Todos sabían que vendrían tiempos difíciles, Helena, Harry, Hermione y Ron no regresarían el siguiente año a Hogwarts, irían en busca de los Horrocruxes. Harry regresó a Privet Drive, pues ahí estaría a salvo, al menos hasta que cumpliera la mayoría de edad. Hermione se fue con sus padres, aprovechó todo el tiempo que pudo con ellos, Ron volvió a la Madriguera y Helena regresó a casa con su padre, no quería volver ahí porque le traía recuerdos, pensó en todo el tiempo que desperdició cuando peleaba con Draco.
—¡Ya llegué! —dijo la ojiazul entrando a su casa.
—Bien, hija, empaca todo lo que puedas —dijo Richard con su varita en mano cerrando todas las cortinas.
—¿Por qué? —preguntó Helena temerosa.
—¡Tú sólo hazlo! —ordenó su padre tomándola de los hombros y la miró preocupado. Helena supo lo que se avecinaba así que apresuradamente subió a su habitación a empacar todas sus cosas. La chica tomó un bolso mediano y le hizo un hechizo de expansión, comenzó a guardar todo hasta que sólo se veía la cama y algunos muebles. Se colgó la bolsa y salió de su habitación, cerró la puerta y al levantar la mirada se decepcionó un poco, se había acostumbrado a ver un par de ojos grises saliendo del cuarto de enfrente. Helena entró a la habitación que había utilizado Draco mientras se quedaba en su casa, estaba vacía, al parecer no había ni rastro de que alguien la había utilizado, siguió vagando por el lugar y revisando cada esquina, abrió un cajón y encontró un cuaderno con tapas negras y en el centro estaba el símbolo de Slytherin en plateado.
—Seguramente es un cuaderno de Hogwarts que olvidó —se dijo Helena en su mente, aunque parecía más un diario que un cuaderno, lo abrió, se sentó en la cama y comenzó a hojearlo. En una página se leía la fecha "5 de junio de 1991", el cumpleaños número once del rubio, sin embargo no había nada escrito, ella tomó su varita y apuntó hacia la hoja—. Revelo —musitó, unas letras aparecieron pero apenas y eran visibles. Helena se acercó para ver si podía distinguirlas, en eso sintió que el diario la absorbía y la chica cayó en la sala de estar de la Mansión Malfoy. Observó a su alrededor y vio a un Draco de once años sentado en el sofá con un sobre en sus manos, Lucius y Narcissa estaban del otro lado discutiendo sobre a dónde debía ir el chico.
—Le ha llegado su carta, es mejor que vaya a Hogwarts —dijo la mujer.
—Durmstrang es mejor opción —replicó su esposo.
—¿Sugieres que nos mudemos al norte para que pueda asistir?
—No, pero puedo hablar con su director y hacer que lo acepten.
—Yo quiero ir a Hogwarts, padre —dijo Draco mirándolo—, tal vez Helena vaya también.
—Hijo, ella asistirá a Beauxbatons, su madre así lo decidió.
—Como sea, yo no quiero ir a Durmstrang.
—Lo discutiremos cuando regrese —dijo Lucius saliendo de su casa. Narcisa se acercó a su hijo y pasó su brazo por sus hombros.
—No te preocupes, haré lo posible para que asistas a Hogwarts.
—¿Es verdad que Helena no irá ahí?
—Pues no estoy segura, pero ella sigue en Francia —comentó su madre.
—La extraño demasiado —dijo el niño mirando hacia el sobre que tenía en sus manos—, es triste no tenerla cerca.
—Lo sé, cariño, el próximo verano podrás verla, ¿sabes?
—Falta mucho para eso —Helena volvió a aparecer en la habitación de su casa y se quedó mirando hacia el diario perpleja, pasó las páginas y vio una fecha diferente en cada una. Tenía la intención de ver todos los recuerdos del chico, pero escuchó un fuerte ruido en la parte de abajo. Guardó el diario en su bolso y bajó corriendo hacia la sala de estar, vio que su padre era atacado por mortífagos.
