—¿Que haces tú aquí?
Y tan embarazada.
—Pues quería darle una sorpresa a Angus, pero parece que tú me la das a mi.
—Esto es demasiado.
—Yo también me muero de la alegría —vuelve a abrazarme—. Tú debes de ser Erik, me alegro tanto de que estés con mi hija.
—No, señora. Yo.
—Y este niño nos unirá a todos más.
—¿De cuánto estás? —le pregunta Fred. Me parece increíble la forma tan normal en la que lo lleva.
—Pues de seis meses, creo.
Cree.
Aquí está lo maravillosa madre que es.
—Y soy Frederick, no estoy con tu maravillosa hija. Es mi hermano el que está con ella.
—Clark, necesito que... joder, la que nos faltaba —Erik se apoya en el marco de la puerta.
—¡Hola querido! —mi madre se acerca a Erik y le abraza con fuerza— si que eres guapo, sí.
—Señora, necesito a tu hija.
—Lo siento, cariño, pero necesito a mi hija cuanto antes.
—¿A mi porque?
—Porque me nos han ofrecido un papel maravilloso.
—¿Nos?
—Sí, quieren hacer un reality de nuestra familia. Tu padre ha aceptado.
—No me lo creo.
—Bueno, era eso o desplumarle —suelta una risa profunda—, se lo propondré a tu hermano en cuanto llegue, Angus me dijo que estabais todos y yo no podía faltar.
—A mi hermano lo dejas tranquilo —me acerco a ella bastante amenazante y sí, es lo que quiero.
—Cariño, será inofensivo —me sonríe de manera cínica.
—Será inofensivo, pero a Oliver no vas a meterlo en eso.
Mi madre da un paso atrás y cruza los brazos delante del pecho. Suelta su mejor sonrisa irónica. Parece que haberse deshecho de mi padre le ha dado rienda suelta a su carácter.
—Amelia... cariño —me acaricia la mejilla—, es hora de que seas una mujer que viva de verdad, sé que lo hice mal y que jamás debería haberte dado la custodia de Oliver.
—Es un poco tarde para arrepentirte, Sarah.
—Ya, pero no para pedirte de nuevo la custodia de Oliver.
—No voy a darte la custodia de Oliver, mamá.
—Cariño... —me toca el brazo—, si no me la das, te la tendré que quitar.
—Sarah Sparks...
—No —me interrumpe.
—Soy más apta que tú para criar a Oliver.
—Bueno, quizás sí, pero yo tengo todos tus informes médicos de cuando pasaste aquella tan mala racha y no quisiera que se repitieran... lo hago por ti.
Se me llenan los ojos de lágrimas, por la impotencia, por la rabia.
Le apunto con mi dedo índice y me acerco más, Frederick intenta calmarme, pero claro que no.
—Si te atreves a joderle la vida a Oliver, como me la jodiste a mi. Me aseguraré de que tu carrera entera se caiga.
—Cariño, no quiero pelear contigo, es lo último que quiero. Si haces el reality todo estará bien.
Igual que Erik supo cuando su padre era un capullo y le pegó un puñetazo, yo sé cuando mi madre es una zorra y se merece uno.
Se lo pego, y cuando lo hago, respiro con algo más de tranquilidad.
—¡Eh! —el padre de Erik cruza todo el comedor, acaba dándome un empujón.
—¡Basta! —Erik coge el puño de su padre—. No la toques.
—¡Pero a pegado a Sarah! la mujer que lleva tu hermano dentro.
—No, ese es tu hijo, no mi hermano.
—Angus, no importa... —Sarah pone su mano sobre la de Erik.
—Erik... —intento yo.
—Conmigo, ahora.
Le sigo obediente al piso de arriba, me cuesta pillarle el ritmo, corre más que yo y ni siquiera parece cansado.
—Dime que pasa.
—Jack quiere hacer otro envío, me ha dicho que como cancelé el otro, tengo que aprender la lección.
—Pero lo enviaste.
—Sí, lo envié, pero ese cabrón se aprovecha. No debiste cancelarlo.
—Tú no tendrías que haberlo puesto en marcha de nuevo.
—¡Te metieron una pistola en la puta boca, Mia!
—Pues ya me dirás que hacemos.
—Necesito que me ayudes.
