Abordamos el avión, mi asiento daba hacia la ventana y junto a mi estaba Dante, muy a mi pesar intenté que nuestros asientos estuvieran separados pero al vuelo casi no le quedaban asientos, así que me resigne, me dolía la cabeza y lo único que quería era dormir el resto del viaje, Dante, aunque se había mostrado afectuoso al verme ahora era como si quisiera ser lo más silencioso posible para no molestarme pero eso me molestaba aún más así que decidí hablar.
-¿Por qué me dijiste que Elisa te había contratado cuando no fue así? -giro su cabeza de pronto, abrió la boca pero no dijo nada -¿y?
-si te decía que fui por que me preocupaba no me ibas a creer
-¿Qué te hace pensar que no te creería? – el solo se encogió de hombros – no me gustan las mentiras, mucho menos cuando las dicen personas que me importan – me miró con esperanza y me sentí mal por eso. – a partir de este momento somos amigos, mejores amigos de hecho, para hacer todo esto creíble
-de acuerdo.
Solo Elisa sabía el miedo que sentía al volar, pude disimularlo muy bien mientras el avión despegaba o al menos eso creí porque Dante sin siquiera mirarme me tomo la mano y entrelazó sus dedos con los mios. Cuando el avión se estabilizó, me desabroché el cinturón y me acomode para dormir un poco a ver si el dolor de cabeza se me quitaba.
Dante
Mía apoyo la cabeza en su mano para intentar estar cómoda pero cada ciertos minutos se le caía luego la apoyo en el asiento donde estuvo varios minutos cómoda, sabia exactamente que sucedería a continuación y sonreí ante la expectativa, poco a poco el cuerpo de Mía comenzó a vencerlo el sueño y se inclino hacia mi hasta que por fin apoyó su cabeza en mi hombro, de sus labios salió un pequeño suspiro, tome su mano al saber ya que estaba durmiendo profundamente y apoyé mi cabeza en la suya acomodándose también para dormir.
No lo puedo negar, me sentía tremendamente decepcionado de Mía al aceptar ir a Londres y fingir casarse con Adrián ¿no era suficiente ya con lo que la había hecho sufrir? ¿Qué más quería ese hombre? ¿Quitarle el corazón, disecarlo y guardarlo como trofeo en su habitación? No permitiría que le hiciera daño otra vez.
Una vez que bajamos del avión, Mía llamó al coglione y dijo que habíamos llegado, yo por mi parte me encargué antes de viajar en hacer reservaciones en un hotel, cuando Mía colgó se lo comente y ella me agradeció. No tardo mucho en llegar el tipo, traía su auto y nos ayudó con las maletas.
-Hay suficientes habitaciones en nuestra casa para que se queden allí, ni hay problema con eso – Mire a Mía y ella pareció tímida , cuando estaba a punto de decirle al coglione que no nos quedaríamos en un lugar donde el estuviera, Mía interrumpió.
-tenemos reservaciones en un hotel no te preocupes
-¡oh! Entonces ¿ustedes están…?
-Coglione -susurre ganándome un apretón muy fuerte en la rodilla de parte de Mía – creo que eso no te incumbe – dije con una sonrisa falsa.
-lo siento – tome la mano de Mía y aunque esta se resistió le dediqué una mirada que solo significaba una cosa “es mejor que este tipo piense que estamos juntos" y al parecer lo entendió porque termino por entrelazar sus dedos con los míos, su calida mano era lo más que podía aspirar, ella ya no me quería ni siquiera como amigo y debía aceptarlo porque yo fui el causante de eso. – los llevaré a casa primero, mi madre tiene enormes ganas de verte Mía
-yo también quiero verla – sentí la angustia en su voz.
Llegamos a una casa en Queen's Gate gardens en South Kensingron, era un bonito barrio aunque me perturban que todas las casas fueran iguales, al menos en la fachada, el coglione nos invitó a entrar y la verdad me sorprendió lo grande que era el lugar, techos altos, candelabros en el techo, muebles modernos y todo el espacio era iluminado con luz natural lo cual lo hacía mucho más agradable, confirmado odiaba el lugar tanto como a Adrián.
Salió en nuestro encuentro una mujer menuda con el cabello corto a la altura de los hombros, parecía la típica mujer que se ve en los anuncios de crema antiarrugas, era guapa y se veía muy joven para tener un hijo de más de treinta años, con ella había una chica bastante joven que se quedó un pocos atrás.
