—Es una vista hermosa.
No evito el tono maravillado y alucinante de mi voz. Estamos en el piso más alto del hotel y puedo ver prácticamente toda la ciudad, desde el gran ventanal del dormitorio. Las luces encendidas de los otros edificios y las grandes casas dan un espléndido color a la noche oscura.
—¿De verdad está bien que estemos en un lugar así?.—volteo a ver a Evan quien se está quitando el saco despacio cerca de la puerta. Creo que no debe ser bueno quedarnos porque de seguro es mucho dinero.
—Es muy tarde. —se empieza a aflojar la corbata mientras me mira. Me remuevo nerviosa ante su atenta mirada. Tal parece que puede ver en mi interior y yo quedo expuesta ante él. —Y no quiero que tus padres te vean con todos esos moretones y cortes antes de que yo te las pueda curar. Así que está bien.
Abro la boca preocupada por mis padres, ahora que él lo menciona, los recordé. (sí, soy una pésima hija) pero él me corta, leyéndome el pensamiento. —Ya avisé a tus padres.
—¿No te dijeron algo?.—Creo que si fue mi padre quien le atendió la llamada pues le habrá dicho unas palabras muy coloridas. Niega con la cabeza. Me sorprendo. —¿De verdad?
Ignora mi comentario y desaparece tras la puerta del baño, para luego traer consigo una pequeña caja blanca.
—Sientate. —ordena y yo arrugo el entrecejo. —Vamos ángel, siéntate en el sofá porfavor.
Apunta al sofá que está a un paso de mí. Bien, me lo ha pedido porfavor y hasta suavizó su voz. Llega hasta mí, se arrodilla y me sonríe desde lo bajo sacando las cosas útiles para desinfectar heridas.
Empieza despacio, pasa con suavidad por mis rodillas, el algodón bañado en alcohol. Siseo por las raspaduras ( que ni siquiera sabía que tenía) y él se detiene, se disculpa con los ojos y sigue pero con mucha más suavidad.
—¿Porqué tienes cortadas en el muslo?.—Evan muerde con fuerza su mandíbula, inhala y exhala con rapidez. Pasa el alcohol también por allí, sube hasta mis brazos y hombros y está más tenso que una cuerda de arco de tiro. —¿Qué exactamente te hicieron allí, ángel?
Tardamos un buen rato haciéndolo. Empecé contándole como llegué al hotel, lo del falso reportero hasta terminar cuando él llegó al rescate. Tuve que hacer varias pausas, porque Evan se ponía iracundo al escuchar todo lo que tuve que pasar, antes de que él llegara.
Terminó de curar mis heridas y hasta puso bandas con colores y flores, en donde había las cortadas más largas. Guardó con rapidez la caja en el mismo lugar y volvió, para quedarse un poco más cerca esta vez.
Siguió mirándome con profundidad, sus ojos verdes parecen transmitir algo con fuerza que no logro comprender. Miro a todas partes tratando de ubicar algo con lo cual hacer que desvíe su mirada de mi ser.
—¡Aquí hay muchas golosinas!.—Empiezo a quitar las golosinas del pequeño estante y metiendo unos cuantos en mi boca. Me mira divertido entre sorprendido así que empiezo a recorrer la estancia hasta dar con el baño. —¡Mira esto, Evan!.—grito desde el baño pero vuelvo cuando me doy cuenta que me siento tonta gritando estando tan cerca. —¡Hay una tina con un dragón que expulsa agua caliente! Como en la televisión!
No puedo parar de hablar. —¿Sabes? la televisión engaña y mucho, pensé que sólo hacían leones en las tinas, porque todo el tiempo pasaban en los infomerciales leones de todo tipo, pero ahora encuentro a una cabeza de dragón que expulsa agua caliente para una relajante y exquisita ducha, no encuentro el sentido en…
Me mantenía mirando hacia el baño bastante elegante y costoso, hablando a toda velocidad que estaría segura que Evan no me entendía ni una sola palabra, sino fuera porque sentí su pecho en mi espalda y sus brazos rodeandome en un abrazo cálido, haciendo que mi patético balbuceo se detuviera.
