Even You

By aroocaa

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A veces nuestro peor miedo somos nosotros mismos, en esta ocasión mi miedo eras tú. Después de diagnosticar c... More

1. Aquel verano cuando todo cambió.
2.Primer día
3. Visitas inesperadas.
4. Papá, no.
5. Más que una mordida.
6. Papá, sí.
7. Perder el control.
8.Gente rota.
9. La historia de una farsante.
10. Cicatrices permanentes.
11. Profundos momentos.
12. Rendirse siempre fue una opción.
13.Puntos débiles. [Parte uno]
14. Puntos débiles. [Parte dos]
15. Alejarme de ti.
16. El inicio de "algo".
18. Desconocido. [Parte dos]
19. Odioso.
20. Nos destruimos sin darnos cuenta.
21. Trance.
22. Especial Halloween.
23. Letal.
24. Después de un atardecer.
25. Pesadillas no tan reales.
~ACLARACIONES ~
26. Prenderle fuego a la lluvia.
28. Retroceder hacia delante.
28. ¿Qué tan profundo es tu amor?
29. No cierres los ojos.
30. Poco a poco.

17. Desconocido.

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By aroocaa


Entre la penumbra de mi habitación trato de hallar cualquier cosa para mantener la cordura, la figura negra avanza hasta quedar con las manos apoyadas en mi cama, los escasos rayos de luz que entran por la ventana me permiten ver su rostro.

Su siniestro y misterioso rostro.

–Hola Layla, ¿Me echabas de menos? –Susurra con voz franca.

No entiendo nada, suelto ligeramente el agarre de mis rodillas.

–¿Cómo has entrado?

–¿Acaso importa?–Responder rápido y seco parece ser su pasión.

Intento disimular el miedo en mi voz reforzándolo con rudeza. –Jack, ¿Qué haces aquí?

–Demasiadas preguntas, ¿No?

Noto sus antebrazos más cerca de mi cuerpo, yo me regodeo impulsándome contra el cabezal de mi cama, todo sin apartar la mirada. –Bueno, teniendo en cuenta que un capitán perfecto de fútbol en un instituto enemigo está en estos instantes en mi habitación a las –hago una mirada a mi muñeca haciendo ver que tengo un reloj.—1:30 de la madrugada espiándome mientras duermo, creo debería tener el mínimo derecho a preguntar, ¿Me equivoco?

Jack muestra un poco sus dientes en otra de sus innumerables curvas siniestras, ante el reflejo de la Luna su pelo luce azul oscuro brillante, él luce jodidamente brillante.

–Bien Sherlock, ven conmigo. –Dice mientras me toma una mano para qué salga de la cama, yo se la rechazo con bruteza.

¿Qué pretende?

–¿Por qué debería?

–Fácil, quiero enseñarte algo.

–¿Y si no quiero qué me lo enseñes?

Jack se para en seco y gira sobre si hasta quedar frente a mi, cada día tengo más curiosidad para descifrar a los "hermanos" misteriosos, prometo qué algún día descubriré aquello que ocultan. La expresión de el chico ahora se torna fría y un tanto turbia.

–No me gusta que me desobedezcan o que me lleven la contraria, así que si no vienes por las buenas... –La yema de su dedo roza la punta mi nariz con aire juguetón. –...voy a tener que llevarte por las malas.

El ardor quema mis sonrojadas mejillas y me aparto antes de que Jack lo pueda notar. Muchas preguntas dan vueltas en mi cabeza, pero sobretodo tengo un mal presentimiento.

¿Cómo ha entrado?

¿Cuanto tiempo lleva aquí?

¿Que ha venido a hacer?

¿Y qué tiene que ver conmigo?

Finalmente doy la respuesta, pero no la que él se esperaba. –No voy a ir contigo, ni loca salgo en plena noche y con un desconocido.

Jack chasquea la lengua con fastidio antes de pasar el límite del roce y susurra. –Por las malas entonces.

Unos segundos después, unas manos rodean mi cintura impulsándome hacia arriba, él me carga en sus hombros cómo un saco de patatas que no pesa nada, literalmente, me carga sin esfuerzo alguno, yo doy patadas y lo araño por todos lasos pero a él no lo afecta, hasta le ruego que me deje bajar pero no cede, el punto es qué salimos de casa y el frío de la noche roza mis muslos desnudos, helándome cada detalle de mi cuerpo, realmente la temperatura es muy baja.

–¡Jack! ¡Suéltame! ¡Me estoy helando! –Le grito.

