Como todos los veranos desde que tengo memoria, tengo que pasar mis vacaciones en casa. Normalmente tendría que ver la televisión hasta que mamá o mi hermana me quitaran el control remoto; jugando juegos de video hasta que no se me ocurriera otra cosa que construir en mi mundo virtual, o de vez en cuando jugando con mis figuras de acción. Pero ha ocurrido algo... ¡ésta situación es imposible! Durante la visita al zoológico, yo... Me metí en graves problemas. Me asusté mucho. Y ahora...
Ya no puedo controlar mi propia... pipí.
Recuerdo todo lo que ocurrió antes, como en el último día de clases. Me sentía emocionado tan sólo de pensar en que las clases terminarían, ¡ya no tendría que levantarme temprano todos los días! Podría ver la televisión tanto como quisiera, y jugar videojuegos sin tener que hacer primero la tarea. ¡Tanto como yo quisiera! Sin embargo, me encontraba un poco triste por Nick. ¡Oh! Nick es mi mejor amigo. Tiene la misma edad que yo, aunque es mayor por unos meses. La tristeza se debe a que durante este verano, él y su familia pasarán las vacaciones fuera de la ciudad. Así que no podré ir a visitarlo ni él vendrá a verme. No tenemos muchos gustos en común cuando se trata de juegos en línea así que es posible que no lo vea por un largo tiempo. A pesar de ello, nos prometimos seguir siendo mejores amigos. ¡Incluso estaremos juntos en la secundaría!
Existe otro motivo por el cual me siento triste. Hay alguien a quien no he podido hablarle sin importar cuanto lo he intentado durante años. Siempre he tenido problemas para hablar con las chicas de mi salón de clase (bien, realmente para hablar con cualquier chica), y en especial ella... Ericka. Sus amigas siempre están junto a ella, no sé nada de lo que le gusta, así que no tengo ningún tema para iniciar una conversación. Hasta ahora me he conformado con ver sus ojos verdes desde mi asiento. Y el único que conoce mi secreto es Nick, quien sí que puede hablarle a cualquier chica. Yo no tengo ese valor. Desde que doy un paso dentro del salón de clases busco a Ericka de reojo, intento cualquier pretexto para acercarme a donde esté y escuchar su voz. Cruzar miradas y de esa forma quizá note que existo.
Ya lo he decidido. En la secundaría. ¡Voy a hablarle cuando estemos en secundaría!
Me despedí de los chicos, estaban Henry y Rodri, quienes me dieron un doloroso apretón de manos (no creo extrañar mucho a esos dos), y estaba Nick, a quien despedí amistosamente. Lo había planeado unos días antes, saqué un obsequio del bolsillo y se lo di mientras dije:
_"¡Diviértete sin mí, si es que puedes!" Mientras le entregaba un anillo color verde de su superhéroe favorito. Me respondió con nuestro saludo secreto y respondió:
_"No te metas en problemas, chiquillo." Al terminar el día, regresé a mi hogar para comenzar a descansar.
. . .
Los primeros días transcurrieron tal y como lo imaginé, un paraíso sin escuela ni obligaciones. Mi única preocupación era cuidar de que Eri, mi hermanita menor, no se metiera en problemas. De vez en cuando nos avisaba cuando quería ir al baño, o cuando ya no era necesario, eso no me gustaba porque en ésos casos debíamos cambiarle el pañal. Aunque yo siempre evitaba hacerlo de una forma u otra, dejándole el trabajo a Mary, mi hermana mayor. Ella se la pasaba en su habitación hablando por teléfono con sus odiosas amigas, levantando la voz todo el tiempo para pedirme cosas. Y no puedo hacer nada para evitarlo, sigue siendo más mandona y grande que yo.
Como aquella vez en la que se escondió detrás del sofá. Ni siquiera escuché cuando salió de su habitación y de repente:
_"¡Rawr!" salió detrás de mí dando un salto y golpeando el piso. Yo salté del sofá del susto. Y mientras volteaba, la encontré riéndose de mí a carcajadas, señalándome. "Que gran torpe eres, hermanito".
_"¡La torpe eres tú!" Me di cuenta que había derramado sobre el piso la taza con leche que estaba bebiendo. Lo que hizo que Mary sólo se riera aún más fuerte y yo me pusiera rojo del coraje.
Mamá no tardaba mucho en llegar, abrazaba a Eri y revisaba que estuviera seca, luego me mandaba a preparar la mesa. Mientras yo lo hacía, Mary seguía al teléfono o viendo la tele, pero nunca me ayudaba. Siempre ha sido así. Y siempre será así. Mary, 1 - Yui, 0.
