Una hora después, ya estábamos esperando. El penúltimo equipo ―el de Stonemount en realidad― ya estaba saliendo a la pista. Yo estaba cagada de los nervios. Casi literalmente. Ya había ido al baño unas tres veces, hasta ahora. Al parecer mi cuerpo desesperadamente hacía un último esfuerzo para liberarme de mi condena. Al igual que de todo el contenido de mi intestino delgado.
Pero ahora solo quedaban cinco minutos para salir. La competencia había sido más tensa que los músculos de mi cuello. El equipo de Lincoln claramente había sacado lo mejor de sí. Consiguieran el quinto mejor espacio, por supuesto. No habían fallado ningún salto ni voltereta, y también hicieran ese truco que los hacía ver como flores en plena floración, o fuegos artificiales explotando o algo así. Aun así me imagine que todavía teníamos una oportunidad. Si hubiera estado Judith en vez de mi, estaría segura que el ECHS se llevaría el título. Miré a Todd. Él me miraba a mí. Se acercó y me susurró: ―Algo se ve distinto.
El equipo de Stonemount estaba por la mitad de su segunda rutina.
―Simone me puso un poco de maquillaje ―susurré.
Presionó los labios. Movió la cabeza de un lado al otro para poder ver todos los ángulos. —Se ve bien.
―Ahórramelo.
―¿Qué significa eso? Me pareció oír que dijiste “lánzate sobre mí.”
―¿De qué demonios hablas,“lánzate sobre mí”?
Todd levantó los brazos sobre su cabeza entrelazando los dedos por detrás, con una enorme sonrisa de mierda en el rostro. ―Sí, me imaginé que querías que te cogiera.
Se me cayó la boca. No podía creer que estaba diciendo esto a tan solo unos minutos de salir. ―Eres un cavernícola asqueroso y depravado, Señor Mierda Floja, y preferiría ser golpeada hasta la muerte con un palo lleno de uñas que ―hice comillas con mis dedos―, ser cogida por ti.
―¿Ves? ―dijo con una sonrisa en el rostro.
―¿Qué?
―Palo, uñas, golpes. Vamos, lo quieres duro.
Le di a Todd la mirada de “intento tragarme mi propio vomito.”
―No es que yo te lo fuera a dar ―continuó―, porque sé que a ti te gustan las damas. Y no quisiera estropearte eso.
Bueno, eso fue suficiente.
Puse mi mejor actitud de gata en celo, y me paré. Acerqué mi rostro a tan solo unos centímetros de él y susurré: ―¿Sabes? De cierta forma tienes razón. Porque preferiría acostarme con Amanda que dormir contigo.
Todd fingió una expresión de dolor y se llevó la mano al corazón. —¡Oh, Ouch!
―Es verdad ―dije enderezándome, y suavemente pasando las manos sobre mi cuerpo, como si en realidad fuera sexy. El equipo de Stonemount terminó―. Por mucho que me gustara continuar con esta repugnante conversación, tengo que ir a patear algunos traseros de porristas. ―Me alineé detrás de Simone y el resto del grupo.
Todd se colocó detrás de mí. ―Hey Princesa ―susurró―. Tú y Amanda... ¿puedo mirar?
Resoplé y comencé a dar trotecitos hasta la pista con todos los demás. Típico de Todd. Cualquier otra persona me hubiera dado alguna palabra de aliento, o alguno de esos falsos ánimos. Llegué a mi marca en la pista y me coloqué en mi posición inicial. Todd estaba muy lejos de ser normal, eso era seguro. Pero entonces, él había sacado la competencia de mi cabeza por un minuto. Amanda dijo: ―¿Están listos?
―¡Ok! ―grité. Y me di cuenta de que lo había hecho a propósito. Para que no me pusiera nerviosa.
El equipo y yo nos lanzamos a la posición Steam. Mantuve mis brazos tan rectos como pude, y aplaudí y sonreí como una lunática. Entonces rodamos en Atrapa la Fiebre. En la enorme pirámide del final, la cual desafiaba todas las leyes de la gravedad, todo lo que yo tenía que hacer era arrodillarme sobre una rodilla a un costado, sostener a Simone y levantar una mano. Hecho. Nos desmontamos y nos posicionamos para la última aclamación: Máximo Espíritu.
El problema, yo debía estar un paso o dos fuera de mi marca. Comencé bien. Entonces vino el Ruso. Di un salto, me salió bien, pero de alguna forma me moví más hacia la derecha. Ahora, la próxima parte era donde Amanda, Takisha y Tessa Hathaway hacían doble volteretas hacia atrás. Todd y Jamar Douglas hicieron el giro Ruso. Kendall Armstrong, Hillary Larchmont, Ainsley Finn y Marissa Yee, hicieron el mortal hacia atrás. Simone ejecutó tres pliegues hacia el frente y el centro. Christine Loving y yo apenas levantábamos las piernas a un costado. Christine solo lo hacía para lograr algo de simetría conmigo en la pista. Ella en realidad era bastante buena haciendo volteretas y otras acrobacias.
Pero como dije, yo estaba fuera de mi marca.
Así que cuando Amanda se acercó a mí, en el medio de un salto hacia atrás, y mi pierna iba para arriba para comenzar con la serie de poco memorables patadas, de alguna manera ―y hasta ahora no puedo culpar a otra cosa que no sea la pura coincidencia y la poca comprensión espacial― mi pie conectó justo con la parte de atrás de la cabeza de Amanda.
Fuerte.