—¡Helena, vete! —gritó Richard mientras atacaba a un mortífago.
—¡Es ella! —gritó uno de ellos, los demás comenzaron a atacarla, ella alzó su mano y un campo protector salió de ésta.
—¡Papá! —gritó la chica buscando a su padre, éste la tomó del brazo y la jaló hacia la cocina, puso un hechizo protector, pero no duraría demasiado.
—Escúchame, Helena, tienes que irte —le dijo Richard tomándola de los hombros y mirándola fijamente—, no te preocupes por mí.
—Ven conmigo —pidió ella con lágrimas en los ojos, en eso la puerta de la cocina voló y apareció Bellatrix con una sonrisa macabra.
—Te amo, hija —dijo dándole un beso en la frente y la empujó atrás de él.
—Yo también —dijo ella antes de desaparecer de ahí. Apareció en la casa de los Weasley, llegó a la sala de la casa donde todos estaban conversando, soltó su bolso y cayó de rodillas, apoyó sus manos en el piso y comenzó a respirar con dificultad.
—¿Helena? —Fred se acercó y se arrodilló frente a ella, la chica levantó la cabeza y lo observó—. ¿Qué ocurrió? —preguntó el pelirrojo levantándola y la estrechó entre sus brazos. Ella lo rodeó con los suyos abrazándolo con más fuerza y esperó unos minutos para que su respiración volviera a ser normal.
—Atacaron a mi padre, me buscaban a mí —dijo pegando su cabeza en el pecho del pelirrojo.
—Tranquila, Hels, ya estás a salvo —dijo Fred acariciándole el cabello, ella negó con la cabeza.
—¿Y qué hay de mi padre?
—Avisaré a la Orden, ellos podrán ir a investigar —dijo Arthur, la chica asintió.
—Necesitas descansar, te llevaré a la habitación de Ginny —dijo Fred.
—Gracias —dijo ella tratando de sonreír.
—No hay de qué —dijo él cargándola en sus brazos, la llevó al cuarto y le dejó en la cama, se quedó con ella hasta que se quedó dormida completamente, luego bajó con los demás. En la madrugada, Helena despertó, sacó el diario de su bolso y prosiguió viendo los recuerdos.
Helena se vio a ella misma en primer año, había defendido a Ron y miraba con incredulidad al rubio. Entraron al Gran Comedor y comenzó la ceremonia de selección. Draco estaba en la mesa de Slytherin y ella en la de Gryffindor charlando con sus nuevos amigos.
—¿Quién diría que Helena terminaría en Gryffindor? —le dijo Pansy.
se haya vuelto amiga de ese Weasley.
—Y al parecer también lo es de Harry Potter —dijo la niña mirando hacia la mesa de los leones, Draco bufó al verla riendo con el ojiverde.
—Nunca pensé que terminaría siendo mi enemiga, ¿sabes?
—Siempre fue rara —comentó Pansy encogiéndose de hombros.
—Yo supongo —dijo él—, mi padre tenía razón, no puedo ser amigo de ella y menos ahora.
—¿Y de verdad la consideras tu enemiga ahora? —Draco se quedó pensativo.
—¿Qué más puedo hacer?
—Pero ustedes eran muy cercanos, mejores amigos.
—Tal vez para mí era mi mejor amiga, pero se alejó de mí muy fácil —Helena miraba la escena y sentía el dolor de Draco, no se explicaba por qué, luego comprendió que era uno de esos diarios especiales donde guardas tus recuerdos acompañados de los sentimientos. Los siguientes recuerdos fueron de su castigo en el Bosque Prohibido y del cumpleaños de Helena, dentro de ella sintió algo de alegría cuando volvieron a ser amigos, pero en el siguiente recuerdo estaba molesta y tenía ganas de llorar, se observó peleando con Draco porque había insultado a sus amigos.
—Soy un completo tonto —dijo el rubio una vez que entró a su habitación en su sala común. Helena apareció en la habitación de Ginny y vio a la pelirroja observándola con perplejidad.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada.
