Historia V

By CrownedStar

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Historia V

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V

Ya han pasado 4 años desde que él escapó de mi  vida, nada ha vuelto a ser lo mismo, pero aún que él regrese nunca va a ser lo mismo.

En un principio, ella y Frankie se lanzaba en cada oportunidad que tenían para conseguir una pista del paradero de Tommy, si en una villa lejana necesitaban ayuda eran los que siempre iban, pues, tal vez, cabía la posibilidad de encontrar al joven que se marchó, pero, la chica de ojos verdes comenzó a tener una ansiedad cada que hallaban una pequeña posibilidad de encontrarlo.

Comenzó como una ansiedad, si en algún pueblo lejano habían visto al chico de cabellos negros meses atrás, ella gritaba eufórica -¡Hemos encontrado algo! Estamos tan cerca ¿No te da felicidad Frankie? ¡¡¡¡A mi si!!!!- Su amigo y en general la gente que la rodeaba se alegraba que Gina estuviera tan feliz, tan enérgica, aunque eso no fuera propio de ella. 

Más tarde, conforme se acercaban a pistas grandes, como la localización exacta de uno de sus escondites, su reacción era más extraña. En una ocasión tenían un encuentro con una informante, fracasaron por que ella, de la nada, se puso a llorar y todos se preocuparon, no eran unas cuantas lagrimillas, era todo un llanto con suspiros y gritos. Al preguntarle por que lloraba así ella respondía:

-Es que… es que… Él estuvo con esa chica, y a mi me dejó sola, abandonada-

Todos comprendieron y, aunque trataron de hablar de nuevo con la chica que les daría información, ya no lo lograron; les faltaba un miembro que sentada lloraba su viejo amor, pero aunque ya nadie lo mencionó, Frankie,  su gran amigo imaginó que eso era una simple excusa.

El tiempo pasaba y la bella chica cada vez reaccionaba más temerosa ante las pistas de “su amado”, no podía dormir o tenía nauseas, todo un desorden nervioso, que termino por dejarla fuera de las misiones a otros lugares.

Gina no quería abandonar su misión, pero sus nervios aumentaban y solo por una razón: “El amor de su vida”.

Abandonó la búsqueda, empezó a vivir lo más tranquila posible, ir por niños a la academia y llevarlos a su casa, ayudar a ancianitas con los deberes de la casa, entre otros; pero tampoco sentía que podría seguir con esos trabajos pues, en ocasiones los niños vivían cerca del lugar donde él vivía, y ella no quería pasar por allí, así que se llevaba a los niños por el camino más largo y hubo quejas de que ella quería secuestrar a los niños o de que se los llevaba a no-se-donde. Tampoco quiso continuar con los deberes de señoras, por que ellas querían hacerle la platica y que mejor tema que el del joven que tanto buscaba y que todos sabían se había ido y la dejó atrás.

Hizo un intento como enfermera del hospital de la ciudad, pero tampoco pudo seguir allí, ya que seguido llegaban heridos que le recordaban a él.

Lo peor sucedió cuando en su turno trajeron un cuerpo ya difunto, era un muchacho conocido; a la chica de ojos verdes, no le había agradado, ya que tenía un cierto parecido con Tommy, los ojos totalmente negros, el cabello no era muy similar pero la forma de la cara, ese color tan pálido en la piel, era como si fueran hermanos o tuvieran un vinculo de cualquier estilo. 

Ya habían limpiado su cuerpo cuando ella entró en la habitación, y verlo allí, muerto, era como ver a su amor descansar en la cama de hospital después de algún percance, y ella estaba parada en la puerta como si esperara que despertara para ofrecerle algo de comer, algo que seguramente él rechazaría como siempre lo hizo.

A partir de ese momento, Gina no volvió a trabajar de enfermera y comenzó a tomar calmantes, ya que sus nervios iban en aumento, cada sábado tenía una cita con el psiquiatra, todo gracias a Él.

Cuando Frankie llegó con noticias muy importantes, tenía ganas de contárselas a todos sus conocidos, puesto que, había grandes rumores que decían que Tommy planeaba volver.

Pero otros pocos se preocuparon más por la salud de la chica, era imposible ocultárselo pero si se lo decían podría volverse completamente loca, así que debería ver al psiquiatra diario para que él la preparara mentalmente para que supere ese “miedo”  y si el joven volviera, no haga nada descabellado.

