Era otro día común y corriente en Konoha, había un hermoso cielo despejado, una animada vida social en la aldea y ningún desastre potencial a la vista. Esa era la mañana de Iruka mientras disfrutaba del bello inicio de sus cortas vacaciones ahora que la gran mayoría de sus pequeños alumnos habían pasado su examen ninja y obtenido su banda, incluso el más inesperado de ellos.
Tendría tiempo para reposar sus heridas de la última aventura de Naruto y aunque perdería su excusa perfecta para evitar a sus colegas alfas que parecían tener opiniones infinitas sobre sus actividades de aquella noche y su cercanía con Naruto, ahora, de hecho, podría tomarse su tiempo para ser aún más cercano a Naruto sin preocuparse de que pareciera un favoritismo sobre los otros niños de la academia.
Podría empezar yendo a comer ramen con él, después de todo, era un lindo día.
Excepto que notó, que tal vez el ambiente en general era algo... Denso.
Él, cómo omega masculino, puede percibir con más claridad que otros la actitud y el humor de las personas por los sutiles matices en sus aromas, y aún con todo el buen humor que traía consigo notó una tensión general en los aldeanos de Konoha, parecían disgustados, sino que hasta asqueados.
Sin embargo, como siempre, todo el mundo prefería murmurar a voces rumores difíciles de entender o lo suficientemente aburridos de escuchar como para que se detuviera a tratar de platicar con alguien en busca de información, más, considerando que no podía saber con seguridad si su cacho- Naruto, estaba involucrado en el problema, pues las personas habían dejado de hablar de Naruto en presencia del omega mayor en cuanto notaron lo cercanos que se habían vuelto, algo que por cierto, se había vuelto un inconveniente a la hora de averiguar en qué estaba metido Naruto a cada momento, pues en el pasado los aldeanos no dudaban en acusar a Naruto con él por cada pequeña cosa que ocurriera, confiando en que él le daría una buena reprimenda y en muchas ocasiones pidiéndole que lo expulsara de la academia (algo que por cierto, él no tenía la autoridad para hacer aunque hubiera querido).
Ahora que su actitud hacia Naruto había dado un giro trascendental nadie quería hacer enfadar al omega favorito de los niños de Konoha, que veían a Iruka como una segunda mamá que cuidaba de ellos en la escuela.
Por ello todos se limitaban a murmurar alrededor de Iruka, evitando deliberadamente al omega mientras éste caminaba tranquilamente hacia el apartamento del chico más odiado de la aldea, que hace unas semanas se había presentado como omega, y que apenas ayer había aprobado su examen ninja de una forma inusual, peligrosa y no del todo acorde a las reglas, por lo que Iruka ya estaba planeando sus vacaciones con Naruto, donde podrían salir a ver otros lugares o aldeas para que el rubio conociera y saliera de la pequeña y aburrida aldea llena de más gente pequeña y aburrida, y sobre todo llena de cosas negativas que decir sobre su cachorro que no le interesaba oír ni que Naruto oyera.
O esa era su intención, hasta que notó un extraño aroma provenir del apartamento del menor.
—¿Naruto, estás en casa? —se escuchó la voz de un preocupado Iruka entrando por la puerta del pequeño departamento, alertándose al sentir las feromonas alteradas de su alumno— ¡¿Naruto?!
No dudó en adentrarse en el lugar dejando en el suelo su bolsa de compras y buscando rápidamente al menor.
—Aquí —le respondió tras unos segundos la voz quebradiza y débil del rubio.
El omega castaño se acercó rápidamente hasta el fondo del apartamento, encontrándose con su pequeño estudiante hecho un ovillo sobre su cama. Estaba entrando en celo, y por los días que había contado Iruka desde el primer celo del rubio era un celo adelantado.
