So close (Drarry)

By fangirl-888

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Ha acabado la guerra. Harry Potter siente que todo en su vida es muy poco importante después de lo que ha pas... More

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Anexo: Música

Capítulo 17

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By fangirl-888

Llegó la hora del encuentro. Como había hecho el día anterior, cogí el mapa y la capa de invisibilidad y esta vez la utilicé para ir hasta el Sauce Boxeador. La noche empezaba a caer y no había demasiada gente, pero aun así decidí ir tranquilo sin que nadie pudiera verme.

Atravesé el pasadizo y entré en la Casa de los Gritos. No sabía si era sólo mi impresión, pero todo parecía más limpio. Fruncí el ceño y subí las escaleras.

Draco estaba allí, de pie, mirando el cielo por entre las tablas de madera. Se giró al escuchar mis pasos y vi que su expresión rezumaba arrepentimiento. Con el pulso ligeramente acelerado dejé la mochila a un lado antes de decir:

-Hola, Draco.

-Hola -me devolvió el saludo. Recordé algo que había traído y me agaché para buscarlo en mi mochila, contento de tener una excusa para apartar la mirada de la intensidad de la suya.

-Toma -dije pasándole un pequeño plato. -¿Puedes hacer unas... quince réplicas?

-...Vale -aceptó él, dudoso, y comenzó a hechizar el plato. En cuanto empecé a sacar velas de mi mochila él pareció entender lo que estaba haciendo y nos dispusimos a colocarlas sobre los platos y a distribuirlas por la habitación. Una vez hecho aquello, bastó lanzar el hechizo incendio sobre ellas para que se prendieran, y así la estancia quedó mucho mejor iluminada que la última vez.

-Ha sido una buena idea -reconoció. Yo sonreí en respuesta.

-Bueno -comencé, nervioso. -¿Me vas a explicar ya por qué reaccionaste así?

-Antes -dijo, sacando dos botellas de su cartera -, toma. Cerveza de mantequilla. La he comprado en Hogsmeade.

Me tendió una que yo acepté. Él abrió la otra para él y sacó una botella más, pero esta era muy pequeña y su contenido, transparente. En cuanto vi sus intenciones exclamé:

-¡Draco! ¿¡Qué haces!? ¡Para! -pero ya había vertido Veritaserum en su cerveza. Pareció respirar profundamente antes de beber un trago y, cuando terminó, repetí: -¿¡Qué haces, Draco!?

-He bebido Veritaserum porque me sentía incapaz de explicártelo sin él -dijo, y se sorprendió él mismo de sus palabras. -Sí que es efectivo...

-Oye, esto no está bien -fruncí el ceño, dejando mi cerveza sobre el piano y tratando de quitarle la suya a Draco, pero él estiró el brazo y aprovechó el par de centímetros que me sacaba para dejarla fuera de mi alcance.

-Sí está bien porque yo lo he decidido.

-¿De dónde has sacado Veritaserum? -pregunté, preocupado.

-¡Qué pregunta más estúpida, Harry! ¡Está claro que se lo he robado a Slughorn! -vio que yo resoplaba y enseguida añadió: -¡Pero sólo fue un poco! ¡Ese viejo tiene de sobra! Snape le dejó una cantidad increíble.

Se tapó la boca con la mano, de nuevo sorprendido. Yo, resignado, me senté en la cama.

-Esto no está bien, Draco.

-Peor está que no te lo explique y eche todo a perder como siempre hago, Harry -se sentó a mi lado con la cerveza en la mano. -Nada de lo que voy a decirte justifica que te tratara así. Después de todo lo que me has ayudado y cómo me has tratado fui yo y te pagué haciéndote lo que todos me hacían. ¡Eso sí que no está bien!

Me dolía ver los conflictos internos de Draco reflejados en su rostro mientras se le escapaban los pensamientos por la boca, pero traté de tranquilizarme y escuchar.

-Una de las razones por las que reaccioné tan mal es que estoy siempre a la defensiva.

-¡No me digas! -repliqué con sarcasmo. Él me fulminó con la mirada y yo hice la pregunta que sabía que deseaba que hiciera: -¿Y por qué siempre estás a la defensiva?

Él suspiró y bebió otro trago de su cerveza.

-Estoy harto de mi padre. Me da mucho miedo -no creía que aquello respondiera por completo a lo que había preguntado, pero imaginaba que era una forma de comenzar a explicarlo. -No quiero decepcionarlo bajo ningún concepto. También lo quiero y lo admiro mucho. A veces es muy duro conmigo pero sé que es porque no quiere que deshonre nuestro apellido... -me mordí el labio, guardándome mi opinión sobre el honor de los apellidos. -Seguro que no entiendes por qué te lo digo -dijo mirándome de nuevo como si tuviera que perdonarle la vida -pero es que hay una razón importante para que sepas esto. Soy gay -me miró con aún mayor gravedad y yo continué escuchándolo. -A mi padre siempre le han dado asco esas cosas... y no quiero darle asco, Harry.