Se sienta en el borde de la mesa y cruza sus brazos delante de su pecho.
—Eres más inteligente que yo, podía tapar un encargo así, pero este es más grande. Te necesito.
—Me pides que te ayude a falsear el dinero y que además, oculte el verdadero contenido de los contenedores.
—Sí, eso es justo lo que te estoy pidiendo. Pero tranquila, tu nombre no saldrá.
Ahora soy yo la que se pasea nerviosa. Recojo mi pelo con las manos y luego lo dejo caer de nuevo. Algunos mechones van a mi cara y los quito con ambas manos tirándolo todo hacia atrás.
—Deberíamos estar hablando de otras cosas —digo casi para mi—, deberíamos estar hablando de nosotros, de lo que tenemos y de lo que pasó, de si vamos a volver.
—No, la que debería estar viviendo eso eres tú, yo no puedo tener eso en mi cabeza ahora y menos entrometerte en esto, pedirte que estés con un hombre como yo.
—Mira Dagger, si lo que intentas decir es el típico cuento de "soy un hombre malvado no te acerques a mi" estás muy equivocado, te conozco más de lo que crees y estoy seguro de lo que sientes, pero no estás preparado para esa conversación.
Sonríe, le encanta que le plante cara, aunque diga mil veces que no.
—¿Me ayudarás o no?
—Solo si mañana tratas bien a Ancel.
—¿Qué?
—Primero tendrás que hablar con Nika.
—Mia, lo único que sale de la boca de mi hermana cuando le hablo es púdrete. —Mañana vendrá Ancel, su prometido —intento.
—¿Su qué?
—Relájate.
—No va a casarse con un Müller.
—Erik, vale ya. Tu hermana puede cuidarse sola y quiere a Ancel.
—Un Müller no va a tocar a mi familia y Dominik no entrará a mi casa, como si acompaña a un puto rey.
—Escúchame, Nika sabe que vas a montar un alboroto cuando venga, quizás algo de calma... que vea que al menos le das una oportunidad a Ancel, que le apoyas.
—Pero es que no lo hago. No apoyo que mi hermana se case con un hombre que comparte genética con ese loco.
—Erik —cojo su cara entre mis manos—, tu hermana solo está dolida.
—Estará dolida pero tiene motivos para odiarme. Me ha dejado claro que no me quiere en su familia.
—Ya está bien, Dagger, si quieres mi ayuda ahora mismo vas a tener que hablar con Nika y mañana ser el hombre más agradable del mundo con tu cuñado.
Me escruta con la mirada, ahora no sonríe ni le parece gracioso. Cuando se habla de un Müller nada puede hacerle gracia, y de verdad que lo entiendo. Puedo entender que tal y como es Dominik no quiera que nadie que quiere esté cerca de él de cualquier modo... pero siempre me lo he preguntado ¿Porque Dominik quiere hacer tanto daño a Erik? al fin y al cabo siempre han sido amigos, mejores amigos a decir verdad, compartían a sus "parejas", salían juntos, compartían sus secretos...
—Ponte a trabajar en ello y me dices que tienes.
Se dirige a la puerta con paso firme y amenazador.
—¿Dónde vas?
—A hablar con mi hermana y a darle mi puta bendición.
Durante un buen rato me centro en esto. En parte me viene bien no tener que pensar en nada más, no pensar en mi hermano y en que en unas horas descubrirá que en tres meses nacerá su nuevo hermano, que mi madre quiere extorsionarme para que participe en un jodido reality solo porque ella quiere más dinero... ¿pero quién me libra del pensamiento que estoy ayudando al chico al que quiero a meterse más en un negocio del que no va a salir? del negocio del que acabará en la cárcel o muerto por no hacer caso a Jack, ese maldito desgraciado, tendría que hablar con él, debería hacerlo. Erik no puede, tiene toda su familia dependiendo de él, su padre no cuenta, nunca ha contado, Fred y Nika siempre han acudido a él e incluso en muchas conversaciones con Fred me confesó que a pesar de que Erik tuvo aquella época tan mala, no dejó de ser un hermano mayor en condiciones. Y sé lo duro que es cargar con eso.
Al final me decido por colarlo como un pedido bastante rutinario que hace la empresa, dirigido a España con material electrónico. Es tan usual que des de hace algunos años dejaron de revisarlo, pero nunca se sabe, el control de aduanas es una ruleta rusa donde nos lo jugamos todo. Pero puede servir.
