Primero, quiero avisar que esta novela tendrá escenas quizás fuertes para algunas personas. Todo viene de mi imaginación, así que será imposible saber qué será lo siguiente; además, es mi primera vez escribiendo y publicando.
Personajes inventados (ej: la protagonista) son de mi propiedad, sin robo alguno. Les avisaré antes de cada capítulo por si viene algo que podría molestar al lector.
También quiero avisar de que la linea temporal es diferente; la protagonista entra al sexto año, y en esta novela ese será el año en que se dispute el torneo de los tres magos.
Y sin molestar más, les presento el primer capítulo de esta novela escrita desde mi corazón.
Con ustedes,
D e l a c o u r
"No sé cómo me dejé enredar en esta mierda". Se dijo a sí misma Jhannisse Delacour, aquella fría mañana de primero de septiembre.
Lo cierto es que sí lo sabía; siempre lo sabía todo, y eso a veces le quemaba por dentro. Era una de las menores del linaje "Delacour"; hermana de Gabrielle y por supuesto Fleur. La perfecta y hermosa Fleur. No se odiaban, sino que ella a veces decidía sobre la vida de sus dos hermanas, y a Jhan le irritaba demasiado la situación. Desafortunadamente para ella, la habían expulsado de Beauxbatons y sus padres decidieron enviarla con sus tíos. Eran bastante buenos con ella y la ventaja estaba en que ellos la trataban con el mismo aprecio y cariño que a sus primos, no como sus padres que tenían una fijación bastante centrada en Fleur. Pero bueno, por si no era poco que su hermana mayor fuera la protagonista de cada cuento para dormir de los niños de su familia, o para cada historia de cena en casa de sus tíos, la damiselita tenía que presentarse a no se qué campeonato de magos, o una mierda así. Se disputaría en Hogwarts, sus primos Amélie y William precisamente iban a esa condenada escuela. Jhan no tenía nada en su contra; solamente que debía comenzar el nuevo curso allí, siendo una adolescente bastante rebelde cerca de los 16, completamente llena de ideas extrañas en su cabeza. Como ahora mismo, que se preparaba frente al espejo de su habitación, pensando en cómo podría llamar la atención desde su primer día en aquella dichosa escuela.
"¿Marrón oscuro, color vino o negro?" se decía a sí misma con tres tonos diferentes de labiales entre sus manos pálidas. Ella era todo lo contrario a su hermana; rondaría el metro sesenta, su cabello era corto y oscuro con unas mechas moradas bastante llamativas, sus ojos tan verdes como esmeraldas y su cara salpicada de pecas bastante graciosas. Se vestía como si odiara los colores claros, parecía que quería demostrar a la fuerza que no era una florecita como su hermana, que ella era otra y su mente estaba llena de locura. Pero por mucho maquillaje oscuro que usara, o por mucho que sacara el dedo medio a todo el mundo, seguía teniendo un rostro bastante tierno, según todo el mundo. Ella en realidad, por mucho que lo ocultase y demostrase lo contrario, amaba a su familia y sus hermanas. Esa fue la razón de su expulsión, aunque quedó en secreto entre ella y su padre, el cuál siempre entendía el por qué de sus comportamientos.
-¿Aún no estás lista, dulce angelito?- Amélie en la puerta de su habitación la miraba intentando no reírse mientras sostenía una hoja bastante arrugada. Su relación era impecable, podía decirse que eran como mejores amigas. Este curso sería complicado para Jhan, pero al menos tenía a su prima y ambas eran de la misma edad. Pero al mismo tiempo le aterraba no pertenecer a la misma "casa", y eso era un gran problema porque entonces se vería sola. No quería amigos, no los necesitaba. Siempre estuvo sola en los otros cursos, a no ser que en determinados momentos necesitara de alguien. Sabía ayudarse sola.
-¿Qué tienes en las manos?- Miraba atentamente a su prima mientras se acercaba con el dichoso papel. Una vez que lo tenía en sus manos, examinó la cursi ortografía de su prima y la miró con completa intriga.
Amélie empezó a señalar cada uno de los nombres y a explicarle. Por lo visto había gente con diferentes tipos de fama en aquella escuela. Le explicó resumidamente sobre cada uno, su casa y poco más. Con miradas delicadas o de disgusto le explicaba si eran o no buenas influencias.
-Mimi, esto no me podría importar menos, en serio. No sé a qué casa me asignará el sombrero y tampoco le presto importancia, solo voy a estudiar y tener tiempo para mí. No quiero amistades, me sobra contigo.