—Naruto, no te preocupes te traeré supresores, ahora vuelvo —dijo apresurado y a punto de partir, pero un tímido agarre en su muñeca y un leve cambio en el aroma del omega lo detuvieron, el intenso aroma a vainilla revelaba, además de la excitación y necesidad de atención involuntarias propias del celo, un inmenso dolor y soledad que provocó que el omega de Iruka se revolviera con ansiedad por verificar el estado de quien hace tiempo que consideraba su cachorro.
Se volteó y se sentó en el borde de la cama tomando la mano que se aferraba a su muñeca y suavemente retiró las cobijas que cubrían al pequeño omega, buscando su rostro en el cual notó las gruesas y cristalinas lágrimas que surcaban sus mejillas hasta morir en la almohada además de las múltiples abrasiones y hematomas en los brazos y piernas del menor que no dejaba de temblar, la sola visión de su tierno cachorro de cabellos dorados tan lastimado le resultaba desgarradora.
Con un nudo en la garganta tomó al omega en sus brazos y se sentó en la cama con él en su regazo dejando que de momento fuera el chakra del zorro de las nueve colas el que se encargara de sus heridas.
—No te preocupes Naru, ya estoy aquí —murmuró en su oído envolviéndolo con sus feromonas y permitiendo que el cachorro hundiera el rostro en su pecho mientras se dedicaba a dejar pequeños caricias en su espalda—. No te preocupes, aquí nadie te hará daño.
-—Mamá, me duele —se lamentó el menor temblando en sus brazos cada vez más siendo dominado del todo por su lado omega conforme el celo se hacía presente, abrumado por todo el estrés sumándose al remolino hormonal y emocional que venía con su género secundario, su edad y su condición actual—. Me dijeron zorra, me lastimaron...
—No eres una zorra —le aseguró de inmediato apretándolo suavemente contra su pecho—. Te prometo que el dolor pasará y ya no te lastimarán, no los dejaré. Estoy aquí para cuidarte Naruto.
Hipidos y sollozos resonaban en la habitación aumentando la tristeza e impotencia en Iruka al no poder frenarlos, no entendía cómo los aldeanos podían ser tan crueles con un pequeño omega, ni siquiera él cuando era más duro con Naruto antes de que éste se presentara como omega en su primer celo lo había tratado tan mal o había tratado de humillarlo, nunca se había atrevido a ponerle una mano encima o a insultarlo de la forma en la que lo hacían los aldeanos, después de todo y a pesar de todo era solo un cachorro, un cachorro que no podía defenderse y estaba demasiado solo para que alguien lo defendiera.
Era injusto, así es como lo sentía.
—Mamá, mamá, mamá —lo llamaba el menor entre sus sollozos buscando impregnarse lo más que pudiera con su olor.
El lado irracional del menor buscaba desesperadamente alguien a quien aferrarse, buscaba a su madre, y al no encontrarla se aferraba a lo único más parecido a ella, Iruka, uno de los pocos omegas varones en Konoha que además lo había acompañado en su primer celo, explicándole qué es lo que le pasaba a su cuerpo y llevándole cosas que le ayudarían cuando nadie más se había molestado en hacerlo.
Sandaime ni siquiera se había encargado de que un omega cuidara de Naruto y lo instruyera a lo largo del celo, ni siquiera se había enterado hasta que Iruka mismo fue a la torre y le dio un informe de la situación, todo lo que el anciano beta había hecho fue darle una calada a su pipa y soltar un elocuente "ya veo", Iruka no podía creerlo, entendía que llevar una aldea shinobi era un gran trabajo, pero Sandaime era responsable por Naruto no solo por ser el hijo del héroe de guerra y antiguo Hokage, Minato, sino por ser el jinchuriki de Konoha, nada menos que del zorro de las nueve colas. Sabía que los betas por biología no eran muy versados en las naturalezas alfa y omega y por lo tanto difícilmente empatizaban con las necesidades y dificultades de sus géneros secundarios (Había que ver las leyes actuales sobre omegas medio segundo antes de darse cuenta de que los ancianos inútiles del consejo eran unos amargados betas), pero cuando los padres de Iruka murieron Sandaime tuvo la amabilidad de proporcionarle un lugar cálido y seguro donde pasar sus celos en su propia casa cuando notó las dificultades de Iruka como omega; y cuando tuvo la edad suficiente incluso le ofreció la compañía de su hijo, Asuma, para sobrellevarlos, por lo que estaba muy agradecido por todas las consideraciones que el viejo shinobi había tenido para con él desde ese entonces, no entendía como el mismo hombre podía ser tan indiferente con Naruto.
