Clandestino

By yannapaola19

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Y a veces caer en la tentación es la única salida... Ellos sabían que no estaba bien, que nunca debieron empe... More

capitulo 1
Capitulo dos
capitulo tres
capitulo cuatro
capitulo cinco
capitulo seis
capitulo siete
Capitulo ocho
Capitulo nueve
Capitulo Diez
Capitulo once
Capitulo Doce
Capitulo Trece
Capitulo Catorce
Capitulo Quince
Capitulo dieciséis
Capitulo Diecisiete
Capitulo Dieciocho
Capitulo Diecinueve
Capitulo Veinte
Capitulo Veintiuno
Capitulo Veintidos
Capitulo Veintitrés
Capitulo Veinticinco
Capitulo Veintiséis
Capitulo Veintisiete
Capitulo Veintiocho
Capitulo Veintinueve
Capitulo treinta
Capitulo Treinta y uno
Capitulo treinta y dos
Capitulo Treinta y tres
Capitulo treinta y cuatro
capitulo Treinta y Cinco
Capitulo Treinta y Seis
Capitulo treinta y siete
Capitulo Treinta y Ocho

Capitulo Veinticuatro

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By yannapaola19

Con un vaso de agua en las manos y la mirada pérdida en un punto fijo de la moderna cocina mis pensamientos me torturan, la angustia y el miedo a lo desconocido me carcomen, la incertidumbre sobre lo que pasara pesa como una pesada losa sobre mis hombros. Son las tres de la mañana, me he despertado entre sus brazos y al verlo dormir tan plácidamente y saber que lo amo y no puedo decirle nada me dejo descompuesta, necesitaba pensar aunque sea en plena madrugada así que con todo el sigilo que pude reunir salí de la cama dejándolo solo y aquí me encuentro, sola en la cocina con mil cosas en la mente. Se las consecuencias de haberme enamorado de él, las tengo clara desde un principio. Andres no cree en el amor, nunca se ha enamorado, el mismo lo dijo. Una de las reglas de esto era "sin sentimientos de por medio" y yo de ilusa pensé que podía con ello, que podía estar con él sin llegar a enamorarme, Bea también me lo advirtió, recuerdo que le prometí que no había de que preocuparse y aquí estoy como una estúpida enamorada hasta los huesos pero ¿Quién puede culparme? Yo no contaba con que él fuera tan perfecto, que fuera esa persona maravillosa que he conocido. Tampoco contaba con que el se volvería como una droga para mí y que yo me hiciera adicta a él. Se perfectamente que si él lo sabe, me apartaría, esto se acabaría y de solo pensarlo me siento mareada y el pecho me duele.

—¿No puedes dormir?—su profunda voz penetra mis pensamientos.

Doy un pequeño saltito en el taburete y por poco el vaso sale disparado de mis manos ¡Que susto me ha dado! Giro la cabeza hacia Andres y lo encuentro apoyado en el marco de la entrada de la cocina, está solo en calzoncillos, tiene los brazos cruzados a nivel de su pecho y su pelo esta revuelto. Trago saliva.

—Lo siento, no quería asustarte—se disculpa con su intensa mirada puesta en mi.

Me quedo observándolo y él a mi por unos eternos segundos, sus ojos se achican mirándome curiosos y me pongo nerviosa ¿Cuánto tiempo llevara ahí? ¿Me abría visto sumida en mis pensamientos? ¡Reacciona Amanda! Me reprendo, parpadeo y me aclaro la garganta.

—Como que se te está haciendo costumbre—bromeo tratando de camuflar mis emociones haciendo referencia a cuando me encontró bailando—Y respondiendo a tu pregunta, tenía sed y baje por un vaso de agua—levanto el vaso mostrándoselo y lo muevo un poco.

Andres no responde, se limita a observarme fijamente y mis nervios van en aumento. Tengo miedo de que vea en mis ojos lo que me muero por gritarle así que aparto la mirada e inclino la cabeza de modo que mi pelo cubra gran parte de mi rostro. Odio ser tan transparente. Pasan unos segundos hasta que siento sus pasos, por el rabillo del ojo veo como abre el refrigerador, toma un vaso y se sirve agua. Con el vaso en mano camina hacia mí y toma asiento en frente. Como siga actuando de esta forma Andres empezara a sospechar que algo pasa y es lo último que quiero, tengo que intentar manejar la situación lo mejor que pueda.

Me pongo en pie y me dirijo al fregadero, puedo sentir su mirada en cada uno de mis pasos. Dejo el vaso junto a los demás traste de nuestra cena, respiro profundamente dándole la espalda y trato de recomponerme. Giro hacia él y con pasos seguros me encamino en su dirección bajo su atenta mirada y sin más me siento sobre sus piernas pasando uno de mis brazos tras su cuello para sostenerme, inmediatamente sus brazos rodean mi cintura y me acomodan mejor entre sus piernas.

—¿Y tu porque te despertaste?—indago mirándolo a los ojos.

—Pues desperté entre sueños y no te vi en la cama acurrucada contra mí como una gata y eso basto para que saliera en tu búsqueda—

El sonrojo cubre mis mejillas.

—No me acurruco como una gata—me defiendo inútilmente. Ambos sabemos que si lo hago y es que no puedo evitarlo, la necesidad de sentir su piel contra la mía es enferma.

—Si que lo haces—contesta sonriendo.

—Bueno a ti parece no molestarte—

—Y así es. No me molesta—confirma.

Aparta el vaso hacia un lado y de un rápido movimiento me toma de la cintura elevándome en vilo depositándome sobre la encimera y posicionándose entre mis piernas. Sus ojos están fijos en los míos y yo muerdo mi labio inferior y ladeo la cabeza para observarlo. Detalla cada parte de mi rostro con su intensa mirada, me mira de una forma que no logro identificar y la jungla hace acto de presencia en mi estomago. Sus grandes manos viajan hasta mi cabeza y me agarra con firmeza.