Él parece ignorarme, da igual si yo muero, esto ya empieza a preocuparme demasiado, la sangre me sube a la cabeza mientras veo el suelo pasar. Las lágrimas inconscientes empiezan a salir. Y dejo de oponer resistencia.

–Jack. ¿Me vas a hacer daño? ¿A dónde me llevas?

–No llores, no seas tan dramática. Odio a la gente débil.

No respondo nada.

Jack me sigue cargando así hasta llegar a un callejón sin salida, allí me deja bajar. En un gesto rápido me abrazo a mi misma con las manos para coger algo de temperatura. Él se quita su sudadera negra y se queda en camisa, aprovecho para identificar el lugar, pero no logro reconocerlo, sólo veo una moto enorme, completamente negra y a juzgar por los detalles muy cara.

–Póntela. –Giro mi cabeza para encontrarme a la mano extendida de Aiden con la anterior sudadera.

No quiero nada que sea tuyo, prefiero morir helada.

–¿Qué manía tienes en desobedecerme? Póntela, o te la pongo yo.

No quiero que se acerque demasiado a mí así qué la paso por mi cabeza a mala gana, me queda demasiado grande, no se me ven ni las manos, es normal Jack es mucho más alto y grande qué yo.  Sus ojos me examina con la mirada de arriba a abajo antes de volver a mis ojos.

–Bien, sube.

Señala la moto con su dedo.

Pongo cara de confusión.–¿Qué?

–Agh, qué subas a la maldita moto.

Él se sube y acomoda sus caderas para dejar un hueco detrás de él en la moto , ese es para mí. Sé qué será peor si no me subo, así que decido hacerle caso y subirme detras, noto como se tensa al rodear mis manos por su abdomen. Apoyo mi cabeza con miedo en su formada espalda.

–Jack. –Digo en voz baja.

–¿Qué?

–Nunca he montado en moto.

Aunque no pueda verle estoy segura de que está sonriendo amargamente. –Siempre hay una primera vez. –Este arranca el motor y yo pego un saltito en el asiento por el susto, sé que ahora mismo tengo la dignidad por los suelos, pero estas cosas me dan mucho pánico. Aprieto más el cuerpo de Jack contra el mío, cómo si hubiera pegamento ultrapotente entre ambos. Jack aún se pone más rígido y estremece sus manos contra los dos manillares.  –No hace falta que me estrangules. Aún no estamos en marcha.

A pesar de ello no disminuyo la fuerza, no me juzguéis, estoy sufriendo por mi vida, ¿vale?

–Jack. –Susurro con la voz temblorosa.

–¿Qué? –Esta vez con tono cansado.

–Por favor, no vayas deprisa. Yo... –Niego con la cabeza. –...tengo miedo.

–Agárrate fuerte, miedica, porqué yo también sé llevar la contraria.

He visto cómo Jack ha hecho un movimiento brusco con el pie y en seguida lo ha subido hasta los pedales, todo ha pasado tan rápidamente que no he tenido tiempo a procesarlo, él va a mucha velocidad seguramente más de la permitida, en cualquier momento puede venir un coche por la otra dirección y atropellarnos, los sistemas de alarma de mi celebro se activan desmesuradamente mientras él conduce peligrosamente por un camino de tierra, estes emiten un claro y conciso mensaje;

Layla, reza por tu vida y agárrate a ese chico cómo si fuera el último yogurt de la nevera.

En este momento lo único que puedo hacer es estrujarme a la camisa de Jack, creo que le he clavado las uñas hasta las costillas, pero enserio, va muy deprisa, la coleta mal hecha que llevaba se ha desatado con el viento, ahora que lo pienso, ni siquiera llevo casco, eso es ilegal. Perfecto. Lo último que me faltaba.

Jack cada vez acelera más y yo siento que me voy a desmayar, odio esta sensación y sobre todo, tengo mucho miedo, veo los faros de luz de las calles pasando a toda velocidad por delante de mis ojos formando una línea recta.

Ahogo un grito entre el ruido del viento chocando en nuestros oídos y el del motor.
–¡¡¡JAACKK!!!

Pasan unos segundos antes de escuchar su voz. –¡Relájate Layla! ¡Sólo, siéntelo!

–¿¡SENTIR EL QUÉ!? –Grito más fuerte.

–¡TODO, PERMÍTETE SENTIR LIBERTAD POR UNA NOCHE!

¿Cómo?

Este chico no está bien de la azotea.

Pero.

¿Por qué no?

