Selcouth [LIBRO I Y II]

By UnDemonioEscritor

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Blair Van Ewen es el líder del aquelarre más importante, el excelente brujo al cual su aquelarre permite únic... More

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Prólogo
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CAPÍTULO FINAL
NOTA DE AUTOR.

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By UnDemonioEscritor

Capitulo final :(

—¡Cole! —Karteen abrió la puerta. —Joder, ayúdame, Andy no me abre la puerta de la habitación.

—¡Ya voy!

Salió de la habitación acomodándose los gemelos de su traje, al hacerlo se encontró con Karteen quien tenía un bonito vestido rojo con los labios del mismo tono y su cabello enredado, caótico y desprolijo caía por sus hombros, se lo había cortado, nuevamente.

—¿Dónde está?

—En su cuarto. —Pone los ojos en blanco. —Los invitados ya han llegado y ella no se digna a salir.

—Ve a la fiesta, yo me encargo.

Karteen besa sus labios y se va, Cole la queda mirando con una sonrisa, era la chica de su vida definitivamente.

Cole había creado un nuevo aquelarre con ayuda de Blair, Blair seguía teniendo un aquelarre enorme con cientos de brujos, los mejores.

 Sin embargo, Cole tenía un aquelarre donde entraban los peores brujos, y con una ardua tarea —de parte de Karteen y él, quienes eran los que dirigían todo—, los convertían en los mejores, y cuando eran los mejores pasaban a ser recibidos en el aquelarre de Blair.

Parecía ser algo difícil, pero Cole amaba hacerlo.

Él golpeó la puerta de la habitación.

—¡Vete, mamá! —Gritó.

—Soy papá. —Alzó la voz. —¿También me voy?

—No, entra.

Cole entra, al abrir la puerta la ve en su cama rosa chicle bajo las mantas, cruzada de brazos y con el ceño fruncido. Era una mini versión de Karteen, tenía la misma personalidad de hecho y eso hacía que choquen muchísimo.

—¿Qué pasó?

—¡Mamá!—Exclama, como si fuese la respuesta a todo.

Cole se sentó en la cama y ella refunfuño.

—¿Qué pasó exactamente?

—¡Mamá es muy mandona!

—Sabes que en todos los cumpleaños se pone igual.

—¡Sí, y nunca me explicas por qué! Siempre dices que cuando sea más grande, ¡Pero ya soy toda una adulta!

—¿Adulta? ¿Tú? ¡Tienes seis años!

—Hace un año me has dicho cuando sea más grande ¡Pues ya ha pasado un año, soy más grande!

Digna hija de Karteen.

—Bien. ¿Qué quieres saber?

—¿Por qué mamá siempre está tan enloquecida con el control en tu cumpleaños?

—Antes tenía una melliza que murió, cada cumpleaños es un año más sin ella. Y mamá no quiere que piense en eso, por eso se empeña en que todo sea perfecto así disfrutarlo con nuestros seres queridos.

—¿Y extrañas a tu hermana?

—No hay día donde no piense en ella, cariño. Lo entenderás cuando tengas hermanitos.

—¡Ojalá no! —Chilla horrorizada. —No compartiré mis juguetes.

—Y aquí entre nosotros..., tu madre es un caos embarazada, nadie quiere que vuelva a suceder.

Andy ríe, le gusta que su padre le cuente esos detalles, no los puede decir frente a nadie; siente que son sus secretitos.

—¿En serio?

—Sí, tu tío Blair no la soportaba. El día que rompió bolsa estábamos con él, le gritó e incluso lloraba mientras le golpeaba con un zapato, tuvo un cambio de humor y bueno..., se desahogo con él.

Andy carcajea.

—¿Hoy vendrá tío Blair?

—Sí, aunque llegará a tiempo. No vendrá a la cena anterior.

—¡Es taaaaaaaan amargado! —Pone los ojos en blanco. —Nunca quiere pasar mucho tiempo con otros.

Blair se había cerrado, si antes era un amargado ahora era algo a otro nivel. Los años habían pasado y aún así, él seguía extrañándola y aunque no quisiera solía alejarse de los demás sin darse cuenta.

—Vamos, ponte los zapatos que mamá si siente nuestra ausencia la haremos sacar canas verdes.