—Ya no te detendrás desde ahora ¿verdad?
En realidad no es mi actitud normal de hiperactividad lo que me hace balbucear incoherencias a la velocidad de la luz, sino que me encuentro en un hotel de cinco estrellas con vista a la "Gran Ciudad" como le suelo llamar, y a solas con Evan Jones, eso no sería tan malo porque él se dedicaría a ignorarme pero estoy con Evan Jones con su memoria completa e intacta. Eso es lo que hace que mi ansiedad se dispare a mil.
¿Como será nuestra relación desde ahora? ¿Como se complortará teniendo todos los recuerdos ya en su cerebro y presentes claramente? Me pone extrañamente nerviosa.
Siento su aliento en mi hombro desnudo cuando habla de nuevo.
—Discúlpame, pequeña ángel. —Mentiría si dijera que no estoy sorprendida. —Por haberte lastimado tanto, los recuerdos de todas las veces que te hice llorar, de todas las veces que te alejaba con un comentario cortante o hiriente, me queman los párpados. Es ridículo las ganas que tengo de volver a esos días y darme patadas en el trasero para que me dé cuenta de lo estúpido que me estuve comportando.
Inhalo y exhalo lentamente tratando de no derramar lágrimas de alegría ante tan cautivadoras palabras.
—Me da miedo.— Se detiene un segundo para recuperar la compostura y corregirse. —Me da terror cuando me pongo a pensar y me pregunto que hubiera pasado si tú te hubieras alejado o te hubieras rendido conmigo y mi actitud de campullo integral. Y un día cualquiera despertara solo y con todos mis recuerdos de vuelta. —exhala por la boca, levantando mi cabello corto.—Pero te quedaste a mí lado todo este tiempo, sin importar cuántas veces te quería fuera, tú te adentrabas más en mi ser. Sin ti estaría completamente perdido. Gracias.
Bum bum, bum bum, bum bum, apenas puedo pensar con claridad cuando escucho mi corazón martillear prácticamente en mis oídos.
—¿No es obvio?.— Doy media vuelta, tomo su mano y la coloco justo por encima de mí corazón.— El único lugar al que pertenezco, en donde siento que realmente encajo, es a tu lado.
El sonrojo que aparece en sus orejas es muy adorable. De repente mis pies ya no tocan el suelo, suelto un chillido de sorpresa, tengo la cara de Evan justo frente a la mía. Me sostiene como sostienen a las princesas en las películas y me baja con cuidado en la cama matrimonial-no tengo idea del porqué es matrimonial-
—Evan, yo…—mi boca se mueve sola al verlo justo frente a mí. Su frente casi toca la mía, está a horcajadas sobre mí y me regala una sonrisa de medio lado. Cuando acerca su nariz y inhala en mi cuello, un látigo caliente recorre por mis extremidades, como una pasada de corriente eléctrica por mi.—¿Qu..q..qué haces?
—Dime que te gusto.— Su voz sonó amortiguada y hasta pensé que lo escuché mal. Se dió cuenta de ello y se sentó recargando todo su peso por sus pies sin aplastarme. —Di que yo te gusto.
Inhalé profundamente y con sorpresa. —¿Qué? pero si ya te lo dije antes y ...
—Lo olvidé.—me corta y vuelta a pedirme lo mismo mientras se inclina para quedar lo suficientemente cerca para escuchar y adecuadamente lejos para poder hablar bien.
—Pero, pero si ya te lo dije, el día de tu cumpleaños...
—No.—niega y hace una mueca.—Te confesaste a mi yo, que no estaba enamorado de ti. —Luego agrega con desesperación y algo tormentoso en sus ojos. —Porfavor, dile a mi yo enamorado lo que tanto ansía escuchar de esos labios hermosos. Porfavor pequeña, ángel.
Él está lastimado y no hablo de lo físico, sino que todo lo que hizo sin tener la memoria completa lo está atormentando. Trata de aparentar de nuevo esa seguridad y arrogancia pero al igual que yo, necesita con desesperación saber qué es real y no solo una ilusión que volverá a desaparecer por arte de magia.