-pequeña mía me alegro tanto de verte – le dio un abrazo muy maternal a Mía, vi como a esta se le llenaban los ojos de lágrimas, no querían soltarse ninguna de las dos, la mujer tomo el rostro de mía y le beso ambas mejillas -no sabes lo mucho que te extrañe me alegro mucho que estas de vuelta ¿cómo estuvo tu viaje?
-eh bien, fue perfecto
-me alegro mucho…¿y este muchacho tan guapo quien es? – de pronto se dirigía a mi , la mujer tenía un rostro muy expresivo y unos ojos amables, no se parecía en nada a Adrián.
- es Dante un amigo de la infancia - ¿lo era? Claro que no
-es un gusto de conocerla señora…
-Mariana – ella estiro su mano para que la estrechara pero la tome y le bese el dorso – que encantador eres querido, ella es mi hija Nadia.
-Hola, es bueno ver caras nuevas – dijo la chica
- vengan pasen tenemos asuntos que discutir -Mariana, Nadia y Adrián se adelantaron a nosotros
-¿amigo de la infancia? -le dije
-fue lo único que se me ocurrió.
Fuimos a la sala y allí nos sentamos en los enormes sillones que tenían, Mariana le pidió a una muchacha que parecía ser una de sus empleadas que trajera té en un casi perfecto acento británico.
-Y querida ¿estas preparada?, Adrián me ha dicho que estabas un poco nerviosa
-bueno…si un poco ya sabes es un gran evento.
-claro que lo es no todos los días se unen familias tan importantes - ¿importantes? - ¿y tus padres cuando llegaran?
-yo…no creo que asistan, han estado ocupados, mi madre sobre todo
-la canciller debe estar muy ocupada en Estados Unidos - ¿canciller? ¡Por dios! Mía no se nada de ti.
-si, últimamente ha tenido más trabajo que de costumbre- la muchacha llegó con una bandeja con una pequeña tetera y varias tazas, las puso en la mesa frente a nosotros y comenzó a servir.
-por cierto tu habitación está preparada
-oh bueno te lo agradezco pero hemos…he reservado en un hotel – mía busco con desesperación los ojos de Adrián para inventar alguna excusa
-ya sabes mamá como son las novias, lo de la luna de miel y esas cosas, quiere disfrutar de sus últimas noches como soltera – mis manos se volvieron puños porque al decir esa última palabra la miro de una forma que no me gusto para nada.
-si eso – estuvo de acuerdo Mía – Además necesito de mi asesor de imagen para ese día aún debemos discutir que peinado llevaré, el novio de Dante me ha dado algunas ideas tambien- Mía casi se colgó a mi brazo y de pasada me lo apretó ya que se había dado cuenta que estaba ocupando de todo mi autocontrol para no tomarla y devolvernos a Italia en ese preciso instante, solo momentos después comprendí que papel jugaba yo en todo este asunto ¿asesor de imagen? ¿Novio? O no cariño yo no iba a asumir el papel de un chico gay, pellizque suavemente la mano de Mía para que entendiera que no lo quería hacer pero paso su mano por mi espalda y me devolvió el gesto, sonreímos como idiotas frente a ellos, Nadia bajó la mirada como decepcionada por algo.
-entonces si la ayudarás debes ver el vestido para hacerte una idea
-Vamos Mía te ayudaré- dijo Nadia – tu también puedes venir Dante
-no creo que sea buena idea - interrumpio Adrián.
-hermanito tu cállate – le dijo de una forma muy dulce, esta chica me agradaba muchísimo.
Subimos unas escaleras y llegamos a las habitaciones, entramos a la que estaba al final del pasillo.
-tu espera aquí mientras Mía se pone el vestido, cuando esté listo te haré pasar ¿de acuerdo?
-esta bien
Espere en el pasillo varios minutos, al otro lado de la puerta se escuchaban risas y una conversación bastante animada al parecer, luego de lo que pareció una eternidad, Nadia abrió la puerta y me hizo pasar, a penas entrar no pude moverme , lo que vi frente a mi fue realmente un Angel, Mía llevaba un vestido precioso, no muy ostentoso pero con encaje en el pecho y mangas que daba la impresión que solo estuviera cubierta con flores, dejaba lugares bastante sensuales al descubierto, mostrando solo lo necesario, el encaje cubría también la parte de la falda, todo de un blanco radiante.
