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By Miss-Tozier

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Sรญ, son los peores del instituto. Rebeldes, indolentes, y probablemente, unos fracasados cuando les llegue la... More

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SEGUNDA PARTE

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By Miss-Tozier

Moody Spurgeon, vestido pulcramente de pies a cabeza, salió de la escuela con los rayos del sol caliente quemando su rostro, pero eso no le importaba, porque tenía buenas noticias.

–Lacroix escucha esta banda –dijo sosteniendo boletos en sus manos y repartiendo uno a cada chico de su nuevo grupo social–. Deberíamos estar ahí.

–¿Cómo te enteras de estas cosas? –le preguntó Jerry.

–Vamos a ver donde está Stacey –propuso Diana.

–Voy a la enfermería a recostarmeañadió Gilbert.

–¡Quédate! –dijo Anne.

–Déjalo –Diana la tomó del brazo–. No lo necesitamos.

Un rato más tarde, en el patio del instituto, Anne estaba frente a la señorita Stacey. La mayor sostenía el cuaderno color rosa de la chica, leía unas páginas y ocasionalmente la miraba orgullosa, mientras tanto, la pelirroja le brindó una sonrisa que ocultaba sus nervios.

–Anne, me tomaré mi tiempo y lo leeré dentro...

–No, por favor –interrumpió–. Quiero oír su opinión ahora mismo. Es mi primer poema.

Ella asintió.

Por su parte, Diana y Jerry caminaban fijándose en lo que sería la próxima víctima de la primera. Billy Andrews era el adecuado, Jerry le preguntó dos veces si estaba segura, ella asintió y él se preparó para atacar.

Diana Barry caminó erguida hasta que llegó a donde él estaba.

–¿Billy? ¿Podemos hablar en privado un momento?

–¿Diana? ¡Claro! –respondió algo confundido, pero emocionado. Jerry lo miraba desde lejos– ¿Quieres hablar aquí?

–Sí, en frente de todos. Ya no puedo seguir ocultando lo que siento por ti, así que ¿qué caso tiene ocultarlo a los demás?

–¿Qué? ¿Estás diciendo que...? –no lo podía creer– Seguro estás bromeando, ¿cierto?

Su plan estaba funcionando a la perfección, pero ella seguía en su papel.

–¿En serio, Billy? Arriesgo todo al sincerarme contigo, de acuerdo, me voy porque no quieres hablar...

Él la tomó del brazo.

–No, espera... te escucho.

Diana hizo que sus manos se juntaran, después tocó su cabello y dijo un montón de halagos que serían imposibles de creer en Billy Andrews y, cuando los dos se besaron, comenzó la verdadera acción.

–¿Te atreves a besar a mi chica? –dijo Jerry lanzándose con todo.

Moody, Anne y hasta la misma Diana intentaron «calmar» lo que estaba pasando. Unos minutos después, la chica Barry, sentada en la oficina de la señorita Stacey, fingía un falso llanto, todo eso mientras su plan funcionaba.

–¿Que voy a hacer, profesora? Jerry lo va a matar. Ambos se van a meter en problemas –sollozó falsamente justo en el momento que ella le ofreció un vaso con agua–. Dijeron que van a terminar todo esto en el concierto.

–¿Que concierto? –preguntó ella– No entiendo.

Diana le extendió el boleto que anteriormente Moody le había dado.

–Todos van a ir, va a ser un completo desastre. Tengo mucho miedo –se levantó, parándose frente a ella–. Señorita Stacey, estaba pensando que tal vez usted podría ir al concierto, ya sabe, por seguridad. Ellos no se atreverán a hacer nada si usted está ahí.

–Pero Diana, ¿cómo podría ir? A un concierto...

–Por favor, maestra –le dio un boleto–. Haganos un favor, ¿sí? Hágalo por mí.

Bien, celebrarlo con una lata de cerveza, tras la escuela, tarareando en voz alta la letra de una horrible canción, fue la señal perfecta de Diana para decirle al grupo que sí iba a ocurrir. Le dio un golpe en el hombro a Jerry y le dijo que se había excedido.

–Ahora sigue Lacroix –dijo Moody–. Démosle su boleto y acabemos con esto.

–Pero no sabemos nada sobre él –incluyó Gilbert, sentado en el suelo.

–¿Y eso qué? –preguntó Jerry.

–Es muy estúpido predecir el comportamiento humano. No lo conocemos para nada, su plan apesta y está destinado al fracaso.

–Deja de ser un aguafiestas –Diana lo pateó con suavidad.

–Así es –dijo Anne, cruzada de brazos en el rincón–, yo creo que hacen bonita pareja, el profesor Sebastian parece agradable.

Jerry tocó la puerta de la oficina del maestro Lacroix, él pidió que pasara, el muchacho saludó con amabilidad.

–Soy Jerry Baynard.

–Eres al que expulsaron del equipo –dijo con un acento raro.

–Solo es una situación disciplinaria temporal, quería hablarle de mi carrera...

–Eso no es asunto mío –respondió rápidamente.

–¿Cómo dice?

–Tú y tu carrera no me interesan. Vete –el hombre salió de la oficina.

Jerry empuñó sus manos y volvió donde los chicos estaban.

–Es un idiota –pateó con fuerza una rejilla.

–Déjenme intentarlo –dijo Moody. Lo encontró en la cancha de baloncesto, practicando junto al nuevo equipo–. ¡Hola, profesor! –le dijo– Quiero informarle sobre un evento privado...

–No me hables –respondió él, a secas.

–Ya nos jodimos –admitió el chico Spurgeon al regresar con los demás.

–¿Que vamos a hacer? –preguntó Diana.

Gilbert se levantó.

–Anne, ven conmigo.

–¿Que dijiste? ¿Yo? ¿Qué quieres que haga? ¿Gilbert? ¡Gilbert! –preguntó, siguiéndolo.

El plan iba a ser fácil. Cuando vieron al profesor en el pasillo, Gilbert Blythe le dio la orden de «atarlo» a lo que los mismos planearon.

–Profesor, soy Anne. La representante estudiantil.

–Que bueno, ahora estoy ocupado –respondió sin quitar la vista del frente.

–Solo tomará un momento –insistió–. Estamos organizando un picnic nocturno para que los profesores nuevos, para que nos conozcamos, juguemos juntos y eso. Será el 17 de abril, va a ser muy divertido, ¿qué dice?

Él suspiró.

–Ya tengo planes para ese día –mintió.

–No se puede negar, me pondría triste.

–Qué lástima –volvió a responder a secas.

A unos metros, Gilbert Blythe haría un ruido que, inmediatamente lo hizo voltear. En una pizarra verde daba anuncio a la venta de boletos para un concierto –sí, «ese» concierto– que se realizaría el 17 de abril. El hombre miró la pizarra, luego a Anne, luego a Gilbert y le pidió el precio de la entrada, compró el boleto y se lo enseñó a la pelirroja para que de una vez por todas entendiese que ya tenía planes para ese día, entonces, se marchó.

–¿Cómo lo hice? –dijo ella al muchacho cuando el hombre estuvo lejos.

Él no respondió, solo la miró de pies a cabeza, con una sonrisa asomándose en su boca.


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