Iruka sabía cómo se había sentido Naruto durante aquél primer celo, solo, perdido, avergonzado y vulnerable como él mismo se había sentido durante su primer celo natural después de la muerte de su madre; solo en una casa vacía sin nada con qué armar su nido, sin ningún aroma familiar ni reconfortante en el cual abandonarse ni una mano que sujetar durante los peores momentos de cada oleada del celo.
Ese día Iruka no pudo evitar marcar al omega como su familia, mordiendo suavemente su cuello para marcar su vínculo y que el pequeño omega dejara de sentirse tan solo y perdido durante su primer celo. Sabía que había sido una decisión imprudente, pero la repetiría una y otra vez su fuera necesario, después de todo, le hubiera gustado que alguien lo acompañara de ese modo cuando perdió a sus padres, pero no hubo nadie, y eso fue algo que lo amargó como omega durante gran parte de su juventud incluso cuando después Sandaime puso betas que resguardaran sus habitaciones para cuidarlo.
Los omegas necesitan contacto físico y emocional durante sus celos, era algo básico y de conocimiento general, sin él, los celos son de lo más angustiante para el omega.
—Aquí estoy Naru —le aseguró acercándose para marcar suavemente el cuello del menor con sus dientes reforzando su lazo familiar—, y nunca me voy a ir de tu lado.
Permaneció junto a Naruto por un par de horas más hasta que el menor se quedó dormido, y tras armarle un nido improvisado sobre su cama pudo salir a buscar supresores que le ayudaran con el celo del rubio.
[...]
Camina tranquilamente por las calles de la aldea bajo el cobijo de la noche y escucha el viento mecer suavemente las hojas de los árboles mientras piensa en su cachorro, quien en un mes sería oficialmente un genin y conocería al resto de su equipo y futuro sensei, cosa que le preocupaba bastante, pues el omega de Naruto es muy sensible al rechazo de los demás hacia su persona y seguramente no soportaría que incluso su maestro fuera cruel y despectivo como los demás en la aldea, incluso como él mismo llegó a ser con el rubio cada vez que lo sacaba de quicio con sus travesuras. Tendría que tener una plática con ese futuro maestro e imponer unas cuantas reglas, se dijo decidido., cuando menos lograría que ese profesor juzgara a Naruto por su desempeño real y no por absurdos prejuicios.
Se adentró en la tienda aún con sus pensamientos perdidos en lo que le depararía a su cachorro y pidió distraídamente los supresores y otras cosas que necesitaba, ignorando olímpicamente la mirada sugerente del dueño del establecimiento hasta que una voz lo sacó de su ensimismamiento haciéndolo saltar ligeramente.
—¿Compras nocturnas? —preguntó casual el alfa detrás suyo quien no perdió el tiempo y despachó al dueño de la tienda con una mirada amenazante que cambió rápidamente por una expresión tranquila para cuando Iruka se volteó a verlo.
—Kakashi-sensei —murmuró sorprendido antes de devolverle la sonrisa-, así es, no tuve tiempo de ir antes.
—Me imagino, con lo ocupado que estás en la academia —comenzó a seguir al omega que avanzaba con parsimonia entre los escaparates de la pequeña tienda buscando algo que pudiera necesitar mientras esperaba a que el encargado volviera con lo que le había pedido.
