Latido² || [Lixbin]

By Seo_Gine

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[ʟɪʙʀᴏ ⅖]❈ Tras la marcha de Hyunjin, Changbin está más unido que nunca a Félix. Tanto el como su hermano Seu... More

LATIDO
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Final
DESIGNIO

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By Seo_Gine

Las noches de verano eran demasiado cortas. En verano los vampiros pasan más tiempo a cubierto, el calor no va con ellos.

Félix vivía en una preciosa casa junto al lago. Una casa más bien convencional excepto por las balconadas y por el torreón que conectaba la vivienda con el garaje. Aunque había estado allí un montón de veces, seguía resultándome abrumadora.

Habíamos pasado gran parte del verano en el jardín de atrás, ganduleando en el patio, nadando en el lago o disfrutando con la moto acuática. Seungmin y yo pasábamos tanto tiempo en el agua que Minho acabó comprándonos varios bañadores para guardarlos en su casa.

Me puse el bañador y salí del cuarto de baño envuelto en una toalla. Seungmin también se había cambiado. Lo encontré sentado junto a la isla de la cocina, picoteando uvas y ayudando a Minho.

Minho era, de todos ellos, el que tenía una edad más avanzada en el momento del cambio: veintiocho años. Su piel era blanca e inmaculada como la porcelana y aquel día llevaba el pelo desordenado. Vestido simplemente con el bañador y un delantal de cocina, observaba risueño a Seungmin mientras él iba charlando.

Minho no comía, como todo vampiro que se precie, pero Seungmin era un cocinero excelente y se había convertido en su sirviente, y colaboraba siempre en la preparación de los platos que el nos cocinaba. De entrada, quise protestar por el trabajo y el gasto que le acarreábamos a Minho, pero era evidente que este tipo de cosas le encantaban.

—¿Dónde está Chan? —le pregunté, acercándome a la isla y robando una uva. Vi que Minho preparaba algún tipo de salsa con queso cremoso y yogur para acompañar la fruta y estaba en aquel momento cortando con mucho esmero manzanas, peras y fresas.

—Esta tomando una siesta —me informó con su cálido acento británico—. Tiene un poco de jetlag después del viaje.

Igual que los otros dos chicos, Chan era increíblemente atractivo. Tenía los ojos de color caoba oscuro e infinitamente cálidos. Su piel lucía el mismo color bronceado que la de Félix y Hyunjin, y su cabello color arena estaba salpicado por mechas más claras. Pero el punto fuerte de Chan era su voz, grave y reverberante. Tenía un ligero acento porque nació en Australia, aunque hacía ya cerca de doscientos años que no vivía allá.

A través del cristal de las puertas de la cocina vi a Félix en el jardín, retozando con su mastín de los Pirineos, Bokie. Las luces indirectas ponían de manifiesto la tensa musculatura de sus pectorales y su espalda. Tendría que estar magullado por los golpes que estaba dándose contra los adoquines del patio, pero en su piel no había ni rastro de moretones.

—¿Te apetece probarlo, Changbin? —me preguntó Minho, obligándome a apartar la mirada de Félix. Estaba ofreciéndome una manzana cubierta con la salsa, pero le respondí con un gesto negativo.

—Estoy quedándome helado. Creo que saldré fuera un rato.

—En seguida salgo yo también —dijo Seungmin con la boca llena de fruta.

—De acuerdo —contesté, y crucé las puertas acristaladas para adentrarme en la noche.

Félix estaba persiguiendo a Bokie lejos del patio, pero distinguí rápidamente su silueta bajo la luz de la luna llena. A pesar de que en el exterior la temperatura era mucho más agradable que dentro de la casa, decidí continuar envuelto en mi toalla. Atravesé el patio y llegué al terreno cubierto con césped que separa la casa del lago. Nada más verme, Bokie echó a correr hacia mí. A buen seguro me habría derribado, pues está acostumbrado a tratar con vampiros capaces de hacer frente a sus embestidas, pero Félix consiguió atraparlo a tiempo y, jugando, le hizo un placaje. A continuación, se levantó del suelo, sacudiéndose las briznas de hierba pegadas al bañador, y me saludó con una sonrisa.

—¿Tienes intención de bañarte con la toalla? —me preguntó bromeando.