Lentamente aflojo un poco el agarre, lo justo, después voy abriendo los ojos hasta quedar maravillada ante la vista, una carretera muy grande con curvas, no sé cuanto tiempo llevamos en la moto pero al lado de la carretera, un poco más abajo, la luna ya recae sobre una playa preciosa, el aroma a agua salada me invade las fosas nasales y el viento alborota mi pelo destapándome la cara, separo esta de la espalda de Jack para observarlo todo mejor. No hay ni un sólo coche aparcado ni circulando, es cómo un paraíso desierto. No sé porqué, pero conducir por esa carretera solitaria con el mar de fondo creo que será una de las cosas más bellas que haré nunca, Jack emana esa aura que me hace sentir segura y tener miedo a la vez. Levanto un brazo para romper con mi mano el aire aún caliente de la tarde calurosa. Esa libertad de la que hablaba él ahora la puedo sentir, ya sé a lo que se refería, y se siente de maravilla.

Seguimos un buen rato hasta que Jack se para.

Creo que han sido 45 minutos de trayecto más o menos.

Y mañana es lunes.

¿Qué estoy haciendo?

Bajo de la moto junto a Jack, estamos justo delante de una enorme y extensa playa, parece infinita, sin embargo no hay una alma por los alrededores , me quedo observando un buen rato lo bonita que se ve la luna reflejada en loa tonos azules oscuros de la mar negra, puedo notar otra mirada qué no es la mía posada en mí. Yo no pronuncio nada, nos quedamos así unos minutos hasta que Jack me toma de la mano y me guía por un caminito pequeño entre unas rocas, empezamos a trepar por unas escaleras de piedra hasta llegar a un altiplano dónde hay una cabaña de madera muy grande y bonita, es prácticamente una casita, tiene un porche precioso con unis bancos, da vista a toda la costa y en el mar desde arriba, más lejos, se pueden apreciar unas pequeñas islas.

Una vez dentro la puedo detallar mejor, es una casita simple y muy humilde, esta tiene un comedor con una gran mesa redonda, unos sofás al lado de una chimenea , junto a las consolas de videojuegos antiguas y una tele de plasma. Al fondo una cocina de gas y luego un desconocido pasillo dónde supongo que habrán las habitaciones y el baño. Realmente acogedor.

En cuanto me doy cuenta, Jack ya no está, doy un vistazo por el comedor pero no aparece hasta salir afuera con la fría noche, su respiración se congela formando una nube saliendo de sus finos y enrojecidos labios, a pesar del frío que hace, él no se mueve ni expresa nada, sólo mira el mar sentado des  del escalón que hay entre la cabaña y el suelo. Me siento a su lado a observar también, pasamos un buen rato en silencio.

–¿Por qué me has traído aquí, Jack? –Lo miro en busca de una respuesta pero él permanece fijo en el paisaje.

–¿No puedes dormir bien, Layla? ¿Tienes pesadillas?

–Yo he preguntado primera. –Mis manos jugando nerviosamente sobre mi regazo.

–Respóndeme.

–Sí, tengo pesadillas. ¿Qué hacemos aquí, Jack? –Cambio de tema.

–¿Sobre tu madre? No paras de pronunciar cosas horribles de ella mientras duermes. ¿Qué te ha pasado con el susodicho ?

–¿Me espías mientras duermo?

–Respóndeme.

–No.

–Hazlo. –Me ordena

–Hazlo tú. –Le replico.

Jack me mira por primera vez, mira con esos ojos que me hipnotizaron el día de la fiesta, llenos de misterio y oscuridad, pero ahora hay algo más, también veo en ellos dolor, mucho dolor.

–No sé por qué te he traído aquí ¿Vale? No tengo ni puta idea, sólo he sabido que debía hacerlo. No sé que tienes, no sé que estoy haciendo aquí contigo, eres una chica normal y aburrida, no lo sé... no tengo una respuesta.

Dejo a un lado que me haya llamado aburrida y ordinaria, paso de enfadarme. Jack se frota la cara con frustración cómo si intentara entenderse a si mismo pero no pudiera.

–No lo entiendo ¿Me has casi secuestrado y no sabes ni el por qué?

–Sí.

–¿Dónde estamos?

Jack extiende los brazos los brazos y expresa una falsa sonrisa. –Bienvenida a la última salida de mi mundo, Layla, el único sitio que tenía para mí sólo, y ahora por tú culpa ya no.

–Recuerdo qué has sido tú quien me ha traído. –Layla, intenta no pelear. –¿La última salida de tu mundo? ¿Qué quieres decir?

