Con el corazón en las manos, con la cabeza hecha pedazos y el alma aniquilada, así, llegué hasta aquí.
Me paré en la vereda que daba ante la casa, el viento del verano golpeaba mi rostro, mientras que los sonidos de las voces llegaban hasta mis oídos.
Finalmente la vi salir de la casa, traía una bolsa de basura, e iba decidida a colocarla en el cesto.
— ¡Mannaggia!—El italiano de Andrea siempre me sonaba suave a pesar de que esté maldiciendo. — Helios ¿Qué estas haciendo aquí?
Ella mira a todas las direcciones, como si se estuviese ocultando de alguien, o de algo.
Era lo único que realmente me hacia falta saber, era la única pieza que me faltaba unir, y aquí, la tenía, a los dos segundos de haber llegado.
—Entonces, lo sabes...
Andrea mira a un costado, como intentando excusarse, sin embargo, decide mostrarme algo antes de emitir palabra alguna, ella se aparta la playera del hombro y me deja ver el símbolo nemosorum, eso si es una sorpresa.
—Ven, vamos adentro, es peligroso aquí.
Andrea me toma de la mano, y me estira dentro de la casa, la cuál es muy diferente a la que tenia cuando vivía en Paraguay, no hay lujos, ni habitaciones gigantes, sólo una pequeña y modesta casa.
Miré a todas las direcciones, en busca de algo que me recuerde a Andrea, a la Andrea que alguna vez fue mi novia, a esa chica que exigía que todo fuese brillo y glamour, pero la casa era sombría, lúgubre y fría.
—¿Tus padres?—pregunto cuando llegamos a la pequeña cocina, ella va directo a la cafetera, para preparar algo, pues sabe que me gusta.
—Con tu madre...—Dice algo dolida— No sé si sepas...
—Son parte de la Orden de las rosas.
—Sí, al igual que casi la mitad de los ex nemosorum que conozco, los ex antiguos de mi clan, hasta los dominis domo que alguna vez estuvieron en nuestra contra.
—Eso, es un giro inesperado...—Aseguro mientras observo los detalles de este lugar.
—¿Te sorprende?
—A decir verdad, sí, muchas cosas. ¿Siempre fuiste nemosorum entonces?
—Sí...
—Entonces tu y yo, nunca hubo algo.
—Tu ego siempre es más importante —Dice ella riendo cuando comienza a poner el agua en el saco de tela colgante lleno de café. —Sí, te quise, es más aún lo hago, y si me alejé no fue por ser nemosorum, fue por esa chica... ¿Nuria? En este mundo, y en nuestras vidas pasadas...—La miro extrañado cuando dice esto—Sí, también lo recuerdo Helios, lo que vivimos antes, en el otro universo, aunque de verdad eso fue más humillante, ver como Dara picaba poco a poco lo que éramos...
>>Y eso me daba mucho coraje ¿Sabes? Por que aunque nunca me lo dijeras, sabía, estaba segura que tu estabas loco por Zaf. A decir verdad, a mi también me gustaba ella, claro, no como tú.
La confesión de Andrea me deja perplejo, más cuando me pasa la tasa de café y continúa con su relato.
>>Cuando supe lo de Dara, y cómo te iba envenenado la cabeza, haciéndote creer que estaba bien ser como eras con Zafiro, frio, distante, haciéndote creer el cuento de que siendo fuerte e ignotandola la ibas a superar... estaba por encararte, porque no soportaba que te mintieras así... pero allí apareció Nuria.
>>Amenazó con hacer pública mi estatus, lo mismo en este universo, aunque aquí se esforzó un poco más. Me dijo que debía alejarme, que ese no era mi sitio.
>>Que si permanecía allí, morirían todos ustedes y estaba en mis manos evitarlo. Así que cuando mis padres dijeron que vendíamos a Italia no lo pensé dos veces.
La miro, la estudio y aparentemente dice la verdad, bebo de café para retomar fuerzas.
—¿Por qué no fuiste junto a Hugo?
Andrea ríe, mientras se sienta sobre la mesada y cruza sus piernas, se ven ojerosa, cansada y frustrada a estas alturas.
—Ustedes, los de los primeros anillos, no tienen idea de lo que pasamos el resto, los que estamos al final del círculo.
>>Cómo nemosorum tuve más suerte que los pobres dominis domo que estaban en mi línea, todos muertos, intentando proteger que se acerquen más y más a sus líderes, y eso, por que nunca nadie los buscó.