—A lo mejor sí. —Me envolví aún mejor con ella y Félix se echó a reír.
Bokie me olisqueó con entusiasmo hasta quedar convencido de que simplemente era yo y, acto seguido, se marchó con parsimonia, meneando el rabo.

Capté la mirada pícara de Félix y, con la experiencia de todo un verano viéndome arrojado al lago casi a diario, comprendí a la perfección su significado. Solté la toalla y eché a correr hacia el embarcadero. Félix, aun pudiendo superarme sin el menor problema, empezó a perseguirme guardando las distancias. Para él la gracia está en la caza.

Casi había conseguido alcanzar el final del embarcadero cuando sentí sus fuertes brazos enlazándome por la cintura. Chillé y le dejé que me diera una vuelta completa antes de soltarme y mandarme volando por los aires hasta caer en el lago, salpicándolo todo a mi alrededor.

Félix cogió carrerilla para saltar, voló por encima de mí y se lanzó de cabeza al lago. Aulló de emoción, como si no hubiera realizado ya aquel mismo salto un millón de veces.

—¡Félix! —Minho acababa de asomarse por la puerta—. Intenta calmarte un poco o los vecinos volverán a llamar a la policía. —Era más de medianoche de un miércoles y los vecinos no eran muy amantes del alboroto.

—Ya lo has oído, Changbin —dijo Félix.

—Lo que tú digas —repliqué, poniendo los ojos en blanco—. Pero conste que yo no grito ni la mitad que tú.

Félix se adentró en las negras aguas sin dejar de reír. Empezó a nadar en lentos círculos a mi alrededor, pero yo, con mantenerme a flote haciendo el muerto y contemplando la luna llena y las estrellas, tenía todo lo necesario para sentirme feliz.

Con el agua tan oscura, nunca había tenido el valor suficiente como para alejarme mucho de la orilla. Siempre tenía visiones horribles en las que me veía devorado por un monstruo invisible que emergía de las profundidades del lago.

Seungmin se sumó a nosotros un poco después. Minho se quedó dentro cortando fruta. Siempre se pasaba tres pueblos con la comida. No éramos más que dos y el cocinaba como si fuésemos un ejército. Y lo único que lograba con ello era dejar aún más patente que ellos no comían nada. Seungmin, de todos modos, apenas había hecho comentarios al respecto.

Me sorprendía que no hubiese captado todavía que no eran humanos. Félix se había comportado con discreción por lo que a sus capacidades paranormales se refería, pero Seungmin era un chico listo. Algo debía de sospechar, pero no decía nada, pues no parecían peligrosos y le hacían feliz.

—Hace una noche preciosa —dijo Seungmin. Se había puesto a hacer el muerto igual que yo y contemplaba el cielo.

—Ha sido un verano fantástico.

—No puedo creer que esté a punto de acabarse —protestó Seungmin con un suspiro.

—¡No me lo recuerdes! —dije, estremeciéndome.

Faltaban escasamente tres semanas para que empezaran de nuevo las clases. Seungmin intentaba convencerme de que aquello apenas afectaría a mi vida, pero yo sabía que iba a cambiarlo todo. No habría más noches enteras de juerga con Félix, pronto empezaría a hacer frío y a nevar y Seungmin me obligaría a hacer los deberes.

De pronto, noté que algo me agarraba y tiraba de mí. Intenté gritar, pero el agua me engullía. Me imaginé una maligna criatura acuática dispuesta a devorarme hasta las entrañas. Luchando con uñas y dientes por volver a la superficie, me aferré a algo fuerte y blando y me impulsé hacia arriba.

En cuanto me sujeté a él, Félix me sacó del agua y lo abracé. Y cuando oí su risa superando mis aullidos de miedo, comprendí que había sido él quien me había agarrado del tobillo. Después de un verano entero de travesuras de todo tipo, tendría que haber asimilado que Félix se lo pasaba de muerte asustándome.

Y tendría que haberle dado un golpe o haberle dicho que era un imbécil, pero la sensación de estar entre sus brazos me distrajo por completo. Tenía su pecho pegado al mío y, con toda seguridad, él estaba percibiendo el latido frenético de mi corazón, algo que lo volvía loco.