Sin embargo no todo era malo, cuando llegó el fin de semana, recibimos una sorpresa de parte de mamá. Finalmente disfrutaríamos las vacaciones, ¡iríamos al zoológico! No pude contener mi emoción, así que corrí a mi habitación para preparar mis juguetes, quería ver de cerca a los animales que por fin iba a ver con mis propios ojos. La última vez que visitamos el zoológico, no pude ver a los tigres. ¡Ésta vez no se escaparían de mí! Pero quería volver a ver a los osos, las serpientes y los gorilas. Este paseo iba a ser... El mejor de mi vida. Entonces... ¿Cómo pudo todo resultar tan mal para mí?
. . .
Cuando llegamos al zoológico me sentí entusiasmado, quería ver a todos los animales, no me importaba que eso fuera imposible. Mis hermanas y mi mamá también estaban contentas; Eri ya podía caminar por sí misma y venir de la mano con nosotros, no como la última vez que estuvimos aquí y mamá no me dejó ir a donde quería porque debía cuidar de mi hermanita.
Desde la entrada, podía ver algunas de las jaulas más cercanas, con algunas aves de colores muy geniales. Mientras caminábamos, Mary encontró la tienda de regalos y le dijo a mamá que quería que le comprará algo como le había prometido. Yo quería ver a los animales lo más pronto posible, pero mamá nos dijo que entráramos a echar un vistazo.
Al salir de la tienda, Mary se cambió de ropa a un nuevo uniforme de exploradora que mamá le compró. Se paseaba orgullosa diciendo que era la mejor exploradora del mundo, y que me enseñaría a alimentar a los leones, pero realmente ella no sabe nada sobre ellos, ¡yo sí! Mamá le compró una jirafa de peluche a Eri y yo pedí unas estampillas con mis animales favoritos; pensé que se verían geniales en el forro de mis nuevas libretas. Mamá dijo que podíamos ir juntos a ver las jaulas, pero que no tocáramos ningún animal. Le dije que sí, después de todo mi plan era visitar las jaulas. Desafortunadamente, tardaban mucho mirando a los mismos animales mucho tiempo y yo quería ver más.
Así seguimos por un buen rato, Mary me obligaba a escuchar sus lecciones de naturaleza y yo trataba de que no me distrajeran de ver cuanto pudiera. Cuando finalmente llegamos a la jaula de los gorilas. Por alguna razón, Eri se emocionó mucho cuando los vio, mamá la cargó para que pudiera alcanzar a verlos desde más alto y yo, aproveché la oportunidad para acercarme un poco más. Mary intentó señalar al macho, pero no tenía ni idea de cual era. En ése momento, sacó uno de los plátanos de la bolsa donde iba nuestra comida, y señaló a los simios, diciéndoles:
_"¡Tomen, gorilas!" Mientras agitaba el plátano en su mano.
_"Mary, no puedes darle comida a los gorilas". Dije mientras señalaba el letrero de la jaula.
_"Yo soy la exploradora, Yui. ¡Vamos, monitos! Es comida gratis, genios". Al ver que no le hacían caso, arrojó el plátano dentro de la jaula.
Me enfadé mucho con ella. No quería que siguiera haciendo lo que quisiera y salirse con la suya. Traté de contener mi enojo pero esta vez quería ser yo quien tuviera la razón. Cuando me voltee para gritarle... Ella lanzó un rugido sorpresa gritando: "¡Rawr!" Y yo caí de un sentón golpeándome la cabeza con la jaula. De inmediato intenté levantarme, diciendo: "¡Mary!" Pero sin que me diera cuenta, una mano enorme me sujetó del brazo. Era una de las gorilas que había venido a recoger el plátano del suelo.
Me quedé totalmente congelado. Sentí un frío recorrer todo mi cuerpo, y aunque quise gritar ningún sonido salió de mi boca. Mary se quedó boquiabierta y apenas pudo llamar a mamá. Cuando me vieron, gritó mi nombre preguntando qué estaba haciendo.
_"¡Yui, te dije que no podías jugar con los animales!". Me gritó con un tono de indignación, como si no entendiera lo que me estaba pasando.
Las demás personas que pasaban comenzaron a quedarse a verme, pero nadie me ayudaba. Ni siquiera porque yo intentaba decir: "Auxilio". De pronto, la gorila comenzó a moverse, haciendo movimientos muy raros, los cuales me asustaron muchísimo. La fuerza con la que me tenía del brazo me hizo pensar que no podría volver a ver a mis amigos, ni a Nick o a Ericka; no volvería a jugar videojuegos, ni a construir robots con mis piezas armables... Y entonces comencé a llorar.