—Me encanta sentirte cerca—confiesa en voz baja—Me encanta despertar y encontrarte ahí, acurrucada como un gata—

Sus palabras están llenas de pasión y sus ojos ensombrecidos por el deseo y las imágenes de lo que compartimos hace unas horas invaden mi mente e inevitablemente me sonrojo aun más. Mi pobre corazón esta acelerado y la maravillosa sensación que ahora sé que es amor embarga todo mi pecho ¡Dios mío, estoy tan jodida! Mis dedos acarician el pelo de su nuca y rodeo su cintura con mis piernas atrayéndolo aun mas si es eso posible y dejo caer mi hambrienta boca sobre la suya. Andres no pierde el tiempo e inmediatamente sigue el beso, sus manos que aun me agarraban por la cabeza, me obligan a echar la cabeza hacia atrás para profundizar más el beso. Con los dedos acaricio su fuerte pecho y sigo por todo su abdomen, puedo sentir como su piel se eriza bajo mi tacto y su agarra en mi cabeza se hace más fuerte y el beso más intenso. Lentamente el beso se va volviendo lento, suave, como una caricia. Al separarnos nuestros labios están rojos e hinchados y nuestras respiraciones aceleradas. Andres pasa sus manos por mi pelo, como si yo fuera una niña pequeña.

—Vamos a dormir—susurra roncamente. Sus ojos están vidriosos.

Puedo jurar que lo que menos le apetece es dormir en estos momentos, soy muy consiente de su erección presionando contra mí mismo centro.

—¿Solo a dormir?—pregunto haciendo un puchero.

La ronca risa de Andres inunda la enorme cocina, echa la cabeza hacia atrás mientras se ríe y yo me permito deleitarme observándolo. Su nuez de Adam sube y baja conforme ríe. Amo su risa ¿A quién quiero engañar? Amo todo de este hombre. Su mirada vuelve a caer en la mia y me pilla mirándolo embobada, estoy segura que debo de tener una sonrisa de idiota.

—No sé que voy hacer contigo—junta nuestras frente y nos miramos fijamente ¿Ya he dicho que amo sus ojos?

—Yo creo que si sabes—lo provoco y aleteo las pestañas.

—Dios mío, he creado un pequeño monstruo—finge lamentarse.

—A tu imagen y semejanza—concuerdo con él.

Andres despega nuestras frentes y mira hacia el techo como si estuviese mirando hacia el cielo haciendo una plegaria y yo rio. Vuelve a mirarme

—Aunque me encanta la idea, no creo que sea prudente, jugamos suficiente hace un par de horas. No quiero hacerte daño o algo así—

Tiene razón, después de hacer el amor con tanta delicadeza y de quedarnos unos en brazos del otro al cabo de unos minutos las caricias volvieron, el deseo volvió a surgir y lo hicimos otra vez pero con la diferencia de que no hubo una sola gota de delicadeza de por medio, fue una explosión de pasión, de ganas. A pesar de sus palabras y de ese recordatorio puedo sentir que esta excitado pero aun así se está negando, lo hace porque piensa en mí y eso hace que lo ame un poco más.

—Esta bien—hago otro puchero.

Andres atrapa mi labio, lo muerde y tira de él antes de dejar un rápido beso sobre mis labios.

—Vamos a la cama señorita—dice.

Y así conmigo a cuestas rodeándolo con piernas y brazos emprendemos el camino a la habitación, en las escalera hacemos dos paradas para besarnos, donde Andres me pega contra la pared. Al llagar a la habitación me deposita sobre la cama y se acuesta a mi lado, atrayéndome hacia él.

—¿No que era yo la que me pegaba como gata?—me jacto.

Por la luz de la luna que se filtra en la habitación puedo ver como sonríe.

—Solo quise ahorrarte el trabajo—

—Claro, tu siempre tan amable—ironizo.

Sonriendo me acomodo mejor entre sus brazos hasta que entrelazamos nuestras piernas sin saber bien donde empieza uno y termina el otro y con mi brazo rodeo su cintura, en el proceso rozo su erección. Sonrió.

—¿Seguro que quieres dormir?—bromeo.

Sus ojos brillan con maldad en la oscuridad y sé que esa broma la pagare más adelante.

—Buenas noches gatica—contesta y deja un beso en mi coronilla.

Pongo los ojos en blanco por el nuevo apodo pero no puedo negar que me gusta.

—Duerme bien—

Y junto a él, los sentimientos que anteriormente me embargaban se evaporan, dejando paso a la tranquilidad y con un último suspiro me dejo caer en un sueño profundo.

******
Nos encontramos en la playa tomando el sol después de un rico desayuno y de haber nadado un poco en las aguas saladas del hermoso mar. Suspiro al pensar que en unas horas nos iremos de este idílico lugar y tendremos que volver al mundo real ¿Por qué no podemos detener el tiempo en los momentos más felices? Como me encantaría poder hacerlo o tener una bola de cristal para salvaguardarlo y congelar el momento para poder revivirlo las veces que sean necesarias. El timbre de la casa interrumpe mis pensamientos y frunzo el ceño, no recuerdo que esperábamos a alguien.

—Creo que ya llego la nieta de Mary—anuncia Andres.

¡Cierto! Lo habia olvidado, hoy vendrá la nieta de Mary para cocinar, la pobre esta mejor pero aun no está apta para volver a realizar su trabajo e insistió en enviar a su nieta a ayudar en la casa. Esa mujer es un sol y en ese gesto pude ver que en verdad aprecia a Andres, el fácilmente pudo haber mandado a comprar comida o yo cocinar nuevamente y aunque Andres se lo hizo saber la mujer es terca e insistió en enviar a su nieta.

—Iré abrirle—

—Está bien—le sonrió.

Se pone en pie, se acerca y se inclina hasta dejar un pequeño beso sobre mis labios. Solo es un roce pero eso es suficiente para que la jungla despierte en mi estomago. Cuando se aleja lo observo embobada.

—¿Por qué me miras así?—cuestiona.

Su pregunta me pone nerviosa. Debo dejar de mirarlo como una adolecente enamorada o sabrá que mis sentimientos hacia él han cambiado.

—¿Cómo te estoy mirando?—

Su mirada no abandona la mía y sacando fuerzas no sé de donde le sostengo la mirada. Sus ojos se achican.

—No lo sé pero es...—hace una pausa—Diferente—concluye.

Rio nerviosa y en esta ocasión la que toma su rostro entre las manos y le planta un rápido beso soy yo.

—Estás loco. No te miro de forma extraña—aseguro—Anda abrirle a la pobre chica que te está esperando—lo apremio para evadir el tema.

—Mmmm—sigue observándome—Vuelvo enseguida, solo le digo donde esta todo y estoy de vuelta—Andres vuelve a erguirse a su altura de nuevo.