Andy ríe y obedece. Ambos salen de la habitación, Cole la llevó en sus brazos.

—Papá...

—¿Sí?

—Feliz cumpleaños.

POR OTRO LADO.

Recuerda perfectamente unas palabras, pero no su destinatario. Recuerda haber escuchado decir «No te olvidaré» pero no recuerda de quien es aquella voz.

Recuerda un característico olor a menta, a perfume y a sangre seca, pero no recuerda a quien le pertenecía.

Recuerda unos ojos oscuros pero a veces amarillos y brillantes, pero no recuerda de donde o quien es.

Recuerda reírse acompañada de alguien, hacer tonterías y siempre tomar el mundo como si fuese una broma, pero no recuerda quien era su compañero de diversiones.

Recuerda estresar a alguien amargado, reírse de sus expresiones y exasperaciones. Burlarse de lo aburrido y borde que era, pero no recuerda el rostro de aquella persona.

Recuerda mirar con admiración a una chica audaz y fuerte que tomaba provecho a situaciones increíbles, pero no recuerda su voz, ni su olor, ni su rostro, nada.

Es como si tuviese las emociones experimentadas pero un vacío en su mente que la alejaba de poder comprenderlo.

Había pasado el tiempo, terminando la universidad y tomando varios años de experiencia en el trabajo, Saskia era una persona que atraía a otras como si fuese un imán; tan alegre, viva y llena de colores, obviamente las personas se apegarían a su aura. Había hecho muchos amigos, y aún así, se sentía completamente vacía, como si las personas que verdaderamente tendrían que estar con ella no estuvieran.

—¿Me estas escuchando?

Saskia parpadea, saliendo de su aturdimiento.

—¿Eh?

Jack embosca una sonrisa mientras se termina de sacar el delantal de cocina.

—Que qué quieres de cenar. Que distraídas estas amor.

Había conocido a Jack en la universidad, él era el tipo de chico que todos quisiesen tener; trabajador, positivo, alegre y caballeroso, romántico pero no empalagoso. Lo era todo.

—Sí, creo que hoy he trabajado muchísimo. —Le sonríe.

—O quizá...—Rodea la mesa hasta llegar a ella. —Estas pensando que mañana es tu vigésimo séptimo cumpleaños.

—No puedo creer que ya tendré veintisiete años. —Suspira divertida. —Recuerdo que cuando tenía dieciséis quería cumplir rápidamente los dieciocho años, pero no recuerdo para qué y mírame ahora, veintisiete años...

—También quería cumplir los dieciocho años cuando era un niño, así podría ir a discotecas.

Saskia se ríe.

—¿Quieres que esta noche vayamos a un bar? —Preguntó. —Volvamos a ser adolescentes.

—Me encantaría.

Jack iba a hablar pero entonces notaron la presencia de Isaac y Sally en el umbral. Isaac lloraba mientras que Sally tenía los ojos en blanco, cruzada de brazos.

—¡Sally me golpeó! —Acusó a penas llegó.

—¡Ha sido sin querer, que pesado!

—Sally, no le digas así a tu hermano. —Jack regaña.

Isaac corre a llorarle a Saskia, Saskia lo coge en brazos y le arregla el cabello.

—¿Dónde?

—Aquí.

—No tienes moretón, amor. Estas bien.

—¿Y si muero?

—¡Que exagerado! —Chilla de nuevo Sally.

Jack la carga a ella.

—¿Quién quiere una piyamada en la casa de la abuela? —Cantó.

—¡Yo! ¡Yo!

Isaac chilla alegre al igual que su hermana, Jack se ríe y se va cargando a Sally con un brazo y a Isaac con el otro, dispuesto a llamar a su madre.

Saskia embosca una sonrisa mirándolos irse.

Lo tenía todo. ¿Por qué el vacío nunca se iba?

Tres horas después se encontraba arreglándose, se colocó un vestido junto a tacones y unos pendientes a juego. Cargó batería en el teléfono mientras tanto.

La puerta se abre, era Jack.

—¿Vamos?

—Claro.

Salió de la habitación y llegó a la sala, Sally vestía con un precioso vestido amarillo floreado con sandalias, Isaac con una de sus camisas hawaianas que tanto amaba y bermudas.