–Era el lugar favorito de mi abuelo, veníamos cuándo yo era pequeño y él me explicaba historias de sus aventuras cómo marinero, pescábamos, escuchábamos las olas, era nuestro secreto, él y yo estábamos muy unidos, por eso nunca se lo había enseñado a nadie antes, ni siquiera a Aiden cuando éramos amigos. Mi abuelo se suicidó aquí, una de las pocas personas que me comprendían, y ahora ya no está, siento qué este lugar aún conserva una parte de él.

Au. Eso duele. ¿Por qué lo cuenta sin sentimiento alguno?

–Ah, lo siento...

–No. No sientas lástima, no la quiero. Ni siquiera sé porqué te estoy contando esto.

Me froto las rodillas con los pulgares y me ayudo con las manos para quedar sentada más cerca de él y mirarlo a los ojos.

–Jack.

Él me mira ahora también.

Decido preguntar sin rodeos. –¿Estás haciendo esto para poner celoso a Aiden, soy vuestro juego? ¿Es por eso?

Me siento mal por no hablar más sobre su abuelo y su muerte, pero prefiero aclarar las cosas antes qué nada.

–¿Qué harías si así fuera?

–Contéstame. –Uso el tono qué el ha usado conmigo.

–Sí, esa era la intención, pero ahora ya no sé nada.

–¿Pensabas gastar todo esto tan sólo por una estúpida pelea de hace años? –Bufo.

–¿La venganza es un plato qué se sirve frío, no? –Ironiza y se encoge de hombros.

–¿No has pensado nunca en arreglarte con él?

Jack se estira soltando aire de los pulmones ante mi pregunta, se deja caer hasta quedar completamente tumbado en la madera del suelo, mirando las hermosas estrellas que dibujan formas y estructuras. Yo hago lo mismo. Esa vibra tétrica no desaparece nunca de su entorno, eso siempre despierta mi curiosidad.

–Lo he pensado, pero después de lo qué pasó...nah...prefiero verlo sufrir.

–¿Qué pasó? –Pregunto otra vez, insistente.

–¿Sobre qué era tu pesadilla?

Suspiro y miro el cielo, supongo que si él ha respondido yo tengo que cumplir mi palabra. En verdad no estoy enfadada, al fin y al cabo yo también lo estoy utilizando.

Este es el primer momento en el qué le cuento a alguien personalmente uno de mis secretos, pero bueno, sé que no me volveré a encontrar con Jack en los próximos meses, así qué que más da. Ahora me siento bien, en confianza.

–Mi madre nos abandonó. Tengo pesadillas prácticamente cada noche desde entonces, también ataques de ansiedad. Pero no se lo he contado a nadie.

–Ah, por eso te cortas. Pero, hay algo más, ¿Qué problema tienes?

El corazón me deja de latir.

¿Sabe qué mi hermana está enferma?

–¿Cómo sabes que me corto?

Este suelta una risa cómo derrotado y se levanta la manga lentamente, a medida que la tela se desliza me deja ver su piel, su roja y cortada piel, sus cortes son mucho más profundos y dolorosos qué los míos. , me quedo impactada al verlos, no sé que hacer, sólo siento un profundo dolor por él, sé que hacerse esa mierda en el brazo es difícil y él lo ha pasado pero qué yo.

–Me sobra la experiencia, Layla.

–¿Por qué insistes en hacer las cosas mal con todo?

Deja caer su brazo al suelo.

–No eres la más indicada, pensé que me entenderías. –Suspira y espera una respuesta, no se la doy, así que sigue hablando. –Mira, hay un punto en el que estás tan jodidamente roto qué sabes que ya no tienes arreglo, para qué intentarlo, toda mi vida es una jodida mierda, y ahora tampoco puedo acabar con ella, porqué si lo vuelvo a intentar me meterán en un psiquiátrico, y no quiero estar rodeado de locos.

–¿Te has intentado suicidar?

–Meh, el término suicidar está un poco pasado de moda ¿no? Digamos que he querido tomar una pausa permanente en mi vida, algunas veces.

–Eso es muy triste.

–He aprendido a no sentir tristeza. Estoy bien.

–Eso también es triste.

–Qué sensible.

Sin pensar, le he dado un abrazo en el suelo, no quiero que se sienta solo, él ha dudado unos segundos y al final a optado por no responder, pero me de igual yo lo he abrazado con más fuerza aún, haciendo que la madera crujiera.

–¿Qué haces? No me gustan los gestos afectuosos.