—Ok—

Lo veo alejarse y solo así me permito respirar correctamente ¿Por qué tengo que ser tan transparente? ¡Dios! Paso una mano por mi rostro apartándome el pelo hacia atrás. Siempre he odiado que las personas me lean con tanta facilidad, en serio que sí. Tendré que esforzarme en ocultar mis sentimientos hacia él. Desvió la mirada hacia el infinito mar y respiro profundamente llenando mis pulmones de su característico olor y una vez más quisiera quedarme aquí y no irme jamás. Diez minutos después Andres vuelve y se tumba a mi lado.

—¿Todo bien?—

—Si, Megan es un poco extrovertida pero tan amable como sus abuelos—

—Osea que lo de ser amable en ellos es de familia—rio un poco.

—Tal parece—

Nos quedamos en silencio disfrutando de la vista, del sol y de nuestra compañía. A las doce del medio día nos dirigimos a la casa y nos duchamos para sacarnos la sal del cuerpo y bajar a comer. Nuestras cosas ya están empacadas porque después de comida partiremos hacia Sacramento ¿En serio no nos podemos quedar aquí? Con ese pensamiento termino de bajar las escaleras de mármol y con el sonido de mis sandalias en el suelo camino hacia la cocina. Al llegar una chica de pelo rubio, muy bonita más o menos de mi estatura, de ojos azules claros y curiosos me recibe con una gran sonrisa.

—¡Hola!—saluda energética—Soy Megan—me tiende la mano derecha.

Inmediatamente me cae bien, tiene esa vibra, esa aura de ser una buena persona. Debe tener mi misma edad. Sonriendo acepto su mano.

—Hola, yo soy Amanda—

—Si, eso pensé—habla para ella misma pero la escuche perfectamente y al notarlo se sonroja un poco y suelta mi mano—Es que me informe con mi abuela antes de venir. Me dijo que eras muy bonita pero se ha quedado corta—se mueve rápido y un segundo después la tengo a mi lado tocando los rizos que forman mis cabellos—¡Me encanta tu pelo! Ojala y el mío se rizara igual—

¡Vaya que sí es energética! Ahora entiendo a lo que Andres se refería cuando dijo que era extrovertida. La observo con diversión.

—Gracias—contesto.

—Pero el mío es muy lacio para rizarse así—se queja—Te juro que he hecho de todo y nada me funciona—esta chica no se apaga pero lejos de incomodarme me gusta—Estoy pensando en raparme todo el pelo a ver si salen más rizado—se ríe de su propio chiste.

De la misma forma en que se acerco de la misma forma se aleja y deja de tocarme el pelo.

—Lo siento si invadí tu espacio—en su cara se refleja un disculpa—Es que soy muy hiperactiva y a veces no puedo controlarlo—

—No te preocupes—rio—No me molesta—le aseguro.

—Menos mal—lleva una mano a su pecho—Pensé que había metido la pata—murmura.

Muerdo los labios para evitar la carcajada y enarco las cejas. Definitivamente esta chica me cae bien.

—Veo que ya se conocen—Andres hace acto de presencia en la cocina abrazándome por la cintura desde detrás y dándome un beso en la mejilla.

No puedo evitar sonrojarme ante su acto de cariño enfrente de Megan, ella por su parte nos mira con una sonrisa.

—Si—respondemos al mismo tiempo.

—Perfecto—contesta Andres.

—La comida esta lista, solo es servirla—nos comunica Megan—¿Van a comer aquí dentro o afuera en el jardín?—indaga.

Andres me gira entre sus brazos de modo que quedamos cara a cara y busca mi mirada.

—¿Tu donde quieres comer?—me pregunta dulcemente.

¿Es normal que mi corazón vaya tan rápido y que sienta que me he enamorado un poco más? Me encanta ver la forma en la que me toma en cuenta ¿A quién quiero mentirle? Me encanta todo de él.

—En el jardín me parece mejor, ahí es más fresco—le contesto embobada.

—Entonces allá será—musita.

—Bien—contesto.

Un fingido carraspeo se escucha en la cocina y ambos giramos la cabeza en dirección a Megan, nos mira con una sonrisa, la cabeza ladeada y cierta dulzura, como si estuviese viendo una escena conmovedora de una película. Mi sonrojo crece.

—Vayan acomodándose, yo les llevo todo en unos minutos—

—Te ayudo—me ofrezco.

—¡Ho, no, no, no!—niega con la cabeza y su pelo se mueve—Ya lo hago yo, no te molestes—

—No es molestia—le digo sonriendo.

—En serio yo puedo con todo—

—Insisto Megan, quiero ayudarte—

—Pero...—

—Megan—Andres llama su atención—Lo mejor será que le permitas que te ayude porque cuando algo se le mete en la cabeza—hace una pausa y niega con la cabeza—No hay forma de hacerla cambiar de idea. Es una terca—añade casualmente.

Mi boca se abre en una perfecta "o" y escucho como Megan ríe a carcajadas.

—¡Oye!—golpe sutilmente su pecho y salgo de sus brazos—No digas eso, no soy ninguna terca—

Una de sus perfectas cejas se eleva mientras se cruza de brazos y me mira con cara de: ¿En serio? Pongo los ojos en blanco.

—Quizás lo sea un poco—

—¿Quizá un poco?—dice irónico.

—¡Bueno, Esta bien!—muevo las manos—Si lo soy—reconozco.

—Así está mejor—me guiña un ojo y yo le saco la lengua.

Andres niega sonriente. Me giro hacia Megan y la encuentro mirándonos entretenida.

—Entonces... ¿En qué te ayudo?—cuestiono.

—Te espero en el jardín—informa Andres antes de salir de la cocina y yo solo asiento en su dirección.

Ayudo a Megan a llevar toda la comida y aunque Andres y yo le insistimos para que almuerce con nosotros se negó rotundamente. Cuando pruebo el primer bocado quedo fascinada.

—Megan cocina tan bueno como su abuela—digo.

—Si—

En lo que resta del almuerzo solo hablamos lo necesario. Compartimos el helado de postre que Megan nos trajo pues comí tanto que no me atrevía a ingerir el vaso de helado sola. Mientras degustaba el sabor del chocolate en mi paladar Andres me observaba sonriente.

—¿Qué?—pregunto llevándome la última gota de helado a la boca.