—¡Vamos!

Al salir y subir al coche, Jack dejó con su madre a Isaac y Sally, quienes fueron más que encantados, Jack se quedó hablando con ella mientras que Saskia veía algo distraídamente por su teléfono.

Jack volvió a meterse en el auto y condujo hacia el bar que tenía en mente.

Al llegar, se sientan en la barra y piden un trago.

—Hoy en la oficina he recibido una propuesta para follar en el escritorio. —Jack le cuenta entre risas. —No sabía que hacer, fue demasiado incómodo.

Jack era guapo, no era la primera vez que sus compañeras de trabajo le proponían algo, él era fiel a su esposa así que rechaza todo tipo de propuesta indecente y solía comentárselo a Saskia luego.

Saskia no se ofendía, conocía a Jack por años. ¡Era su esposo! Por supuesto que confiaría en él.

—No puede ser. ¿La misma de antes?

—¡Sí, es estresante trabajar con ella!

Ambos ríen.

Saskia bebe el trago de vodka y hace una mueca asqueada.

El teléfono de Jack comienza a sonar.

—Ag, es Patrick. —Confiesa mientras ve la pantalla con aburrimiento

—Hoy como no has ido a la oficina debe de estar desbordado de trabajo, atiéndele pobre.

Jack hace una mueca, su asistente era un grano en el culo. Suspirando pesadamente se desliza poniéndose de pie y sale del bar para atender afuera, dentro había mucha música y ruido de gente hablar como para entenderle.

Saskia pidió otro trago mirando aburridamente su alrededor.

Y entonces su vista cae en alguien que estaba sentado a lo lejos en la barra.

Era un hombre, moreno y alto, su cabello era corto y negro, vestía de un traje, tenía la cabeza gacha mientras bebía de un trago. Se lo veía abrumado, apagado y sin luz.

Saskia se deslizó en su taburete, cogió su trago, caminó hacia él y se sentó a su lado.

—¿Te sientes bien? —Preguntó apenas llegó. —¿Quieres que llame a algún familiar?

Él levantó la cabeza reconociendo la voz y cuando la miró su cuerpo se tensó al completo.

Saskia al ver sus ojos frunció un poco el entrecejo, se le hacia conocido pero no entendía de dónde.

—¿Sas...? —Se detuvo en seco, no podía decir su nombre, tenía que fingir no conocerla. —Oh, eh... Sí, estoy bien, descuida.

—¿Seguro? Si quieres te pido un taxi.

—Sí. —Se sintió raro de hablar con ella, aún estaba un poco sorprendido. —¿Y tú.... Estás bien?

—Claro, apenas llegue, aún no estoy borracha como quisiera.

Él la quedó mirando unos segundos, ella estaba igual de hermosa y perfecta como siempre, y lo que más le agradaba era que seguía teniendo la misma chispa alegre.

—No deberías venir a estos lugares sola.

—Oh, no estoy sola. Vine con mi marido, salió a atender una llamada.

—¿M-Marido?

—Claro, oh, no me he acercado a ligar ¿Eh? Solo me preocupé, que estoy casada y con hijos.

—¿Tienes hijos?

Todo le resultaba increíble, la última vez que la había visto era solo una adolescente, y ahora parecía haber formado toda una increíble vida.

—¡Claro! —Se animó visiblemente, ella siempre se alegraba al hablar de sus hijos. —Tienen cuatro años, son mellizos.

—Mellizos, que bonito.

«E irónico.» pensó.

—Sí, ¿Tú estás solo?

—Si, siempre lo estoy. Mi amigo cumple años así que espero que sean las doce para ir a saludarlo.

—¡También cumplo años mañana! Que genial, siempre me dio curiosidad las personas que cumplen el mismo día

Él sonrió de lado. Si supiera...

—Oye, no es por ofenderte pero realmente te ves mal. ¿Seguro no quieres un taxi?

—Estoy bien.

—¿Me quieres contar? Soy psicóloga, especializada en niños pero... bueno, ¿Qué más da? Todos somos niños a veces.

—La chica que me gusta murió hace años, mañana seria su cumpleaños también.

