La he fastidiado. No tuve en cuenta que podría haber humanos fuertes en esta clase. Por suerte es María. Si hubiera sido otra persona cualquiera, habría tenido problemas serios.
Las demás clases fueron normales hasta que llegó la última: Arte. En esa asignatura compartíamos clase: Erik, María, la Florecilla y la Raqueta junto a mí, y no sólo ellos si no que también estaba Danicel. Y encima el profesor no estaba, por lo que no podría calmar la situación si se ponía fea. No sé si podré sobrevivir a esta hora.
Me senté al lado de María quien a pesar de que me había pillado usando mis poderes, me seguía tratando igual. Esta chica es increíble.
Al sentarme me sonrió y yo le devolví la sonrisa sinceramente. De pronto apareció Erik, cogió una silla y la puso a mi lado.
-Hello preciosa. –Me dijo guiñándome un ojo.
-Hey. –Le respondí yo sonriéndole, este chico siempre me hacía sonreír.
-¿A dónde te llevó Danicel, que llegó muy tarde a clase?
Ante esa pregunta me quedé sin saber que decir.
-Esto… pues… ya sabes…
-Estuvimos discutiendo en la clase abandonada ¿Verdad que sí Begonia? –Interrumpió Danicel. Este chico me acaba de salvar.
-Sí, justo era eso lo que iba a decir. Discutimos tanto que ni escuchamos el timbre.
De pronto María se empezó a reír. Joder tendré que darle clases para que aprenda a disimular.
-¿Marina que te hace tanta gracia? –Le preguntó el guapísimo rubio.
-No me llamo Marina si no María y no tengo porqué darte explicaciones.
-Vaya Begonia un día en este instituto y ya encuentras amigas tan bordes como tú. –Se volvió a unir a la conversación Erik.
-Mejor borde que un imbécil egocéntrico que le es infiel a su novia. –Le respondió María con una sonrisa. Vale, amo a esta chica.
-¿Y tú que sabes? –Repuso Erik enfadado.
-Como si alguien no lo supiera. Espera. ¡Sí hay alguien! ¡La lista de tu novia! –Dijo ella con sarcasmo.
-Erik, ¿De qué está hablando esta estúpida? –La voz de la Florecilla entró en la discusión.
-Flore, mi amor, no le hagas caso a esta chica creo que puedes observar que está loca.
Erik me daba pena pero al mismo tiempo me cabreó que dijera eso de María. Me enfadó tanto que decidí salir en su defensa.
-Mirad par de engendros infieles del mal, deberíais callaros y dejar de decir subnormalidades porque si os callo yo, derramareis lágrimas de sangre y torturaré vuestra alma hasta que me supliquéis que os mate lenta y dolorosa mente. –Cambié mi expresión de enfada por otra con una sonrisa psicópata- ¿Entendéis?
Todos se quedaron callados y se fueron a sus respectivos asientos. Todos me miraban con miedo salvo María que me miraba con curiosidad hasta que se empezó a reír como una histérica.
-¡Dios mío, estás más loca que Gasai Yuno! –Exclamó María llorando de risa.
-¿Qué quién? –Pregunté confundida.
-No importa- Dijo y se volvió a reír.
La gente comenzó a mirarla como si le faltara un tornillo y después me miraban a mí con temor.
Terminó la clase y me fui a junto al profesor de historia para que me diera la lista de libros. La recogí y me marché a casa.
***
Pasaron tres días en los que Erik me siguió saludando y hablando amablemente, María seguía a mi lado, las dos pesadas me ignoraban y Danicel no me hablaba. Sólo se limitaba a mirarme con una expresión de culpa. Eso me hacía mucho daño.
Era primera hora y tenía arte. Genial, voy a tener que ver a todos esos idiotas.
Me senté en el mismo sitio que el otro día, junto a María. El profesor llegó y al verme se sorprendió, pero más sorprendida quedé yo al ver que era una mujer tan hermosa. No sé porqué pero pensaba que el profesor de arte sería hombre.