-respira – golpeo mi brazo Nadia
-lo siento
Me acerqué con cuidado mirando sus ojos avergonzados pensando que en cualquier minuto esa visión que tenía frente a mi se esfumara si cometía un error, mi corazón latió fuerte como hacia muchísimo no latía, me sentí extasiado, emocionado y una serie de emociones más que no comprendí.
-eres hermosa – fue lo único que pude decir, levante mi mano y acaricie su mejilla que estaba pintada de un bonito tono rosa
-que bonito verte feliz Mía -al escuchar la voz de Nadia me aleje inmediatamente – lo vi desde el momento en que cruzaron la puerta, ustedes están juntos me refiero a que son novios
-¿qué? ¡no! – negó Mía
-bueno entonces lo serán, no me importa de hecho pero me refiero a que por que aceptaste lo que te dijo Adrián, este matrimonio es una farsa, debiste decir que no, estaba casi segura que lo harías
-Nadia…quiero decirle la verdad a Mariana, es solo que no se como hacerlo.
-¿Adrián lo sabe?
-el piensa que haremos la ceremonia
-es mi hermano, lo amo pero es idiota, debió decirle a mamá desde el inicio nos hubiéramos ahorrado todo esto, me dolió mucho todo lo que hizo Adrián contigo, eres una buena mujer y no mereces nada menos que felicidad y por lo que veo este chico ni es gay ni es tu amigo, solo basta con ver la forma en que te miro, parecía que había visto a un Ángel- me sorprendieron sus palabras -Mia no dejes pasar mucho tiempo, dile a mi madre yo estaré con ella no te preocupes por su salud estará bien por ahora – Mía me miró asustada, claro que lo estaba.
-ella está tan ilusionada con esto
-lo sé y eso es lo que más pena me da -en ese momento entro Mariana y al igual que yo se quedó embelesado mirando a Mía.
-¡oh mi niña! – se acercó a ella y tomó sus manos – te ves bellísima, no puedo esperar a verte ya lista –Mía me dedico una mirada llena de pánico, debía sacarla de allí.
-por cierto creo que debemos ir al hotel , debemos hacer el check – in además el viaje nos agotó – dije mirando a Nadia para que entendiera lo que sucedía
-por supuesto – dijo ella, yo fui con Mariana y la acompañe a la puerta.
Mía no dijo nada durante nuestro viaje hacia el hotel, estaba cansada mental y físicamente, nos entregaron nuestras llaves en la recepción y subimos, me asustaba que estuviera tan callada, al salir del ascensor nos dirigimos hacia su habitación, se detuvo frente a su puerta, de pronto se cubrió el rostro con las manos, sus hombros temblaron , estaba llorando en silencio, me acerqué y envolví sus hombros con mi brazo, tome su llave y abrí la puerta, metí las maletas dentro y cerré la puerta, ahora podía concentrarme en Mía.
-Fiore ¿qué sucede?
-no…no se que hacer – la acompañaré y nos sentamos en la cama, quité el cabello de su rostro y la mire, me partía el corazón verla triste- viste, la viste…viste la emoción de Mariana ¿cómo le diré que no habrá matrimonio?
-lo sé, es difícil pero hay que hacerlo, todo esto es responsabilidad de Adrián, esto debía hacerlo el y debería hacerlo el, debes hablar con el y decirle que se sienten con ella y le cuenten todo.
-¿y si le pasa algo a Mariana?
-no pienses en eso, tal vez no pase nada, no lo sabrás hasta que le digan – limpie sus lagrimas con mis dedos, ella me miró y puso sus labios en mi mejilla, me sorprendí bastante.
-gracias, no se que hubiera pasado si no estuvieras aquí.
- si me lo pidieras iría hasta el fin del mundo contigo – me avergüence casi de inmediato al decir aquello ¿Qué estaba haciendo?, ella también pareció sorprendida.
-Solo quiero acabar con todo esto y volver a Italia
-lo haremos pronto, ten paciencia -ella respiro profundo, me miró de pronto y me tocó el cabello.
-te creció mucho el cabello – le sonreí
-si, necesito un corte
-mejor gusta así - como adoraba que me dijera Que le gustaba aunque fuera mi cabello, tome su mano y la besé
-¿Estarás bien?
