Sí, me quede paralizada al escuchar la canción. Fue como si todo lo que se encontraba a mi alrededor desapareciera y solo podía ver aquella figura que estaba tocando la guitarra. Nunca había visto a este chico y creo que papá no lo ha mencionada en ningún momento, a pesar de siempre presumir las buenas bandas que tocan en sus bares. La única diferencia es que no hay una banda en el escenario, era tan solo un solista.
— Te gusta lo que ves, kat — Sam me miro de reojo y me clavo su codo en mis costillas.
— Me gusta lo que escucho, Sam — Aclaré sin dejar de mirar al escenario.
— Está lindo, por si quieres mi opinión —Añadió.
Todo debe ser chicos para esta mujer.
— No quería saber tu opinión y tampoco me importa —si no fuera por la oscuridad del lugar, apostaría que Sam colocó sus ojos en blanco—. Vamos a la mesa — sugerí, tomándola del brazo.
Al llegar a la mesa, una mujer con un vestido demasiado apretado —por un momento pensé que le costaba respirar con ese trozo de tela— toma nuestra orden, por suerte no fue un hombre con el que posiblemente Sam coquetearía. Debo admitir que ya me acostumbré a su personalidad. No es una mala amiga, siempre ha estado para ayudarme y es algo que admiro mucho. Agradezco al hombre o cualquier cosa que maneje nuestras vidas por colocarla en mi camino.
— No te embriaguéis hoy, Kat — sugirió, sonriendo.
Lo decía por molestar porque ambas somos conscientes en que mi relación con el alcohol no es nada amistosa. Es un enamoramiento tóxico.
— Sabes que no soy mucho de beber alcohol, pero no te aseguro nada, así como tú no controlas tus hormonas — tenía que decirlo—. Deberías ir al médico, no es normal tener ganas siempre.
— ¡Kat! Tampoco soy una ninfómana — replicó al instante.
— Bueno eso no lo sé yo, tendremos que ver a un doctor — me encogí de hombros al decirlo, me gusta molestarla de vez en cuándo—. El Dr. Fisher te ayudaría, no sé si ha tratado con esos temas, pero perdemos nada en preguntar.
— ¿Sigues asistiendo a ese consultorio?
La pregunta me tomó por sorpresa porque era obvia la respuesta. Me detuve un momento porque la misma chica que había tomado nuestra orden, había vuelto con las bebidas.
— Gracias — murmure y luego clave mi mirada en Sam—. Todos los sábados, pero ya me encariñé con el anciano.
— Que te gusten casados y viejos es peor que ser adicta al sexo.
Que graciosa.
— Solo porque tenemos una buena relación paciente-médico no significa que me lo llevaré a la cama —hice una mueca de solo imaginarlo. Pésima imaginación en este momento.
Ignorando la absurda conversación con Sam me doy cuenta que el chico de la guitarra ya había terminado su presentación y seguía la banda que habían contratado esa noche. Tame Impala, su música me recuerda a mis días grises con Pink Floyd, pero eso no quiere decir que sean malos, no es por presumir, pero me gusta mucho su música y me encanta el estilo que llevan además Kevin Parker tiene mis respetos, no es fácil escribir, tocar, grabar y producir tu propia música, tan solo escribir una canción debe ser algo tedioso, debe rimar y tener estilo, solo pensarlo me produce estrés.
Están tocando "Powerlines" una canción alternativa. Cierta imágenes de un día en la guerra pasan por mi mente, las bombas cayendo, la gente gritando, los disparos y la sangre en el suelo, sonido alternativo. Es una de sus primeras canciones y no necesita letra para ser impresionante.
— ¿Quieres ir a bailar? —Sam más que nadie debería saber que no me agrada la idea de estar en medio de tantas personas, recibiendo empujones y pisotones de desconocidos.
— No, pero ve tú. No hay problema.
No le pienso amargar la noche obligándola a estar sentada todo el tiempo conmigo. Ella vino a divertirse y puede hacerlo sin mí.
— ¿Segura?
— No me voy a escapar si es lo que piensas. Me gusta la música y lo caliente que está aquí a dentro.
— Está bien, pero espérame para irnos juntas. Si me dejas sola cortare tu estúpido cabello rojizo —mi cabello no es rojo, pero Sam le encanta presumir que lo es. A veces tiene unos tonos castaños y otras veces algo más claro, es difícil de explicar.
— Ya lo tengo corto por si no lo has notado —levante un mechón para mostrárselo.
— Te dejaré sin cabello entonces —se levantó de la mesa con su bebida en la mano y se dirigió a la pista de baile.
Si no fuera porque ningún camarero volvió a la mesa no estaría aquí en la barra esperando a que cualquier ser humano se apiade de mi presencia y me sirva un trago.