—Apareciste de la nada —comentó la chica, Helena suspiró.
—Encontré este diario en mi casa, es de Draco.
—Oh, ya veo —dijo la pelirroja asintiendo—, te dejaré sola entonces, sólo venía a ver cómo estabas —Helena se encogió de hombros, Ginny se despidió y salió de la habitación, así que la ojiazul siguió con su lectura nocturna. Observó su encuentro en Flourish y Blotts y otros recuerdos de segundo año, el que más le sorprendió fue el de finales de mayo, Draco estaba realmente preocupado por ella luego de que el basilisco la atrapara, lo vio escabullirse del Gran Comedor para entrar en el hospital. De ahí se brincaba hasta finales de su tercer año en Hogwarts, cuando iban a ejecutar a Buckbeak, Draco estaba dolido y solamente cuando llegó a su habitación y nadie lo estaba viendo, comenzó a derramar un par de lágrimas.
—Todo iba tan bien —decía el chico. Helena decidió dejar de ver los recuerdos y volver a dormir, estaba exhausta de sentir dolor, además no quería revivir la pelea que había tenido con él ese verano antes de entrar a cuarto año, tal vez después continuaría.
La Mansión Malfoy era un lugar lúgubre, muy grande y ahí se encontraban todos los mortífagos junto con Lord Voldemort, sentados en una mesa larga y negra y en el centro de ella estaba flotando Charity Burbage, quien enseñaba en Hogwarts, su especialidad eran estudios muggles. Snape arribó a la Mansión.
—Ah, Severus, te guardamos un lugar, pasa, pasa —dijo Voldemort—, ¿qué noticias me traes sobre el muchacho?
—Lo trasladarán el día último del mes —comentó Snape.
—Yo tengo entendido que será después del cumpleaños del muchacho —dijo Pius.
—Eso es mentira —dijo Snape mirando al mortífago.
—Bien, bien —dijo Voldemort—, podríamos vigilar en esos días, en algún momento partirá y entonces nos encargaremos de él.
—Mi Señor, déjeme matar al muchacho —pidió Bellatrix.
—¡NO! Yo debo hacerlo —dijo Voldemort mirando a la bruja.
—Está bien, mi señor —dijo ella haciendo una reverencia.
—Pero hay un problema, mi varita y la de Potter son hermanas, no puedo matarlo con mi varita —decía Voldemort—, ¿alguno de ustedes podría darme su varita? —preguntó mientras caminaba tras los mortífagos alrededor de la larga mesa, de repente se paró detrás de Lucius Malfoy, a su lado estaban Narcissa y Draco—. ¿Qué tal tú, Lucius?
—Mi señor... —dijo el rubio con voz aguda.
—Mi señor —se burló Voldemort—, tu varita, Lucius —dijo extendiendo su mano huesuda, el rubio le entregó su varita—. ¿Detecto olmo?
—Sí —dijo y tragó saliva.
—¿Y el núcleo?
—Corazón de dragón —dijo Lucius con la voz seca.
—Muy bien —dijo Voldemort y se volvió a sentar a la cabeza de la mesa—. Para quienes no la conocen, hoy nos acompaña la profesora Charity Burbage que hasta hace poco enseñaba en Hogwarts —señaló a la mujer que flotaba en el centro de la mesa—. Para ella, los muggles no son tan diferentes de nosotros, ella piensa que deberíamos procrear con ellos —dijo Voldemort y todos hicieron gestos de asco a excepción de los Malfoy y Snape.
—Severus, Severus, ayúdame, por favor —decía Burbage—, so... somos ami... amigos —dijo Charity pero Snape no se movió, Voldemort sonrió de lado y levantó su varita.
