Apenas desperté ese jueves por la mañana, me encontré con varias llamadas perdidas de Charles. Justo que estaba chequeando los mensajes, apareció su foto en la pantalla anunciando una nueva comunicación.
- Hola Lía. Al fin... - sonaba aliviado.
- Buen día Charles. Es que recién despierto - contesté estirándome - ¿Cómo estás?
- Mejor, ahora que te escucho. Ayer me preocupé porque no habías contestado el mensaje, bueno, tardaste en hacerlo. No sabía si te había pasado algo.
- No estuve en la ciudad en todo el día y cuando llegué al hotel, solo quería acostarme a descansar.
- Ah, ¿saliste? - su voz sonaba rara.
- Así es. Fui a la playa.
- ¿Sola? No me invitaste - respondió - Te hubiera acompañado.
- No, no fui sola.
- ¿Y con quién fuiste? - preguntó curioso.
- Digamos que tuve una gran compañía - dije sonriendo.
- Ahora no me contas más las cosas... - susurró.
- Para hacer las cosas bien, hay que hacerlas en silencio - comenté sentándome en la cama.
- Puede que tengas razón. A nosotros nos funcionó.
- Hasta cierto punto, si - reí - Bueno, ya sabes que estoy viva asique voy a bajar a desayunar.
- ¿Te veo más tarde? - consultó.
- Dale, te escribo.
- Perfecto - y se despidió.
Cuando volví la vista hacia el celular, tenía un mensaje de Michael. Sonreí al abrir la aplicación.
"¡Buenos días! Hoy llegó mi jefecito, por lo que voy a estar trabajando con él. Me gustaría verte, te invito a tomar algo a la noche. ¿Qué decís?"
Tecleé la respuesta lo mas rápido que pude.
"¡Hola! Y yo justo estaba hablando con mi jefe también. Me encantaría salir con vos ésta noche. Decime a que hora te parece bien"
A los minutos, arribó su respuesta.
"Somos unos esclavos, jajajaja. Si estás de acuerdo, cerca de las 21:30hs te puedo pasar a buscar. Ya que mañana ambos tenemos el día ocupado"
"Claro que si. Te espero a esa hora entonces. ¡Que te sea leve el día!"
Contesté y dejé el celular a un lado para así poder levantarme y cambiarme para ir al comedor. Al ratito llegó su contestación junto con una selfie con Daniel Ricciardo sonriendo a su lado.
"Mi día empezó así"
Y por lo que alcanzaba a ver de fondo, estaban en el gimnasio.
"Definitivamente no te cambio el lugar. Pero si me gustaría ser tu compañía"
"Estoy yendo a buscarte en estoy momentos"
Fue su mensaje y yo sonreí embobada.
Una vez lista, bajé hacia la calle. No tenía ganas de quedarme encerrada en el hotel y me había antojado de un desayuno chatarra, asique busqué un Starbucks cerca y me senté a disfrutarlo.
Cuando terminé de comer, me levanté y empecé a caminar por el barrio. Aproveché el tiempo libre para hacer algunas compras y me dediqué a pasear por los alrededores. No sé en que momento se hicieron las 5 de la tarde, por lo que decidí volver al hotel para refrescarme.
En el camino, Charles me envió un mensaje preguntándome nuevamente si quería salir a cenar. ¿Era mi idea o estaba insistiendo mucho? Decidí que lo mejor era juntarme con él y ver que era lo que tramaba porque lo conocía mucho y estaba presintiendo eso. Así que una vez ya en mi habitación, me preparé para la cena con el piloto monegasco y luego la salida con Michael.
Salí del lugar cerca de las 20hs y vi a Charles apoyado en la Ferrari.
- Señorita - dijo y abrió la puerta del auto.
- Buenas noches, señor Leclerc - contesté y le sonreí.
