Chase
La oscuridad en la mirada de Caleb me decía que él no tenía miedo de disparar aquella arma. Desde que supe del pedido que él le había hecho a Jane, he sabido a la perfección que a mí me despreciaba, que si tuviera que dejarme morir lo haría sin pensárselo una sola vez, y que jamás tendría el amor que él le tenía a mis hermanos. Sin embargo, por la manera descarada en la que le apuntaba a Sam, resaltaba el poco interés que Caleb le tenía a su propia familia.
—Papá, ¿qué carajo haces?
—Hazte a un lado, voy a pasar —le respondió a Sam, empujándolo un poco y cerrando la puerta luego de meterse.
Caleb le hizo una seña a Sam para que se acercara a mí.
—Papá, ¿qué piensas que estás haciendo aquí? —preguntó Sam, haciéndole caso a su padre.
—Vine a cobrar.
—¿A cobrar? —la madre de Skyler estaba completamente asustada, y aunque ella lo intentara controlar, no le salía nada bien.
Concentré mi oído en los latidos de los corazones de todos, buscando el de Skyler, rezando para que ella estuviese escuchando lo que estaba ocurriendo. Skyler no podía salir de ese cuarto, porque si mi padre estaba aquí en la cabaña, y con un arma, era de suponer que el secreto que tanto nos esforzamos en ocultar, él ya lo sabía. Además, lo había insinuado.
Mis nervios no me dejaba pensar bien, no permitían que me concentrara, y el miedo tampoco me dejaba. Algo en mí presentía que esta noche sería sangrienta. Tal vez era mi instinto de supervivencia.
—A cobrar una vida —respondió—. O a llevármela, como sea —rodó los ojos y, en un abrir y cerrar de ojos, Caleb se movió con rapidez y pegó la espalda de aquella mujer a su pecho y le inyectó algo en el cuello.
—¡No! ¿Qué le has hecho? ¡Mamá! —gritó Luke.
La mujer cayó al suelo, desmayada, y cuando Luke y Ryan quisieron acercarse al cuerpo, dos tipos aparecieron de la nada y tomaron a los gemelos. Después, en otro abrir y cerrar de ojos, ambos también cayeron al suelo. Les habían inyectado algo.
Di un paso hacia atrás, preparado para ir por Skyler.
—¿Qué diablos te pasa? —espetó Sam, mirándolo furioso.
—Sé el secreto que ustedes esconden —sonrió maliciosamente, disfrutando de tener aquella arma en su posesión.
—¿De qué nos estás hablando?
—No te hagas el tonto, Chase. Sé lo que están haciendo aquí. Sé lo que es Skyler.
Palidecí.
Estaba confirmado.
El secreto había sido revelado.
Y si ese monstruo lo sabía... ¿Los de la asociación también?
Miré a los otros dos tipos. No los conocía, pero sabía que no eran humanos. Eran como yo. Vampiros. Y desgraciadamente también tenían armas.
—No se preocupen, a pesar de que me hayan ocultado algo tan grande, puedo perdonarlos y no acusarlos. Y tampoco les meteré una bala en la puta cabeza a estos tres brujos. Pero para ello me tienen que entregar a Skyler Rice en este instante, sin pelea alguna.
—Eso no pasará —di un paso adelante, y la pistola me apuntó a mí.
—¿Cómo es que lo sabes? —Quiso saber Sam.
—Un White y un Rice los traicionó —soltó, y sentí un gran pinchazo de decepción.
De los Rice podía esperármelo... Pero, ¿de un White?
Eso no.
—¿Qué? —agrandé los ojos. Sam igual.
—Eso no puede ser posible, Nate, Andrew y Zach prometieron callarse la boca, lo prometieron por nuestra hermandad.
—Sam... Las promesas son simplemente palabras. No puedes pretender que sea más que eso. No en este mundo de hipócritas.
—En este mundo de hipócritas como tú, ¿eh? —espeté.
—Tú eres el menos indicado para hablar, Chase. ¿No te parece? Te hemos dado todo con Madeline, te dimos casa, comida, abrigo, amor y familia y tú te burlas de nosotros. Porque eso es lo que haces. ¿Cómo puedes ir a enamorarte de alguien como ella? O sea... ¿es en serio? ¿De una abominación, Chase? Siempre fuiste un imbécil, pero esta vez te has superado. Ella es una peste, abre los ojos.
Lo apunté.
—¡No te atrevas a hablar así de ella porque te juro que te mataré con mis propias manos!
Ese tipo cegaba mi juicio. Y más en estos momentos. Mi mente seguía intentado asimilar que un White me había traicionado. Nate, Andrew y Zach eran los únicos que sabían sobre este tema. Lo únicos que sabían.
Iba a morir decepcionado de mis hermanos. O bueno, de alguno de ellos.
—¿Quién fue el que te lo dijo? —Quise saber.