—Me encanta ver el apetito con el que siempre comes—se inclina sobre la mesa—De hecho me encantas en todas tus facetas, me encanta que seas tan transparente, tan risueña—se inclina aun mas y mi pobre corazón ha empezado su cabalgata—Me encanta esa alegría tuya, me encanta ese brillo que tienen esos ojos marrones que tanto me gustan—se inclina hasta olfatear mi cuello e inevitablemente mi piel eriza—Me encanta tu olor—acaricia su mejilla con la mía y su barba de días me da cosquilla. Deja un casto beso en la comisura de mi boca—Me encantan tus labios—se aleja lo suficiente para vernos a los ojos y tengo que contenerme para no atraerlo hacia mí y besarlo como quiero hacerlo. Siento que me acaricia con su ensombrecida mirada—Me encantas—concluye.

A pesar de que acabo de comer helado siento la garganta seca y como que el calor aumento varios grados. Estoy segura que parezco un tomate de lo roja que estoy. Lo miro y muerdo mi labio inferior. Nos miramos por varios segundos y decido entrar en su juego, me inclino un poco, cortando la pequeña distancia que nos separaba.

—Dedo admitir que usted también me encanta señor Foster. Me encanta cuando está en pose de: serio y frio cuando estamos en la universidad ¿Sabes por qué?—

El niega lentamente sin dejar de observar mis labios mientras hablo. Sonrió.

—Porque sé que solo es una fachada, porque sé que con una mínima provocación dejas de ser serio y frio y te conviertes en fuego y como me encanta arder en esa hoguera—musito bajito y veo como traga fuerte.

Me va a besar. Lo sé. Lo puedo anticipar. Aunque me hubiese encantado decirle que en vez de encantarme lo amo con todas mis fuerzas. Y sucede, su boca se estrella contra la mía y nos devoramos el uno al otro. Toma mi rostro entre sus grandes manos profundizando más el beso y un pequeño gemido brota de mi garganta cuando nuestras lenguas se entrelazan. Al separarnos muerdo su labio inferior.

—Iré a bajar nuestras cosas—dice mientras acaricia mi rostro.

—Ok—aunque preferiría que siguiera besándome.

Deja un beso en mi frente y se pone en pie dejando la servilleta que estaba sobre sus piernas sobre la mesa. Lo veo alejarse y me quedo como una estúpida observando su ancha espalda ¡Estoy tan jodida! Suspirando me pongo en pie y cuando giro encuentro a Megan gusto detrás.

—Vine a retirar lo que faltaba—dice sonriendo.

—Y yo iba a llevarlos—también sonrió.

—Pues vamos—

Ambas nos repartimos lo poco que queda y nos adentramos a la casa con dirección a la cocina. Dejamos todo en el lavavajillas y me encuentro que solo queda por lavar esto que trajimos.

—Veo que has estado ocupada—comento.

—Si, por eso no quise comer con ustedes, aproveche el tiempo y fui adelantando aquí en la cocina—explica.

—Entiendo—

Nos quedamos en silencio y dedicándole una última mirada a Megan tomo un vaso para servirme agua, abro el refrigerador y saco la garra y la deposito sobre la encimera. Me sirvo y agradezco internamente cuando siento el líquido frio.

—Ustedes hacen una muy linda pareja—su comentario hace que dirija mi atención hacia ella. esta sonriente—Se nota a leguas que están muy enamorados, ojala yo encontrar a alguien que me vea como el señor Foster te mira a ti—suspira dramáticamente—¿Cuánto tiempo llevan de casados?—curiosea con ojos brillantes.

¿Qué? ¿Esta bromeando? ¿Ella piensa que yo soy la esposa de Andres? Su pregunta me cae como un jarro de agua tan fría como la que me estoy tomando. Siento un pinchazo en la boca del estomago y en el corazón. Seguro vio la alianza en el dedo de él y de ahí dedujo que somos un matrimonio y que lejos esta de la verdad, pienso amargamente porque por más que quiera que eso fuese verdad, por más que lo desee eso es algo que nunca pasara, es imposible y comprenderlo después de descubrir que lo amo como lo hago me dejo un muy mal sabor de boca ¡Joder! si hasta un sudor frio se ha expandido por todo mi cuerpo.

—Me imagino que llevan algunos años ya porque eso se nota en la forma en que se tratan, en la conexión que tienen—prosigue sin ser consiente en el estado en que me encuentro—Aunque en realidad esas cosas no dependen siempre del tiempo, a veces solo necesitas encontrar a la persona correcta y ¡bun! Ahí está la magia—suspira—

En este momento quiero que Megan deje de hablar, deje de decir todas esas cosas porque como siga hablando...

—Las cosas ya están en el carro—la voz de Andres hace que mi estado empeore. Bajo la cabeza hacia la jarra de agua cubriendo mi rostro con mi pelo. Cierro los ojos y trato de sosegarme, estoy segura que si él ve la expresión que se debo de tener notaria que algo anda mal. En mi interior ruego porque Megan no repita o haga algún comentario sobre lo que acaba de decir y tal parece que mis súplicas son escuchadas porque la rubia guarda silencio. Haciendo acopio de todo el valor que tengo levanto la cabeza y para darme un poco más de tiempo llevo la jarra al refrigerador, la dejo en su sitio y me giro hacia Andres.

—Bien—le digo.

Su ceño se frunce ligeramente y me mira intrigado, su mirada va de Megan a mí. No, no, no ¿Por qué tengo que ser tan transparente? Tengo que hacer algo. Miro a la rubia que tiene cara de haberse comido un limón, estoy segura que noto que algo no iba bien. Sonriendo lo más creíble posible le digo:

—Megan fue un placer conocerte—ella devuelve una media sonrisa. Me acerco un poco más a ella para menguar el mal momento—Espero que tu abuela se recupere pronto y espero que tu pelo algún día de estos se rice y dejes esa idea loca de raparte la cabeza—

En esta ocasión la rubia si ríe abiertamente y yo me relajo un poco.

—También fue un placer conocerte, conocerlos—se corrige mirando a Andres—Gracias por tus deseos hacia mi abuela y en cuanto a esa idea no te prometo nada—me guiña un ojo.

—Lo intente por lo menos—alzo las manos negando con la cabeza.

En ese momento Andres me toma de la mano pegándome a su costado y yo rodeo su cintura con mi brazo.