-Cabe la enorme posibilidad de que no estemos en la misma casa y entonces no nos veremos tanto. No quiero que te sientas sola ni que tengas que pasar esas pesadillas sin que alguien te lleve un vaso de agua.
-Sé ir por un vaso de agua sola, cálmate...
-Lo siento, sólo quiero que estés bien. No quiero que vuelva a pasarte lo mismo...-Antes de que siguiera hablando, Jhannisse la interrumpió con un abrazo mientras limpiaba una pequeña lágrima que salía de su ojo derecho. Lo cierto es que su prima siempre se preocupaba mucho por ella. Había sufrido sin tenerla cerca después de que sus tíos se la llevaran a ella y a su hermano a vivir en Londres cuando cumplieron 11 años. Ame y Will eran mellizos y tenían una especie de conexión bastante extraña, pero también les benefició mucho a los tres cuando eran pequeños para salirse con la suya y hacer tonterías.
-Mimi bu, ¿estás bien?- William apareció como por arte de magia en la puerta. Divertido decir como por arte de magia cuando todos la llevan literalmente en sus venas.
-Sí Wiwi, sólo me preocupaba por ella, no quiero que esté sola. No quiero que la separen de nosotros.- El chico se acercó a ellas con mirada preocupada y las rodeó en sus brazos, pero Jhan no se podía aguantar la risa. Esos dos eran demasiado cursis y aprensivos, incluso tenían esos apodos extraños, como si tuvieran 5 años.
-¿Podéis dejar de ser tan infantiles? Primero, estaré completamente bien y lo sabéis de sobra. Segundo, quitad vuestros brazos de ositos de mí, no puedo con tanta cursilería.- Los dos la miraron y se empezaron a reír mientras la miraban con desaprobación. Encontraba en ellos su hogar, desde pequeños habían sido inseparables. Todos los veranos corriendo por la playa o con sus bicis por los bosques enterrando tesoros y encontrándolos años después. Algunas noches se escapaban al tejado para ver las estrellas y hablar de lo que habían hecho en el día mientras el resto de la familia dormía. Ella amaba las estrellas, sentía infinita curiosidad por lo que se encontraba en el oscuro y al mismo tiempo brillante universo; jamás sería suficiente con mirar la luna cada noche o aprenderse los nombres de cada constelación.
Wiliam tomó asiento en la cama de Jhan, perdiéndose en sus propios pensamientos, mientras que su melliza tomaba el labial de tono rojo oscuro de las manos de su paliducha prima. Quitó la tapa del pequeño producto y con el suave pincel de este dibujó la forma de sus labios, rellenando cada hueco, mientras que Jhan miraba a ambas en el espejo de su tocador. Siempre había tomado cuidado de ella; la enseñó a maquillarse, la llevaba de compras y respetaba todos sus gustos. La trataba como su tía trataba a su propia hija, mientras que su madre jamás fue capaz de hacer algo así por ella. Sin duda alguna eran inseparables. Su familia era de sangre pura, pero vivían en el mundo muggle por su tío, el cuál prefería mantener algunas sanas distancias por el bien de su familia. Su tío y su padre eran muy parecidos, pero no era de extrañar porque eran hermanos, un dúo muy peculiar como ellos mismos se auto proclamaban.
Los mellizos y su prima rebelde finalmente estaban listos, y con sus maletas en mano bajaron por las escaleras hasta el primer piso. Se dispidieron de toda la familia allí presente, incluyendo padres de ambos, hermanas de Jhan y sus abuelos. Tras un beso en la frente a los tres de parte de nana, la abuela paterna, esta puso en manos de los chicos unos polvos que Jhan jamás había usado. Les dijo el lugar que debían nombrar, y tras tirar el polvo de sus manos a sus pies con fuerza, desaparecieron uno por uno.
Minutos más tarde de aparecer en una tienda vacía no muy lejana a su destino, comenzaron a caminar con sus pertenencias a la estación de Kings Cross. Una vez allí el murmullo y el ajetreo de los muggles era casi ensordecedor. El trío se dirigió a una pared, mencionada por su abuela como el andén 9 ³/⁴. Sus primos lo conocían de sobra, pero Jhannisse no. Le dieron las instrucciones; primero fue William para la demostración, pasando tras la pared de hormigón, y la siguiente era ella. Hizo lo ordenado y se encontró en un lugar muy parecido y a la vez diferente al anterior.
-Te prometo que te encantará el lugar. Es tan... Tú.- Amélie tomó a su prima del brazo, rumbo al tren seguidas por su hermano.
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-Eso es imposible, Will. Estás demente.- No se podía creer lo que su primo decía. Se había inventado una loca teoría de que los muggles consumían drogas "mágicas".