—Entrégame a Skyler y te lo diré. Si no haces lo que te pido, aquí correrá sangre y tendremos que tomar a la niña a la fuerza.
—Esa niña es mucho más fuerte que tú.
—Sí, pero tengo un suero que la dormirá, es el que me dio la asociación antes de viajar a San Francisco, esa ciudad en la que supuestamente tú y Sam tendrían que haber estado. Pero no... Todo era una farsa de ustedes dos. Y tú Sam... esperaba más de ti. De Chase podía imaginármelo, pero no de ti. Te hacía más inteligente.
—¿Sabe de esto la asociación? De lo que es ella...
—No, Chase, quiero darles la sorpresa al llegar a Hasser. Afortunadamente no estamos muy lejos de la asociación. Se querrán morir de la felicidad cuando sepan que la he encontrado.
—¿Y cómo es que nos encontraste?
—Ya te dije, te han traicionado.
Otra vez aquel pinchazo.
Espero no se interponga ninguno de ustedes, y sobre todo tú, Chase, porque si tuvimos que meternos con la comunidad de brujas, fue por ti. Que no se te olvide.
Y otra vez más de la misma mierda de siempre.
—¿No te cansas de decirme todo el tiempo lo mismo? —me crucé de brazos y di otro paso hacia adelante.
—Entrégame a la chica.
—No.
—Entrégame a la chica.
—No lo haré —reté.
—¿En serio piensas que esa niñata es tu verdadero amor? Por favor, Chase, abre los ojos. Tienes setenta años de imbécil. Esa chica que dices amar es la destructora de lo sobrenatural. ¡Pones en riesgo tu vida y la nuestra!
Entrecerré los ojos.
—Como si te interesara mi vida...
—Claro que tú me importas, Chase, y por eso digo lo que digo —me sonrió en un intento de parecer ser sincero, pero aquel gesto solo demostraba que era un desalmado.
Idiota.
—¿Ah, sí? Entonces... ¿por qué una bruja me ha dicho que fuiste tú quien mandó a que me hicieran magia negra para mandarme al infierno? —solté, sabiendo que Sam estaba presente en la escena. Tenía que sacarlo de mi interior.
La sonrisa se le borró de inmediato, y percibí que miró por menos de un segundo a Sam.
Su secreto oscuro había salido a la luz.
—¿De qué me estás hablando? —actuó como si no supiera nada.
Qué asco me daba.
—No te hagas. Jane Rice me lo dijo todo. Estabas tan harto de mí que mandaste a matarme. Si no hubiera sido por Ryan, Luke, y Jason Clark, estaría muerto en este instante.
Podía sentir la mirada de Sam penetrándome la nuca.
—Sé que es algo que no querías escuchar, Sam, pero es la verdad. Intentó matarme —le conté, mirándolo por encima de mi hombro.
Sabía que la mirada de mi hermano estaba clavada en su padre, en aquel hombre que decía amarnos a cada uno de nosotros. Caleb tenía la mascara caída, ahora era clara la persona que era. No solo conmigo, sino que también con su hijo biológico.
—¿Es verdad lo que Chase está diciendo, papá? ¿Fuiste capaz de hacerle eso a tu otro hijo?
Caleb se puso algo nervioso, pero retomó su postura demandante y miró a Sam.
—¿Y qué querías que hiciera? Chase es una vergüenza. Siempre le ha traído problemas a esta familia. Fue un momento de frustración.
—¡¿Un momento de frustración?! —Sam alzó la voz y a Caleb no le gustó nada.
—No es momento para esto. Estamos aquí por otra cosa. Vengo a llevarme a la perra.
—No te la vas a llevar —aseguré.
—No dejaré que le pongas un dedo encima a esa chica —me apoyó Sam.
A él sí podía llamarlo un verdadero hermano.
Alguien fiel.
En cambio, los otros tres White para mí ya no tenían la confianza.
Ese traidor podía considerarse muerto para mí.
Fuera quien fuera.
Doliera lo que doliera.
Skyler
Escuchaba cada palabra con atención y con miedo. Quería salir a defender a los chicos y a mi familia, quería salir a entregarme para que a ellos los dejaran en paz, pero sabía que, si lo hacía, ese sería el verdadero punto de partida para una pelea fuerte ente vampiros, porque claramente nadie de los que se quedaban conmigo en aquella casa me iban a permitir que me entregara.
Tenía demasiados sentimientos encontrados. Me estaba enterando de cosas como que mi tía había tenido que ver en una de las muertes de Chase y en que un Rice y un White nos traicionaron y me entregaron casi en bandeja al psicópata de Caleb. Por un momento me pellizqué y busqué alguna señal de que esto fuera nada más que un mal sueño, pero los segundos y los minutos pasaban y la realidad volvía a golpearme una y otra vez en la puta cara.