—Nos vemos en otra ocasión Megan, Phil vendrá por ti según me dijo cuando hable con el recientemente, el se encargara de cerrar la casa—

—Si, algo así me dijo esta mañana—asiente enérgicamente.

—Bien, entonces adiós—

—Adiós, buen viaje—

—Gracias, bye—me despido.

Y así salimos de la cocina, no puedo evitar mirar la hermosa casa por última vez, veo la piscina a través del enorme ventanal, los modernos muebles, esa mezcla entre rústico y elegante que es la casa y la decoración. Suspiro. Cuando salimos a fuera miro hacia el mar y se ve tan calmado, nada que ver con mi estado catastrófico. Andres abre la puerta del copilotó para que entre y me deslizo en el asiento, cierra la puerta y rodea el auto hasta colocarse en su lugar. En silencio enciende el carro y lo pone en marcha, con el control a distancia abre el portón negro que nos separa del mundo exterior. Las palabras de Megan aún resuenan en mi mente ¿Yo, la esposa de Andres? El karma no podía haberme dado un mejor final para este fin de semana, pienso irónicamente mientras observo el paisaje de la carretera. De repente me siento como lo que en realidad soy: la amante de Andres y por más horrible que suene esa es la cruda realidad. Nunca ocuparía el lugar que Megan piensa o pensaba que tengo en su vida y al principio estaba bien con eso, podía vivir sabiendo la verdad, siendo consiente de que soy solo un momento en su historia pero las cosas ahora son diferentes. Lo amo. Y ahora que lo sé no puedo concebir la idea de saber que nunca tendré un lugar especial en su vida ¿Por qué a quien quiero engañar? Me encantaría pasar el resto de mi existencia al lado de este hombre. Y tengo miedo, miedo de lo rápido que mis sentimientos van creciendo, miedo por mi pobre corazón porque sé que al final terminare con el en pedazos.

—¿Estás bien?—su pregunta y sentir la calidez de su palma contra la piel de mi muslo me devuelven a la realidad.

—Si—miento. Aparto la mirada de la ventana y la llevo a él.

Andres me dedica una mirada de soslayo y a pesar de mi malestar trato de sonreírle.

—¿Segura? Te noto un tanto... extraña—

—Si, segura, solo me perdí en el paisaje—

—¿Megan te dijo algo fuera de lugar? Estas así desde que fui por ti a la cocina—

No me sorprende que notara que algo iba mal, en serio que tengo que aprender a mentir y disimular mejor.

—¿Qué?—trato de sonar lo más creíble posible—Esa chica me cayo muy bien, no sé si lo notaste. Está un poco loca pero siempre fue amable conmigo—al menos en esa parte no miento. Si Megan dijo lo que dijo es porque no sabía la verdad, no puedo culparla por eso.

—Entonces... si estás bien—vuelve a mirarme de soslayo.

Dibujo en mis labios la mejor sonrisa y le contesto un rotundo:

—Si—

—Bien—también me sonríe—En ese caso pon en la radio esa música que tanto te gusta—

—Hablas como si a ti no te gustara—bromeo.

—En realidad si me gusta pero me gusta más oírte a ti tararearla—

El sonrojo cubre mis mejillas y en ese momento decido dejar de lado mis turbios pensamientos y disfrutar del presente. De él.

—En ese caso vamos a complacer al señor y vamos a montar todo un concierto—realizo un pequeño baile en mi asiento y alzo los brazos todo lo que el techo del carro me lo permite.

La carcajada ronca de Andres resuena por todo el auto mientras yo enciendo la radio buscando lo que quiero. Y tal cual lo dije lo cumplí, cante casi todas las canciones que pasaban, en alguna que otra canción Andres cantaba conmigo, chantajeado por mí obviamente, hasta que la música se detuvo y en su lugar resonó la melodía del Iphone de Andres anunciando una llamada entrante. No sabía que tenía su celular conectado con el auto cuando lo llamasen pero supongo que así puede seguir conduciendo y se evita algún incidente. En la pantalla táctil aparecía el nombre de: Mamá. Él le echa un vistazo, suspira y presiona el botón verde antes de dedicarme una mirada fugaz ¡Joder, lo está llamando su madre! Y me siento tan nerviosa como si la estuviese frente a frente. No me atrevo ni a respirar.

—Mamá—saludo serio pero amablemente.

—¡Hijo mío!—una voz dulce inundo todo el interior del auto—¿Cómo estas cariño?—pregunta.

—Estoy bien madre ¿Y tú?—

—Pues bien cariño—hace una pausa—¿Qué harás esta noche?—indaga pero no lo deja hablar—Tu padre y yo queremos que vengan a cenar hoy con nosotros—

Puedo ver como los hombros de Andres se tensan y sus manos aprietan el volante. La idea no le ha gustado nada.

—No creo que pueda mamá—

—¡Ho Vamos!—se queja—¡Quiero cenar con mi familia! Hace semanas que no veo a mis tres hijos—

—Mamá...—

—No acepto un "no" por respuesta jovencito. Alexa, Patrick y Adam y Sophia aceptaron, solo faltan tu y Zoraida—

La que se tensa en esta ocasión soy yo ante la mención del nombre de "Zorraida" como le dice Bea. Tendrán una cena familiar y siento como la bilis me sube. La recién felicidad de hace poco se fue por el caño. Supongo que Patrick y Sophia son los cuñados de Andres, esos nombres no los había escuchado antes. El silencio que hay es ensordecedor. Los dedos de Andres sobre el volante esta casi blancos y sus hombros están aun más tensos.

—Cariño... por favor ven a cenar con tu familia—ruega—¡Complace a tu madre!—

Andres guarda silencio unos segundos y suspira.

—Está bien madre, Iré pero en el instante en el que mi padre o tú intenten hacer una de sus jugadas juro que me largare en ese momento—dice totalmente serio.

—Te prometo que nada de eso pasara, solo será una cena—el entusiasmo en sus palabras es notorio.

—Bien, allá estaré—

—Nos vemos más tarde hijo—

—Adiós madre—

La llamada termina y la música vuelve a sonar por los altavoces pero ninguno de los dos dice nada. Nos quedamos en silencio.

—¿Y mi concierto?—pregunta unos minutos después con una media sonrisa.