-¿Es usted una nueva alumna de nuestro maravilloso instituto? –Preguntó con orgullo, se le notaba que amaba este lugar.
Le miré la mano para ver si estaba casada y una vez comprobado que no, hablé.
-Sí, señorita. En realidad llevo unos días aquí pero es la primera vez que coincidimos. Mucho gusto soy Begonia Fairy, es un placer conocerla.
-El placer es mío por tener una nueva alumna tan educada, yo soy la profesora Johnson. Jaimie Johnson.
La profesora era muy guapa. Era joven, tendría como 26 años más o menos; su pelo le llegaba hasta la cintura y era castaño claro, sus ojos eran de un bonito color verde azulado y tenía una bonita sonrisa.
-Bien jóvenes, hoy quiero que retratéis en un lienzo a la chica que os parezca más hermosa de la clase, tanto para los chicos como para las chicas. Claro está que tenéis que poneros de acuerdo y elegir solamente a una porque esa chica hará de modelo durante esta clase y la que os lleve realizar el retrato a todos. Obviamente no daré más de cuatro clases a esta actividad, pero que sepáis que va a contar un 40% de la nota.
Los alumnos comenzaron a quejarse.
-¡Silencio! -Exclamó. Cuando todos se callaron volvió a su tono de voz normal y continuó hablando. -Elegid a la afortunada en este momento, que sepáis que la que sea elegida tendrá que posar de modelo muy bien, ya que la evaluaré por eso, puesto que no hará el retrato. Os voy a pasar un papel a cada uno para que votéis.
La profesora fue pasando folios a cada alumno. Yo vote por María, en realidad esta chica me parecía bonita y además no quería votarme a mí misma.
Los resultados fueron los siguientes: cinco estudiantes (las dos estúpidas y otras tres cuyo nombre no sabía) contaban con 1 voto cada una (seguro que se votaron a sí mismas), 3 votos para María y 17 votos para mí, resultaba gracioso ya que hay trece chicos en la clase y creo no equivocarme al pensar que la mayoría me votaron como alumna más guapa de la clase.
-Bien, señorita Fairy usted gana por goleada. Quiero que se vaya a cambiar su ropa por lo que traigo en esta bolsa de tela. –Agarró la bolsa y me la dio. -Y que sea rápida. En cinco minutos la quiero aquí.
-Sí, señorita Johnson. No tardaré. –Le hice una expresión de niña buena y salí del aula.
Fui al vestuario femenino y por suerte no había nadie. Cerré la puerta con pestillo y saqué de la bolsa de tela un vestido de tirantes turquesa muy bonito. En vez de cambiarme realicé un hechizo de intercambio. Con este conjuro se puede intercambiar de lugar cualquier cosa que desees con algo que esté a menos de 60 m de distancia del ejecutante. En mi caso intercambié toda mi ropa por ese vestido. Me miré al espejo del vestuario. Realmente me quedaba genial. Me llegaba hasta el muslo y tenía un escote no demasiado provocativo, pero sí lo suficiente para darme un aire sensual. Sin embargo mi peinado no quedaba bien y mis zapatos tampoco así que con un hechizo de cambio hice que a mi pelo que estaba completamente liso, le salieran ondas. También cambié mis botas por unos tacones azules preciosos. Ahora estaba lista. Dejé mi anterior vestimenta en la bolsa de tela y me apresuré a la clase, donde todos me estaban esperando. Al entrar todos me comenzaron a mirar asombrados. Las chavalas con envidia o con admiración y todos los chicos con una mirada sucia, menos Erik que me miraba con mucho más que deseo y Danicel que me miraba con cara de enfado, como si me estuviera reprochando algo. ¿Y a este que mosca le picó? ¿No me habla y se molesta cuando me ve? Esto me huele a bipolaridad.