Para colmo, no podía salir a defender a nadie porque era una abominación con poderes dormidos gracias a un suero mágico.
Respiré profundamente y suspiré luego. Mis pulsaciones sí o sí tenían que calmarse o, de lo contrario, me escucharían, si es que todavía no lo habían hecho. Me sequé algunas lágrimas e intenté olvidar la traición y dejé de pensar en quiénes pudieron haber sido y busqué en la habitación algo con lo que defenderme en caso de necesitarlo. En el cajón izquierdo de la mesita de noche yacía guardada la pistola cargada con la bala que me mataría y salvaría. La metí bajo mi pantalón por las dudas. A pesar de que ese objeto era lo que me permitiría ser alguien medio-normal, si tenía que usarla en defensa propia, lo haría, porque en esta puta habitación no había nada más con lo que defenderme.
—¡No me jodas, Caleb! —espetó Chase, después de que ese monstruo le exigiera entregarme.
Y luego de aquella mala contestación, oí un ruido extraño, como si algo se hubiera caído al suelo. Fue un sonido seco, duro, y supuse que los golpes entre ellos comenzaron en ese punto. Me armé de todo el valor posible y salí del cuarto lentamente hasta casi llegar a la sala. Allí parada, en el pasillo, espié disimuladamente qué pasaba y, definitivamente, tal y como se oía desde que salí de la habitación, se estaban pegando entre ellos.
Chase sangraba de la boca al igual que Sam y su padre, y había otros dos tipos peleando. A ellos no los conocía. Eran tres vampiros fuertes contra dos vampiros también fuertes. Pero los intrusos les ganaban en número. Y temí que eso fuera suficiente para derrotar a quienes intentaban protegerme.
La pelea era muy fuerte para mis ojos, y sí, ya había presenciado otras peleas, incluso en una fui yo la agresora, pero esta lucha se caracterizaba por la verdadera violencia, por la desesperación, el odio, y la ambición. Caleb y los otros desconocidos no iban a parar hasta que consiguieran lo que venían a buscar, y me asustaba que terminaran agarrándome y que Sam y Chase terminasen muertos por haberse entrometido en el camino de aquellos.
En teoría, si analizaba la situación desde la otra perspectiva, desde el lugar en el que se posicionaban los que me querían atrapar, entendía que, en sí, los buenos, los que luchaban por un bien mejor, eran los de la asociación, y eso incluía a Caleb White. Yo, en cambio, era la mala de la historia, era la que destruía a lo sobrenatural y la que también llegaba a dañar a los humanos. Yo era el monstruo. No ellos. Lo justo era que me entregara. Sabía que debía hacerlo.
Pero no podía.
Mi instinto de supervivencia no me dejaba hacerlo, porque yo no quería morir. Y sin duda alguna, nunca tuve la intensión de hacerle daño a nadie, así que no iba a martirizarme como las protagonistas de las películas. Mucho menos sabiendo que, si afirmaba ser la destructora de lo sobrenatural, también se llevarían a mamá, a mis hermanos, y a todos los que guardaron este secreto.
Los golpes entre ellos y sus quejas eran fuertes, algunos objetos se caían y otros se rompían. Era un escándalo, todo se podía oír en cada rincón de la casa y seguramente también en la parte de afuera. Se oyeron varios truenos, que existiera una tormenta en es momento me ponía más inquieta por alguna razón.
Miré hacia el suelo, notando a mis hermanos y mi madre tendidos en el piso. Se me llenaron los ojos de lágrimas, a pesar de que sabía que no estaban muertos porque eso era lo que Caleb había dicho. Respiré pesadamente, y entonces recordé mis momentos más felices en la Tierra: las tardes de maratón con ambos de mis padres y mis hermanos, riéndonos, jugando en la mesa, cenando juntos... siendo una familia unida. Extrañaba tanto todo ello... No estaba enterada de nada, era ignorante de todo lo sobrenatural.
Y así estaba bien.
Llegué a este pueblo con hambre de nuevos conocimientos, con hambre de nuevos amigos, de formar lazos importantes y duraderos, y llegué con mi curiosidad de mierda (como la llamaba Jason) que siempre me caracterizó. Supe el por qué de todo lo que antes me parecía extraño, supe el por qué de tantas actitudes raras de Jason, de mi familia, y el por qué del comportamiento cambiante de Chase. También supe por qué se suponía que debía juntarme con cierta gente y por qué con otras no. Y aprendí lo mala que era mi existencia en este planeta. Me lamentaba por sentir pena de mí misma, pero era cierto... Me deprimía pensar en cómo eran las cosas antes. Ahora entiendo que saberlo todo no siempre es bueno. La verdad lastima. Los secretos también. Pero los secretos no siempre son malintencionados, a pesar de que desembocan malentendidos, y peleas, y demás, también sirven para proteger.