—Usted también debe estar muy ocupado ahora que tendrá que preparar su examen para sus nuevos alumnos —tomó entre sus manos un litro de leche, varias botellas de agua y dulces que puso en una pequeña canasta—. Espero que encuentre un equipo que logre cumplir con sus expectativas, hay chicos muy prometedores este año, hay muchos herederos de clanes.
Aunque claro, Iruka era muy parcial en cuanto a su opinión, pues todos sus alumnos eran sus pequeños retoños sin importar cuán problemáticos fueran o el grado de talento que tuvieran.
—Ya lo veremos —respondió de forma distraída fingiendo escoger entre un par de chocolatinas mientras veía de reojo lo que escogía Iruka—. Aunque lo dudo mucho.
Ambos adultos se pasearon un par de minutos más por la pequeña tienda entre pequeñas pláticas hasta que el omega tuvo su pequeña canasta llena de todo lo que necesitaba para el celo del rubio y se encaminaron hacia el mostrador donde el vendedor los esperaba con lo que Iruka le había pedido.
—¿Tienes tiempo la próxima semana? Estaba pensando en ir a una misión cerca de aquí para matar el tiempo.
Se acercó un par de pasos al más bajo y le quitó la canasta de las manos con la excusa de ayudarle llegando primero al mostrador y alejando al vendedor con una mirada gélida.
—Pues ahora estoy algo ocupado preparando las clases para los chicos nuevos de la academia y la clasificación de las misiones, así que no creo poder, lo siento —se disculpó algo descolocado por la inusual invitación. Iruka no conocía mucho a Kakashi, pero conocía en cierto grado a todo el mundo por su trabajo en la academia y en la asignación de misiones, sabía que Kakashi normalmente era asignado para misiones de rango S, A cuando menos, ir con Iruka significaría que ninguna de esas dos clasificaciones estaría siquiera a contemplación debido a su rango chunnin, que a su vez era debido a su estatus como shinobi omega, incluso dudaba que Sandaime le permitiera ir, muchas veces en el pasado cuando otros colegas trataban de llevarlo a misiones con ellos el Hokage solía encontrar casualmente nuevas tareas en la torre que Iruka y solo Iruka podía hacer, convenientemente, de modo que Iruka rara vez salía de la aldea.
Además, Hatake Kakashi, por lo que Iruka sabía, siempre iba solo a las misiones a menos que el Hokage ordenara lo contrario, ¿Ahora quería llevar a un chunin omega con él? En la mente de Iruka no tenía mucho sentido, aunque claro que él todavía no notaba las verdaderas intenciones del alfa, su mente no concebía que alguien tan estoico y despreocupado como Kakashi fuera como sus colegas alfas e intentara cortejarlo de esa forma.
—No pasa nada, ya será para a otra.
—Lo prometo.
Iruka le dedicó una pequeña sonrisa antes de ponerse a escoger entre los distintos tipos de supresores e inhibidores de aroma en el mostrador de la tienda puestos apresuradamente por el encargado que se alejó de inmediato fingiendo tener otras cosas que hacer.
—¿Se acerca tu celo? —aventuró cautelosamente el jounin recargando su cadera en el mostrador para ponerse cómodo y sonriendo bajo su máscara al ver el pequeño sonrojo que se formó en el rostro del moreno.
—Son para Naruto —le explicó respirando pausadamente para bajar la sangre que se acumulaba en sus mejillas inhalando un poco del ligero aroma a hierbabuena que emanaba el más alto. Normalmente Kakashi no se acercaba tanto a él, era vergonzoso cómo estaba reaccionando su omega a la cercanía del alfa. Ocultó su nerviosismo rascando suavemente el puente de su nariz.
—¿Naruto? ¿El chico que siempre pinta los rostros Hokage? —preguntó de nuevo teniendo cuidado de escoger sus palabras, pues hace no mucho que se le empezaba a ver muy cercano a Iruka—. Debe ser duro que sea omega.
Iruka asintió con la cabeza buscando dinero en su cartera antes de entregárselo al vendedor que para su extrañeza, esta vez apenas y quiso acercarse.