-¡Guau, que preciosa estás! –Dijo emocionada la profesora. – Pero no lo entiendo ¿De dónde sacaste esos zapatos y como te dio tiempo a ondularte el pelo en 4 minutos?
Todos me miraban confundidos. Mierda, la fastidié. No tenía ni idea de que debía responder pero gracias al cielo María fue en mi rescate.
-Begonia siempre tiene mínimo tres pares de zapatos en su taquilla, que está cerca de los vestuarios y ese peinado ya lo llevaba antes. –Estoy alucinando. Está mintiendo por mí sin que yo la corrompa. Esta persona definitivamente es maravillosa.
-No es cierto, antes lo tenía liso ¿cierto? –Preguntó confundida la señorita Johnson.
Todos asintieron menos María y Danicel. Este último se puso a hablar:
-No, yo estoy seguro de que antes ya lo tenía igual que ahora. –No me lo creo. Él también estaba mintiendo por mí. -¿Cierto Begonia? Creo que deberías aclarárselo –esa palabra la dijo más fuerte que las demás- a todos.
¿Qué diablos? Él sabe mi secreto, y si lo sabe sin duda es porque yo le hablé de él. Hace 5 años. Estoy segura, Danicel es mi niño. Voy a hacer una prueba para estar más segura.
-Sí, yo estaba con el pelo ondulado antes. –Miré rápidamente a todas las personas y comencé a corromperlas. - ¿Verdad que sí?
Todos asintieron en unísono salvo María que ponía cara de circunstancias, pobrecita estaba asustada, y Danicel tardó un segundo en asentir. Ja. Justo la prueba que necesitaba. Ahora me río yo. Cuando corrompo a más de una persona a la vez, todos responden al mismo tiempo. Este juego te va a salir muy caro. Chisqué los dedos y todos volvieron a ser ellos mismos pero con la memoria alterada.
-Bueno, no sé qué os estaba diciendo… -La profe estaba confundida. –Señorita Fairy, por favor colóquese en el medio del aula y póngase a posar de una manera elegante pero a la vez sensual.
Eso hice y notaba como los estúpidos pervertidos me desvestían con la mirada. Para no pensar en eso me puse a observar a Danicel. Me miraba con una expresión dulce mezclada con una cara muy molesta. Nuestros ojos se encontraron en un momento que pareció eterno. Luego desvió la miraba y noté que estaba sonrojado. Que adorable.
Terminó la clase y me fui a cambiar pero antes de cerrar la puerta nuevamente con pestillo, Danicel abrió la puerta haciendo que yo tropezara. Por suerte el me cogió antes de que me cayera y me sujetó con esos brazos suyos que me gustaba admirar. Nos miramos unos segundos hasta que me soltó para echar el pestillo.
-¿Qué haces? –Pregunté confundida.
-Cerrar la puerta, ¿No es obvio? -Respondió con una sonrisa estúpida.
-No me refería a eso. -Suspiré. Este chico es tonto.
-¿Entonces a que te refieres?
-Como si no lo supieras.
-¿De qué hablas?
Sip. Definitivamente es tonto.
-Estoy hablando de qué demonios haces aquí.
-Ah, vaya… Perdón, es que siento que tenemos que hablar de algo importante. –Cambió su sonrisita insoportable por una expresión seria.
-¿Y de qué tenemos que hablar?
-No quiero que te muestres sexy delante de un chico que no sea yo. –Me dijo totalmente en serio.
-¿Estás de broma? ¿Por qué tendría que hacerlo?
-Porque no quiero que nadie más aparte de yo vea lo sumamente hermosa que eres.
Me sonrojé y mucho. En mi interior sentía una mezcla de rabia y vergüenza pero no iba a dejar que se diera cuenta de esta última sensación.
-¿Eres idiota o qué? Entre nosotros no hay nada para que me estés dando este discurso. –Danicel puso una cara muy triste pero aún así continué hablando. –No tienes derecho de ponerte celoso.