—Mamá —se me escapó al escanearla mejor. Desde que me enteré de lo que soy, la culpé y desprecié sus secretos y sus errores. Pero ahora pensaba con más claridad: mamá, a pesar de haber metido la pata, siempre me protegió, me cuidó y me amó. Temía por su vida, temía no poder verla más. Temía que este día ella fuera sentenciada.
Mi tono había sido suave y desgarrado, apenas podía pronunciar la palabra con claridad, pero eso solo bastó para que se dieran cuenta de mi presencia. Chase me miró con espanto, sus ojos me gritaban que corriera al igual que los de Sam, y los otros tres tipos me observaban con una oscuridad profunda y maliciosa.
—¡Skyler, corre! —me gritó Chase, mientras empujaba a Caleb contra la pared.
Me quedé sin reaccionar.
—¡Corre ahora, Skyler! —me gritó más fuerte Sam, evitando que los desconocidos vinieran en mi dirección. Intercambié una última mirada tan intensa con Chase, que una sensación extraña me recorrió el cuerpo entero.
Pero me di la vuelta y corrí nuevamente hacia el cuarto, sintiendo como si me persiguieran, pero era solo mi imaginación la que me hacía creerlo. O más bien el miedo. Cerré la puerta con llave y retrocedí, mirando la entrada del cuarto, y rogando que nadie rompiera la puerta de una patada para secuestrarme.
Los ruidos de peleas se oyeron mucho más fuetes, y un disparo me hizo saltar de mi lugar. ¿Y si lo habían herido a él, o a ambos, o a mi madre o mis hermanos? Por un momento no pude respirar, y caí del temblor, porque mis piernas estaban tan débiles por ello que ya no podían soportar mi peso. Cuando menos me di cuenta, los sollozos se escapan de mi garganta.
—¡Skyler, sal de la casa! —gritó Sam, y me pregunté por qué no había sido Chase quien me había gritado.
No sabía qué hacer.
Me levanté como pude del suelo pero volví a caerme.
—¡Skyler! —volvió a gritar, y luego escuché vidrios romperse—. ¡¿Me has oído?! Lárgate de aquí.
—Corre, Skyler, te encontraré —gritó después Chase, y pude respirar otra vez. O al menos, pude hacerlo un poco mejor.
Pero, ¿a dónde se suponía que tenía que ir? Si escapaba, terminaría perdida en alguna parte, el bosque era inmenso y yo no conocía nada de aquí. Mi madre y mis hermanos estaban desmayados, Chase y Sam metidos en una pelea fuerte y muy violenta, más de lo que mis oídos podían soportar. En esa casa podía pasar cualquier cosa, podían ocurrir tragedias, y si me iba y les pasaba algo a ellos mientras yo no estaba, me culparía de por vida.
—¡No! —oí decir a Chase. No me dio tiempo ni a pensar, cuando uno de los tipos derribó la puerta de la habitación. Menos mal que me corrí o la puerta me iba a golpear en la cara.
—¡Déjame en paz! —retrocedí hacia atrás, aún en el suelo. Yo era más fuerte que ese tipo, mil veces más fuerte, y nunca quise tener ese tipo de poder en mis manos, pero ahora era un buen momento para vencer a aquel tipo. Lo malo era que mi lado vampírico y de bruja se encontraban dormidos.
Justo cuando más los necesitaba...
Claramente la suerte no estaba de mi lado.
—No quiero hacerte daño, solo tienes que venir conmigo —respondió acercándose a mí lentamente. Al parecer, él me tenía el mismo miedo que yo a él.
No quería hacerme daño pero casi me da un portazo en la puta cara.
—No te me acerques —pedí, estirando mi brazo en el aire en señal de que se quedara quieto.
—¡Skyler! —me gritó mi novio otra vez, pero su voz reflejaba dolor, parecía estar roto. No podía irme sin él—. ¡No lo dudes, Sky, vete ahora! Se que estás en la casa, puedo oír tu corazón.
—No le hagas caso —me dijo el tipo—. Prometo que no le haremos daño al chico y al resto de los otros, pero para eso tienes que entregarte.
—¿Para que me lastimen por algo que yo no he decidido ser?
—La vida sobrenatural tiene reglas, es la política. Hay que cumplirlas.
—Matarás a todos —negué con la cabeza.
Escuché un disparo y a Sam gritar de dolor.
El tipo me miró de mala gana y se agachó rápidamente para agarrarme del brazo. Me zamarreó con mucha fuerza y me sentí más mareada y adolorida. Luché como pude cuando vi que sacó una jeringa con un líquido verdoso, pero mi miedo y mi falta de poder me jugaban en contra.
Grité desesperada, pidiendo auxilio, aunque sabía que nadie en el bosque me ayudaría. No había ninguna otra casa cerca.
—¡Skyler! —Chase se oía frustrado, sabía que él quería venir a salvarme, pero algo parecía impedírselo.
—¡Chase! —grité.