–No estás sólo.

–Te acuerdas de que te he traído aquí para cabrear a el gilipollas ese, ¿verdad?

Asiento con la cabeza sin despegarme de él.

Su voz suena ronca y grave.

–¿Y te da igual?

–Jack, no estás solo. – le recuerdo mientras nuestras fragancias se separan.

–No me abraces, no necesito tu ayuda.

–¿Qué problema tienes conmigo? – Agarro aire llenando mus pulmones y me aparto completamente de él.

Él ignora mi pregunta y vuelve a sentarse mirando el mar.– ¿Qué le ves a Aiden? Es inmaduro y patético.

–No le veo nada.

–¿Y porqué te pones celosa cuando lo ves con otras?

–Eso no es cierto. –Me cruzo de brazos.

–Sí lo es.

–No, no lo es.

–No te entiendo.

–Yo tampoco te entiendo a ti, Jack.

Y  la verdad es que creo que ambos desconocidos nos hemos encontrado y enlazado en una confusión eterna, sin embargo, hay algo en él, ese algo, ese algo que a pesar de no conocerlo me está enganchando, quiero descubrirlo y descifrarlo, quiero que ese mismo chico que no confía en nadie lo haga ahora en mi, ese chico que odia tanto su vida como al parecer a si mismo, se abra ante mi, llámalo manipulación, perversión o egoísmo, pero creo que la oscuridad que transmite puede ser la opción correcta para deshacerme de mis problemas, hay algo de él en mí y creo que es por eso que Jack también se ha interesado en mí.

Es inevitable compararlo con Aiden, son tan diferentes a pesar de ser a simple vista los dos tan iguales. Con Aiden sé que no puedo confiar, de hecho en ninguno de los dos. Creo que puedo intentar describirlos a ambos con pocas palabras.

Jack: Oscuro, misterioso, tétrico, frío, distante, lleno de dolor.

Aiden: Egocéntrico, prepotente, tóxico, egoísta, irascible, lleno de dolor.

Ambos diferentes, ambos con el mismo objetivo, aún no sé cuál.

–Deberías dejar de pensar tanto en las cosas.

El comentario de Jack me despierta de mis pensamientos, me giro para mirarlo y me encuentro con sus ojos negros cerca de los míos, detallándolos, leyéndolos.

—¿Qué haces? –Digo en un hilo de voz.

Antes de nada, el precioso chico coloca una de sus manos en mis mejillas y la desliza hasta llegar a mi mentón, pone su pulgar entre mis labios y presiona ligeramente. En un movimiento lento se acerca a mi oreja y inclina su cabeza para qué yo pueda verlo de reojo.

–Nada qué tú no quieras hacer.

–No me gustas.

–Tú a mi sí.

–Eso es mentira, sólo haces esto por Aiden. –Le pongo las manos en sus hombros para apartarlo pero no consigo moverlo ni un centímetro.

–Eso ya no es cierto.

–Sí lo es.

—¿Te he dicho ya que no me gusta que me lleven la contraria?

–¿Por qué haces esto?

–Por qué quiero ver tus cicatrices y quiero que tú veas las mías.

–Eso es raro y tétrico.

–Mejor. No me gusta lo aburrido.

Emieza a dejar besos húmedos por mi cuello, siento que succiona mi piel entre sus labios, un recorrido eléctrico se desliza por mis pulmones y tengo la necesidad de qué Jack me envuelva en su desesperación.

–Voy a marcarte. –Me presiona aún más el cuello sujetándolo con una mano hasta sentir un dolor placentero.

–Jack.

–Cállate.

–Soy virgen.

Para su boca durante unos instantes y escucho una risa siniestra.

–Entonces que esos babosos mueran de envidia, porqué esta noche vas a ser mía por primera vez, y qué el mundo arda en deseo pero tú, desconocida, vas a entender lo qué es el placer, y yo voy a acabar con estas jodidas ganas que te tengo.

–Yo...no....–Apenas logro balbucear mientras él sube mi camiseta.

–Layla, Cállate.  –Sus manos recorren mis caderas y sube a besarme la boca, esta vez se lo devuelvo rendida. –Sólo quiero oír tu voz cuando pronuncies mi nombre entre gemidos de dolor.

–Vale, pero...

–No voy a ser delicado, Layla.

–Per- Jadeo entre sus labios cuando pasa una de sus manos por mi pecho.

-Ya no puedo aguantar más, Layla, me tienes obsesionado y descontrolado.

Yo también estoy desesperada, desconocido.

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