—Oh... Bueno, me gusta pensar que la muerte no es algo malo ¿Sabes? Creo que cuando vives soportas muchas cosas negativas, hambre... dolor..., emociones. Me gusta pensar que esas personas ahora están sobre una nube bebiendo un daikiri, probablemente burlándose de los rostros que ponemos al llorarles.

—Eres muy positiva. —Sonrió jugando con su índice tocando el borde de su trago.

—Me gusta mantener la esperanza incluso en situaciones sin mucho retorno. —Admite.

—Hey, Saskia.

Jack llegó hacia ellos, miró a su esposa y luego miró al hombre, embosco una sonrisa.

—Un gusto.

Él respondió sólo con un asentimiento con la cabeza.

—Me has agradado, ¿Quieres beber con nosotros? —Saskia le preguntó.

Él miró a Jack, parecía también querer recibirlo, no obstante, no soportaría verla en un momento unido a otro hombre así que negó con la cabeza.

—Creo que mejor me iré. Fue un placer.

Se quiso poner de pie, sin embargo Saskia lo sujeta del brazo.

Al tocarlo sintió como todo su cuerpo se contraía, sus músculos se tensaron, el bello corporal se erizó y un látigo de estremecimiento recorrió toda su columna vertebral.

Levantó la cabeza, confusa, y más confusa se sintió cuando vio que él también había tenido ese efecto.

Cuando lo tocó el vacío que sentía su alma se esfumó, fue como si tuviese la respuesta a sus preguntas en sus manos.

—Disculpa. —Lo soltó, avergonzada. No supo porqué tuvo ese atrevimiento de sujetarlo, fue casi una reacción instantánea del cuerpo. —Fue un placer conocerte, soy Saskia Hewitt.

Él, quien había sentido lo mismo, la miró unos segundos. El nudo en el pecho y garganta hizo que tomara unos segundos para responder.

—El placer fue mío.

—No me has dicho tu nombre.

—Blair. Blair Van Ewen.

Miró a Jack, asintió con la cabeza en su dirección en forma de despedida y se fue.

Saskia quedó mirando el lugar vacío en la silla donde antes estaba sentado Blair, luego bajó su vista a sus manos.

Quiso entender que había sentido, y porqué tenía ese extraño cosquilleo en su nuca, espina dorsal y yemas de sus dedos.

—¿Estas bien, amor? —Jack se sentó ocupando el lugar de Blair. —Te has puesto pálida.

—Sí amor. —Le sonrió. —Creo que tengo la presión baja, eso es todo.

Jack besa su frente, y ella sonríe ante el acto.

—Feliz cumpleaños, amor.

Miró el reloj de su mano, tenía razón, eran las doce.

—Gracias. —Beso sus labios.

—Bueno, el pastel quedó en casa pero... —Saca un encendedor de su bolsillo y luego lo prende, haciendo una pequeña llama entre ellos. —Me daba ilusión de que soples un deseo ahora.

Saskia sonrió.

—Nunca he soplado a un encendedor.

—Nunca dejas de tener primeras veces, amor.

Saskia pensó en que desear divertidamente. ¿Qué podía pedir? Tenía un marido perfecto, unos hijos maravillosos, un trabajo estable, amigos por lo quier, casa de ensueños y estabilidad económica. Estaba tocando el cielo con sus manos, todo resultaba genial.

Al fin de cuentas, sopló el encendedor y Jack soltó el apriete al mismo tiempo haciendo que la llama se apagara.

—¡Felices veintisiete años, de nuevo amor!

Saskia dio pequeños aplausos divertida.

Blair, a lo lejos, los observaba.

No, él no tendría un bonito final feliz.

Se giró yéndose, al llegar al auto conduce hacia el aquelarre de Cole, al llegar, entra y mira con curiosidad la decoración.

Los globos negros, blancos y dorados colgados por todas partes daban una imagen serena y bonita, había banderines de los mismos tonos claros, la música estaba suave mientras que los integrantes del aquelarre de Blair y del aquelarre de Cole, se veían por el lugar. Eran sin duda los únicos aquelarre al cual se unía entre ellos.

Caminó entre las personas, las fiestas de Karteen eran únicas, cuando Andy—la hija de Karteen y Cole—, se dormía todo comenzaba a ponerse bueno. Pasaba de ser una fiesta acto para todo público para ponerse realmente asombroso. Cada año asombraba de maneras distintas.