—¡Quédate quieta, perra!
Un sonido a vidrios quebrándose me aturdió y, un segundo después, analicé qué era lo que había pasado. Jason Clark había roto los cristales de la habitación con magia, y la verdad, no estaba segura de que fuera la realidad. Lo más probable es que estuviera alucinando. Pero entonces miré rápidamente al tipo que me lastimaba: tenía la mirada fija en Jason, y se preparaba para ir contra él, así que no podía ser una alucinación.
Me zafé del vampiro y me pegué contra la pared, mirando lo que estaba pasando. El hombre mostró sus colmillos, tenía intención de morder a Jason, pero apenas dio un paso, mi amigo, con su magia, lo aventó contra la pared. Hizo un movimiento con su mano y el tipo empezó a gritar del dolor.
—Tal vez no pueda matarte, pero puedo hacer que tu cerebro reviente, hijo de puta. Le pones una mano encima a mi amiga y lo que te haga será mucho peor.
Jason cerró su puño y su víctima se desmayó.
Me miró.
—¿Estás bien? —se acercó a mí y me abrazó—. Vine hasta aquí porque sentí durante todo el día que algo malo pasaría, tal y como te lo comenté hoy, pero desde hace unas horas ese sentimiento se ha vuelto demasiado intenso. Qué bueno que vino.
Me aferré a él por unos segundos, aún oyendo lo que pasaba en la sala.
—Están lastimando a Chase. Tienes que ayudarlo.
—No, Sky, estos tipos vienen por ti, y ese hombre al que acabo de desmayar no tardará en despertar, así que debemos salir y llevarte a otra parte. Doy por sentado que no te han disparado aún.
—No —se me cayeron las lágrimas.
—Tendré que hacerlo antes de que la medianoche llegue. Tenemos que correr —me tomó de la mano y me condujo hasta la ventana.
—No puedo dejar a mi familia y a Chase.
—Volveremos por ellos, pero la media noche se acerca, tienes que recibir ese balazo —contestó nervioso, y me alzó hasta dejarme en el exterior de la casa para que no me dañara con los vidrios rotos—. ¿Dónde está la pistola? La buscaré rápido.
—La... La tengo conmigo —levanté mi remera para que él la viera.
—Bien —saltó la ventana y me tomó de la mano para que empezáramos a correr a toda velocidad.
Sentía que en cualquier momento terminaría desplomada en el suelo, mis piernas aún flaqueaban, estaba mareada, y el ir a toda velocidad no me ayudaba mucho. Pero me propuse ser fuerte a pesar de todo, y corrí y corrí lejos de esa casa.
Jason sería el encargado de dispararme. Él tampoco sabía como retirar una bala. Qué miedo.
—¿Cuánto correremos? —pregunté.
—Solo un poco más. Pasando esos árboles más pequeños.
Jason se detuvo en aquel punto de llegada y se arrodilló en el suelo y tiró de mí para que hiciera lo mismo.
—Recuéstate en el suelo —ordenó—. Lo haremos ahora.
—Pero... —Quise objetar.
—Sky, amiga, sé que tienes mucho miedo, pero tenemos que hacer esto ya mismo. Se acerca la medianoche. Y quienes amas están en riesgo.
Mierda...
Estaba cagada del miedo.
Le di un fuerte abrazo a Jason, el cual me devolvió de la misma manera y me besó la coronilla de la cabeza. Nos miramos después de eso.
—Sabes qué decir si esto no llega a funcionar.
—No te dejaré morir, te lo prometo —me acarició la mejilla, y por un momento pensé que me iba a besar—. Te quiero demasiado, niñata curiosa.
Me reí con las lágrimas brotando de mis ojos.
—También te quiero, niño misterioso.
Me sonrió, también a punto de llorar.
Me recosté. El momento se acercaba.
—Hazlo rápido. No dudes, Jason. Dispárame. Terminemos con esto de una u otra forma.
Le di la pistola y cerré los ojos con fuerza, esperando que el momento llegara.
Apoyó la pistola en mi corazón.
E hizo exactamente lo que le pedí.
Me mató.
Abrí los ojos.
—Debe ser difícil tener que soportar que alguien te dispare en el corazón para ser salvada. Eres muy valiente, ¿no te parece?
Me di la vuelta y me encontré con un tipo. Sus ojos estaban completamente negros, y eso me dio una idea de en dónde me encontraba. Miré a mi alrededor: era un bosque lleno de neblina, y no parecía ser el bosque de Hasser, este tenía algunos rasgos diferentes.
—¿Quién eres?
—Soy un demonio.
Me quedé quieta en mi lugar.
—Bienvenida, estás en el infierno. Formas parte de aquí ahora, temporalmente, hasta que logren quitarte la bala que tienes en el corazón. Claro, si es que llegan a lograrlo.
Tragué saliva.
—¿Sabes quién soy? —me atreví a preguntar.
