Durante la cena había insistido a Leslie una y otra vez, pero sin éxito alguno. No hubo manera de que me lo soltara. Leslie guardaba muy bien los secretos. Seguro que lo sabía todo el mundo menos yo. Lo más probable era que Agus también estuviera al corriente de esto.
El puré de Judy al final si que iba a parecer estar embrujado de verdad. No había probado cosa igual. No digo que la señora Burke cocinara mal, pero tampoco muy bien. Era totalmente cierto que preparaba platos exquisitos pero sin duda, el puré no era su fuerte.
*Quizá si llevé tripas de monstruo*.
Leslie y yo comíamos una cucharada cada cinco minutos y nos mirábamos con una expresión de sufrimiento. Parecíamos aquellos pobres niños de África que muchas veces aparecían en las noticias que sufrían por no pegar un solo bocado. Pero nuestro caso era diferente, sufríamos cada vez más y más cuando comíamos ese vomitivo puré. ¡Oh! Como deseaba acabar ya el plato. Pero cuando terminamos, la señora Burke nos lo volvió a rellenar.
-Pero Judy... -Se quejó Leslie mirando el plato angustiadamente.
-Venga Leslie, haz un último esfuerzo, hay millones de niños en África muriéndose de hambre, no podemos derrochar la comida. -Decía mientras me volvía a llenar el plato.
-Si a esto se le puede llamar comida... -Escuché susurrar a Leslie.
Todas las madres sacaban lo de los niños de África, ya quisiera yo darles toda la cazuela de puré y todas las que quisieran. ¿Dónde está mi perra cuando la necesito? Ella dejaría el plato como los chorros del oro.
-Ni los niños de África comerían esto. -Le replicó Leslie a su madre removiendo su cuchara en ese espeso caldo.
El señor Burke soltó una tímida carcajada y escondió su cara en el libro que sostenía en la mano. "Asesinato en el Orient Express", de Agatha Christie, logré traducir fijándome en la contraportada.
-¡Pero jovencita! Nunca te has quejado de mi puré de calabaza. -La señora Burke puso las manos en jarra.
-Porque se lo daba a él. -Confesó Leslie señalando a P.T.
P.T. movió el rabo enérgicamente y fue a lamerle la mano a su dueña.
En ese momento me levanté de la silla.
-Muchas gracias por la cena Judy. -Le dije sonriente.
Leslie me fulminó con una mirada airada y se levantó de su asiento con cuidado.
-Ya podrías aprender un poco de él.-Resopló Judy echando a la cazuela el puré que había sobrado en nuestros platos.
El señor Burke levantó la mirada de su libro y atendió por unos instantes la situación.
-Sí, seguro... -Me miró Leslie de reojo.
Le pegué un codazo a punto de empezar a reír. Subimos a la habitación, esta vez, cada uno a la suya. Sabía que no le iba a sacar nada a Leslie, por lo que decidí ser paciente y esperar a mañana.
Ya al día siguiente, me levanté un poco más tarde de lo habitual, hacía un día impecable. Ya casi era mayo, y abril se despedía de sus últimos días con los rayos de sol más radiantes de todo lo que llevábamos de primavera.
Bajé a desayunar y me di cuenta de que Leslie no estaba por ningún sitio. Seguro que estaba en Terabithia, por el momento decidí no acercarme al lugar. Me dirigí tranquilamente al desván y recogí mi pelota empolvorada por la suciedad. Hacía un día tan maravilloso que estaba yo como para no aprovechar al máximo este estupendo día.
Detrás de la casa, había una gigantesca pared ya en ruinas de una antigua casa ya derribada hace años. La toqué y vi que resistiría los balonazos por lo que me puse a ello.
Al cabo de un rato cogí mi pelota y emprendí camino hacia casa, me aburría jugar solo...
*Seguro que Agus jugaría conmigo*.
Entonces una voz me detuvo.
-Te he estado buscando por todos lados. -Comenzó a decirme Jess fatigado.
Iba acompañado de su hermana May Belle. Tendría unos siete años, era de pelo castaño y tenía una cara muy simpática.
-¿No se te había ocurrido buscarme en casa? -Le pregunté de brazos cruzados.
Jess sonrió un momento y su pequeña hermana le miró fijamente esperando una reacción de su hermano.
-He venido a pedirte disculpas. -Jess se acercó al porche.
Se me iluminó el rostro.
-¡No puede ser! ¡A qué se debe este honor! -Dramaticé la situación.
May Belle comenzó a reír.
-Entiendo que estés algo molesto... Pero ese dibujo era muy especial para mí. Era lo único que me quedaba de Leslie. Soy un poco rencoroso, ¿sabes? De verdad que estoy muy arrepentido, en serio. Después de Leslie, tú fuiste el primero en intentar que fuéramos amigos, y no paraste hasta conseguirlo. Como lo hizo Leslie en su día y eso me hizo recapacitar. Te considero mi amigo. No sé si tu me consideras amigo, pero yo quiero que sepas que esto es verdad.-Me miró esperando respuesta-. Bueno May Belle, vámonos.-Concluyó estirando su brazo al hombro de su hermana.
Boté el balón y le contesté.
-¡Espera!
Jess se giró rápidamente.
-Yo también siento haber sido un idiota...-May Belle me interrumpió.
-¡Jess! Ha dicho una palabrota. -Le gritó a su hermano estirándole de la manga.
-¡Calla May Belle! -Le dijo enfadado.