La chica se ocupa desde hace mucho tiempo en una cocina económica, ha vivido relativamente tranquila desde que esta allí, trabaja casi tiempo completo como ayudante de cocina y mesera. Digo casi por que ella tiene todos los días cita con su Psiquiatra desde hace varios meses.

Ella seguía sin enterarse del posible regreso del joven que amaba a su ciudad natal, puesto que no se veía una notable mejoría como para decírselo y que lo tomara bien.

Ahora, en esta noche, ella corta verduras para mañana comer una ensalada en su hora libre; en esas horas libres en que su mejor amigo suele ir a visitarla. -Podría comer de lo que preparo allí pero hacerlo diario no era muy agradable, así que mañana comeré una rica ensalada- Pensaba ella mientras cortaba pepinos.

La noche tenía mucho viento, nadie estaba en las calles a esta hora, pero eso a Gina no le iba ni le venía, ella estaba muy concentrada en picar las verduras que se le apetecían en su ensalada, as un ruido la sorprendió que casi provoca que se cortara con el gran cuchillo que tenía en las manos. 

Con miedo y sorpresa volteó en dirección donde se había escuchado el ruido, pero no había nada, sonrió mientras trataba de tranquilizarse, volvió su mirada a las verduras -Creó que ya estoy muy cansada, en cuanto acabe con ustedes me iré a dormir- Se dijo.

Ella continúo con su tarea, pero no por mucho tiempo, lo que ahora la distrajeron fueron las cortinas que, a causa del viento, se agitaron fuertemente. Dejo el cuchillo clavado en la tabla, pero luego se arrepintió, lo tomó y se asomó por la ventana, se percató de que no había nada.

Dio un respiró y  metió la cabeza, tras la cual cerró la ventana. Ahora si estaba nerviosa, una vez más dejó clavado el cuchillo en su tabla y de su delantal sacó un frasco, eran sus calmantes, tomó dos pastillas las que se pasó con agua.

Guardó el frasco en su bolsa, acabó de cortar las verduras mientras tarareaba una canción con el fin de distraerse; no podría hacerlo tan fácilmente, mientras metía la verdura en un recipiente para guardarlo en el refrigerador, creyó ver una sombra moverse.

Se quería morir, muchas veces ha discutido en el psiquiatra acerca de creer ver cosas, no sabía si esto era algo real o solo producto de su imaginación, pero pensó en ignorarlo, al día siguiente podría contárselo a su especialista. Guardó la verdura y comenzó a lavar lo que había utilizado, cada vez tarareaba más fuerte, hasta que sintió algo detrás de ella; allí se quedó helada, el agua corría, sino fuera por el sonido del agua caer, pensaría que estaba sorda, esperaba que ese algo se moviera o hiciera algún movimiento, pero no.

En su mente creaba distintas situaciones, pero ninguna le gustaba, todas la aterrorizaban, así que decidió rendirse, disimular que nada pasaba, que no se había dado cuenta de la presencia de aquella persona; si ésta la quería matar, que lo hiciera rápido y sin sufrimiento, tomó su frasco, sacó otras pastillas y las tomó, volvió a beber agua, solo le quedaba esperar lo peor. 

Pero parece que nada funciona como ella espera, ya que una risa burlona sonó detrás de ella, era inconfundible, ese tipo de risa era de él, pero… ¿Qué hacia él aquí? Antes de que se pudiera responder a esa pregunta, él dijo -Siempre supiste que era yo ¿no? Que bueno, sino me podrías haber atacado con el cuchillo- 

Abrió los ojos, de un verde cristalino por el miedo, volteó lentamente pues esperaba que fuera como ambas veces que creyó ver algo y cuando miraba ya no estaban allí, sin embargo esta vez no fue igual. Cuando acabó de voltear, allí estaba parado él, con sus manos en la cintura, con una sonrisa de esas que cautivan a cualquiera, aparentemente era el mismo pero era más alto, más fornido había crecido y hasta la voz le había cambiado un poco.

Aquel apuesto joven tenía una cara divertida, disfrutaba ver la sorpresa de la chica, pero, algo no andaba bien con ella, la vieja ella se hubiera lanzado a sus brazos y llorado, bueno, estaba llorando pero no de felicidad, como él se imaginaba que pasaría, lloraba pero con miedo, ignoró un poco este hecho y le dijo: -Cuanto tiempo sin vernos, he visto a todos incontables veces pero a ti, no te había visto, creí que me buscarías-

Ella veía asustada como el joven tomaba confianza y se sentaba en el comedor de la cocina, para esto le grito: -¡No te sientes!

