadas y enfadadas marcas de latigazos, ahora marcando su una vez hermosa espalda. El tatuaje del parche de los Hangmen estaba todavía presente. Hades todavía mirándome con su sonrisa burlona. Quité mi mano y él deslizó hacia abajo su camisa.
Ahuecando su rosto, lo obligué a mirarme.
—Déjanos ir, Minho. Déjanos dejar este lugar de una vez por todas. Hay más para nosotros fuera de la valla. Podemos coger a Felix y Jeongin con nosotros. Podemos escapar de nuestra prisión. Escapar de nuestro destino forzoso.
Minho movió sus manos para agarrar con cuidado mis muñecas, presionando un beso en la palma de mi mano izquierda.
—¿Y a dónde deberíamos ir? —preguntó, con esperanza pura en sus ojos. Parecía un niño perdido.
—Con los Verdugos. Podemos explicar que ha pasado. Podríamos...
—¡Joder, Jisung! Ellos me matarán. ¿No entiendes la gravedad de lo que he hecho? Me volví contra el club. Pequé ofreciendo a Jae como la rata. Básicamente maté a Jimin, y lo peor de todo es que, te robé de Changbin.
Una expresión fría como una piedra endureció sus rasgos mientras sacudía mi cabeza en desacuerdo y él tiró mis manos.
—¿Para qué me estoy jodidamente esforzando, Jisung? —dijo con exasperación, con el dolor consumiendo su profunda voz—. Vendiste tu alma a Satán cuándo lo elegiste y le diste la espalda a la causa. Estas cegado por la oscuridad. No podemos salvarnos.
—¡Espera! ¡Lee Know! —grité mientras se bajaba de la cama y hacia su camino hacia la puerta.
De pronto se detuvo en seco con su amplía espalda encogida. Se volvió lentamente... mecánicamente.
—Es hermano Minho, Jisung, ¡y es tiempo de que aprendas tu lugar! Eres un tentador, un pecado... El puto de Changbin. Me lavo las manos de ti. La hermana Sooyoung estará dentro de poco para prepararte para tu ceremonia. Y esta vez, ni siquiera pienses en huir. Serás castigado... severamente si lo haces. — sentenció fríamente. Minho dio dos pasos, cerró la puerta y, con él, se llevó a mi mejor amigo Lee Know.