—Por supuesto que lo sé. Soy un demonio. Sé muchas cosas. No porque esté en el infierno significa que no sepa cosas interesantes del mundo del que tú vienes. Eres la abominación. Hija de una poderosa bruja e hija de un vampiro loco.
—¿Vampiro loco?
—Sí, tu padre estaba un poco loco —dio un paso hacia mí, y tuve la sensación de que él representaba a la muerte.
—¿Mi... mi padre está aquí? —pregunté, pensando en la posibilidad de poder verlo otra vez.
—Sí, pero ya no es quien tú crees, querida. No es un alma perturbada en el infierno, él es un servidor del infierno.
—¿Es un demonio? —dije horrorizada.
Sonrió maliciosamente.
—Fue decisión de él. El dolor del infierno es tan fuerte, tan desgarrador, que en un momento ya no aguantas y decides abandonar tu alma y convertirte en un servidor. Tu padre así lo decidió. Si te ve, no sentirá nada por ti —dio un paso más y me acarició la mejilla. Me quedé inmóvil sin hacer nada, ese tipo me asustaba demasiado—. Te quedan menos de veinte segundos de posibilidades. Si no retiran la bala de tu corazón, tu alma será mía, del infierno, y tarde o temprano, serás un demonio. Tal y como tu novio.
Sus palabras me dejaron atónita.
—¿Chase?
Todo se volvió borroso.
—¿Creías que le daría a Chase la forma de salvarte sin pedirle su perturbada alma?
Quise responder, pero entonces, me quedé sin voz, me quedé sin visión, me quedé en negro.
—¡Skyler! —me zamarrearon.
Estaba exhausta.
—¡Skyler!
Me esforcé en abrir los ojos.
—Skyler, por favor, despiértate! —habló fuerte y claro, pero con la voz envuelta en un nudo de llanto.
Y entonces mis párpados se abrieron.
Y un fuerte dolor se instaló en mi pecho. Solté un grito.
—¡Duele! ¡Duele mucho!
Jason oyó mis palabras pero se notó que la tranquilidad había regresado a él. Me abrazó fuertemente y después de comprender que había vuelto a la vida, el dolor de mi pecho desapareció.
—Pensé que no lo lograría —confesó, llorando.
Negué y sonreí débilmente.
—Estoy bien —susurré, abrazándolo.
—Tu herida se cerró.
Toqué mi pecho.
—¿Cerró? —me tranquilicé un poco, y pensé en aquella obvia pregunta—. ¿Qué soy, Jason? ¿Soy vampiro o bruja? Estoy confundida.
Me acarició el pelo y limpió mis lágrimas. Luego me tomó de la mano.
—¿Sientes ese cosquilleo raro dentro de ti, ese que parece como si fueran vibraciones y sientes cierta conexión con la naturaleza? —preguntó justo cuando iba a hacer mención sobre ello.
Asentí.
—Sí.
—Eres una bruja.
No sentía que existieran palabras justas para describir lo bien que se sentía ser parte de ello, parte de esa especie. Era como Jason había descrito, me sentía con esa conexión con la naturaleza, me sentía viva y no tan anormal como un rato antes. Aun así, era mucho para procesar.
—¿A dónde fuiste al morir? —me preguntó.
Negué.
—A ningún lado, creo... No recuerdo nada, solo vi oscuridad —le conté, y lo decía en serio. No recordaba nada.
Cuando ya logré tener las fuerzas suficientes para ponerme de pie, Jason y yo caminamos apresurados hacia la cabaña. Planeábamos tener algún plan preparado en caso de necesitarlo, y ese plan era justamente usar nuestra magia. Pero yo era una inexperta, una novata, no entendía nada de estas cosas, y aunque él me daba explicaciones que a simple vista parecían sencillas, tenía miedo de cagarla.
Estábamos a pocos metros de la casa, y la incertidumbre nos recorría a ambos.
—Recuerda: si vas a usar magia, concéntrate en lo que quieres hacer, y pasará. Pero recuerda concentrarte. Siente esa conexión que tienes con la naturaleza, o de lo contrario, no funcionará.
Llegamos a la puerta y, extrañamente, no se oía ningún ruido. Con Jason nos miramos, y supimos que no era una buena señal.
—Atenta —recordó. Abrió lentamente la puerta y no se movió del pórtico hasta que la entrada estuvo completamente abierta.
Los tres intrusos estaban tirados en el suelo, rodeados de charcos de sangre. Eso era bueno, ¿no? Significaba que los habían derrotado, ¿verdad?
Jason se metió y yo fui detrás de él.
Encontré a mi madre y mis hermanos aún desmayados, sin ningún rasguño en sus cuerpos, pero igual me aseguré de que estuvieran a salvo, y gracias a Dios, sí lo estaban. Pero en otro extremo, Sam también estaba tirado en el suelo, y desgraciadamente rodeado de un charlo de sangre, igual a los otros tres vampiros. Lo único que cambiaba con Sam, es que él parecía respirar, lo hacía lentamente, pero al menos su pecho subía y bajaba.