La intención es clara: no quiere hablar sobre el tema, se de sobra que su familia no es su tema favorito y aunque yo me este muriendo por dentro de solo pensar que estarán todos en familia y que es muy posible que yo nunca forme parte de ellos debo de tragarme todo esto que siento y hacer de tripa corazón. Además no quiero agobiarlo más de lo que esta, con esa dichosa cena es suficiente además el no está muy a gusto que digamos.

—Sigue en pie—contesto sonriendo.

El resto del camino es llevadero, no como antes de esa llamada pero al menos no es pesado y en serio lo agradezco. No quería que después de pasar un fin de semana tan hermoso se arruinase al final. Cuando aparca el coche en frente de la casa de Bea nos quedamos nuevamente en silencio pero no uno incomodo. El cielo ya está casi oscuro y la luna se asoma.

—Me encanto pasar este fin de semana contigo—musita dulcemente.

Levanto la mirada y lo encuentro con esos ojazos azules mirándome fijamente. Como me hubiese gustado quedarme con él en Santa Mónica pero hay que volver a la realidad.

—A mi también—sonrió.

Su mirada brilla con intensidad y desabrocha su cinturón de seguridad. Se inclina y yo salgo en su encuentro porque me muero por besarlo. Nos besamos lentamente, saboreando, disfrutando y la jungla hace acto de presencia. El hermoso momento es interrumpido por unos golpecitos en el cristal del carro, ¿pero que...? rápidamente Andres y yo nos separamos y encontramos a una sonriente Bea mirándonos con picardía ¿Es en serio? ¡La voy a matar! El sonrojo cubre mis mejillas y le dedico una mirada asesina provocando que la rubia ría.

—La voy a matar—sentencio.

Escucho una risita ahogada por parte de Andres.

—Vamos, te ayudo a sacar tus cosas—

Suspiro antes de salir del carro y en cuanto salgo tengo a Bea sobre mí dándome un abrazo de oso el cual le devuelvo aunque quiera asesinarla.

—¡Hola niña rara!—

—¡Hola extraña!—

—Te extrañe—se aleja haciendo un puchero.

—No seas exagerada, solo fue un fin de semana—pongo los ojos en blanco.

—¡Oye no dañes mi momento! ¡Déjame ser!—dramatiza.

Rio y niego con la cabeza ¡Amo a esta loca!

—Aquí están tus cosas—dice Andres apareciendo a nuestro lado.

Los ojos verdes de Bea se desvían hacia él y veo como se sonroja ligeramente.

—Hola señor Foster—saluda un poco cohibida.

—Hola Beatriz—Andres le sonríe—Me puedes llamar por mi nombre, llamarme por mi apellido es...—

—Extraño en esta situación—termina la rubia—En verdad pensé tutearte pero no quería parecer una atrevida—

—Nunca lo hubiese pensado—

Bea sonríe y sé que Andres ya se la echado al bolsillo.

—Ustedes tienen un bronceado perfecto—comenta jocosa—Los envidio—añade.

—Si, tomamos mucho sol—respondo.

—Bueno yo tengo que partir, Beatriz fue un gusto verte—le tiende la mano y se la estrechan.

—Lo mismo digo—se sueltan las manos.

Andres se acerca y toma mi rostro. Lo miro embobada.

—Hablamos después—susurra y deja un beso en mi frente.

—Adiós—respondo igual y respiro profundo el olor de su cara colonia ya que mi rostro quedo a la altura de su pecho.

Se aleja un poco y nos miramos por unos segundos ¡Quiero besarlo! Sus ojos destellan y sé que el también quiere. Sin más sus labios caen sobre los míos en un corto pero intenso beso, se aleja y sus manos caen a sus costados y guiñándome un ojo gira sobre sus pies hasta su auto. Lo veo subirse y acelerar por la calle.

—Eso fue intenso pero te voy a pedir que no vuelvas a comer pan en frente de un muerto de hambre—

No puedo evitar reír fuertemente al escuchar sus palabras. Tiro un brazo por su cuello atrayéndola hacia mí y con la otra mano libre tomo el bolso.

—Vamos—

—El está muy bueno—suspira— Te envidio—

—Me envidia la que tiene a dos chicos super guapos a su disposición—espero a que abra la puerta para entrar.

—No estamos hablando de mi—se hace a un lado dejándome pasar.

—Me vale—

Y nos encaminamos hacia su habitacion, hay mucho que contarnos ¿Cómo le diré a mi amiga que al final si termine enamorada como una condenada?


Cuando llego a la casa donde nací, donde me crie, no puedo evitar como en tantas otras ocasiones sentir nostalgia. Nostalgia por esa parte de mi vida. Observo el jardín, ese que vio tantos juegos de niños por parte de mis hermanos y yo. Suspiro. Aparco el coche junto a los demás, específicamente al lado del carro de Patrick, mi cuñado el esposo de Alexa. Me bajo del carro y jugando con las llaves me encamino a la puerta de roble y antes de abrirla esta se abre y ante mi aparece Adelina, el ama de llaves y una de las personas que ha estado conmigo desde que tengo uso de razón. Sonrió feliz.

—¡Hola mi niño hermoso!—la mujer me arropa entre sus brazos.

—Hola Ade—dejo un beso sobre su cabeza.

—¡Pero mira qué guapo estas!—aprieta mis cachetes como cuando era un crio. Nunca dejara de hacer eso.

—Tú también estas igual de hermosa, los años no pasan por ti—

La mujer de ya entrada edad hecha la cabeza hacia atrás y ríe.

—Eres un exagerado, si ya estoy en mis últimos tiempos—

—Para mi sigues igual—le guiño un ojo.

—Si sigues me lo voy a creer—se hace a un lado dejándome pasar.

—Deberías—le digo al pasar por su lado.