Las lágrimas cubrieron mis ojos hasta que mi voz comenzó a sonar fuertemente. Lloraba como un bebé enfrente de todos sin importar que estuvieran viéndome. Cerraba los ojos y me tapaba la cara como podía. Al parecer, algo en mis gritos hizo que la gorila se alterará. Recuerdo muy bien lo que pasó, pues nunca podré olvidarlo. Dio un rugido tan fuerte que me callé de inmediato, me soltó del brazo y cambió su agarre por mi camiseta, y de un tirón la arrancó toda y se fue con los otros gorilas. Mientras que yo me quedé sin habla, todos comenzaron a hacer sonidos de alivio, y mi mamá corrió para abrazarme, al hacerlo se dio cuenta de algo: Mis pantalones estaban completamente mojados. La pipí se me escurría por las piernas y yo temblaba sin saber qué hacer.
_"Yui, mojaste tus pantalones del susto". Dijo mi mamá en voz alta, mientras todos miraban a donde estaba parado. Mi hermana no pudo contener la risa.
_¡Yui se hizo pipí encima! ¡Ja ja ja ja ja!".
_"Bueno, al menos estás bien, cariño". Dijo mi mamá. Yo no podía creer lo que me acababa de pasar, pero al reaccionar estaba medio desnudo, mojado y muerto de vergüenza.
. . .
Nos sentamos en una de las bancas cerca de los baños. Mamá le decía algo a Mary pero no alcancé a escuchar, mientras que yo tenía a Eri de la mano. Ella sólo me miraba, pero no comprendía la vergüenza por la que yo estaba pasando, así que eso me aliviaba un poco.
Mary vino y se sentó a mi lado, molesta. Me dirigió una mirada de despreció y casi de inmediato la cambió por una mirada perversa. Mamá me habló desde los baños:
_"¡Yuju, cielo! Ven a cambiarte". Fui hacia ella tapándome y con la mirada baja. Me dio una de las bolsas del zoológico y me dijo que entrará al baño a cambiarme. Entré a uno de los retretes y cerré la puerta, ya no quería que nadie me viera hasta cambiarme, pero al sacar la ropa... ¡Me di cuenta que se trata del vestido que Mary se había cambiado por el uniforme de explorador!
"No, no, no. Por favor, esto no puede ser verdad". Dejé la bolsa por un momento y salí corriendo a hablar con mi mamá.
_¡Mamá, me diste la bolsa con la ropa de Mary!
_Es que no traje ropa tuya, cariño.
_P-pero... Mamá. No puedo usar esto...
_Lo siento, cariño. Pero no puedes usar otra cosa. Gasté demasiado en sus obsequios de la tienda de regalos y...
_¡Pero mamá! -Interrumpí.
_Sin peros, jovencito. Entra ahí y cámbiate de inmediato. Tus hermanas se mueren de hambre. Date prisa, ¿sí?
Entendí muy bien que no había escapatoria. Me resigné a cambiarme, mientras sentía mi brazo aún adolorido, por un breve instante recordé a la gorila. Saqué el vestido con rayas que muchas veces vi a mi hermana usar, pero en ésta ocasión, tendría que usarlo yo. Me quité el pantalón sucio y lo guardé en la bolsa. Tomé el vestido pero no sabía cómo iba, cerré los ojos llorosos y me lo puse como si fuera una playera. Llegó hasta mis rodillas y podía sentirlo rozando mi trasero. Abrí la puerta y pude ver mi reflejo en un gran espejo en el lavamanos. Me veía patético, no quería ni imaginar lo que pasaría si alguien me llegara a ver así. De pronto, escuché el grito de mi madre que me llamaba a salir.
Cerré los ojos y salí del baño. Mi mamá me dio una mirada y suspiró. Mientras que Mary al verme se tapó la boca aguantando una carcajada. Y le dijo a Eri:
_"Mira, Eri. ¿Verdad que Yui se ve muy bonita?"
_"Sí". -Respondió alegremente. "Yui, te ves muy bonita". Me dijo mi hermana pequeña de 5 años.