-si, me daré un baño e iré a la cama
-de acuerdo, si necesitas algo me llamas
-gracias
-buenas noches
-buenas noches
No puedo negar que prefería estar con ella, calmarla si se sentía nerviosa pero no podía hacerlo, no podía darle esperanzas así que me resigne y entre en mi habitación, me tiré a la cama y me quedé allí observando el techo con las imágenes de Mía en aquel vestido de novia rondando en mi mente.
Desperté a mitad de la noche debido a que mi teléfono no dejaba de sonar, quise tomarlo y lanzarlo lejos pero conteste.
-¿hola?
-Dante que bueno escuchar tu voz
-¿quién es?
-oh…pensé que me reconocerías, soy Fabiana
-¿Fab…? – me senté en la cama e intente recordar ese nombre dentro de mi muy adormilada cabeza, recordé mi conversación con Luca sobre la cliente conflictiva, me arrepentí inmediatamente de haber contestado – Fabiola claro, si la recuerdo.
-¡que bien! Quería saber ¿cuándo podríamos reunirnos nuevamente?
-escucha, ahora no puedo hablar te sugiero que te contactes con Luca…
-no quiero hablar con el, quiero hablar directamente contigo.
-lo siento pero…
-pensé que entre nosotros había nacido algo, creo que no fui la única que lo sentí- me rasque el cabello claramente molesto.
-escucha, mi relación contigo fue solamente profesional, si te dio la impresión de algo más lo lamento pero no fue así, me contrataste, hice mi trabajo y ya esta.
-quiero contratarte nuevamente
-insisto, habla con Luca y veremos si existe alguna posibilidad de concretar tus peticiones – de pronto escuche un sonido parecido a un grito al otro lado de la pared, en la habitación de Mía, colgué el celular y salí e la cama casi tropezando al salir de la habitación al pasillo, golpeé la puerta sin detenerme hasta que una muy dormida Mía me abrió, verla vestida solo con una camiseta, dejando al descubierto una largas y bonitas piernas que me dejaron sin habla por un minuto, ella se limpiaba el rostro, entre sin esperar que me invitara a entrar, revise la habitación pero no había rastros de peligro, fui con ella y puse mis manos sobre sus hombros.
-¿Qué pasó?
-¿Por qué?
-te escuché gritar
-ah eso
-¿y?
-creo que tuve una pesadilla
-¿pesadilla?
-si, lo siento si te desperté
-esta bien, me asuste pensé que…¿estas bien?
-si, ya estoy acostumbrada a ellas
-ven aquí- la abracé y puse sentir su corazón, latía bastante rápido, estaba asustada aún
-Dante fue solo una pesadilla, no pasa nada – intento apartarse de mi, ella tal vez pensaba que la veía como alguien débil pero no era así, sabia lo aterradoras que eran las pesadillas podía doblegar hasta al más fuerte.
-¿de verdad no fue nada? -ella bajo la mirada – Mía mírame- levante su mentón fijándome en lo enrojecidos que estaban sus ojos debido a que había llorado, intento apartarse de mi nuevamente – debes volver a dormir
-¡No! – dijo de pronto, eso me confirmaba que seguía asustada -yo…creo que iré a la terraza un momento – no volvería a dormir, debía hacerlo porque al día siguiente sería difícil enfrentar lo que debíamos sin descansar.
-Fiore debes dormir
-pero…
-Puedo quedarme contigo hasta que te duermas – era consciente que estaba cruzando la línea, pero al ver su mirada supe que estaba haciendo lo correcto. – iré a buscar ropa
-de acuerdo – no tarde mucho en ponerme el pantalón de pijama, normalmente solo dormía con ropa interior así que no tenía nada que ponerme de la cintura para arriba, traje una manta conmigo, entré a la habitación de Mía y ella ya estaba acostada, la luz apagada y los ojos cerrados, me acomode en el sillón que estaba a un costado, no era muy cómodo pero serviría.
-buenas noches, gracias- susurro en la oscuridad
-buenas noches Fiore, descansa.
Al inicio me costó dormir, fue difícil, estaba en la misma habitación que ella, escuchándola respirar, sintiendo su aroma, la quería cerca de mi, acariciarla, besarla…¿Qué diablos?, no podía dirigir mis pensamientos hacia allí, era peligroso. Sentí que la respiración de Mía se volvía más rápida, estaba agitada y se revolvía entre las sábanas, otra vez estaba teniendo pesadillas, me levante y subí a la cama, moví su hombro con delicadeza, estaba temblando ¿qué magnitud tenían esas pesadillas? Me asuste debido a que no despertaba, la levante y apoyé su cabeza en mi pecho.