-No le grites, me ha comenzado a caer bien. -Le sonreí sacudiéndole su esbelta melena de color castaño.
May Belle me sonrió angelicalmente.
-Bueno, como iba diciendo. Perdona por todo. Perdona de nuevo por lo del dibujo. Tenías todo desparramado por la cabaña, no sabía que es tubo de pintura estaba ahí, no lo hice a propósito. Y sobretodo perdona por haberme hecho "amigo" de esos ignorantes, por mi culpa han descubierto Terabithia, deberíais desterrarme del reino de por vida. -Finalicé algo desanimado.
-¿Desterrarte? -Jess no pudo evitar reír-. Todo lo contrario. Venga, vamos. Agus ya debe de estar ahí.
Un gesto de incredulidad irrumpió en mi rostro. Hice caso a las palabras de Jess. Era el rey de Terabithia y si el rey te invita a entrar, no te queda más remedio que ir sin reprocharle.
Atravesamos el puente y al otro lado se encontraban Leslie, y Agus riéndose de algo. Posiblemente de P.T. que estaba revolcándose en una enorme bola verde de musgo que estaba junto a los pies de un viejo olmo.
-¡Ah, hola chicos! ¿Ya habéis arreglado todo? -Nos preguntó Leslie retirándose un mechón de pelo rubio de la frente.
-Claro que sí. -Respondimos finalmente mirándonos con el rabillo del ojo sonriendo.
-Bien. Bueno, hoy se va a celebrar un acontecimiento un tanto especial en este, nuestro reino. Algo que marcará la historia de este lugar. La reina ha regresado y hoy se celebrará su renombramiento como reina de Terabithia. Por favor, acompáñenme. -Dijo Jess haciéndole una reverencia a Leslie.
Jess le pegó un pellizco a Agus para que también se inclinase.
-¡Au! -Agus se inclinó.
Y May Belle y yo hicimos lo mismo.
Los cinco nos dirigimos hacia donde Jess nos conducía. Finalmente llegamos a un lugar invadido por la penumbra del bosque. Se veía poco pero se podía apreciar lo bonito que era.
-Jess, tengo miedo. -Se escabulló May Belle detrás de su hermano.
-Tranquila, yo estoy contigo.-Le tranquilizó.
Al parecer ser estábamos en el Pinar. Había oído hablar de él a Leslie un par de veces, era su lugar preferido después del castillo de Terabithia. Las copas de los árboles eran tan densos que a través de ellas no podía pasar la luz del sol. Ni arbustos ni yerbas crecían y el suelo estaba alfombrado de agujas doradas.
-Antes pensaba que este sitio estaba encantado... -Confesó Jess algo tímido.
-Y lo está, pero no debes de tener miedo, no está encantado con cosas malas. -Sonrió Leslie.
Leslie llevaba toda la razón, podías sentirlo, con tan solo escuchar el silencio y paz que daba ese lugar, se podía apreciar. Se hizo un silencio parecido al de cuando la Srta. Edmunds terminaba una canción, cuando las cuerdas de la guitarra dejaban de sonar.
-Comencemos. Este no es un lugar cualquiera, y lo he elegido por ello. Hasta los soberanos de Terabithia solo entran en este lugar nada más que en momentos de profunda tristeza o de alegría. Nuestro deber, es que este lugar siga siendo sagrado. No sería bueno que molestáramos a los espíritus del bosque. -Finalizó Leslie mirando fijamente a todos.
-Ahora, terabithianos, amparad Terabithia, a su pueblo y a nosotros sus soberanos. -Levantó Jess la vista al cielo-. Oh vosotros, Espíritus del Bosque. Vuestro brazo derecho nos ha concedido el retorno de la reina. -Leslie sonrió-. Por ello, yo, rey y soberano de Terabithia, concedo esta corona a la princesa de Terabithia, May Belle, para coronar legítimamente a la reina de Terabithia. -Jess entregó la corona y se encapuchó la suya.
Tras el procedimiento aplaudimos y P.T. comenzó a menear el rabo alegremente.
-Muchas gracias por su atención terabithianos, ahora, yo, me dirigiré hacia ustedes para presentarles a los nuevos príncipes de Terabithia. -Leslie, Jess y May Belle aplaudieron solemnemente.
-Acercaos mis príncipes. -Nos reprimió Leslie.
Agus y yo nos miramos sorprendidos. Fuimos hacia Leslie y nos puso sobre la cabeza dos coronas más.
Leslie, Jess y May Belle nos hicieron una reverencia y Jess se dispuso a hablar.
-Ahora pertenecéis a la Corte de Terabithia. ¡Bienvenidos a la realeza! -Jess alzó los brazos al cielo y una ráfaga de viento batió con fuerza contra las ramas del Pinar.
-Yo pensé que íbamos a coronar a Leslie, boludo. ¿Cómo no informaron de esto? -Preguntó Agus alucinando con lo que estaba pasando.
Agus había estado estos días preparando el acontecimiento junto a Leslie, May Belle y Jess, pero al parecer ser, tampoco sabía que iban a coronarle príncipe de Terabithia.
Jess se le acercó, le tomó del hombro, y mirándole a los ojos, le sonrió.
En ese momento comencé a entender con plenitud y detalles este lugar. Ahora veía y escuchaba al igual que Jess y Leslie. Ahora veía Terabithia y por fin descubrí quienes eran los terabithianos. La corona, pareció haberme transmitido toda aquella magia necesaria para creer en este lugar y sus seres.
La Corte real de Terabithia, estaba por primera vez al completo.