-¡¿Cómo crees que lo sé?! Yo mismo puedo asegurarte que son mágicas, esa mierda dejó a un amigo con alucinaciones por tres días.
Estaban por fin en un vagón cerrado del tren, rumbo a Hogwarts. Lo bueno de aquel momento era que se encontraban los tres solos, pero por desgracia ella sabía que en algún momento tendría que interactuar con alguien nuevo. A veces no podía lidiar con los seres con vida, aparte de los animales o las plantas. En ese momento, tras la ventanilla vio el increíble paisaje en el que se adentraban; era maravilloso, y verde, muy verde. El aire se veía tan fresco que de no ser por el tren, ella desearía correr por aquellas vías, llenando sus pulmones de todo ese aire limpio.
Sus primos comenzaron a colocarse unas túnicas bastante largas, con unos bordes y un escudo amarillo. Suponía que era el color característico a lo que ellos se referían como "su casa". Mientras lo hacían, miraron a la chica, literalmente a la vez. Esos dos daban miedo. Tenían cara de desconcierto, como si esperasen a que hiciera algo, pero ella no tenía ni remota idea.
-¿Qué pa- Amélie la interrumpió y rebuscó en el baúl de su prima, colocándolo al lado de su asiento y rebuscando unas prendas mientras se las iba poniendo en sus manos.
-Lárgate al baño ya, Jhannisse Delacour. Estamos casi llegando y tienes que ponerte el puto uniforme, la túnica de tu casa la obtendrás cuando el sombrero seleccionador te coloque donde debes estar, ahora ve. Sal, pasillo a la izquierda, pasa esos vagones cerrados y a la derecha ¿okay?
No se quejó ni dijo una sola palabra, solo se dirigió a donde su prima le ordenó con las prendas en mano. Tras llegar allí, sacó su varita del bolsillo derecho de sus jeans y musitó las palabras para bloquear la puerta y no tener ningún "susto". Se deshizo de sus prendas, tirándolas al suelo mientras se miraba frente a un gran espejo que le dejaba ver su cuerpo completo. Su físico no era desagradable, pero ella pensaba que podría ser mejor. Sus hermanas eran delgadas, bastante delgadas y altas, podrían ser modelos gracias a la genética de su madre. Pero su estatura era más baja, como su padre. No estaba "gorda", para nada, pero sus muslos y sus caderas anchas, su cintura era pequeña y a veces ella odiaba tener tanta curva. Su prima y ella en ese aspecto físico se parecían mucho, aunque Jhan tenía un pecho un poco más prominente, quizá. Siempre pensó que Amélie era hermosa, y cuando se derrumbaba deseando tener otra imagen, recordaba que su prima y ella eran muy parecidas y eso la aliviaba, además, su prima adoraba cómo las pequeñas pecas cubrían su cuerpo. ¿Era eso una ventaja? No, tenía que quitarse esos pensamientos de su mente. Cada persona es hermosa, y siempre lo vio así, solo que nunca entendió por qué cuando venía de ella misma, la opinión cambiaba.
Recogió del suelo el uniforme, que previamente había tirado también a sus pies, viendo cada prenda que Ame le había dado. Empezó por una falda corta plisada, seguida de unas medias de rejilla. No pudo evitar reírse. Ella misma las puso en el baúl junto a sus pertenencias, y no imaginaba que su propia recatada y dulce prima le haría ponérselas. Lo siguiente una camisa blanca de manga larga, junto a un cárdigan gris de lana. La camiseta la dejó desabotonada tres puntos de arriba, y no se molestó en abotonar ni siquiera la prenda que llevaba encima. Ahora parecía una colegiala rebelde en el espejo, mientras peinaba su pelo tan loco frente a aquel trozo de cristal que reflejaba su imagen. Estaba satisfecha con lo que veía, así que con las prendas anteriores y su varita en mano, revertiendo el hechizo de la puerta, salió de vuelta a su vagón.
Rumbo a donde estaban sus primos, se topó con algunas miradas curiosas en las puertas de los vagones mientras escuchaba murmullos sin sentido. No sabía si la miraban de aquella manera por su presencia tan provocadora o por el hecho tan simple de que jamás la habían visto en sus vidas. Pero allí estaba, con la cabeza en alto a punto de bajarse de aquel tren para comenzar su nueva vida.
OK, no sé si les guste, yo hice lo que pude y sinceramente con MUCHÍSIMA ilusión. Si tienen alguna duda me gustaría que pregunten, este es simplemente el primer capítulo y mi primera vez, prometo ir mejorando.
Les deseo lo mejor, y adoraría que me recomendasen cualquier fic sobre los personajes de Harry Potter. <3