Miré sus cálidos ojos azules, y me quedé sin aliento por un motivo completamente novedoso. Su risa se había extinguido y su sonrisa empezaba a vacilar a medida que la temperatura de su cuerpo aumentaba.
Normalmente ya me habría empujado para apartarme de él, pero esta vez me dejó continuar entre sus brazos. Incliné la cabeza hacia él, esperando que se soltara lo bastante como para permitir un beso inocente.

—¡Miren! ¡Una estrella fugaz! —gritó Seungmin.

Aquello fue suficiente para que Félix cobrase consciencia de lo que estaba sucediendo, de modo que me empujó y se puso a nadar. Félix se esforzaba constantemente para evitar que la situación se desmadrase, y en ocasiones eso significaba que tenía que empujarme, en sentido literal. Ignorar este hecho resultaba cada vez más difícil.

Aunque no se lo había preguntado nunca, me daba la impresión de que la temperatura solo le subía cuando establecíamos contacto físico. Cuando nos dimos nuestro único beso apasionado, su piel era de fuego.

—¿La has visto? —preguntó Seungmin.

Mi intención era lanzarle una mirada de rabia por haber perturbado aquel momento excepcional con Félix, pero entonces vi a Seungmin contemplando dichoso el cielo. No miraba otra cosa que las estrellas y, en consecuencia, no tenía ni idea de lo que había interrumpido.

—No, lo siento, me la he perdido —dije.

—Habrá otra, ya verás —me garantizó él. Lo más probable es que mi respuesta estuviera llena de rencor. Las estrellas fugaces me encantan, claro está, pero besarse con Félix era un hecho más excepcional si cabe.

—Eso espero.

Me quedé nadando sin moverme de sitio y Félix se marchó a incordiar a Bokie. Al final había acabado descubriendo formas estupendas de ignorarme. El pobre Bokie estaba en el extremo del embarcadero, ladrando para dejar claro que no le apetecía saltar al agua. Seungmin, cansado ya de mirar las estrellas, decidió sumarse a Félix e intentar convencer al perro de que se lance. De pronto, estar nadando dejó de parecerme divertido. La subida de adrenalina provocada por la irrupción del monstruo marino, seguida por lo que casi había sido un beso, me había dejado el cuerpo dolorido y agotado. Sabía que Félix haría lo posible por mantenerse lejos de mí durante un buen rato y, aun comprendiendo sus motivos, la sensación era desagradable.

—Me parece que voy a ver si Minho necesita que le eche una mano —dije, sin dirigirme a nadie en particular. ¡Y menos mal! Bokie era mucho más cautivador que yo.

Cuando llegué a la orilla, oí un fuerte estrépito de agua salpicando y los gritos de triunfo de Félix y de mi hermano. Bokie había saltado por fin al agua. Ojalá tomar una decisión respecto a Félix fuera igual de sencillo.

Entré en la casa envuelto en la toalla. La oleada de frío polar del aire acondicionado me dejó congelado al instante. En el equipo de música sonaba a todo volumen Amy Winehouse, el nuevo y único placer pecaminoso de Minho. Félix hacía todo lo posible para que Minho se aficionase a escuchar música moderna, pero hasta ahora las únicas que lo habían enganchado eran Winehouse y Norah Jones.

Me encontré a Minho bailando por la cocina, cantando con una espátula a modo de micrófono, y a pesar de lo exasperado que estaba por la situación que acababa de vivir con Félix, no pude evitar echarme a reír.

—¡Cielos! —Minho se llevó la mano al corazón y sus ojos dorados brillaron con desconcierto—. ¡Vaya susto me has dado!

—¿No me has oído entrar? —le pregunté cuando bajo el volumen—. ¿No se supone que tienes un super oído o algo así?

—Sí, claro, pero solo cuando prestamos atención al asunto —respondió Minho, sonriendo con timidez. El plato de fruta, con una presentación espléndida, estaba ya esperando en la isla, y Minho estaba recogiéndolo todo en el momento en que se produjo mi interrupción.

—¿Necesitas que te eche una mano? —me ofrecí.

—No, y antes de nada tienes que ponerte algo encima —dijo, viendo que había empezado a tiritar—. A menos que quieras volver a bañarte.

—Oh, no, por esta noche ya he tenido suficiente —dije en tono grave. La emoción se había extinguido por completo en el instante en que Félix me había empujado para alejarme de él.