—Avada Kedavra —pronunció y la mujer cayó muerta enfrente de Draco quien expresaba un profundo temor en su mirada—. Nagini, la cena —dijo Voldemort y la serpiente devoró a la mujer. Helena despertó y se sentó en la cama mientras miraba su mano, observaba el anillo que llevaba puesto, dio un suspiro, se lo quitó al igual que la cadena donde llevaba el dije que le regalóDraco hace algunosaños, colocó ahí el anillo para no perderlo y volvió a ponerse el collar. Se recostó de nuevo pensando en Draco, de repente se vio en una habitación oscura, limpia y ordenada, una cama con un edredón negro, cortinas grises y en la pequeña mesita de noche una foto de ella y Draco, la puerta se abrió y lo vio entrar, a ese chico de ojos grises que ella tanto amaba, vio la escena como si fuera una película, detrás de él entró Cissy.
—Dime que ella está bien —dijo Draco mirando a su madre.
—Sí, logró escapar —dijo Cissy, el chico cerró los ojos aliviado, volvió a abrirlos y tragó saliva.
—¿Y Richard? —su madre negó con la cabeza.
—No, lo mataron —dijo ella bajando la mirada—, Bella lo hizo.
—Sé que es familia, madre, pero si le hace daño a Helena, yo la mataré —dijo Draco mirando seriamente a su madre.
—Recuerda que debes mantenerte al margen —dijo Cissy—, aún no entiendo por qué te devolvió los recuerdos, ¿no pensó en la gravedad de...?
—Madre, lo hizo porque yo necesitaba esos recuerdos —dijo Draco—, ahora lo único que quiero es protegerla y saber que me ama es lo único que me da la fuerza para seguir en esto.
—Lo entiendo —dijo la rubia—, sólo trata de que no se entere nadie.
—No lo sabrán —dijo él e hizo una pausa—, ¿tengo que ir a lo de Potter? —su madre negó.
—He convencido a Bella de que no vayas y ella lo convenció a él.
—Gracias —dijo Draco abrazando a su madre.
Helena volvió en sí, había tenido una visión del presente como cuando logró encontrar a Harry durante la batalla en la que Dumbledore murió. Su respiración se entrecortó y su corazón se aceleró.
—Mi padre está muerto— se cubrió la boca y se recostó de lado en la cama, no quería llorar, estaba cansada de hacerlo, apretó la mandíbula para reprimir el llanto. Estaba destrozada y enojada porque toda su familia le había sido arrebatada de la forma más cruel. Miró el diario a un lado de ella, la curiosidad y la necesidad de distraerse la llevó a abrirlo de nuevo y observar el resto de los recuerdos de Draco.
30 de junio de 1994
—Te odio, Draco Malfoy —espetó una Helena de catorce años y se fue corriendo a su habitación, la ojiazul al ver eso sintió un enorme dolor en el pecho, "por Merlín", pensó mientras veía la escena. Luego se encontraba en la habitación de Draco, él estaba observando la foto que tenía en su mesa de noche.
—No puedo estar enamorado de ella —dijo él poniendo la foto bocabajo.
25 de diciembre de 1994
—Es desagradable —dijo Pansy mientras bailaba con Draco y veía detrás de él. El rubio se giró y vio a Helena besando a Cedric. Aquello fue un doble dolor para la chica porque sintió el enojo y dolor de Draco, pero al mismo tiempo sintió la nostalgia de esa noche, la pena de la muerte de Cedric.
—Gracias, Pansy, ahora tengo ganas de vomitar —dijo el rubio apartándose de ella y caminó hacia la salida del Gran Comedor. La siguiente fecha era el 13 de mayo de 1996, Draco estaba charlando con Pansy.
—¿No crees que ya deberíamos llevar nuestra relación a otro nivel? —dijo ella, el rubio la miró divertido.
—¿A qué te refieres? —dijo Draco, entonces la chica se acercó más a él y le plantó un beso en los labios, "no de nuevo" pensó Helena mientras veía ese recuerdo. Lo interesante fue lo que ocurrió después, por fin pudo ver aquel beso del que le había hablado Draco, sintió su corazón acelerarse y luego de eso volvió a la habitación de Ginny.