— No te había visto nunca por aquí —esa es una voz nueva para mi cabeza, así que giré mi cabeza para responderle.
— No, creo que es mi segunda vez en este lugar —mencioné y volví la mirada al chico que atendía al otro lado de la barra, el cual me estaba ignorando por completo debido a una chica con tetas gigantes.
Por culpa del orgullo, no le devolví la mirada al chico que había interrumpido mi momento de ser invisible para la humanidad, ojalá sea uno de los integrantes de Impala, me les lanzaría a sus brazos y les diría que me llevaran en su camioneta a cualquier lugar del mundo mientras tocan sus canciones para mí. Se vale soñar despierto.
— ¿Y te gusto la presentación? — siguió hablando a pesar de mi intención de ignorarlo por completo.
No quería hablar con nadie ¿me mucho pedir? Aunque, pensándolo bien, que mala idea es no querer hablar con nadie y venir a un bar.
Una luz iluminó su rostro por uno cuantos segundos.
— Mierda tus ojos son verdaderamente increíbles —creo que la luz también me iluminó.
— Es algo más común de lo que crees —le respondí sin importancia mientras encargaba una cerveza al chico que al fin había notado mi presencia.
— Que modesta eres, pero debes admitir que no cualquiera tiene un ojo café y otro azul.
Por el rabillo de mi ojo, vi el momento exacto en que se plantaba en una de las sillas vacías que estaban a mi lado.
— Me gusto la canción que interpretaste —era alagarlo o seguir con la conversación sobre mis ojos.
Escucho una pequeña risa salir de la boca del chico que me trajo mi cerveza.
Estúpido.
— Me gusta la música de Post Malone —admitió, jugando con la etiqueta de su cerveza.
¿En que momento la había pedido?
— Tiene canciones buenas como cualquier artista, pero esa canción tiene algo especial.
Había escuchado varías de sus canciones.
— La parte de un amor casi imposible o en la parte que dice "I'm here, but don't count on me to stay"
— Yo no lo veo como un amor imposible, lo veo como un amor muerto. Además, mi parte favorita es el principio.
— It's true that all that you know is all that you are. —tararea el chico, su voz era muy dulce, aguda como para venir de un hombre, pero me agrada.
Y por alguna extraña razón, no me permitía apartar la mirada de su perfil.
— Esa misma.
— No le había dado mucha importancia a esa parte — tomó un trago de su cerveza y me miro, sentí como sus ojos detallaban cada centímetro de mi cara y eso me hizo sentir nerviosa, así que termine apartando la mirada, de nuevo.
— Muchas veces las mejores partes están escondidas a la vista del ignorante —comente con despreocupación.
— Voy a pasar por alto la parte en donde me llamas ignorante —este chico me agrada. Vi como extendió su mano para saludarme—. Mucho gusto, Ethan.
— El placer es todo mío, Kaitlyn. —le respondí con un fuerte apretón de manos porque desde el principio hay que dejar claro quién es la dominante.
Lo siento. Siempre ruda, nunca inruda.
— Y dime Kaitlyn — corrió su silla para acercarse más a mi espacio personal—, vienes sola o solo te gusta estar sola.
— Me agrada mucho estar sola en medio de un bar, pero aparentemente un extraño con buen gusto musical acaba de arruinar mi momento de soledad.
— ¿Buen gusto música? ¿Eso es una manera nueva de coquetear?
— No, solo es un cumplido —aclare, tanta belleza, pero tan tonto—. Soy simpática cuando me lo propongo.
— Me agradaba más la idea de coquetear —esbozó una sonrisa que me desconcertó por solo un segundo. Les juro que fue solo uno.
— Bueno si me disculpas —tomé mi cerveza mientras me levanto de la silla—. Tengo mejores cosas que hacer en lugar de seguir con esta conversación.
— ¿Podemos resolverlo sin intoxicarnos? — giró sobre la silla para mirarme.
— Por favor, no utilices las letras de mis canciones favoritas como manipulación.
Llevándome una sonrisa como despedida me dispuse en la terrible búsqueda de Sam.
— Esa puta debe estar en el baño con un desconocido en este momento —murmuré, empujando a la gente... tal vez empuje a propósito algunas personas, solo tal vez.
En resumen, mi noche estuvo bien, no llegue tan tarde a casa así que no tuve problemas con Eliza y mi padre estuvo en su estudio hasta muy tarde sumergido en papeles de las empresas. Nada del otro mundo. El domingo fue... como decirlo sin que suene tan descortés, fue una mierda. Tuve un almuerzo familiar y la magnífica noticia de que mi tía Mer vendrá una temporada. Lo segundo no es una mala noticia, creo que ella es la más normal de la familia, pero no sé cómo será su comportamiento junto a mamá. Tienen opiniones distintas sobre muchas cosas y creo que tomare eso como una ventaja para tener un poco de libertad esos días.