Erik no aparece a pesar de que lo espero durante media hora más puliendo La Jugada de la Droga, pero claro que pongo mi nombre, aunque luego él vaya a borrarla, firmo bajo el papel.
Salgo del despacho con dolor de cabeza. Quizás Nika le haya matado y por eso no ha vuelto, pero sé que esos dos volverán a estar como siempre en nada.
Pero tras registrar las estancias donde debería estar, no aparece. Me asomo a la habitación de Nika, pero ella está durmiendo y se queja cuando la luz se cuela por su puerta.
Su habitación está vacía y no hay ningún sitio donde pueda mirar. Preocupada cojo mi teléfono y le llamo mientras me dirijo al local anexo a la casa donde guarda los coches. En la caja de las llaves, las del Porsche no están y éste tampoco.
Lo vuelvo a llamar, una vez, dos, tres, cinco y a la octava, cuando yo voy a colgar contesta.
—¿Dónde narices estás?
—Vaya, creo que esta historia se repitió pero al revés hace meses.
—Erik, dime donde estás.
—Tranquila, Clark, se cuidarme solo.
—Erik estás borracho.
—Pero no pasa nada.
—Sí, me dijiste que cuando perdías el control bebías también.
—Eso no es verdad, eso lo haces tú.
—¡Dagger! —grito furiosa. Mi voz resuena en el local.
—Jugando, es lo que necesito ahora mismo después de toda esa mierda que tengo en mi propia casa. Dominik tenía razón, necesito dolor.
El corazón me da un vuelco y me siento aún peor, me siento mal por mi porque esté jugando cuando él está por ahí, borracho y sin control alguno. No hay que estar ciego para saber que está descarrilando y más si a mi me pasa con la misma facilidad.
—Dime donde.
—No.
—Erik, dime donde, soy tu sumisa.
—No, a ti no te quiero hacer ese daño.
Me cuelga, el muy cabrón me cuelga.
—Pues tendré que hacer el trabajo yo sola.
Me doy el permiso para coger las llaves del Audi al que ya estoy acostumbrada y salgo de la finca tras buscar en internet los locales más destacados e intento hacer memoria de los que hablamos cuando estuvimos aquí o los que fuimos.
Pruebo en tres, cada vez que entro la gente me mira tanto con deseo como sin ganas, puede que por mi vestimenta, no voy para nada vestida para la ocasión, pero evidentemente esto me importa una mierda.
Vuelvo al coche y pruebo con el cuarto. De todos modos ¿Como haré que venga conmigo? no puedo cargarlo ni arrastrarlo. Quizás necesito ayuda.
—¿Samara? ¿Estáis en Alemania...?
—Oh no querida, estamos en Francia visitando a unos parientes, volvemos en dos días ¿Hay algún problema?
—Sí, creo que si.
Le explico la situación, los acontecimientos de estas últimas semanas, incluso lo de Jack, creo que Samara es una de las pocas personas a las que puedo acudir siendo totalmente sincera. Además de que me reconforta que alguien maldiga de la misma forma a Mc Mad y su empresa de mierda y que la maldiga tanto como a Erik por alejarme de aquella manera aunque fuera "por mi", Samara será su amiga, pero ser buen amigo no es solo apoyar a alguien, si no que reconozca que también se ha equivocado.
—Está bien, quizás está en el Pool, ahora mismo te mando la dirección y adelantaremos la fecha de salida a Alemania.
—No hace falta.
—Sé que lo vas a encontrar, pero Erik es mi mejor amigo, no puedo dejarlo.
—Sí, te entiendo.
Y por cierto le debo una llamada a Kate y Liam.
Voy como una bala a ese local, todo el mundo va con traje de baño y hay jacuzzis por todas partes.
No me parece muy higiénico, pero la gente puede hacer lo que quiera con su vida.
Me adentro más y como no podía ser de otra manera. Dominik se encuentra en una de esas bañeras con una chica de tez pálida y con curvas, con el cabello negro recogido en un peinado realmente preparado y dedicado.
Pero claro, si él está aquí, quizás sabe donde está Erik, no creo que sea casualidad.
—¿Has visto a Erik?
—A ti te sobra ropa —se lleva una copa fina de cristal a los labios.