—Lo mataré por besarme con las babas de Parkinson —dijo Helena negando con la cabeza y cambió de página al 2 de julio de 1996, el día en que fueron al lago y volvieron a ser amigos. Las siguientes páginas eran sobre los siguientes días del verano, Draco había decidido guardar esos momentos felices y aunque Helena sentía la felicidad del momento, también se sintió triste, deseaba que todo volviera a ser así, pero sin Voldemort. Igualmente observó el día en que se convirtió en mortífago, sintió la desesperación del rubio y la impotencia, no había nada que pudiera hacer para cambiar su destino, pero entonces encontró esperanza en Helena. La ojiazul comenzó a llorar una vez que terminó de ver los recuerdos, acababan cuando estaban en el estudio de Richard tocando la canción que ella había compuesto.
Dos semanas después, la Orden del Fénix se encontraba en la casa de los Weasley y Helena les contó lo que había visto, ese día también llegaron Bill y Fleur.
—¡No puedo creer que en un par de semanas te cases! —le dijo Helena a su prima.
—Lo sé, estoy muy emocionada —dijo la rubia.
—Es tan lindo todo esto.
—Sí, sí muy lindo —dijo Moody que estaba escuchando—, ahora debemos preocuparnos en ir por Potter —advirtió. En el número cuatro de Privet Drive, los Dursley salían apresurados de la casa dejando a Harry solo pues esperaba que la Orden llegara por él. Mientras tanto Hermione estaba preparando sus cosas para salir por Harry.
—Hermione el té está listo —dijo la madre de la chica.
—Ya voy, mamá —dijo la chica con la voz cortada, Hermione bajó, sacó su varita, la apuntó hacia sus padres y pronunció—. Obliviate —así sus padres olvidarían quién era ella. Hermione comenzó a desaparecer de las fotos que había en la sala, le salió una lágrima que corrió por su mejilla y salió de su casa sin mirar atrás directo a la Madriguera.
—Bien, ya es hora de ir por Harry —dijo Moody—, todos los que vendrán tomen sus escobas y síganme.
—Yo iré —dijo Helena levantándose del sofá.
—Es muy arriesgado que salgas —dijo Remus colocando su mano sobre el hombro de la castaña.
—Sí, mejor quédate aquí, no tardaremos —dijo Tonks.
—Pero... —se quejó la chica.
—Todo estará bien, mejor no te arriesgues —dijo Fred, ella lo miró y soltó un suspiro de resignación.
—Está bien.
—Bien, ya vámonos —dijo Moody. Los Weasley, Hermione, Tonks, Remus, Hagrid, Kingsley y Fleur salieron detrás de Moody. En Privet Drive, Harry entró por última vez a la alacena debajo de las escaleras donde la mayor parte de su vida había dormido, en eso escuchó un ruido, fue hacia la puerta la abrió y Hagrid estaba ahí.
—¡Harry! —dijo éste sonriéndole.
—¡Hagrid! —dijo el chico, Hermione y Ron saludaron a su amigo y todos pasaron a lo que era la cocina y la sala pues la casa ya estaba vacía—. Bill, ¿cómo sigues?— preguntó el chico al ver la cara del pelirrojo.
—Nunca fue tan guapo —comentó George.
—No como nosotros —dijo Fred.
—Algún día se lo pagaré a Greyback —dijo Bill señalando la cicatriz en su cara, el hombre lobo lo había atacado el día en que Snape mató a Dumbledore.
—<<Paga>> mí <<eges hegmoso>> William —dijo Fleur besándole la mejilla.
—No te queda de otra —dijo Remus.
—Mi esposo el bromista —dijo Tonks—, por cierto Remus y yo... —no concluyó pues Moody la interrumpió.
—Luego nos ponemos al corriente con las nuevas noticias —decía mientras avanzaba al centro de la habitación—. Ahora, Potter, todavía tienes el detector.
—¿El detector? —preguntó Harry confundido.
—Sí, si estornudas el Ministerio sabe quién te limpió la nariz, por eso es posible que nos estén esperando, pero debemos asegurarnos de que no sepan quién es el Harry Potter real —dijo Moody sonriendo de lado.