—Para ser honesto hubiera preferido que fuera alfa —suspiró haciendo amago de tomar las bolsas, pero Kakashi se adelantó—. Está bien, puedo cargarlas.
—Lo sé, pero no tienes que hacerlo —le respondió con sencillez encogiéndose de hombros con una pequeña sonrisa solo apreciable gracias a su único ojo visible.
—Gracias —accedió después de apenas un segundo de duda igual con una pequeña sonrisa en su rostro, la de él un tanto más tímida que la del alfa.
Kakashi dejó un billete en el mostrador pagando lo que sea que tomó distraídamente de los estantes para pasar por cliente y pronto comenzó a caminar al lado de Iruka para salir de la tienda.
—¿A Naruto no le gusta ser omega? —cuestionó caminando lentamente con la intención de alargar el tiempo.
-Creo que ni siquiera ha pensado en sí le gusta o no -respondió con la mirada perdida en el camino-. Pero seguro que detesta lo que ha implicado, desde que se descubrió como omega los demás son más crueles con él y se ha vuelto sensible al rechazo, y ahora con todo el asunto del pergamino prohibido...
Kakashi ya había escuchado la historia de boca de otros ninjas, todos enfadados con Naruto y hablando mal de él sobre el fastidio y el peligro que era, por no mencionar por la inconformidad general de su nueva relación con Iruka, con la que nadie más que el Hokage parecía estar de acuerdo o aprobar.
Todos decían que Iruka había puesto su vida en peligro aquella noche al pelear solo contra ese jounnin alfa en medio del bosque en completa oscuridad por el niño zorro y nadie entendía sus razones, mientras que Iruka nada más volver de su misión suicida lleno de heridas se dedicó a ignorar a todos sus compañeros alfas y betas para centrarse únicamente en el estado anímico de Naruto tras la impresión de saber del zorro demoniaco en su interior.
Ahora, escuchando a Iruka de primera mano, Kakashi podía confirmar lo que había oído: Iruka estaba muy apegado a Naruto, lo suficientemente apegado como para acompañarlo en sus celos y preocuparse especialmente por su cuidado fuera del salón de clases.
Entendía —por más que le pareciera exagerada— la preocupación de sus compañeros ninja y muchos aldeanos, el único omega varón desde hace mucho tiempo entre las filas ninja de Konoha, aquel maestro omega con el que todos estaban encantados y por el que todos estaban de acuerdo en mantener en un rango chunin a su casta ahora se exponía al peligro de forma temeraria apegándose al zorro de las nueve colas como si lo hubiera reclamado como su cachorro.
Kakashi, mientras escuchaba las opiniones de Iruka y caminaban hacia el apartamento del rubio notó que no había error en las suposiciones, pero eso solo atrajo más su atención hacia el par de omegas en cuestión.
Algunos de sus compañeros, tanto omegas como alfas, habían comenzado a conjeturar acerca de los motivos de Iruka para acercarse al niño zorro aun cuando ese mismo zorro había sido responsable de la muerte de sus padres, muchos de ellos se alejaban de Naruto por el simple hecho de que en ocasiones el efluvio de su aroma les recordaba al que habían percibido en el zorro de las nueve colas aquella fatídica noche. Compañeros maestros de academia habían mencionado notar con preocupación que Iruka incluso parecía necesitar tomarse un respiro después de pasar tiempos prolongados en el salón con el niño zorro, pero Iruka nunca se quejó ni lo comentó con nadie.
De modo que las conjeturas de sus compañeros habían ido por el rumbo más predecible -y Kakashi creía que Iruka se enfadaría y avergonzaría mucho si se llegara a enterar de que pensaban eso de él- que implicaba el hecho de que Iruka llevaba demasiado tiempo sin pareja, y su lado omega había comenzado a desear las cosas propias de su género secundario, un alfa que lo cuidara y un cachorro que criar, y a falta del primero, había tenido que adoptar al segundo, aunque eso significara exponerse a estar al lado del contenedor del zorro de las nueve colas, reforzando la opinión de todos sobre la vulnerabilidad de los omegas ante este tipo de cosas, de los omegas varones en específico, pues ninguna omega mujer había mostrado interés en adoptar a Naruto y concordaban con que Iruka había perdido la cabeza, Iruka como omega varón era demasiado susceptible a los cachorros, sin importar que fueran monstruos como Naruto.