—¡Blair!

—¡Cole!

Se abrazaron.

—Feliz cumpleaños, líder. —Blair le extendió el sobre negro, al cual era su regalo.

—Déjame adivinar... —Bromeó Karteen, apareciendo a su lado. —Entradas para el partido de fútbol americano de la próxima semana.

—¡Hey!—Se quejó. —¿Tan predecible soy?

—Todos los años regalas lo mismo. —Comienza a reírse. —Andy te está buscando, está muy inquieta hoy.

Blair sabía que la pequeña de cabello alocado siempre buscaba pasar tiempo a su lado, era su tío favorito y lo demostraba todo el tiempo. —Pese a que era el único tío que tenía —.

—Magnífica fiesta, Karteen.

—Como siempre. —Ella suspira. —Casi me da un infarto cuando trajeron una marca de vodka distinta a la que me gusta, pero la conseguí, todo es genial.

Blair sonrió. Karteen había pasado muchas malos momentos en su vida y ahora su único problema sería que marca de vodka elegir. Daba una sensación cálida en el pecho, aunque Blair no tuviese felicidad ella la tenía, y eso era reconfortante.

Se odiaban, se insultaban y pocas veces se soportaban pero aún así, Blair se alegraba de que por fin Karteen tuviese paz.

—Iré a buscar a Andy. —Avisa.

—¡Está en el jardín!

Blair se vuelve a escabullir entre las personas, esta vez chocando a unas pares a la vez. Karteen no tenía piedad ni límites a la hora de invitar. Cuando por fin llegó al jardín, logró ver la figura de Andy junto a las plantas, si algo amaba la niña era estar entre las flores.

—Tú mamá te matará si te ensucias aquí.

—¡Tío!

Ella corre a abrazarlo. Blair se pone de cuchillas para recibirla, ella se separa luego de unos segundos.

—¿Has visto la fiesta increíble que hay?

—Sí, es genial.

—¡Sí! Papá cumple muchos años ya.

—Lo sé. Pronto tu también. ¿Eso es una cana? —Quiso tocarle el cabello divertido pero ella puso mala cara, casi como un puchero. —Anda, no te pongas así que sino pareces la fotocopia de tu madre y que horror.

Eso hace que Andy olvide su indignación y se ría.

—Papá me contó la historia de su melliza.

—¿Sí? —Su día no podía empeorar.

—Sí, me ha dicho que era la persona más alegre y bondadosa del mundo.

—Sí, lo fue.

«Y lo sigue siendo» Pensó.

—¿Me contarás sobre ella?

—¿Qué quieres saber?

—¿Cómo la conociste?

—Llegó con tu hermano y su tío impestados de barro, estiércol, y su tío con la pierna rota.—Sonríe. —Fue una fiesta de gala, muy elegante y ellos llegaron así, ¿Sabes que hicieron ella y tu padre? Sonreír y saludar a todos con la mano, como si no hubiesen llegado en esas condiciones.

—¿En serio? —Sus ojos se brillaron de la emoción.

—Hace mucho no se habla de ella, Andy. Es un tema prohibido porque a tu padre le pone mal pensar en ella, mucho más hablar.

—Pero tú me contarás la historia ¿No?

—Claro. ¿Cómo resistirme a tus encantos? —Bromea. —Ella el primer día...

—Espera, espera, ¿Qué clase de contador eres? Si me contarás su historia tienes que decirme como es el título.

—¿El título? —Se ríe.

—Claro. El título.

—Mmm... a ver. —Echo su cabeza hacia atrás, pensativo. —La última vez que hablé con ella le dije como era la magia era extraño, inusual, raro pero maravilloso, encantador... Lastima que no le dije que ella era la clara imagen de algo así.

Sonrío tristemente, recordar su partida siempre fue algo agridulce.

—Su historia es sobre una desastrosa bruja que no sabía ni siquiera como mantenerse parada sin arruinar algo, su suerte era una mierda, pero contaba con la inigualable compañía de su hermano mellizo, y justo se unieron a una aventura increíble.

A Andy le brillaron los ojos al escuchar a su padre, amaba cuando todos lo idolatraban.

—Y su historia..., se llama Selcouth.

FIN

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