La chica no deja de mirarme con esos ojos dorados con ojeras moradas marcadas bajo ellos.
—Dominik ¿Dónde está Erik?
—No se encontraba muy bien, la verdad. Está en los servicios.
Ignoro su siguiente comentario y busco dichos servicios. Cuando los encuentro entro sin que me importe una mierda el género del muñequito. Ahí dentro encuentro tres hombres que me miran entre perplejos y divertidos.
—¿Erik?
Empujo las puertas oscuras de cada espacio y solo dos están cerrados.
Me agacho y en el que tengo delante veo a Erik sentado en el suelo y apoyado en la pared.
—Erik ábreme.
Fuerzo el pestillo tal y como aprendí con otros. Además este es sencillo, hasta un niño de cinco años podría.
Me pongo de cuclillas frente a él. Dormido o desmayado.
—Erik —le doy unas pequeñas palmadas en la mejilla, cuando le zarandeo se despierta de golpe y me coge del cuello. Me observa pero sin mirarme, con los ojos como platos— ¡Erik! —jadeo ahogada.
Uno de los chicos que quedan me ayuda a separarme de Erik.
Erik sacude su cabeza, como si se despertara de un sueño.
—¿Estás bien? —el chico me ayuda a levantarme, Erik vuelve a parecer sonámbulo.
—Sí, gracias —tengo la voz algo raspada.
—¿Te ayudo a...?
—No sé que hacer.
—Deberíamos refrescarle.
Ambos cogemos a Erik casi a pulso y lo acercamos al lavabo. Le quito la americana y le desabrocho la camisa. El chico se ocupa de echarle agua fría en la nuca y el pecho.
—Voy a por un vaso de agua —el chico sale con paso acelerado. Erik me mira con esa mirada perdida por completo. Acaricio su mejilla. No me mira.
Escucho la puerta de nuevo, me giro y vuelvo a ver a la chica pálida, envuelta en un pequeño albornoz. Se nos queda mirando fijamente, con los labios finos en una línea recta, con los brazos al lado del cuerpo y la vista baja.
El chico vuelve, mira un segundo a esa mujer y vuelve a mi lado.
—No es por el alcohol —le mira los ojos, le levanta un poco el párpado—, burundanga, quizás.
—¿Cómo lo sabes?
—Soy médico.
Cuando vuelvo mirar hacia la puerta, la mujer no está.
—Me lo llevo a casa —paso su brazo al rededor de mis hombros y lo levanto con una gran dificultad— ...lo dejaré en la cama y volveré a por su coche.
—Te ayudo a llevarlo al coche.
—¿Hay alguna puerta trasera?
—Sí.
Al salir a la calle los pulmones se me llenan de un olor asqueroso, lujoso de cara, repugnante de espaldas. Menudo local de pijos.
—Yo... —me agacho junto a él—, voy a por el coche, no tardo.
—Me quedo con él, no te preocupes.
—Gracias.
Odio dejarlo aquí, como si lo abandonara aunque sean solo dos minutos.
Corriendo le pido al aparca-coches que me traiga la carroza. Tarda una jodida eternidad y durante ese tiempo no paro de mirar constantemente hacia atrás esperando que Dominik aparezca, porque siempre lo hace. Pero no es él el que me incomoda, si no la mujer. Ahora vestida con unos tejanos, unas botas de tacón altas y un abrigo de color azul marino.
Tiene el pelo mojado y el pelo se mueve con el aire.
—A la mierda... —suspiro. Me acerco a ella— ¿Te conozco?
Sus ojos siguen sin decir nada, apagados, muertos, como los de Erik, sin ver nada realmente.
—Señorita —me llama el aparca-coches.
Me voy bajo la atenta mirada de esa mujer. Aparco delante de Erik y el chico me ayuda a subirlo al coche.
—Muchas gracias.
—Deberías... debería beber mucha agua o bebidas isotonicas.
—Gracias.
—Debería irme —mira la puerta del local.
—Muchas gracias.
Y de nuevo, el camino a casa lo hago, algo mas tranquila. Pero odio ver a Erik así en el asiento de atrás, alguien le ha drogado, y puede que esa mujer tan rara lo hiciera, y Dominik.
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El adelanto en mi ig en un rato <3
@ ann_parks1997