Subí al tremendo automóvil y admiré su interior. Aún no me acostumbraba a esto. Esa imágen me hizo mucha gracia al comparar al Renault amarillo que me había subido en estos días. Creo que ya tenía en claro con cuál auto me quedaba.
El camino fue entretenido. Él me contó que era lo que había hecho en estos días y yo hice lo mismo. Aunque más que todo le hablé sobre el trabajo.
Llegamos al "Sant Antoni Gloriós", un restaurant a simple vista tradicional pero por dentro era todo moderno al igual que los platos que había para degustar.
- ¿Me vas a decir con quien saliste ayer? - preguntó dejando el menú a un lado.
- ¿Por qué querés saberlo? - cuestioné mirándolo a los ojos.
- Porque me interesa. ¿Está mal?
- Solo que me llama la atención que te preocupes por eso - sonreí y volví la vista a la carta.
Por suerte llegó el mozo a tomar nuestro pedido y así pudimos cambiar de tema. No me sentía cómoda hablando de esto con Charles. Está bien que nosotros habíamos tenido algo en el pasado, pero no tenía porque darle explicaciones de lo que hacía y con quien. Al menos él no lo consideró cuando se puso de novio. Sólo vino con la noticia y ya.
Aparte, convengamos que recién nos estamos conociendo con Michael. Por más que hacia meses que hablábamos, charlar en persona era conocernos mejor. No sabemos que puede llegar a pasar en un futuro teniendo en cuenta que ambos trabajamos para distintos equipos. Pero, primeramente me tenía que concentrar en el ahora.
Por suerte la cena estuvo muy tranquila. Pudimos llevar una charla amena y entretenida como en los viejos tiempos. Sólo nos interrumpió el sonido de mi celular anunciando una llamada. Miré el destinatario y sonreí.
- Si me disculpas, tengo que atender - informé a mi acompañante y salí al patio a hablar.
- Hola Michael - contesté.
- ¡Lía, hola! Estoy por buscarte. Aún sigue en pie nuestra salida, ¿verdad?
- ¡Claro que si! Pero no estoy en el hotel. Salí a cenar - dije y me olvidé que no le había comentado de estos planes.
- No hay problema. Decime donde estás y paso.
- Ahora te comparto la ubicación. Estoy cenando con Charles - mi voz salió casi en un susurro.
- ¿Con Charles? - preguntó asombrado - ¿Acaso interrumpo algo?
- Por supuesto que no. Ya terminamos de comer y estoy lista - respondí apresurada - Quiero verte.
- Yo también quiero verte - sentí que sonreía.
- Te espero.
Y corté la llamada, seguido de teclear la ubicación del restaurante. Me distraje unos minutos con el celular y pasé por el baño para retocarme. Una vez lista, volví a la mesa con Charles quien me estaba viendo de una forma extraña.
- ¿Qué pasó? - preguntó.
- Me tengo que ir.
- Te llevo - se preocupó - ¿Está todo bien?
- Si, si. Es que había quedado en otra cosa mas temprano. Y ya se hizo la hora.
Se quedó mirándome fijo sin entender nada. De repente, alguien llegó a mi lado. Charles lo miró y se le tensó la mandíbula.
- Buenas noches a ambos - Michael saludó tendiéndole su mano la cual el piloto aceptó.
Se acercó a darme un beso en la mejilla y las sentí arder. El ambiente se tornó tenso.
- Hola - respondió secamente el piloto.
- ¿Estás lista? - me preguntó Michael.
- Si - contesté mientras sentía la mirada penetrante del monegasco.
- Que estés bien, Charles - se despidió el entrenador de forma cortés.
Me acerqué a Leclerc para saludarlo y él me respondió fríamente. Seguidamente pasé por el lado del australiano quién sutilmente puso una mano en la parte baja de mi espalda para guiarme hacia la puerta. Sin pensarlo, pasé mi brazo por su cintura y ambos salimos abrazados del restaurante con la mirada penetrante de Charles en nuestra nuca.