Mi corazón latía fuertemente, creí que se me iba a salir del pecho o mi cabeza de pronto dejaría de funcionar bien. Estaba rojo, seguramente más de lo que había estado antes en toda mi vida. De repente reaccioné ante lo que mi mamá había dicho antes. ¿Ir a comer? ¿¡Vestido así!? Le pedí por favor que nos fuéramos cuanto antes, pero ella se negó rotundamente; ignorándome, nos preguntó que queríamos comer. La elección de Mary fue la ganadora, así que nos dirigimos al puesto de banderillas.. Durante todo el camino al comedor, traté de ocultar mi cara sin mirar a nadie a los ojos y viendo al suelo tanto como podía; mis torpes pasos se equilibraban con la patética mirada que le lanzaba a mi mamá para irnos pronto a casa.
_"¿Te ocurre algo, hermanito?" -Mary intervino.
_"Por favor, no digas cosas que suenen raro. Harás que la gente voltee a ver si en realidad soy un niño". Hablé tan rápido y bajito como pude.
_"No temas, en realidad... Creo que luces como una niña. Si quieres puedo llamarte "hermanita" para que nadie sospeche, ji ji". "Ven aquí". Tomó la diadema que no estaba usando y la atravesó por mi cabello, peinándolo. "Creo que ahora nadie notará la diferencia".
_"Wow, Yui. Increíble. De verdad pareces una niña igual que tus hermanas. Tengo tres hijas". Dijo mi mamá con una sonrisa.
Más tarde al salir del comedor, yo todavía cargaba con la banderilla en mis manos, no podía comer después de todo. Le daba pequeños mordiscos y trataba de no pensar en nada de lo que estaba pasando. Por suerte, Mary dio un gran bostezo y mamá nos preguntó si ya queríamos irnos. Contesté que sí de inmediato, y Mary sólo se encogió de hombros. Por fin recuperé un poco el apetito y apresuré a comer mi banderilla.
Contento, avancé más rápido que ellas en dirección a la salida, volteando a ver el letrero del zoológico, cuando lo pasara, estaría más cerca de quitarme esta horrenda ropa. Pero todo debía salir mal, ¿no es así? Unos ojos se cruzaron con los míos y se abrieron de golpe cuando me miró. Henry, mi compañero de clases, me estaba viendo boquiabierto. De nada servía ocultarme, no cabía duda que me había reconocido. Quise salir corriendo, pero únicamente apresuré el paso para salir de aquél lugar.
. . .
Sin lugar a dudas, éste había tenido que ser el peor día de mi vida. Todavía podía ver el rostro de Henry mirándome vestido c-como una n-niña. Me arrojé sobre la almohada esperando que ése recuerdo se esfumara. Aquella noche no tenía intención de jugar videojuegos, sólo quería dormir y que a la mañana siguiente mi vida volviera a ser como antes. Apagué las luces y me tendí sobre la cama. El sueño pronto llegó y en mis sueños escuché una voz:
_"¡Yui! ¿Qué estás haciendo? Pásame el balón. ¡De prisa!" Dijo Nick muy entusiasmado.
_"¡Tú puedes, Yui!" Gritaban las animadoras desde un lado del campo. Ericka usaba un uniforme de porrista rosa con franjas blancas. Al verla cobré fuerza en mis piernas y patee el balón hasta el otro lado del campo. Las chicas aplaudían y saltaban mientras yo corría a través de la cancha. Hasta que al llegar a donde estaba el balón, se hallaba a los pies de Henry. Al verlo me acobardé y di un paso en falso, cayendo a sus pies.
_"¡Oigan todos! ¿Qué está haciendo esta niña en el campo?" Dijo riéndose de mí. "Las animadoras deben ir afuera de la cancha".
Ericka me tomó de la mano y me dijo: "Yui, sal de ahí. Ven aquí conmigo, ensuciarás tu uniforme". Al tratar de levantarme, pude ver la falda rosa con franjas blancas en lugar de mis shorts. Los pompones rosas estaban sobre mis manos y comencé a oír la risa de todos mis compañeros, mientras torpemente hacía los movimientos de las demás animadoras.
Me vi obligado a hacer todo eso, pero no podía soportarlo. Traté de huir de ahí corriendo, pero al voltearme choqué con una gran figura. Una gorila me interrumpió el paso y me tomo de los brazos haciéndome ejecutar los pasos de la porra. Comencé a gritar del miedo y pedir ayuda, pero los demás sólo me veían decepcionados por no saber la coreografía. Mientras temía por mi vida... Desperté.
Mis ojos se encontraban llorosos y mi cama se encontraba mojada. Toda mi ropa estaba cubierta de pipí. Me había metido en un gran problema, pero no sabía lo que me esperaba durante ese verano que cambió mi vida para siempre.