>>No los culpo, nosotros, los del fondo, al fin y al cabo somos eso las bolsas de contención... a Hugo en este universo no lo molestan ni sus propias sombras, y en el universo pasado... Ader era inaccesible, no hay alternativas, para nosotros los peones.
Sus palabras se clavaron en mi, cual espinas, hicieron sangrar mi frágil alma, y revivió el sentimiento de perdida, porque imagino cuantos padres perdieron a sus hijos así.
—Pero ahora, Helios ¿ Por qué estás aquí?
—Cuando, lo recordé todo... en especial a mis hijas, en el otro universo, me vino tu rostro... no sé por qué, simplemente, lo tenía vívido, pegado a mi cabeza... y muy, muy en el fondo me pedía venir a verte.
>>Sabia, que algo tenias para mi, saber que fuiste un hilo más del joven, me dio la certeza de cuan manipulados hemos estado.
Ella salta de la mesada, con una gran sonrisa en el rostro, chasquea los dedos, y su apariencia cambia a la de una mujer adulta, en ese acto, mi cabeza lo trae de nuevo...
—Tú eras la directora del colegio de las niñas... pensé que eras...
—En ese universo fui de todo Helios, me terminé uniendo a la orden de las rosas, por que, como te dije...nosotros, los del fondo, los últimos, estamos desprotegidos y a veces, los monstruos son más grandes que nosotros y terminamos agachado la cabeza.
—Entonces, esa es la razón por la que vine junto a ti... por que fuiste parte de ellos, por que me puedes ayudar...
—No—protesta— Yo no te puedo ayudar, me lo advirtió Nuria...
—Andrea, necesito de ti, de lo que sepas de la orden de las rosas, de Doror, de Beatriz... de Zarag—Digo ese nombre con asco y con rabia, y ella parece comprenderme.
—Helios... yo, en verdad, quisiera ayudarte —Dice mientras vuelve a su forma natural —Pero... no quiero morir aún, y Nuria fue clara, sin embargo, hay algo que puedo hacer por tí...
Andrea me quita la taza, toma mis manos y me observa directo a los ojos.
—¿Qué?—Pregunto esperanzado.
—Llévate a Zafiro, y vayan a Kururukua... entren al agua, ese siempre fue el mayor de los miedos de Beatriz y Dorot, que ustedes dos pasen tiempo allí...
Recordar a Zafiro me llena de sentimientos confusos, por un lado la quiero conmigo, por otro lado me da rabia que no haya confiando en mi, quizás si me hubiese dicho nos salvaba a todos.
—Supongo que por la profesia...—Contesto al darme cuenta que cuando quedamos encerrados allí fue la primera vez que Yeru y yo estuvimos.
—¿La hija de la muerta? Dios, esa no es no la 5ta parte del miedo de la orden, ellos realmente le temen a que ustedes sean un equipo de verdad... todos a decir verdad, que sean una Familia. ¿Por qué crees que nunca permitió una pizca de felicidad en ustedes? Una familia dividida es más fácil de atormentar.
>>Así que, querido Helios, si en verdad quieres poner a La orden de las Rosas temblando, vayan a ese lugar, y hazlo pronto.
—¿crees que funcione?
—¿Te ha fallado tu instinto alguna vez? Y no hablo de las malas decisiones que tomaste sobre tus corazonadas, hablo sobre tu instinto, real, al final, siempre tienes razón, por algo estás aquí, estoy segura que no estabas seguro de qué hacías fuera de mi casa, pero dentro tuyo, algo te gritaba que encontrarías respuestas.
>>Nosotros Helios, teníamos la capacidad de leernos uno al otro cuando algo nos sucedía, y nuestros consejos siempre fueron acertados... hazme caso, llévala, y vete de aquí, antes de que me toque entregar mi vida por un Dominis idiota...
—¿por qué no vienes conmigo? Estarás segura en el campamento...
—¿Y alejarme de la acción? Ustedes creen que se enfrentan a los monstruos y sus batallas son duras, pero realmente sólo reciben a la crema y nata, nosotros aquí, tenemos peleas de verdad...
Ella sonríe y me despeina algo nostálgica, la verdad es que mi corazón se rompe más ante esto.
—¿Nos volveremos a ver?—Pregunto preparándome como para volver al campamento.
—Sinceramente... Anta, espero que no. Anda, vete, antes de que te dé una paliza.
Doy un beso en la mejilla a Andrea, y sin más, vuelvo a saltar hasta el campamento, intentando entender ¿Cómo carajos es que mi instinto funciona tan bien y aun así soy un idiota en muchas cosas? Creo que debo hacer caso a Andrea, y escuchar mis voces interiores siempre.