Por lo menos será algo bueno.
...
La facultad de administración, un edificio el ladrillo rojo, bastante antiguo y lleno de estudiantes que solo esperan heredar lo negocios de sus padres. Nada distinto a lo que sucederá con mi vida, pero es ridículo ver como presumen sus costosos carros, zapatos y relojes cuando todo lo que tienen es gracias al dinero de su papá y mamá.
— Absurdo, simplemente absurdo.
Aunque hay algo más absurdo que los tontos de mis compañeros y es tener clase de matemática aplicada II a la primera hora de clase un lunes. Eso me hace recordar la caricatura del gato gordo que odia los lunes, bueno hoy estoy como ese gato. Odio los lunes.
Una materia que incluye los temas de lógica y teoría de conjuntos, álgebra elemental, geometría analítica, cálculo diferencial e integral, probabilidad, álgebra lineal y programación lineal. Creo que el suicidio si sería una buena opción en este momento. A pesar de lo antiguada que es la maestra, ella si respeta mi espacio y no le molesta que este con mis audífonos mientras dicta su clase. Gracias calificaciones superiores.
— Señorita Lee.
Mierda.
— Si, maestra. —eso me recordó a una película.
— Puede responder la pregunta que acabo de hacer.
— Podría repetirme la pregunta, por favor.
La maestra hace un gesto de disgusto antes de soltar su marcador y frotar su frente con frustración. No es mi culpa que su clase sea la más aburrida y que las demás personas en este salón no les importe lo que habla.
Intente buscar algún indicio en la pizarra, pero no había nada importante escrito.
Momento de fingir demencia.
— No me hagan gastar mi tiempo — hablo para todo el grupo—. Si no les interesa mi clase la puerta está abierta.
— Se equivoca maestra, su clase es una de las más interesantes en esta facultad y me encanta ser instruida por usted. —noten mi sarcasmo que fue pasado por alto.
Quería salir y decirle en el camino que su clase era una tontería, pero sé que mis actos tendrán consecuencias, será algo que agregaré a mi lista de deseos.
Luego de cinco horas un tanto tortuosas debo hacer mis prácticas en la cafetería de mi padre. El trabajo no es malo pero los clientes son insoportables. Se sorprenderían de cuantas mamás con hijos llorones entran por esa puerta y no basta con el ruido del llanto, sino que también hacen desastres con la comida y Kaitlyn Lee Corby debe limpiar todo.
Estaba limpiando el mostrador mientras uno d emisora compañeros atendía la única mesa que está siendo utilizada en el momento. Ya era tarde y los clientes se habían ido.
— Hola Solecito —claro que el día podía empeorar.
— ¿Y tú eres? —pregunté, enarcando una ceja al chico que tenía al frente del mostrador.
— El mejor músico que has visto en toda tu vida — dijo con una sonrisa que me pareció un tanto egocéntrica, pero decidí no indultarlo hasta reconocer quien es.
— ¿Michael Jackson?
Intente ignorarlo y seguir con mi trabajo, pero parece que la palabra rendirse no está en su diccionario.
— Podría intentarlo, aunque no me saldrían sus pasos.
— Bueno, ¿Vas a ordenar algo, rayo ultravioleta?
— Haces que mi apodo suene absurdo —se quejó.
— Es absurdo — cómo puede tener tanta confianza y otorgarme un infantil apodo cuando
solo hemos cruzado unas cuantas palabras, ni recuero su nombre—. Bueno... vas a decirme tu nombre.
— No puedo creerlo ¿en verdad no lo recuerdas? solecito —me miro con cierta indignación.
No es mi culpa, mi mente solo graba momentos importantes y no nombres absurdos.
— No.
— Ethan, Ethan Patterson Rowe.
— Solo pregunte tu nombre, no toda tu vida.
— Es información que te será útil si quieres buscarme en las redes —sugirió, subiendo y bajando las cejas.
¿Era está su mejor estrategia de coqueteo?
— ¿Por qué haría algo así? —pregunté sin importancia. Mirando de reojo a mi compañero de trabajo.
No quería que luego se quejara de mi con papá porque podría ser un gran cotillo.
— No sé, esa pregunta deberías respondérmela tu a mí — sugirió, metiendo sus manos a los bolsillos de sus vaqueros.
— ¿Con crema o sin crema?
Si entra ahora un niño llorón por esa puerta juro que renuncio.
Aclaraciones: Kaitlyn tiene 19 años, nació el 14 de Marzo de 1998.
Ethan tiene 21 años y nació el 3 de Diciembre de 1996.