-¡No! -dijo casi como si se estuviera ahogando, movió sus manos en un intento de apartarme de ella.
-¡Mía despierta! – la tome de los brazos, ella contuvo la respiración y abrió los ojos al inicio no me reconoció y luego su mirada se paseó por todo mi rostro, bajo los brazos y movió la cabeza como si de pronto estuviera muy cansada.
-lo lamento, no debí volver a dormir – su cuello y pecho estaban bañados en sudor, con cuidado la deje levantarse de la cama, fue al baño mientras que involuntariamente mis ojos vagaron por su figura al caminar, se inclinó en el lavamanos y bebió agua, se limpió la boca con el dorso de su mano y se quedó allí un momento, me levante y llegué a ella, acaricie sus hombros y baje despacio por sus brazos y luego hice el recorrido de vuelta, nos mire en el espejo, era tan pequeña pero de alguna forma tan fuerte que sentí admiración por ella, por lo que había hecho y lo que podría llegar a hacer. Me incliné y besé su hombro, su piel olía a aceite de coco y me volvió loco, ella suspiro, moví su cabello para recorrer con mis labios la parte de atrás de este, ella me dio acceso, mis manos bajaron hasta sus caderas y pego su cuerpo al mío dejándome casi sin aliento, debía detenerme mientras pudiera, ambos respiramos agitados pero me aparte.
-hay que volver a la cama – Mía me miro confundida y un poco derrotada, esto me estaba torturando y sabia que yo era el único causante de todo, me daba miedo lo que comenzaba a sentir, quería sostenerla en mis brazos para siempre y que no tuviera que liderar con nada mañana, quería sacarla de aquí que fuera feliz, lo peor de todo es que yo quería hacerla feliz, no podía pasar por esto de nuevo, pero me sorprendía que pudiera volver a sentir de nuevo.
La ayude a meterse a la cama, ella tiro de mi mano sin dejarme mucha opción supe exactamente que quería, me metí a la cama con ella, me daba la espalda pero tomo mi mano y la pasó por su cintura hasta su pecho donde entrelazó nuestros dedos, estaba tan cerca de ella que podía oler el aroma de flores de su champú, me acomode con mis piernas detrás de las de ella, podía sentir cada cueva de su cuerpo, cálido y suave, me prometí no tener pensamientos impuros en ese momento, me concentré tanto en ello que me dormí sin darme cuenta.
“Dante" escuche una voz a lo lejos, dulce y agradable como una canción de cuna, “Dante" nuevamente la voz, ¿estaba soñando? Algo acarició mi rostro, me estire y abrí los ojos, mi posición había cambiado estaba boca abajo, Mía estaba mirándome sentada en la cama con una enorme bandeja en un costado , el aroma a huevos y tocino me llegó de golpe y mi estómago gruñó, bostece y me senté.
-no sabia que te gustaba – “tu, me gustas tu"
-esta bien, se ve delicioso
Tomamos una taza de café y comí con ímpetu los huevos, en ese momento se me ocurrió algo.
-cuando termine todo deberíamos recorrer la ciudad , Londres es precioso, luego podemos volver ¿qué dices? – su mirada se iluminó, que fácil era hacerla feliz.
-me encanta – comió el resto del desayuno muy animada tanto así que me contagió su bien humor, sabia que esto no duraría mucho debido a que debíamos ir a casa del coglione y eso siempre la entristecía, más aún si debía hablar con Mariana.
Aquella tarde después de comer en el hotel, Mía llamo al coglione y le pidió que se reunieran ya que debían hablar sobre los pasos que seguirían a continuación, el acepto así que la lleve a St. James's Park, un lugar histórico y hermoso que en esta época del año, en plena primavera era alucinante, lo primero que llamo su atención fue la fauna.
-¡Oh por dios! ¿Es una ardilla? – dijo con la emoción de una niña pequeña
-hay varias alrededor
-que cosa tan bonita
-¿Nunca habías visto una?-pregunte mientras le compraba unas galletas a un señor
-no, es tan linda – me acompañó hasta una banca cercana donde nos sentamos – Ten – le di un pedazo pequeño de galleta, ella la puso en su mano con cuidado, apoyó su espalda en mi pecho y le dije que estirarla la mano hacia el respaldo de la banca y esperara, había una ardilla cerca, olisqueo el aire y se acercó- no hagas movimientos bruscos, son muy tímidas pero de cierta forma están acostumbradas a los humanos.
