Desde Las Sombras

By vampa_slav

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Un mundo en el que la desigualdad y la opresión abunda, han convencido a la población de que existe un mal qu... More

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By vampa_slav

Tormentosas noches de soledad, el aire se filtra por las heridas abiertas que ahora ya no duelen, prácticamente no siento nada.

He fantaseado con el final de mi vida y lo añoro cada día que pasa, es una cruel decepción abrir los ojos y enfrentarme al mismo infierno al que estoy acostumbrado, pero, no puedo hacer nada al respecto, no tengo el control sobre mí.

El bullicio y los descuidados susurros que bien podrían considerarse revoloteo de aves diurnas sobre la copa del abedul atrofian mi tranquilidad, es un sonido que no extraño, era inquietante, molesto y no creía que pudiera volver a atestiguarlo. Resulta muy curioso despertar tal como lo hacía antes, es una interesante experiencia que espero no volver a repetir.

—¿Quién incendia la cocina? —Grité aún recostado sobre la cama apenas alzando la voz unos cuantos decibeles, me permití el lujo del escándalo pues este ya predominaba en casa antes de que contribuyera.

—E... eee, ¿ya estás despierto? —Preguntó una voz en tono de preocupación y evidente asombro, con el ajetreo que interrumpió mi sueño y la temblorina de su voz desde que comencé a percibir el molesto y chillón sonido carente de afinación y con tan poca discreción que emite siempre que abre su hocico ya me hice una idea de lo que se esta gestando allá arriba.

—No, sigo dormido

—Bien, no te despiertes aún

Me quedé en silencio contemplando el abismo, pensando si aquello fue una respuesta sarcástica y graciosa, pero descarté inmediatamente esa deducción pues aquella bestia, pulgosa, maloliente, ruidosa, fastidiosa, sucia, ¿ya dije ruidosa?, era incapaz de identificar la izquierda de la derecha, los colores, los días de la semana... No podía hacer nada solo, completamente inútil, era el tipo de ser vivo que se tomaba todo literal así que no era de sorprender que esto también lo hubiera entendido así «Mozart, eres un pendejo», pensé para mis adentros y procedí a cerrar mis ojos con la esperanza de poder quedarme dormido nuevamente, no logré mi cometido ya que a penas dejé de hablar, el caos reinó nuevamente.

Contemplaba mi impoluta imagen frente al espectro reflejante una vez más antes de enfrentarme al mundo de arriba custodiado por la estúpida criatura infernal con la que cohabitaba, era verdaderamente poderoso y sumamente fuerte pero también era un imbécil ignorante, no sé si aquello último potenciaba más su poder, pero igual me manejaba con cuidado como siempre solía hacerlo con los de su especie.

Al mirar el desastre que había por todos lados desee no haberme quedado en la cama un rato más pues me llevaría toda la noche regresarle el orden a la humilde morada de un rey que era incapaz de preparar un simple sándwich de queso sin quemar nada y eso contemplando que no era tan necesario usar la estufa para elaborar tal platillo, al ver las mechas atascadas por una viscosidad amarilla quise retractarme de inmediato de haber especificado "derretido" a la hora de nombrar cuál era mi comida favorita pero ya era demasiado tarde.

—¡FELIZ CUMPLEAUGHgjksuld...

Coloqué rápidamente ambas manos sobre su boca y la impresión en conjunto con la fuerza y velocidad de mi movimiento provocó que mi compañero callera de espaldas y yo encima de él, con algo de vergüenza dejé de tocarlo.

—Feliz cumpleaños, colmillos —Me susurró pícaramente provocando ardor en mis mejillas, "colmillos" era el apodo cariñoso con el que se refería a mí.

Movió sus dos brazos para que notara lo que sostenía, unos cuantos globos dorados y negros brillantes con forma de estrella que ponían "Felicidades Graduado" inflados con helio en su mano derecha y en la izquierda un plato con un único sándwich tostado con jamón de pavo y queso derretido apuñalado en el centro con una vela vertical aún encendida.

La destreza que representaba aquello era el motivo que me recordaba por qué seguía soportándolo, una gran habilidad protectora era sagrada para los de mi especie pues estábamos en peligro de extinción.

Me levanté rápidamente, tan veloz como nos había hecho caer, a él le costó un poco más, con lo enorme que era debido a sus abundantes músculos y sosteniendo aún los presentes que llevaba en sus manos se puso de pie con lentos movimientos.

—Sabes que está prohibido celebrar mi cumpleaños —le dije recobrando la compostura, él ni se inmutó por mi comentario, dejó el plato en la mesa y amarró los globos a la llave del grifo.

—Excepto que no celebramos tu "cumpleaños" —dijo con una voz burlona y juguetona, —Celebramos nuestro cumpleaños de amistad—.