Se tapó la boca de nuevo y vi que los ojos se le habían llenado de lágrimas. Yo mismo sentí que los míos también se llenaban y me acerqué rápidamente a abrazarlo, y aunque él no me correspondió, me permitió hacerlo. Enseguida noté que mi jersey se humedecía un poco y Draco se separó de mí con un gesto brusco, secándose las lágrimas de las mejillas. Volvió a beber otro trago y continuó:

-Pregúntame qué tiene que ver esto con lo que pasó el otro día.

Asentí lentamente y obedecí en voz baja:

-¿Qué tiene que ver esto con lo que pasó el otro día?

-Creo que... tengo sentimientos por alguien -si no estuviera tan preocupado, me habría hecho gracia la forma tan tosca de expresarlo. -Y creo que estoy intentando reprimirlos para que nadie descubra que soy gay porque si se entera mi padre... podría hacerme muchas cosas.

Sentí que me hervía la sangre ante el pensamiento. Quería saber exactamente qué cosas podía hacerle para poder ir descartándolas una a una, pero sabía que a Draco tampoco le agradaría la idea de que yo lo detuviera.

-Pregúntame por qué no he ido a Azkaban incluso aunque fui un mortífago.

-¿...Por qué no has ido a Azkaban incluso aunque fuiste un mortífago?

-Fue por mi padre. Él hizo de todo para que yo no fuera porque... me quiere mucho. Pero sé que si descubriera que... que no me gustan las mujeres podría deshacerlo todo y enviarme allí. Y no dudo que lo haría, no lo dudo ni un momento...

Draco se encogió y comenzó a temblar. De nuevo, le pasé un brazo por los hombros y fue entonces cuando se me escaparon las lágrimas.

Él me apartó y bebió otro trago de su cerveza, a lo que yo exclamé:

-¡Para ya, Draco! ¡No hace falta que hagas esto!

-¡Que sí! -dijo él. -Quiero que lo sepas, Harry. ¡El otro día me dio miedo que, por mi reacción ante lo de clase de Pociones, todo el mundo supiera que soy gay! ¡Quise hacer desaparecer eso que sentía evitándote! Buscando una excusa estúpida... Pero no puedo...

Sentía que se me rompía el pecho en pedazos. Cada palabra me dolía profundamente, Draco estaba verdaderamente hundido y su gran acto de valentía estaba siendo obligarse a que yo lo viera. Y lo odiaba.

Tras una pausa en la que él sollozaba y yo ya no sabía si quería que lo abrazara o no, él siguió hablando con un hilo de voz.

-¿No me vas a preguntar por quién siento... esas cosas?

Negué con la cabeza, frunciendo el ceño:

-No te voy a preguntar nada que no quieras que te pregunte -él me miró con sus enormes ojos grises, hinchados por el llanto, y yo continué: -No quiero que me digas nada de lo que puedas arrepentirte.

Él rio suavemente y apoyó la cabeza contra una columna del dosel de la cama.

-Siempre tan noble, ¿no? El Niño de Oro...

Callé, tratando de asumir toda aquella información. Sentía deseos asesinos hacia Lucius Malfoy. Siempre había sospechado que él tenía la culpa de que su hijo fuera un infeliz, pero nunca había imaginado aquel grado de intimidación que ejercía contra él.

-¿Y no lo supones? -volvió a preguntar, y tuve que pensar un momento para acordarme de a qué se refería, descartando las imágenes de Lucius Malfoy siendo torturado.

Lo cierto era que no estaba pensando mucho en la respuesta a su pregunta. Era cierto que, en una recóndita parte de mi ser, me había alegrado por que a él le gustaran los chicos, pero sabiendo que yo no podía ser uno de ellos, había descartado enseguida la línea de pensamiento para no hacerme daño.

-No -reconocí. -Pero creo que es un buen momento para que sepas que yo soy... bisexual.

Draco abrió los ojos como platos.

-¿De verdad? -miró su cerveza de mantequilla y luego volvió a mirarme a mí.

-Sí -sonreí. Luego añadí, mirando al suelo: -Lo sé porque yo también "tengo sentimientos por alguien".

Él me golpeó suavemente el brazo ante mi burla.

-¿Alguien que no es la Weasley?

-Sí -reconocí. -Pero... creo que me odia.

-¿¡Que te odia!? -exclamó, demasiado fuerte para lo que yo esperaba. Lo miré divertido y él se miró la boca como sintiéndose traicionado, pero siguió hablando: -¡Es imposible odiarte, Potter! ¡Lo he intentado durante todos estos años y no se puede!

-¿De verdad? -ahora era yo el sorprendido.