-estoy nerviosa
-tranquila -esperamos hasta que la pequeña ardilla subió a la banca, Mía dio un pequeño grito de sorpresa, la ardilla se acercó con cautela, movió su nariz hacia nuestra dirección, poco a poco se fue acercando, tomo la galleta entre sus pequeñas patitas y corrió hacia el césped, Mía se giró con una sonrisa preciosa.
-¿lo viste?
-si – ya estaba hecho, había un antes y un después de Mía y en ese momento lo supe había una razón por la cual no podía dejar de pensar en ella, o por que cuando estaba cerca de mi, mi corazón latía como si hubiera corrido una maratón, la quería, no había mayor explicación. Tome su mentón y lo levante hacia mi, me acerque y la besé, este beso era diferente, suave y delicado como si quisiera que supiera lo bien que me hacía sentir su compañía, ella me respondió de la misma forma, me aleje un poco y la vi aún con los ojos cerrados, roce su nariz con la mía y ella suspiro. Nuestra burbuja de felicidad fue interrumpida por un molesto carraspeo, dirigimos nuestra mirada hacia arriba para ver al coglione frente a nosotros, tenia las manos metidas en los bolsillos y se veía tenso, ni Mía ni yo nos apresuramos por movernos.
-creí que vendrías sola
-somos un paquete – respondí con la sonrisa más irónica que pude hacer
-así veo, tu dirás Mía ¿sobre qué querías hablar? -Solo en ese momento Mía se enderezó y se sentó de una manera más formal.
-quiero que hablemos con Mariana
-¿sobre…?
-el matrimonio, no quiero mentirle – el levanto las cejas como si no se lo esperara.
-¿podemos hablar esto en privado? – Mía me miró y luego se levantó, ambos se sentaron en otra banca a unos metros de mi, triture un poco más de galletas y se las tiré a las ardillas, incluso a algunas palomas que estaban por allí, me desesperaba el hecho de no poder escuchar lo que decían, Mía estaba de espaldas a mi solo podía ver las expresiones de Adrián. Al inicio parecía relajado y escuchaba atento a Mía la cual gesticula con las manos, era gracioso que las costumbres italianas se contagiaban un poco, luego para mi sorpresa Adrián dijo algo lo cual Mía negó con la cabeza, para mi sorpresa el coglione tomo su mano jugó con su anillo de compromiso, me molestó que la tocara , ella intento apartar su mano pero no la dejó, estuve a punto de levantarme y separarlo de ella pero Mía algo dijo que lo hizo soltarla, ella se levantó y se dirigió hasta mi.
-¿estás bien? -pregunté
- si
-¿Qué pasó? ¿Qué dijo? – Mariana esta recibiendo tratamiento ahora, estará al menos dos días en Wembley.
-espera…pero la fecha para el matrimonio es al día siguiente ¿no? – ella asintió y como yo estaba igualmente molesta- esto es muy raro
-¿Por qué lo dices?
-¿no crees que es demasiado extraño que justo antes del matrimonio y cuando tu pretendes decirle la verdad?
-ay Dante no se que pensar
-no te puedes casar con el
-no me casare con el, ni siquiera quiero ponerme ese ridículo vestido de nuevo.
-de verdad lo lamento – dijo de pronto Adrián
-por alguna razón no te creo -le dije ya no ocultando mi desagrado por el
-¿qué diablos te pasa? Este ni siquiera es tu asunto
-es mía asunto si Mía está involucrada
-¿qué eres su guardaespaldas? – lo tomé del cuello de la camisa
- Stai zitto bastardo!- se deshizo de mi agarre
-¡tocarme una vez más y…!
-¿qué, que harás?
-¡ya basta! – nos detuvo Mía- ya vete de aquí Adrián, iré a tu casa en dos días
No despegue la mirada del coglione hasta que se perdió en la lejanía, la mano de ella busco la mía en un intento de calmarme.
- Odio quel figlio di ...- me detuve antes de terminar la frase, No quería insultar a Mariana.
-dentro de dos días todo habrá terminado
Realmente mi esperaba, por culpa de él comenzaba a odiar Londres, no quería estar ni un segundo más en este lugar, me tranquilice, pero en mi cabeza ocupaba a Adrián como saco de boxeo.