Kakashi miró a Iruka a su lado, que sonreía suavemente al hablar de Naruto, envuelto en un aroma dulce y acogedor. A Kakashi le hubiera gustado que alguien como Iruka hubiera estado para acogerlo cuando perdió a su familia y estaba seguro de que era un pensamiento que compartía con muchos de sus compañeros ninjas que habían sufrido desgracias en sus infancias y que ahora veían al afortunado receptáculo del kyubby recibir aquel trato.
Por un lado, le alegraba que el cachorro de su maestro tenga alguien que lo cuide y ame como sus padres no pudieron, por el otro, le hubiera gustado que ese alguien no fuera Iruka, que fuera cualquier otro menos Iruka, no podía evitar pensarlo, no odiaba a Naruto, después de todo era hijo de Minato y prácticamente había vivido el embarazo de Kushina al ser su guardaespaldas durante aquellos largos nueve meses, pero no tenía idea de nada sobre el zorro de las nueve colas, si se salía de control... Si se salía de control e Iruka estaba cerca...
—Es un buen niño, es torpe, travieso, ruidoso y no tiene modales -se quejó Iruka con una risa, completamente ajeno a los pensamientos de Kakashi—, pero cuando ves más allá de eso te das cuenta de que también bueno y dulce, solo quiere alguien que lo ame y lo reconozca como alguien digno de amor.
—¿Alguien como tú? —preguntó Kakashi con suavidad, aunque algo como la suavidad no era el punto fuerte de Kakashi, tal vez fue demasiado directo.
Iruka detuvo su andar a su lado, mirando al suelo un momento antes de voltear a mirarlo, quitándole a Kakashi su bolsa de compras. Habían llegado al apartamento y todo indicaba que Iruka no tenía intenciones de invitarlo a pasar.
No es que Kakashi esté entusiasmado por entrar a un cuarto con un jinchuriki cachorro omega en celo, pero estaba aún menos dispuesto a dejar entrar a Iruka solo, aun así, se mantuvo con firmeza en su lugar con los ojos chocolate de Iruka sobre los suyos.
—No sé si podré ser lo que necesita —le confió Iruka con voz suave—, pero no seguiré permitiendo que viva rodeado de odio y soledad si puedo hacer algo al respecto. Gracias por acompañarme, Kakashi-sensei.
Kakashi resistió el impulso de tomar la mano de Iruka y alejarlo del edificio de apartamentos cuando el omega le dio la espalda para ir en busca de su nuevo cachorro.
—Ah, y yo que creí que estaba por encima de todos esos alfas preocupones como Asuma y Ebisu —se lamentó mirando al cielo con una mano en su nuca.
[...]
Iruka había entrado al apartamento de Naruto desde hace veinte minutos, y desde que los gritos habían comenzado hace cinco minutos mientras Kakashi trataba de decidir su postura sobre el asunto, no se habían detenido, así que Kakashi había sido incapaz de irse, en cambio permanecía caminando de un lado a otro sobre el tejado frente al edificio de apartamentos tratando de decidir cuándo sería el momento en que tendría que intervenir si la situación continuaba de ese modo. Entrar en un apartamento con un cachorro omega en celo y un omega adulto protector podía llegar a ser muy problemático y peligroso.
Entonces llegaron, Raidō Namiashi, Genma Shiranui y Aoba Yamashiro, tres tokubetsu jōnin a los que a menudo se les veía juntos y que habían decidido pasar su noche en el mismo lugar que él, por un momento consideró irse del lugar y evitar la interacción, pero los quejidos y llantos en el apartamento no cesaron, así que sin más remedio se quedó y suspiró.