—Me parece que también yo iré a cambiarme. —Deshizo el lazo del delantal.

—No tienes que hacerlo porque a mí no me apetezca bañarme más. —Levanté la mano para detenerlo—. Anda, sal a nadar un rato mientras yo acabo de limpiar esto.

—Tonterías —dijo Minho riendo, como si siempre me dejara a mí las tareas de limpieza. Se quitó el delantal y lo dejó sobre la isla—. Con Chan y tú en casa, no me imagino qué tipo de diversión puedo tener yo con los chicos. Lo más seguro es que estén por ahí jugando a lanzarse ranas el uno al otro.

Y no andaba muy desencaminado. Cuando Félix y Seungmin se quedaban solos se transformaban en un par de niños pequeños. Un día que llovía, interrumpí una pelea de bolas de barro en el patio. Un juego muy similar a una pelea con bolas de nieve, pero con barro. A ambos les pareció una idea genial hasta que Seungmin empezó a llenarse de moratones, pues hay que tener en cuenta que los vampiros lanzan con mucha más fuerza que un chico debilucho de dieciocho años.

Minho negó con la cabeza y salió hacia el pasillo dispuesto a cambiarse. Lo seguí hasta el cuarto de baño principal, que estaba justo delante de su habitación.

Me vestí con mi ropa de siempre y me pregunté por qué seguiría mostrándome tan terco y no permitía que Minho me comprase ropa nueva. El bañador que acababa de dejar en la bañera para que se secase le había costado ciento catorce mil wones que eran casi más de cien dólares, y me había comprado tres iguales. Tenía la impresión de que estaban dándome mucho y yo se lo recompensaba con poquísimo.

Intenté secarme el pelo lo mejor que pude y arreglarme un poco. Pero antes de que me diera tiempo a terminar de lavarme la cara, oí un grito. Cerré el grifo y oí a Minho gritando el nombre de Félix. Salí corriendo hacia la cocina.
Félix estaba llorando, y parecía aterrado.

Cuando salí me encontré con Minho en el patio. Félix estaba a varios metros de distancia de el, más cerca del agua. Minho me agarró por el brazo cuando pasé corriendo por su lado, y vi que estaba más pálido de lo que ya es.

Estaba demasiado oscuro para poder ver qué pasaba, pero me invadió una tremenda sensación de congoja y terror. Acababa de suceder algo horroroso y jamás había visto a Félix tan afectado.

—¡Chan! —vociferó Félix, y se detuvo—. ¡Chan!

—Voy a buscarlo —susurró Minho con nerviosismo. Me apretujó el brazo con tanta fuerza que incluso me hizo daño, pero ni siquiera me di cuenta de ello—. Tú quédate aquí, Changbin. No te muevas. En seguida vuelvo.

—¡Corre! —le rogó Félix, pero Minho ya había desaparecido.

Y aunque me quedé inmóvil, mis ojos se fueron acostumbrando poco a poco a la oscuridad. La luz de la luna se coló un instante entre las ramas de un árbol e iluminó a Félix. Vi que llevaba en brazos una figura flácida y se me cortó la respiración.

De inmediato pensé que a Bokie le había pasado algo. Los chicos se habían pasado de brutos con sus juegos, el perro había resultado herido y Félix sabía muy bien que cuando un animal sufre algún daño me pongo histérico.

Pero entonces vi a Bokie gimoteando a sus pies, con el pelaje blanco empapado. Vislumbré manchas oscuras que alteraban su color, unas manchas causadas por un goteo de lo que fuera que Félix sostenía en brazos. Pero seguía sin discernir nada.

Era perfectamente visible, pero mi mente era incapaz de procesarlo. Me sentía mareado y desorientado, como si estuviera observando el mundo desde una altura increíble. Nada tenía sentido.

Una ráfaga de viento agitó las ramas de los árboles y la luz de la luna cayó directamente sobre él. Le vi la cara, los ojos en blanco, y comprendí qué era lo que Félix llevaba en brazos.

—¡Seungmin! —grité, y Minho me abrazó a tiempo para evitar que echase a correr hacia Félix.








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Esto se va a poner bueno ahhhh

Espero y les allá gustado esperen a los siguientes capitulos.😁🤭
Cuídense mucho, coman bien, lxs amo byebye✨💕🤙

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