Él se detuvo antes de sentarse, la vio con intriga, por supuesto que la chica notó que actuaba muy loca y de su delantal volvió a sacar sus calmantes, ahora más que nunca los necesitaba pero él no iba a dejarla tomárselos, al ver el frasco, se lo arrancó de las manos, leyó la etiqueta y la sujeto fuertemente de los hombros, ella intento zafarse de sus fuertes manos, pero no podía, así que se comenzó a llorar en silencio, sus piernas flaquearon y lentamente caía al suelo. Tommy para no lastimarla tanto fue agachándose con ella pero sin soltarla de los hombros, con la voz más tranquila y dulce, algo que parecía imposible para él, le dijo: -¿Porque tomas estas porquerías?-

La aludida miraba al suelo lloraba, estaba con el hombre que la trato mal por mucho tiempo y luego la abandonó como si de un juguete se tratara, eso no era justo, y ahora se supone que estaba allí con ella y trataba de consolarla. Ella no contestó solo lloraba.

Pero nunca se caracterizó por rendirse tan fácilmente, así que insistió: -Mírame a los ojos-

Realmente no quería voltear a verlo a los ojos, no quería, tenía miedo, aunque sus palabras… se oía tan bien el nombre de “Gina” con su voz, se veía tan bien la forma en la que él movía sus labios para poder pronunciarlo, se sentía mucho mejor.

Y aunque aún tenía miedo, ella lentamente volteo y con sus ojos ahora rojos y ya sin llorar, solo con suspiros fuertes, lo miró, estaban muy cerca y ella se sonrojó, eso a Tommy le causo mucha gracia, esa era la Gina que él conocía, que aparentaba una fragilidad, que solo él podría proteger, por eso se sentía tan atraído a ella, a esa tranquilidad que solo ella emanaba, él le volvió a hablar a esa corta distancia entre ellos: -¿Me extrañaste?-

Gina, como una niña chiquita que se raspo la rodilla y le ofreces un helado a cambio de que deje de llorar, movió la cabeza en forma de afirmación para después moverla a un lado para no ver la mirada tan penetrante del joven, pero aún las lágrimas corrían por sus mejillas y dijo en voz bajita: -Pero tengo miedo.-

Él no dejó de verla a los ojos, ella no mentía, se le podía ver alterada en cada célula de su cuerpo, ahora más que nunca sentía unas tremendas ganas de abrazarla, de protegerla, y decirle, cuanto la quería pero antes le dijo: -¿De que tienes miedo? ¿De quien tienes miedo? No te preocupes, yo estoy aquí y te cuidare, yo te protegeré por que…-

La abrazó mientras se preparaba mentalmente para decirle sus sentimientos, Gina comenzó a llorar nuevamente y entre sollozos le dijo: -Ese es el problema, tengo miedo… de ti.-

Los ojos negros como la noche se abrieron desmesuradamente, se alejó un poco de ella para poder volverla a ver a los ojos, él estaba muy sorprendido ¿Cómo podía estar asustada de él? Eso era algo que pronto averiguaría, por eso comenzó a preguntarle cosas mientras la zarandeaba hasta el punto de lastimarla: -¿Cómo que tienes miedo de mi? ¿Qué te han dicho estos malditos aldeanos? Respóndeme Gina ¡Gina!-

La aludida solo lloraba, se tapó los oídos para no escuchar los reclamos de su gran amor, ella solo lloraba, deseaba estar muerta, el único pensamiento que pasaba en su mente era la idea, la duda, la suplica de ¿Por que no murió en alguna misión? Si eso hubiera pasado ahora Tommy no tratara de sacarle a golpes una respuesta.

Lo cierto es que ella exageraba la situación, él ni siquiera le ha levantado la mano, pero sentía que él disfrutaba sentir su sangre, el chico sólo esta un poco molesto y muy pero muy confundido, así que seguía: -¿Por qué tomas esas pastillas? ¿Quién te las administra? ¡No puedes tomar estas cosas como si de dulces se tratara! ¡Gina! ¿Me oyes? ¡Gina!-

Mientras que la joven en su mente veía a un Tommy con los ojos rojos, él reía y sacaba un cuchillo, amenazadoramente lo pasaba por su cuello y por todo su cuerpo, aunque ella gritaba no podía oír su propia voz, suplicante,  y seguramente aún que él pudiera oírla, no haría caso y seguiría con su tortura; eso pasaba en su mente, pero no por mucho tiempo.