—Kakashi —saludó Raidō, como siempre con una senbon en su boca.
—Raidō, Genma, Aoba, no esperaba verlos por aquí -saludó de vuelta, metiendo sus manos en sus bolsillos con desinterés.
—Escuchamos los rumores —explicó Genma, dirigiendo su mirada hacia la ventana del apartamento de Naruto al igual que los otros tres alfas-, Iruka ni siquiera dejó que los ninjas médicos atendieran las heridas que le provocó Mizuki anoche y ya está encerrado solo en un apartamento con el zorro de las nueve colas en pleno celo.
Nadie pudo decir nada más cuando un grito especialmente fuerte resonó dentro del pequeño apartamento donde se resguardaban los omegas, y una oportuna ráfaga de viento levantó la cortina de la ventana y les permitió ver cómo Naruto se encogía sobre sí mismo, abrazado con fuerza a Iruka por los dolores en su vientre.
Todos se tensaron al mirar a Iruka, que se había soltado el cabello y vestía un simple short corto y una camiseta holgada blanca manchada por la sangre, en la esquina de la habitación se podía ver un montón de sábanas y ropa también con sangre, pero Iruka tenía una suave sonrisa en el rostro y acunaba a Naruto entre sus brazos, ambos en medio de un grueso nido.
—¿Qué carajo? —susurró Aoba con un gruñido gutural entorpeciendo su dicción.
Fue instintivo que todos llevaran sus manos a sus armas cuando con un nuevo sollozo de dolor Naruto atrapara la mano de Iruka que trataba de acariciar su cabello, la atrapó con sus colmillos y la mordió con fuerza hasta que la mano de Iruka sangró. Los ojos del niño no solo lagrimeaban en exceso, sino que sus pupilas se habían alargado y sus rasgos se habían vuelto ferales. Una visión aterradora para cualquier alfa que la presenciara, la visión de un monstruo atacando a un omega hasta destrozar su piel, el olor espeso y ácido del miedo salía a oleadas por la ventana, era nauseabundo.
Pero no para Iruka, que comenzó a ronronear hasta que Naruto lo soltó y comenzó a tirar de sus propios cabellos entre hipidos, suplicando perdón a su madre antes de ocultarse en su pecho, que había comenzado a liberar un aroma suave y calmante.
—¿Qué carajo? —dijo esta vez Genma, todos relajándose cuando Iruka logró dormir a Naruto entre sus brazos y arroparlo en el nido.
—¿Dijo... Madre? —preguntó Aoba en un susurro incrédulo, cayendo sentado en el tejado con una mano en la cabeza.
Miraron por la ventana como Iruka acomodaba a Naruto en la cama para ir a ponerse una venda en la mano como si fuera completamente normal para él mientras afuera del apartamento notaron como algunos aldeanos merodeaban la zona, aparentemente debatiéndose cómo hacer callar al niño que gritaba, cuando uno de ellos tomó una roca en su mano los tres ninjas se pusieron de pie.
—Ni una palabra de lo que acaban de ver a nadie que no sea el hokage-sama —pidió Kakashi con un suspiro—, la situación es más seria de lo que creímos.
—Iruka por fin es madre, me preguntó si deberíamos felicitarlo —murmuró sin gracia Genma, saltando del edificio para ahuyentar a los aldeanos de la zona.
—Hey, tal vez su siguiente paso sea buscar alfa, ¿Eh, Aoba? —se burló Raidō—. Ya tendrá cachorro incluido, y con ese no hay que cambiar pañales.
—Cierren la boca los dos —los regañó su compañero castaño, saltando del edificio para ayudar a ahuyentar y dispersar a los aldeanos.
Iruka buscando alfa.
Las palabras se quedaron toda la noche en la mente de Kakashi, sentado en el tejado frente a la ventana del apartamento, mirando a Iruka trabajar sin descanso como de costumbre.