Inspiro profundamente y camino por el pasillo. No quiero estar aquí. No esta noche y menos con todo el circo presente. La razón por la que no había venido últimamente es porque la relación con mi padre no ha ido muy bien en el último año y medio, hemos tenido demasiados enfrentamientos y para evitar más disputa trato de venir lo menos que puedo, incluso en la empresa lo evito. Lo pensé mucho antes de venir. Escucho risas provenientes de la sala de estar y entro en esta. Mis padres están sentados uno al lado del otro, Adam y Patrick están uno al lado del otro mientras que Sophia, Alexa y Zoraida están sentadas en el mueble más grande. Todos tienen copas en sus manos, las mujeres me imagino que toman mimosa y los hombres están tomando whiskey. Todos dejan de hablar y reír y dirigen su atención hacia mí. Mi mirada viaja a cada uno de ellos: primero a mi padre, un hombre de cabellera grisácea y ojos tan azules como los míos, es un señor elegante sin duda alguna pero con semblante serio, autoritario, inspira respeto, un respeto que yo le perdí. Por otro lado esta mi madre, una mujer de pelo negro y ojos grises, es fina, derrocha elegancia, es cariñosa pero con ese cariño puede manipularte a su antojo, como esta tarde via telefonica. Alexa es hermosa, inteligente, con un pelo rubio abundante y unos ojos azules, todo herencia de nuestro padre. Y Adam, el otro rubio de ojos grises, otra mente maestra y tan asusto en los negocios como nuestro padre. Sophia es la esposa de Adam, es otra belleza y muy buena persona y Patrick es una de las manos derecha en la empresa, todo un genio.

—Buenas noches—saludo serio.

—¡Vaya si es lo más pequeño de la familia Foster!—Adam siempre de bromista se pone en pie y viene hacia mí.

—Hola cabeza hueca—nos damos un abrazo.

—¿Cabeza hueca? Pero si soy todo un genio—se alaba a lo grande.

En la sala todos ríen acostumbrados a estos juegos. Me permito relajarme un poco. Busco la mirada Sophia y le pregunto:

—¿Cómo lo aguantas?—niego con la cabeza—Que no te detengan los años que llevan de casados, aun puedes dejarlo—

—El amor me obliga a permanecer a su lado—musita mirando a Adam toda embobada.

—Toma esa hermanito—me guiña un ojo y va hacia su esposa.

—Por poco pensé que no vendrías cuñado—dice Patrick.

—Ya ves que al final si vine—me encojo de hombros y al pasar por su lado chocamos los puños.

Camino hacia a Alexa que está más cerca y le planto un beso en la mejilla, como es costumbre alborota todo mi pelo. Puedo sentir la mirada de Zoraida que está al lado de Sophia en todo momento, hasta ahora ha permanecido en silencio, solo tomando. Es lo mejor que puede hacer.

—Hola hermanito—

—Hey rubia—

—¿Y ese bronceado?—me mira de arriba abajo.

—Playa—me limito a responder.

—¡Quien como tu hermanito!—dice Adam.

—Cállate Adam—

Escucho como Zoraida bufa pero la ignoro. Aquí todos están al corriente sobre mi relación con ella, no tengo que fingir que la aguanto, la única que se empeña en que vuelva con ella es mi madre pero eso es algo que nunca pasara. Giro hacia mis padres y voy hacia mi madre la cual se pone en pie y me envuelve en un enorme abrazo.

—¡Solo así te veo!—se queja— Tengo que llamarte y rogarte para que vengas a ver a tu madre—niega con la cabeza.

—Lo siento madre, he estado muy ocupado—

—Eso no es excusa jovencito—me recrimina señalándome con el dedo índice.

—Prometo pasar más seguido por aquí—

—Eso espero—

Le sonrió y beso su cabeza. Mis ojos viajan y se encuentran con los de mi padre. Esta serio y de la misma manera de dedico un asentimiento de cabeza.

—Padre—

—Hijo—en sus labios hay un asomo de sonrisa.

—Ven siéntate—mi madre prácticamente me sienta en el mueble—Te traeré una copa—

Media hora después las mujeres se hacen a un lado para hablar de sus temas y los hombres nos encontramos en la otra esquina. Todos están hablando de deporte menos yo, no dejo de pensarla, de evocarla en mi mente. Juego con la copa de coñac entre mis dedos. Hubiese preferido invitarla al departamento, a cenar y después llevarla a su casa en vez de estar aquí. Este fin de semana a su lado fue maravilloso, no sé qué cambio pero soy consiente de que algo paso, no sabría explicar con palabras pero cuando hicimos el amor fue... alucinante, divino. Sé que ella lo noto o eso quiero creer porque algo tan perfecto no pasa desapercibido. Lo que Amanda me hace sentir es algo fuerte, es algo que nunca había sentido, a su lado olvido todo el caos que es mi vida, con solo una de esas sonrisas logra desestabilizarme por completo.

—La cena esta lista, pueden pasar al comedor—anuncia Adelina.

—¡Era justo, moría de hambre!—dice Alexa provocando risas entre los presentes.

Pasamos al comedor y cada quien toma su lugar, trato de no sentarme al lado de Zoraida así que quedo sentado frente a frente a ella. La cena para mi sorpresa ha ido bien, hasta ahora mi padre se ha comportado, aunque me mantengo alerta. A mitad de la cena mi padre rompe el silencio.

—¿Cómo vas las cosas en la universidad Andres?—

Su pregunta me sorprende, a él nunca le ha parecido una buena elección, nunca quiso que escogiera esa carrera y cuando decidí estudiarla duro dos semanas sin dirigirme la palabra y obvio que nunca me había preguntado algo relacionado con ello.

—Le va más que bien—contesta Zoraida con ironía y sonríe ladinamente—¿No es asi mi amor?—

Inmediatamente me tenso por completo y le dedico una mirada gélida.

—Cierra la boca—siseo con rabia.

La muy desgraciada hecha la cabeza hacia atrás riendo a carcajadas. Todos en la mesa nos miran en silencio.

—¿Qué estas insinuando Zoraida?—indaga mi padre.

—Nada—contesto aun con la mirada en la víbora que tengo como esposa.

—¿Qué pasa? ¿No quieres compartir con "nuestra familia" tu pequeño secreto?—escupe con odio.

—¿Por qué mejor no te pierdes en esa copa de vino que tienes en frente? Es lo mejor que sabes hacer y de paso nos haces un favor a todos y dejas de esparcir tu veneno—le digo mordazmente.

Escucho un jadeo por parte de mi madre que esta sentada a mi lado.

—¡Andres!—se escandaliza—¿Qué forma es esa de dirigirte a tu esposa?—prosigue.

—¡Ay por favor mamá! ¡Hace mucho tiempo que esa mujer dejo de ser mi esposa!—

Todos guardan silencio. Veo como Alexa se remueve incomoda fingiendo una tos y Zoraida me mira llena de rencor, de rabia.