-¡De verdad! -Draco se tapó la boca por tercera vez, pero no pudo detenerse: -Si ese chico te odia debe de ser que es imbécil. ¡Si siempre estás haciendo las cosas por el bien común, preocupándote de gente que ni siquiera se preocupa por ti! ¡Siempre con esos principios tan irresponsables e irritantes, con ese complejo idiota de héroe que tienes! -no pude evitar sonreír y vi que él también lo hacía, destapándose. -Que son cosas que en mi vida podré comprender y que admiro mucho de ti.

Mi sonrisa se amplió y, esta vez, no contuve el deseo de apartarle un mechón de pelo de delante del ojo. Él no se apartó. Sentí que el corazón se me aceleraba al ver el reflejo de sus ojos moviéndose como se movía el brillo de las velas. Su mirada me correspondía, clavándose en la mía.

-Draco -comencé, susurrando por alguna razón inexplicable. -Quiero preguntarte algo -él se quedó callado, esperando. Me armé de valor y me lancé -Si te beso ahora, ¿dejarás de hablarme?

-No -respondió, también en voz baja. Yo no podía dejar de mirar sus ojos.

-¿Y quieres que lo haga? -me mordí el labio, nervioso.

-Sí.

Sonreí sintiendo mi corazón desbocado y me acerqué lentamente a él, cerrando los ojos. Sus labios estaban muy cálidos, imaginaba que por el llanto, y sentí que temblaban ante el contacto. Sentí que me faltaba la respiración y que el pecho me iba a estallar, y entonces me separé suavemente de él. Lo miré sonriendo y comprobé, divertido, que él bajaba la mirada con timidez, viendo el rubor de sus mejillas. Cuando levantó la mirada ambos nos acercamos de nuevo el uno al otro y volvimos a besarnos, con una suavidad y delicadeza que no habría esperado de él. Mientras lo hacíamos, me atreví a acariciarle una mejilla y él, entonces, me agarró con suavidad la cara con las manos. Aquel beso, más largo, cobró un poco más de intensidad que el anterior, pero antes de que ocurriera nada más, nos detuvimos.

-Así que -comencé, sintiendo que la sonrisa se me dibujaba sola -¿yo soy el chico?

Vi que Draco adoptaba una expresión sarcástica, pero el Veritaserum le impedía ser él mismo y replicó:

-Sí, Harry, eres tú -asentí y dijo: -Como me digas que yo no soy el chico, te mato.

Reí y le quité la botella, y él me lo permitió esta vez.

-Se acabó el Veritaserum por hoy.

-Y espero que para siempre -replicó él sinceramente, como no podía ser de otra forma. Nos quedamos allí sentados en la cama, mirándonos sin más, y esta vez fue Draco el primero que se inclinó para besarme de nuevo. Esta vez fue más intenso que las anteriores. Yo me dejaba llevar y Draco parecía que también, pero ambos habíamos deseado tanto este momento que nos besábamos por fin con sed y ansia. Nos costaba respirar y fue por eso que me detuve al final, para recuperar el aliento. Nos calmamos un poco.

Esta vez pasé un brazo por los hombros de Draco que él no rechazó, y de hecho apoyó la cabeza suavemente sobre la mía. Estuvimos así en silencio varios minutos, contemplando la luz de las velas, y entonces pregunté:

-¿Y qué pasa ahora?

Él guardó silencio, imaginaba que porque no sabía la respuesta tampoco, pero al final confesó:

-A mí me gusta esto.

-Y a mí también -sonreí.

Hubo otra pausa. Yo sabía por qué.

-Quiero mantenerlo en secreto, Harry -dijo con la voz apagada. -No quiero que nadie sepa que soy... esto.

No me gustó la forma en que explicó aquello, pero no le di importancia.

-Vale. -Por alguna razón sentí que se me hacía un nudo en la garganta. Tragué para liberarlo sin éxito y decidí cambiar de tema. -He traído mi pijama y un despertador, por si quieres que durmamos aquí. He visto que has limpiado todo de verdad, así que no creo que haya problemas.

Draco tenía el ceño fruncido. Me miró y asintió.

-Yo también he traído el pijama. Y he aplicado toda clase de hechizos a la cama, si no está limpia ya, nunca va a estarlo.

Nos cambiamos de ropa en silencio, de espaldas el uno al otro. Yo de vez en cuando echaba miradas furtivas en su dirección, pero trataba de controlarme y evitarlo. Una vez que estuvimos cambiados, apagamos las velas una por una y nos acostamos sin mucha ceremonia. Me quité las gafas y las dejé en mi mesilla, y sentí que Draco se acercaba tímidamente a mí y me daba la mano antes de quedarse dormido. Sonreí, sintiendo mucho más calor del que la temperatura del lugar aportaba. Me sentía genial a pesar de estar en la peor cama que había probado hasta el momento.

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