—¿El real? —Harry lo miró sin entender.
—Creo que estás familiarizado con esta poción —dijo Moody mostrando una botella con poción multijugos.
—No, no, claro que no —decía Harry negando con la cabeza.
—Te dije que no iba a querer —dijo Hermione.
—¡No! ¡No! ¿Que se hagan pasar por mí? —dijo el ojiverde—. No para nada, no dejaré que arriesguen su vida por mí.
—Como nunca lo hemos hecho antes —dijo Ron sarcásticamente.
—No, esto es diferente.
—Mira, a nadie le encanta la idea, hermano —comentó Fred.
—Sí, imagina que algo sale mal y terminamos como enclenques, cuatro ojos, para siempre —dijo George en tono de burla, Tonks se rió al igual que Ron.
—Granger, haz lo tuyo —dijo Moody, Hermione se acercó a Harry y le arrancó un mechón de cabello.
—¡Demonios, Hermione! —exclamó el chico.
—Para los que nunca han probado la poción multijugos, les aviso que sabe a orina de duende —dijo Moody.
—Parece que tienes experiencia con esto, ¿no, Ojoloco? —dijo Fred y Moody lo miró con seriedad—. Yo sólo quería reducir la tensión —dijo y bebió la poción, se la pasó a George, quien se la pasó a Mundungus Fletcher, que venía con Moody, y luego Fleur la bebió al igual que Ron y Hermione. Harry observaba como sus amigos se transformaban en él cuando todos estaban iguales a Harry, Fred y George se miraron.
—¡Guau, somos idénticos!
—Todavía no —comentó Moody—, ahora pónganse esta ropa —dijo y los siete Potter se comenzaron a desvestir, lo que incomodó un poco al verdadero ya que estaban exhibiendo su cuerpo.
—Bill, no me <<migues>>, estoy <<hoguenda>> —dijo Fleur quitándose el sostén.
—Harry, en verdad estás ciego —dijo Hermione poniéndose las gafas.
—¿Potter? —dijo Moody.
—¿Sí? —contestaron los siete.
—El verdadero.
—Aquí estoy —dijo Harry abrochándose el pantalón.
—Bien, tú irás con Hagrid, los demás ya saben con quién irán —dijo y el muchacho asintió. Salieron de la casa, el ojiverde soltó a Hedwig y la lechuza se fue volando, se prepararon para salir y Moody dio la orden de salida, todos subieron a sus escobas y salieron disparados hacia el cielo, Arthur y Fred en escoba, al igual que Remus y George, y que Tonks y Ron, Fleur y Bill se fueron en Thestrals al igual que Kingsley y Hermione, Harry y Hagrid se fueron en la motocicleta de Sirius, en la cual lo había llevado cuando era un bebé. Al traspasar las grises nubes se encontraron con los mortífagos, una batalla comenzó entre las nubes grises de Londres. Todos comenzaron a defenderse y un mortífago siguió a Hagrid, en un intento de protección Hedwig se puso en medio de un hechizo asesino y el ave cayó, lo cual le dolió mucho a Harry, en eso los mortífagos se dieron cuenta de que era el Harry real y fueron a avisar a Voldemort, le lanzaron un hechizo aturdidor a Hagrid y perdió el control de la motocicleta. Harry intentó conducirla pero Voldemort estaba al lado de él a punto de lanzarle un hechizo, el chico se encontraba un poco inconsciente en eso su varita reaccionó por sí sola y lanzó un hechizo para proteger a Harry, las varitas chocaron y la varita que llevaba Voldemort se desbarató y Voldemort perdió al ojiverde, lo cual enfadó al mago tenebroso. Hagrid y Harry llegaron a la Madriguera, Molly, Ginny y Helena salieron a recibirlos.
—¡Harry! ¡Hagrid! ¿Qué ocurrió? —preguntó Molly angustiada.
—Nos atacaron, Molly —dijo Hagrid.