Cruzó los brazos y me miró con suficiencia, se veía tan seguro de si mismo, si supiera que en mi mente se veía como todo un estúpido. Nos habíamos conocido justo el día de mi cumpleaños un 22 de mayo, unos chicos se burlaban de su nombre, más en concreto de la ironía que representaba, su padre era el respetable rey del clan Lycan y un gran ingeniero biomédico, era una lastima que toda esa inteligencia se la quedara sólo él ya que en su hijo no había ni rastro de aquello. Lo había llamado Wolfgang Amadeus por aquello del "Wolf" y para hacerle honor a un gran genio de la música, le tenía demasiada fe a su cachorro y fingía tenerla cuando era evidente que no poseía materia gris.

Alguien tan carente de razón y tan enajenado del mundo con un nombre como ese resultaba ser un almuerzo de 5 estrellas servido en bandeja de plata para los bullys del colegio y no voy a mentir, a mí también me parecía gracioso, mis amigos y yo solíamos sentarnos al sol para mirar como el hijo del rey era objeto de burla y este decía incoherencias creyendo que se defendía, pero sólo hacía el ridículo y daba lástima.

Todo cambió cuando en mi cumpleaños número 15 mis "amigos" me hicieron una sorpresa especial, era nada más y nada menos que unirnos al grupo que atacaba a ese ser, una cosa era burlarse a lo lejos y otra era participar, sobretodo porque ese día planeaban amedrentarlo físicamente, no siempre se vio como ahora, de adolescente tenia una figura escuálida y patéticamente frágil, la desventaja física y numérica hacían que mi moral ganará el juicio, vi sus ojos llenos de coraje y valentía, en ellos no había pizca de miedo, estaba dispuesto a enfrentarse a lo que sea, esa fuerza me estremeció, pero no fue lo que hizo que me volviera en contra de los míos, lo que llamó mi atención fue que me vi reflejado en él, siendo el menor de 4 hermanos, ser asaltado por seres con clara ventaja sobre ti era humillante y degradante ya que no puedes hacer nada, pero él estaba por enfrentarse al doble de personas que yo y no tenía miedo ni vergüenza ni parecía humillado, a pesar de todo parecía tener confianza en que podía manejar el asunto, casi parecía alegrarse de que ese día fuera diferente, de que hubiera acción en lugar de palabras y luego todo comenzó, me negué a asestar el primer golpe, todos se volvieron contra mí pero Wolfgang impidió que tocaran uno solo de mis cabellos, acabó con todos en segundos sin siquiera despeinarse, ahí comprendí lo que era la fuerza de un Lycan pues aunque pareciera que con tan sólo soplar saldría volando logró tal hazaña en segundos y al cuestionarle por qué lo hizo solo dijo que yo parecía ser como él, en ese momento me ofendió, la percepción que tenía de él era tan mala en todo sentido que compararnos me sonaba como insulto, compasión no era lo mismo que comparación, pero como ahora debía seguirlo para que me cuidara de quiénes alguna vez fueron mis amigos fui notando que tenía razón.

Tardé un tiempo en notar que aquellos globos que flotaban tristemente en nuestra cocina eran exactamente los mismos que me había regalado el día de nuestra graduación, nunca lo había visto tan feliz, como ese día, aunque para él era un día importante pues inmediatamente después se le coronó como rey del clan Lycan tras el fallecimiento de su padre, lo que le devolvió la luz a sus ojos fue por fin darme un regalo para celebrarme.

A los de mi especie se les tenían ciertas prohibiciones y restricciones, una de ellas era celebrar cumpleaños pues en teoría nuestra edad se congelaba y era una falta de respeto a la tradición seguirlo celebrando aunque fuera de forma simbólica, hacerlo ameritaba un juicio y una sentencia que se vería reflejado en el expediente lo que afectaría mis oportunidades laborales pues nadie contrataría a un "criminal", de por sí ya era difícil que quisieran contratar a alguien que sólo puede trabajar de noche, "después de la conversión se prohíbe, también aparecer a la luz del día", por los contratiempos que esto conlleva, casi todos terminan siendo amos de casa o sirvientes de algún Lycan de la nobleza o muy rico, Mozart nunca me trató así, siempre me respetó y buscó mi independencia, cuando las cosas se pusieron difíciles entonces volvió a interceder por mí y me nombró su sirviente de título sólo para que un ricachón abusivo no se aprovechara de mí.

Mozart era el apodo cariñoso con el que me refería a aquel grandulón, quién me había sorprendido verdaderamente el día de hoy, puso especial cuidado al celebrar una fecha importante para mí, aunque ya no tuviera relevancia social.

—Adivino, tu regalo para mí además de estos tristes globos jubilados y el único aperitivo que no se quemó es mantenerme ocupado toda la noche limpiando tu guarida

—Feliz aniversario

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