Su brazo izquierdo también se llevó una buena parte del golpe, pero no había duda de que sentí como los huesos de mi pie, golpeaban contra su cráneo. Mi rodilla se torció con el frenazo, y la inercia me lanzó hacia delante. Amanda se las arregló para colocar las manos en el piso, pero un instante después, el dolor debe haberla alcanzado porque colapsó como un acordeón, y se agarró la cabeza. Me lancé hacia ella, descansando su cuerpo en el piso de madera lo mejor que pude con mi balance descentrado.
Había arruinado todo. Lo sabía. Todo lo que podía hacer era control de daños.
Busqué en el rostro de Amanda alguna pista sobre qué hacer. Me gruñó: — Arriba. ―Y obedecí. Enganché mis brazos en sus axilas y la levanté sobre sus pies, mientras el resto de los tumblers terminaban. Alcanzamos la posición final exactamente en el mismo momento que todos los demás del equipo.
―¡TSSSSSSSSS!
La multitud explotó. Silbidos y aplausos resonaron por todo el gimnasio.
Supongo que más impresionante que una rutina perfecta, es una que resucita.
Los aplausos parecían animar al equipo. Sin embargo, estaba segura que nos había hecho perder la competencia. Lincoln había sido impecable y nosotros definitivamente habíamos fallado.
Trotamos de regreso a las gradas y esperamos a los jueces. En cuanto nos sentamos, Amanda se llevó las manos a la cabeza. Todd se sentó junto a ella y le susurró al oído. Un tipo de primeros auxilios trajo una bolsa de hielo. Rogaba que hubiera algo así como un premio por simpatía.
Finalmente el juez principal se posicionó en el centro del gimnasio.
Nadie se movió.
Dio unos golpecitos al micrófono.
Anunció los resultados.
Lincoln se llevaba el título.
Nosotros salimos segundos. Otra vez.
De regreso a casa, me senté sola en el autobús. Justo como lo había esperado.
Me lo merecía. Pero cuando nos detuvimos en el estacionamiento de la escuela, me paré al frente y dije: ―Realmente lo siento. Siento haberla cagado. ―¿Qué más podía decir? Últimamente me había convertido en la Reina del arrepentimiento.
Mientras la gente pasaba junto a mí al bajar del autobús, algunos me sonrieron, otros me palmearon los hombros, y algunos solo mantuvieron la mirada en el piso. Takisha me dio una media sonrisa y me guiñó un ojo. Simone me abrazó.
No puedo probarlo, pero estoy bastante segura de que la Señora Otoole me miró con asco.
Finalmente, Amanda y Todd eran los últimos en quedar.
Amanda se paró de su asiento y caminó hacia mí. Aun sostenía la bolsa de hielo sobre su cabeza. Se puso frente a mí y me dio su fría mirada de corrida de toros.
Inhalé y me preparé para el peor azote verbal de la vida.
―Salimos segundos ―dijo. Eso fue todo. Me golpeó el hombro al pasar junto a mí, y descendió del autobús.
Me quedé parada ahí, estupefacta por su críptica declaración. Se refería a que el segundo lugar apestaba ¿verdad? ¿O quería decir que el segundo lugar estaba bien, y que yo les había ayudado a llegar ahí? ¿O significaba que apestaba pero que a pesar de todo habíamos al menos sacado el segundo lugar? No lo podía descifrar.
Todd se paseó por el pasillo. Lo miré en busca de algún esclarecimiento o absolución, no estaba segura de cual. ―¿Está enojada? ―pregunté.
―Ella quería ganar ―dijo Todd―, y la pateaste en la cabeza.
―Yo no quise...
―Déjame terminar. Quería ganar, pero sabía que no lo haríamos. Para ser honestos ella ni siquiera esperaba sacar nada. Pero la pateaste en la cabeza y
aun así salimos segundos. No está enojada Fiona.
No pude evitarlo, de pronto se me llenaron los ojos de lágrimas. El por qué
demonios lloraba por haber o no decepcionado a Amanda, era un concepto que simplemente no tenía energías para analizar. Pero lo estaba haciendo. ―Hice lo mejor que pude ―susurré.
―Todos saben eso ―dijo Todd―. Ella lo sabe. Lo hiciste genial Princesa.
Entonces Todd Harding, el Señor Mierda Floja, el Neanderthal sin cuello, me rodeó con sus brazos y me abrazó.
Eso fue demasiado.
―Tu cuello huele como a queso ―dije.
―Oh ―dijo―, esa es mi colonia de queso. Tengo toda la colección Chedar, American, Swiss.
―Fromunda.
Se rió y nos separamos. Lo miré. Me miró. Y yo sentí... nada.
Todd Hardin era gracioso, inteligente, valiente, compasivo y mi amigo. Eso era todo. Y nunca sería más. Pero honestamente esperaba que sí lo fuera para Amanda. En eso se había convertido mi vida. De hecho, quería que le sucediera algo a Amanda que no involucrara, volverse calva, llenarse de granos, o contraer una solitaria. Que extraordinario.
Todd y yo bajamos del autobús, y el disparó a buscar a Amanda. Busqué alrededor a mi papá pero aún no estaba ahí. Uno a uno, los demás se subieron a sus carros y se fueron. Me quedé en el medio del estacionamiento. Sin nadie que me llevara a mi casa. Completamente sola.
Entonces el autobús se alejó.
Johnny Mercer estaba al otro lado, apoyado sobre su auto sonriéndome. Mi piel se llenó de abejas otra vez. Le devolví la sonrisa.
―¿Necesita que te lleven? ―dijo.