—Les dije que eso sucedería y Moody no me quiso creer —dijo Helena negando con la cabeza—. ¿Qué pasó con los demás?
—Fred y papá debieron regresar ya —comentó Ginny.
—¿Nadie ha vuelto? —preguntó Harry mirando a las dos chicas.
—No —dijo Helena mirando al chico consternada.
—Ven, Hels, vamos adentro —sugirió la pelirroja.
—Claro —dijo ella y las chicas se metieron en la casa, en eso se escuchó la voz de Remus pidiendo ayuda y Harry fue a ayudarlo, traía a uno de los chicos sangrando del lado izquierdo de la cara, lo llevaron dentro de la Madriguera.
—¡GEORGE! ¿¡Qué ocurrió!? —preguntaba Helena alarmada y angustiada mientras se hacía a un lado para que recostaran al chico en el sofá.
—Snape nos atacó —dijo Remus, miró a Harry y lo arrojó en contra de la pared
—¿Qué te ocurre? —preguntó el ojiverde alterado.
—¿Qué criatura estaba en mi oficina la primera vez que Harry Potter y yo hablamos? —preguntó Lupin exaltado.
—¿¡Por qué haces seto!?
—¿¡Qué criatura!?
—¡Un grindylow! —contestó el chico, Remus lo soltó y se alejó de él.
—Lo siento, nos traicionaron, tenía que estar seguro.
—Les dije que tenían planeado algo así —Helena miró a Lupin.
—Debimos haberte hecho caso, lo lamento —dijo, en eso se escuchó ruido fuera de la casa, Remus y Harry salieron. Kingsley y Hermione habían llegado. Kingsley y Remus se apuntaron con sus varitas.
—¿Últimas palabras que Albus Dumbledore nos dijo? —preguntó Kingsley.
—Harry es nuestra mejor esperanza, confíen en él —dijo Remus.
—¿Qué te delató? —preguntó Kingsley a Harry.
—Hedwig, trató de protegerme —dijo él, en eso llegaron Tonks y Ron, Hermione corrió a abrazar al chico.
—Gracias —dijo el pelirrojo.
—Es impresionante, si no hubiera sido por él estaría muerta —dijo Tonks abrazando a Remus.
—¿En serio? —preguntó Hermione mirando a Ron con sorpresa.
—¿Por qué siempre te sorprendes? —preguntó el pelirrojo, en eso Harry llegó y abrazó a sus amigos, poco después llegaron Arthur y Fred.
—¿Y George? —preguntó el señor Weasley, como nadie contestó, los dos pelirrojos entraron corriendo a la casa y vieron a George tendido en el sillón, con la cara y el cuello llenos de sangre. Fred se acercó rápidamente a su gemelo, mirándolo con angustia, detrás de ellos entraron los demás.
—¿Cómo te sientes, Georgie? —preguntó Fred angustiado.
—Como queso... —susurró su gemelo con los ojos cerrados.
—¿Puedes repetirlo? —preguntó el otro frunciendo el entrecejo.
—Como queso, Fred, ¿ves? —dijo abriendo los ojos con dificultad y señalando donde estaba su oreja—. El queso tiene hoyos —aquello provocó que su gemelo soltara una risita.
—Con el gran mundo de humor sobre orejas a tu disposición y tú dices "como queso", es patético —dijo Fred negando con la cabeza—. ¡Patético!
—Tal vez, pero sigo siendo más guapo que tú —dijo su gemelo—, ¿o no Helena?
—Lo que digas, George —dijo Helena sonriéndole.
—Ojoloco está muerto —dijo Bill entrando a la casa—, Mundungus vio a Voldemort y lo abandonó —todos bajaron la mirada. Más tarde Helena y Ginny estaban limpiando la sangre del oído de George y vendándolo.
—George, no te muevas —decía Ginny fastidiada.
—Ya me aburrí —dijo él resoplando.
—Pues te tienes que esperar —dijo Helena mirándolo severamente.
—¡Pónganme esa cosa rápido!