—Sam —pronunció Jason y se arrodilló hacia él. Sam lo miró débilmente y mi amigo le levantó la remera, encontrándose con un orificio de bala en el estómago y una infección expandiéndose hasta su cuello.
—No he podido sacar la bala... —musitó Sam, mirándome con algo extraño en los ojos.
—Skyler, sostenlo, le sacaré la bala o él se morirá. Es una bala bañada en sangre de hombre lobo.
Sostuve sus brazos con fuerza.
—Cierra los ojos, Sam —le dije, y pareció tragarse su orgullo porque me hizo caso.
—Aquí voy, Sam. Aguanta.
Las quejas de dolor de mi cuñado empezaron a oírse y también me vi obligada a cerrar los ojos. Nosotros nunca tuvimos la mejor de las relaciones, él no siempre me trató del todo bien y, cada que me veía, mi presencia parecía irritarlo hasta el punto de querer beber mi sangre, o tal vez no tan así, pero el punto era que no nos agradábamos el uno al otro. Sin embargo, él se ha portado como todo un caballero estos días, y si esa bala perforó su cuerpo fue porque intentó salvarme.
Quería que Sam se salvara así podía preguntar por Chase. Me mataban las ganas de saber que él se encontraba bien, y en la situación en la que estábamos, eso era muy poco probable, porque de estar bien, él habría ayudado a su hermano.
—Ya casi, ya casi. Ya la siento. Aguanta, Sam.
Ejercí más fuerza en sus brazos para que dejara de moverse, y me desesperaba que estuviera tan inquieto, pero era superentendible por qué lo hacía.
Sam soltó una queja más cuando por fin pudieron quitarle la bala. Acaricié sus mejillas sudadas.
—Vas a estar bien, Sam. Te repondrás.
—Gracias —suspiró cansadamente.
—¿Dónde está Chase? —pregunté, y Sam me miró con pena.
—Estoy aquí —respondieron a mis espaldas. Miramos a Chase, y Jason ni siquiera llegó a pararse porque Chase golpeó su cabeza contra la pared, dejando a mi amigo completamente desmayado. Luego, le pateó la cara a Sam y también lo desmayó.
Me levanté del suelo completamente horrorizada.
—¡Pero, ¿qué demonios has hecho?! ¿Acaso estás demente? ¡¿Qué haces?!
Por cómo me observó él, supe que no era completamente Chase. Algo malo había con mi novio. Sucedía algo muy malo.
—Estoy cansado de ti y de todas tus mierdas. ¿No podías ser una niña normal? ¿Justo tú tenías que ser una puta abominación, perra?
Agrandé los ojos.
—¿Qué?
—Estoy cansado de ti. No mereces vivir. Entregué mi alma. Y si yo voy a morir, tú también morirás
—¿Qué te pasa? ¿Cómo que entregaste tu alma?
Chase me ignoró y me jaló fuertemente del pelo. Gemí del dolor.
—¡Para!
Me arrinconó contra la pared. Quise decirle algo, pero entonces sentí algo hundiéndose en mi abdomen. Lo miré fijamente, intentando entender por qué él había hecho eso. Sentí dolor, pero la estupefacción no me dejó emitir ningún sonido, únicamente logré entreabrir los labios, pero él sabía que yo estaba sufriendo. Y Chase parecía disfrutarlo, su mirada lo reflejaba, su mirada me lo aclaraba. Dejé que las lágrimas se deslizaran por mis mejillas, y en otra situación, o mejor dicho, el Chase de antes, hubiera limpiado mis lágrimas y hubiera arrugado la frente por disgusto, por no querer verme mal. Y este, en cambio, sonreía porque, como dije, le gustaba verme sufrir.
Ese ya no era mi Chase.
Seguramente era ese efecto de haber ido y vuelto del infierno por tercera vez. Pero... y si yo moría ahora, algo que era muy probable, cuando su juicio regresara a la normalidad, y él recordara o alguien le dijese lo que hizo, se iba a deprimir. Hoy era mi día. Mi momento. Estos eran mis últimos días en la Tierra. Iba a morir en los brazos del hombre por el que estaba loca.
Chase retiró el cuchillo y cubrí mi herida con mi manos, mientras seguía acorralada por mi propio novio. Dejó un beso en mis labios y luego se alejó para verme otra vez.
—Tú mereces morir.
Y me besó otra vez.
Y luego su boca bajó a mi cuello.
En este momento sentía asco.