Tommy guardo silenció cuando Gina lo abrazó, él no podía oponerse a la idea de abrazarla también, pero esas no eran las verdaderas intenciones de la chica, y él se dio cuenta a tiempo, ella quería tomar el cuchillo con el cual cortó las verduras. El chico se levantó de golpe -¿En que estas pensando?-

Ella también se levantó, se tambaleó un poco, y le respondió: -Es más que obvio, pero aún así no podrás hacerme mas daño, yo siempre te he amado, y, al decir mi nombre me hiciste feliz, lo malo es que tú no vienes aquí para amarme como yo lo hago, tú solo quieres hacerme daño, como siempre, como cuando éramos chicos, pero ya no más.-

La chica de ojos verdes, tomó el cuchillo de las verduras, segundos antes de que la detuviera el chico de cabellos negros, y sin titubear, lo enterró en si estomago, lo enterró muy profundamente, que inmediatamente su vestido y su delantal rosados tomaron un tono rojo, del mismo rojo que las lagrimas de un corazón roto.

Tommy al instante se lanzó a Gina, la tomó entre sus brazos y se agacharon hasta el suelo, le comenzó a gritar nuevamente: -¿¡Qué has hecho!? ¿¡Estas loca!?

Ella sentía que la vida se le iba velozmente pero aún así escuchaba a su amado gritar.  Muy tranquila, tomó con su mano la cara de Tommy, era tan guapo, eso no había cambiado nada y con dulzura le dijo:

-Estoy aquí y te oigo perfectamente, no tienes que gritar, aparte estoy a punto de morir.-

Tenía razón, estaba a punto de morir y él solo le gritaba, debía llevarla a un hospital, probablemente no llegue con vida, y aunque llegara no serviría de nada, estaba muy dentro el gran cuchillo: - Tú vas a estar bien.-

Gina frunció el seño: 

-Tom, no me mientas, aunque creas que me haces bien al mentirme, estas en todo lo contrario, me haces más daño si me mientes, fui una enfermera, y sé que mi hígado es un punto muy vital, no durare mucho.

El joven recordó a su mejor amigo, éste le dijo que Gina se había vuelto una excelente enfermera, que ella siempre lo cuidaba en el hospital, pero se salió de sus pensamientos al ver que la hermosa joven lentamente cerraba los ojos, él con delicadeza la obligaba a verlo y la agitaba muy débilmente, lo necesario para que ella reaccione: -No te duermas, abre los ojos, tengo algo muy importante que decirte.-

Abrió pesadamente los ojos y le dijo con una sonrisa: -Pero si es una mentira no me digas nada.-

El joven sonrió melancólicamente y dijo: -Gina yo ¡Te Amo!-

Gina ya casi no respiraba, sus ojos dificultosamente se mantenían abiertos, pero se esforzó para que sus últimas fueran: -¿Sabes? Una mentira, hará que muera feliz.-

Ya lloraba con ternura de niño, él quería que ella supiera la verdad, así que antes de que ella muriera le dijo: -No es mentira, te lo juro-

Gina sonrió mas pronto dejó de sujetarlo, ella ya estaba muerta.

Tommy grito con furia, sin embargo recordó una cosa, alguien hace mucho le dijó que aunque la persona estuviera muerta, después de dos horas aún escuchaba, así que tuvo una idea. Se inclino sobre el cuerpo aun tibio de Gina y le dijo en el oído: -Espérame un poco, que aunque te vallas al cielo y yo al infierno, te encontrare y te demostrare que eso que te dije no es mentira, yo realmente ¡Te amo!-

Sacó el cuchillo del cuerpo desangrado de la chica, lo tomó un momento, vio la sangre de la mujer que, desde hace no mucho se dio cuenta que siempre amo, y se lo enterró en el  estomago, pero lo jalo hacía un lado para morir mucho mas rápido, ya deseaba estar con ella.

No tenía fuerzas para estar sentado, se dejó caer en el suelo, justo a un lado del cuerpo de Gina, la volteó a ver, era tan linda, estaba tan tranquila, con una sonrisa en su rostro, esa era la imagen que él quería guardar por el resto de la eternidad, sonrió, pero su vista ya estaba muy nublada hasta terminar en blanco, un blanco brillante que le lastimaba los ojos. Pero, de pronto, se sintió tranquilo, feliz, y solo había una razón para estar feliz.

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