—Me gustas, Evan. Más de lo que te imaginas. —Sonrío con timidez porque es la aseveración más clara que he dicho en toda mi vida. —No puedo ver a nadie más, sólo eres tú.
Él parece sorprendido por un momento pero luego sonríe sin poderlo creer. Su sonrisa tiembla y me besa sin previo aviso. Es desesperado y mi corazón late desbocado. Necesita de mí, como yo necesito de él.
—Déjame escucharlo de nuevo. —Pequeños besos llueven por todo mi rostro y repite esa oración una y otra vez. —Más, más, más.
Empieza a besarme de nuevo y yo entre jadeos repito lo mismo. Si es necesario lo haré hasta mi último aliento para que le quede claro.
Me besa como si yo fuera el oxígeno que extinguiría su fuego interior, como si yo fuera la salvación para su infierno. Yo le devuelvo y le correspondo igual o incluso con más intensidad. Doy todo de mí para que sepa que no estoy mintiendo.
Se mueve para acomodarse mejor y sus besos dejan un sendero hasta parar a mí cuello. Por inercia e instintivamente abro mis piernas para que tenga más espacio de movilidad mientras él hace maravillas a una zona que no sabía que era tan sensible. Hay leves mordicos , lametones y besos increíbles.
Estoy perdida en un mar de sensaciones. Paso mis manos por su cabello negro y tiro de él sin querer cuando muerde y lame calmando el ardor deliciosamente. El sonido más sexy y ronco que escuché en mi vida sale de su garganta en ese momento.
Deja mi cuello un segundo para mordisquear el lóbulo de mi oreja. Cuando pensé que no podía ponerse mejor, susurró. —Me gustas, pequeña ángel, te quiero...
¿Porqué no puedo controlar a mi cuerpo? Mi cuerpo se arquea hacia su ser, buscando... buscando qué?. Siento que hay unas alarmas en la parte posterior de mi cabeza pero la boca de Evan acalla esa voz de la cordura. Nunca antes había sentido tanto en mi cuerpo. Tantas sensaciones deliciosas...
—Nunca más quiero alejarme de ti. —mi vestido lo empieza a bajar lentamente y me pide permiso con los ojos. Yo estoy tan atontada que simplemente asiento. Sigue hasta quitarmelo hacia abajo, hasta la mitad de mi torso y consigue un buen vistazo de mi sostén rosa antes que yo por inercia me cubra con los brazos. —No hagas eso, eres tan hermosa...
Me empieza a besar nuevamente y me relajo al instante, Evan me lleva de nuevo hasta el cielo, casi tocando las nubes.
Su corbata termina por quitársela y lo lanza por detrás de su hombro. En pocos segundos también se saca su camisa y lo deja a un lado de nosotros, sobre la cama. Miro cada uno de sus movimientos gráciles, suaves y serenos. Sus ojos están dilatados, pareciera que son negros en vez de verdes. El verde primavera casi no se nota y respira superficialmente como si hubiera corrido una maratón.
—No voy a alejarme de ti, ni siquiera un poco. —Recarga su frente sobre la mía y me mira directamente. —Así que dame tu cuerpo y tu corazón. Todo.
Yo sólo puedo pensar. ”Te daré cada parte de mi ser, Evan"
Buenas buenas buenas, creaciones de la vidaaaaa. Adivinen que va a pasar en el siguiente capítulo😈😈😏😏😏 ALERTA DE ESCENAS SUBIDAS DE TONO PARA EL SIGUIENTE CAPÍTULO.
Me alegro mucho de contar sus apoyos y los votos, comentarios que me dejan.❤ Me ayudan a crecer como escritora.
Creaciones, me puse a pensar que casi no los conozco. ¿En qué lugar de éste basto mundo nacieron? ¿Y en qué lugar viven actualmente?
Yo soy de mi querido y hermoso Paraguay 🇵🇾 y sigo viviendo aquí. (Confieso que nunca he viajado a otro país y ustedes?)
Hasta el próximo capítulo, creaciones. Os amo, besos y abrazos 😏😘😘