—Zoraida, quiero que me digas ahora mismo que es eso que sabes—exige Jake, mi padre.

Ella me reta con la mirada, ladea la cabeza y sonríe con malicia. A veces pienso que tiene algún desorden mental.

—¿Se lo dices tú o se lo digo yo?—permanezco en silencio, observándola iracundo, se que sin importar cuál sea la respuesta lo dirá igual—Bien, ya que no quieres hablar, lo hare yo—dirige la mirada hacia mi padre—Tu hijo se está revolcando con una de sus estudiantes de la universidad—

En cuanto dice esas palabras en la mesa se escucha más de una exclamación de sorpresa, mi madre abre los ojos azotada y se lleva las manos a la boca, consternada. Puedo sentir la mirada de todos pero la de mi padre por encima de todas.

—Paso el fin de semana con ella, de allá viene ¿No es así querido?—la víbora sigue esparciendo su veneno yo tengo que contenerme para no saltar sobre la mesa y ahorcarla. Borrarle esa sonrisa que tiene.

—¡Ho, Dios mío!—exclama mamá.

—¿Eso es cierto Andres?—pregunta Jake con cautela, como un león cuando va a saltar sobre su presa.

Le miro, esta sentado en la punta de la mesa, solo nos separa mi madre. Bien, ya no tiene caso que siga ocultando la verdad.

—Si, es cierto—

—¡Andres!—es la segunda vez en menos de cinco minutos que mi madre se escandaliza.

Los ojos de mi padre chispean con furia, mis hermanos y cuñados me miran sorprendidos.

—¡¿Pero cómo se te ocurre hacer semejante estupidez?!—grita Jake, furioso—¡¿Sabes las consecuencias que ese acto podría traerte?!—

—¡Claro que las tengo muy claras, no hace falta que me lo recuerdes!—grito de vuelta.

—¡Pues no parece que las tienes claras, porque si fuese de esa manera no lo estarías haciendo!—

—¡Por todos los santos Andres!—los ojos de Vanessa, mi madre, buscan los míos—¿Sabes lo que la gente diaria? ¿Lo que pensaría de ti? ¿De nosotros como familia?—se lleva una mano a la cabeza—¡No quiero ni pensarlo!—

Escuchar salir a flote el complejo "del que dirán" hace que la sangre me hierva y el enojo se multiplique.

—¡Me importa muy poco lo que digan o piensen los demás madre!—mi tono sale más tosco del que pretendía pero simplemente veo rojo de la ira—¡A la única que eso le importa es a ti, pero en lo que a mí concierne eso me tiene sin cuidado!—

Un golpe seco se escucha y los platos, cucharas, cubiertos y copas que habían sobre la mesa se remueven. Mi padre había golpeado la mesa con su puño. Las exclamaciones de todos no se hicieron esperar.

—¡Que sea la última vez que te diriges de esa forma a tu madre!—le vena de su frente sobresale—¡La respetas!—me señala con el dedo índice—¡Y claro que debería de importarte lo que la gente piense! ¡Joder! ¡Aquí no solo está en juego tu reputación! ¡Está en juego la empresa, el apellido, tu familia!—

—¡Vaya familia que me gasto!—rio sin humor—¡No seas hipócrita papa!—

—¡Respeta a tu padre!—interfiere mi madre.

—¡Hace mucho tiempo mamá que el perdió respeto para mí!—en ningún momento mis ojos abandonan los de mi padre. Tan azules, tan parecidos pero tan diferentes—No puedes sembrar hiel y esperar descocechar miel—

Veo como su rostro se transforma en una perfecta mascara sin sentimientos. Sé que lo que dije caló hondo en el.

—Escúchame muy bien—articula cada palabra lentamente—Te ordeno que te alejes de esa "muchachita"—dice con desprecio—No voy a permitir que arruines tu vida y que nos arrastres a nosotros entre las patas. No voy a permitir bajo ningún concepto que estrujes por el fango el apellido de la familia ¿Te quedo claro? ¿Entendiste?—

Sus palabras activan una rabia hasta ahora desconocida para mí. Veo todo rojo, siento correr lavas por mi torrente sanguíneo. Mis manos se vuelven puños sobre la mesa y con la misma rabia contenida le contesto.

—El que parece que no ha entendido nada aquí eres tú pero lo dejare claro una vez más. Ya no soy aquel veinteañero al que podías manejar y manipular a tu antojo. No soy aquel mismo chico al que le escogiste esposa y carrera. Por lo tanto tú no puedes ordenarme nada, no puedes decirme como vivir mi vida. Soy un hombre hecho y derecho que puede tomar sus propias decisiones, hacer con mi vida lo que me venga en gana y ni tu ni nadie puede hacer algo al respecto ¿Te quedo claro? ¿Entendiste?—repito sus mismas frases.

Mi padre me mira sorprendido, todos en realidad, incluso la víbora de Zoraida a la cual le dedico una mirada asesina, gélida, como la odio. Tiro de mala manera la servilleta de tela sobre la mesa antes echar la silla hacia atrás, provocando el único ruido en el comedor. Todos están en silencio y yo ya no tengo nada que hacer aquí, me largo. Me pongo en pie y bajo la atenta mirada de todos salgo de esa habitación. Estoy hecho una furia, quiero golpear a alguien, romper algo. A pasos gigantes camino hacia la salida, en el camino me encuentro con Adelina la cual tiene una expresión aconjonada en el rostro, seguro que escucho la discusión, de hecho no me sorprendería que los demás empleados del servicio también escucharan todo. Sin decir una sola palabra paso por su lado y sigo mi camino, al salir doy un portazo. Saco las llaves del auto, retiro el seguro, me subo y lo enciendo. Las ruedas del carro derrapan sobre el asfalto cuando piso el acelerador, el portón marron se abre automáticamente para mi salida. Como me gustaría ir a verla, que calme mi tormenta, pulgar mis demonios a su lado pero sé que es imposible, a esta hora debe de estar en su casa, quizás dormida así que solo me queda la otra persona en este mundo que nunca me dejaría solo. Will.


Holaaaaaaaaaaa! como estan? espero que bien🥰por aqui les traigo un nuevo cap... ! bastante largooo Y cuanto drama! 🤭¿Quien odio a Zoraida y a Jake? 😒Dioooos! de ese par no se sabe cual es peor... bueno espero que les guste el cap...

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