Por primera vez en nuestra discusión él elevaba el tono.
-¡Sí que lo tengo! ¡Tengo más derecho que cualquiera de este instituto, de esta ciudad, de este mundo y de cualquier otro!
-¡No lo tienes! ¿¡Por qué deberías tenerlo!?
-¡Porque tú eres mía y yo soy tuyo desde hace muchos años!
Acto seguido de decir esto, me besó apasionadamente y yo no tardé nada en corresponderle el beso. Nuestras lenguas parecían conocerse perfectamente. Me besaba desesperadamente pero a la vez dulcemente como si estuviera saboreando mis labios. Esto era sin duda genial. Danicel acababa de mandarme indirectas de que él era el niño de mis recuerdos. Pero ahora que lo pienso… Estoy cabreada con él por su comportamiento, ¿Qué hago besándome con él?
Nos separé y me miró confundido.
-¿Por qué me besas si llevas ignorándome estos días? ¿Acaso piensas que soy una puta sin corazón a la que no le importa que destroces sus sentimientos? –Mis lágrimas comenzaron a salir.
-Yo no pienso eso, pero siento que debería alejarme de ti, sin embargo no puedo. No puedo porque soy adicto a ti.
-¿Eso significa que después de me manosees me vas a ignorar? –Mis lágrimas caían sin control. –Yo no quiero ser una simple puta para ti.
Después de decir eso abrí el pestillo y salí corriendo lo más rápido que mis tacones me dejaban mientras que no paraba de llorar. Una parte de mi esperaba que Danicel me siguiera y que me dijera que es mi niño, pero la otra parte más realista sabía que no lo haría. Corrí hasta el patio en donde encontré escondido tras un muro, un árbol muy grande. Me abracé a él y seguí llorando. De pronto sentí a alguien tras de mí. Era María que lucía muy preocupada y cansada.
-Begonia ¿Dónde estabas? La profesora de latín me mandó a buscarte cabreada. –Me giré a ella y esta cambió totalmente su comportamiento. -¿¡Por qué no te cambiaste de vestido!? Y más importante ¿¡Por qué lloras!?
Yo lloraba tanto que apenas podía hablar.
-Danicel… me ha… -Rompí en llanto y no pude continuar.
En los ojos de María se veía fuego de lo enfadada que estaba:
-¡¿Qué te ha hecho ese gilipollas, que lo mato!?
-No seas… exagerada… -Me costaba hablar. –No es… necesario que… te enfades.
-Sí, lo es porque ese imbécil ha hecho daño a mi amiga.
¿María acababa de decir que era su amiga, su amiga sinceramente?
-¿Soy… tu amiga?
-¡Pues claro! Mira sé que es raro que diga esto cuando apenas nos acabamos de conocer pero verás yo no tenía amigos antes de que vinieras tú porque nadie me comprendía y sinceramente pensaba que todo el mundo era estúpido, pero llegaste tú y aunque eres muy extraña me comprendes y me aceptas y yo siento que te debo proteger porque eres mi amiga de verdad.
Con esas palabras María consiguió hacer que mis lágrimas se detuviesen y acto seguido la abracé.
-Te lo voy a contar todo amiga –Dije feliz. – Pero antes necesito saber si este lugar es frecuentado por los estudiantes.
-Sinceramente no, casi nadie viene por aquí, de hecho muchas personas ni si quiera conocen este sitio. Fue casualidad que te encontrara.
-Si por aquí no viene nadie te voy a explicar todo. No, mejor, te lo voy a mostrar.
-¿A qué te refieres con que me lo vas a…?
No la dejé acabar. Había vuelto a mi forma de hada. María se calló y me miró con una expresión entre miedo y sorpresa.
-Bueno amiga, ya ves lo que soy, ahora te puedo contar toda mi historia.