—Ya vamos —dijo Ginny mientras le pasaba las vendas a Helena.
—No te muevas si no quieres que esto salga mal y tengamos que volver a empezar —advirtió la ojiazul.
—Claro.
—Ahora ya sabrán quien es quien— comentó Fred cruzándose de brazos.
—Eso ya no es divertido —decía George mientras la ojiazul terminaba de colocarle la venda.
—¡Listo!
—Gracias, Hels —dijo George y le dio un beso en la mejilla a la chica.
—¿Y qué yo no hice nada? —le reclamó Ginny.
—Gracias, Gin —dijo besando la mejilla de su hermana.
—Vamos, George —dijo Fred y los gemelos salieron de la habitación.
El primero de agosto se celebraría la boda de Bill y Fleur, Harry se encontraba leyendo el diario El Profeta cuando Ginny apareció y le pidió ayuda con su vestido.
—Es extraño, ¿no crees? —comentó ella mientras el chico le subía la cremallera—. Una boda con toda esta situación.
—Sí, lo es —dijo él, la pelirroja se giró para quedar de frente al ojiverde y ambos se besaron, en eso George apareció lavándose los dientes, se colocó el cepillo en la abertura que quedaba en su oreja, tomó una taza y se colocó enfrente de los chicos.
—Buenos días —dijo con tono pícaro, le hizo un gesto a Ginny de que saliera y luego miró a Harry, éste se sonrojó y salió detrás de la pelirroja. Al poco rato, el ministro de magia, Rufus Scrimgeour, llegó a la casa y les leyó el testamento de Dumbledore a Harry, Ron, Hermione y Helena.
—A Ronald Bilius Weasley le dejo mi desiluminador esperando que en los momentos más oscuros le dé esperanza —dijo y le entregó un pequeño artefacto al pelirrojo—. A Hermione Jean Granger los cuentos de Beedle el Bardo, esperando que le sean agradables —sacó un par de libros un poco viejos y se los dio a la chica—. A Helena Jane Whalen, la piedra de Olehna, esperando que sepa usarla en el momento indicado —Helena recibió una pequeña piedra cristalina de color celeste.
—¿Olehna? ¿Qué hace?
—No lo sé, señorita, lo único que sé es que pertenecía a su madre, Jane —la chica miró la piedra como si fuera su madre, cerró su puño y lo colocó en su pecho—. Y a Harry James Potter le dejo la snitch que atrapó en su primer juego de quidditch —le entregó la snitch envuelta en un pañuelo, Harry lo quitó y tomó la snitch y la observó durante unos minutos.
—¿Eso es todo? —preguntó el ojiverde.
—No, Dumbledore le dejó algo más, señor Potter, la espada de Godric Gryffindor, pero no está en sus manos regalar la espada y aparte dicha espada no aparece —comentó el ministro de magia.
—Pero esa espada le pertenece a Harry —intervino Hermione—, le apareció en la cámara de los secretos.
—La espada le puede aparecer a cualquier Gryffindor que la necesite, eso no quiere decir que sea propiedad del mago, señorita Granger —dijo el ministro—. En fin, me retiro —dijo y desapareció. Helena volvió la piedra un collar y se la colocó en el cuello junto con los demás dijes que llevaba. Ya era de noche y estaban celebrando la boda, Bill y Fleur se encontraban en el centro bailando y los demás aplaudían. Helena entró a la carpa, llevaba un bello vestido rosa pastel, con zapatillas del mismo color y su cabello amarrado en una cola de caballo alta.
—Helena, te ves muy hermosa —dijo Fred sonriéndole.
—Gracias, Fred —dijo sonrojándose—, tú te ves muy guapo.
—¿Quieres bailar? —preguntó extendiéndole la mano.
—Claro que sí —dijo la chica, Fred y Helena bailaron una canción lenta, al terminar la chica abrazó al pelirrojo. Segundos después, una luz en forma de lince apareció en el centro del lugar y con la voz de Kingsley decía "el Ministerio ha caído, el ministro de magia ha muerto".