Cerré los ojos y me concentré en lo que quería hacer. Luego los abrí y con un movimiento de mi mano ensangrentada, hice que Chase volara hasta el otro rincón de la sala y que se golpeara la espada. Mis fuerzas iban disminuyendo, mi lado vampírico ya no existía, así que la muerte iba caminando hacia mí para llevarme. Me agaché como pude y tomé una pistola que vi debajo de la mesa.
Chase se levantó de suelo riéndose a carcajadas. Le apunté cuando vi que intentó acercarse.
—Soy vampiro y por cómo hueles, eres una brujita únicamente, una humana débil y lenta. Puedo llegar hacia ti y quitarte esa arma sin darte tiempo a parpadear.
Tenía un nudo enorme en la garganta.
—Chase —mi voz tembló y mi vista se nublaba más y más. Le apuntaba solamente con una mano porque la otra intentaba parar el sangrado y el dolor. Pero era inútil. Mis piernas flaquearon un poco—. Si intentas acercarte a mí, te dispararé.
—No lo harías —dio un paso hacia adelante—. Tú me amas.
—Te amo, pero si debo hacerlo, lo haré.
—Pues hazlo.
—Solo lo haré si te acercas e intentas lastimarte.
—Dispara, cobarde de mierda.
Auch.
—Dispara —me retó.
—Basta —casi caigo. Me sostuve de uno de los muebles.
—Hazlo, niñata.
—¡Basta! —supliqué.
—Si no disparas, iré hacia a ti y beberé tu sangre, y luego la de tu madre, la de tus hermanitos, y la de tu estúpido y enamorado amigo que tienes.
—No lo harías... —musité, pero si me hizo esto a mí, esa faceta de Chase era capaz de hacer cualquier cosa.
Las palabras de Jason y mi familia acudieron a mi mente. Siempre me advirtieron que estar con Chase me traería todo tipo de problemas. Todo el tiempo pasamos por cosas intensas en nuestra relación, pero esto que Chase hizo hoy, era un extremo grande. Y lo peor de todo, es que gran parte de la culpa era mía. Si él no se hubiera ofrecido para ese estúpido ritual...
—¡Te he dicho que lo hagas de una puta vez!
—¡No lo haré si no me haces daño!
Chase dio un paso hacia mí.
—¡No te muevas! —grité.
Pero él dio otro paso.
Y otro paso.
Y otro paso.
—¡Ya basta!
—Yo creo que esto es divertido, ¿no crees? —sonrió maliciosamente, y en ese instante, las venas oscuras aparecieron debajo de sus ojos, al igual que sus colmillos—. Tu sangre huele demasiado bien, Sky
—Basta... —dije débilmente, y caí de rodillas al suelo, pero seguí apuntándole.
—Y yo quiero volver a probar esa sangre —finalizó y se acercó rápidamente a mí con la clara intención de terminar con mi vida.
Y entonces yo le disparé.
El cielo estaba repleto de nubes que daban origen a una incesante lluvia descomunal que era acompañada por destellos en el cielo y truenos que daban la sensación de hacer temblar los cristales de las ventanas. La iluminación tenue de las luces eran débiles y palpitaban todo el tiempo. No podía ver mucho y eso era un gran problema dadas las pésimas circunstancias.
Mi pecho subía y bajaba con tanta irregularidad que me costaba respirar. No sabía si iba a morir o si seguiría perteneciendo a la tierra. El dolor en mi abdomen se volvía cada vez más agudo y las lágrimas se resbalaban por mis mejillas sin detenimiento alguno. Sentía que no daba más, sentía que moría. Carecía de fuerzas hasta para mantener los ojos abiertos y tenía frío.
El miedo también estaba presente en el momento y eso era una desventaja para mí. Las manos me temblaban y la herida de la persona que amaba no dejaba de sangrar. Podía sentir que su cuerpo emanaba tanto frío que sabía que se estaba muriendo en mis propios brazos. Sus ojos se mantenían cerrados y no respondía a mi suplicante llanto cargado de desesperación.
La batalla estaba perdida. Me sentía derrotada, débil y vacía. No iba a aguantar. Sentía cómo pasaba de la tierra al cielo. Era algo raro, inexplicable, pero sabía lo que sentía.
Caí al suelo sin piedad cuando su corazón dejó de latir, cuando su cuerpo comenzaba a producir ese peculiar olor asqueroso del que él tanto me había hablado.
Lo conocí siendo un adjudicado, un ególatra, un presumido y un misterioso muchacho de pocas palabras. Pero aún así lo amé. Pero aún así me perdí en él.
Nuestro lazo era complicado, era imposible. Ambos lo sabíamos y aún así nos arriesgamos. No sé qué fue lo que esperábamos sabiendo el peligro que conllevaba lo que hacíamos. Aquella atracción se había vuelto tan destructiva como estaba destinada a ser.
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He aquí el capítulo final ❤💔. Te leo en el epílogo... Gracias por leer hasta aquí. Espero me cuentes qué te pareció. ❤❤❤❤❤❤
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Con amor,
D.